A L\G\D\G\A\D\U\
Resp\Log\ El Centauro De Los Llanos Nº 6
L\I\F\

Or\ de Ciudad Bolívar, Junio de 2008 (e\v\)
S\F\U\
LA
OSCURA HABITACIÓN PARA QUIEN QUISO VER
LA LUZ

Domingo
16 de diciembre de 2007, siempre me ha gustado el mes de diciembre, sin embargo
hoy he asumido un compromiso conmigo mismo, estoy lleno de emoción a razón de
esta decisión que ya han tomado tantos hombres y de la cual mi padre desde hace
algún tiempo dice: “para ser completamente hombre hay que ser masón” y
realmente me inquieta el hecho del por qué mi padre decía eso, hoy por hoy
entiendo que la calidad humana aumenta con la iniciación, debido al hecho de
que la iniciación implica el compromiso ineludible de ser mejor persona, pero
compromiso ¿con quien?.
Don
Sebastián Francisco de Miranda y Rodríguez, cuanta admiración he sentido desde
mi niñez por el Generalísimo, recientemente se le ha conferido in articles
mortis el grado de Almirante Mayor, todo ello a razón de la heroica hazaña realizada
en el navío LEANDRO o LANDER, pero en su
caso tuvo un juramento como el de Su Excelencia el Libertador Simón Bolívar “no
daré descanso a mi brazo ni reposo a mi alma hasta que haber roto las cadenas
que nos oprimen ante el yugo español”, no, simplemente no tenía hasta hace poco
el conocimiento de un juramento mirandino, luego escucharía una frase que me
haría entender el compromiso del Generalísimo: “repudio eterno a los tiranos y a la tiranía”.
Desperté
bastante temprano ese domingo a pesar de haber tenido el día anterior una
jornada bastante dura con la universidad, pero la emoción era más fuerte que yo
mismo; me dirigí entonces a esa casa donde todos los domingos se reunían
algunos conocidos, amigos, todos ellos mis familiares, mis tíos; llevaba el
traje negro que desde hacía dos años había querido usar, entonces fuimos
conducidos mis primos (compañeros de iniciación y hoy por hoy mis hermanos
mellizos) y yo hacia el Laboratorio de Alquimia del muy sabio Maestro Urbaneja,
hombre sabio, alegre y además de ello Soberano Gran Inspector General de esta
Orden en la cual yo aspiraba ingresar.
En el
laboratorio del Maestro Urbaneja conversaron conmigo y con mis primos varios
Caballeros vestidos de negro, a quienes reconocía como mis tíos, entre ellos
muy buenos amigos la mayoría y otros que pese a no haber tratado
suficientemente con ellos, también se mostraban bastante cordiales; nos
señalaron lo importante del proceso que atravesaríamos, todos ellos eran hombres libres y de buenas costumbres y
nos instruyeron dejar en esa habitación nuestras pertenencias, nuestros metales,
nuestras preocupaciones y que nos preparáramos para vencer nuestras pasiones y
someter nuestras voluntades.
Se nos
impuso El Triángulo de Desnudez: ni
vestidos ni desnudos, sino con la suficiente ropa para mantener nuestra dignidad
pero si descalzo el pie izquierdo, la rodilla derecha desnuda, lo mismo que el
pectoral y el brazo izquierdo. Se nos privó de la luz, nuestros ojos fueron
cubiertos por una venda y una soga en nuestros cuellos, en ese momento una
serena voz me decía: “en adelante seré tu
guía” y me preguntaba “¿confías en
mí?”, lógicamente cómo no confiar, si esa voz la había escuchado antes, era
en ese momento un amigo, al cual luego reconocí como HERMANO, no iba a
permitir me sucediera nada malo; además yo estaba allí por mi propia decisión,
sin coacción de ningún tipo; no era la curiosidad la que me motivaba,
simplemente estaba allí para cumplir con toda la ceremonia y tenía la firme
intención de resistirla a toda costa.
Esa
voz me condujo hacía un lugar lúgubre y me decía: “estás entrando al vientre de
tu madre, escribe tu testamento porque aquí comienzas a morir al mundo
profano”. De veras sentí entrar en una cripta, sentí temor en ese momento
cuando leía esas palabras escritas en tinta blanca sobre la negra pared, no
sabía lo difícil que era respirar en un lugar tan pequeño, pero me dispuse a
seguir las instrucciones; comencé a responder: ¿Cuáles con las obligaciones del
hombre para con Dios? ¿Cuáles son las obligaciones del hombre para con sus
semejantes? ¿Cuáles son las obligaciones del hombre para consigo mismo?
hacía tiempo me había hecho esas mismas preguntas, no de la misma manera, pero
siempre el hombre en el tránsito de su vida se pregunta lo que debe para
consigo mismo, para con los demás y para con la divinidad.
La luz
era poca, una escueta lumbrera y un lúgubre oratorio en el cual debía hacer
honor a esa habitación llamada LA CÁMARA DE REFLEXIONES, es allí donde debía
reflexionar en cuanto a mi conducta, a mis acciones pasadas y de igual manera
en cuanto a los tres planteamientos que se me presentaban como Testamento,
¿sería verdaderamente yo digno de ingresar a la Augusta Orden?, luego leería en
cuanto a esa cámara las sentencias propias del momento de la iniciación: “La conciencia es el espejo del alma, es tu
Juez inflexible, por eso el crimen jamás queda sin castigo”, “Si sientes miedo o tiemblas ante la verdad,
abandona este recinto”, “Si eres
débil o no tienes la voluntad propia, retírate, aún es tiempo”.
Estas
sentencias me hacían ver que ciertamente las faltas cometidas nos pesan tanto
hasta que momento en que finalmente son corregidas, de igual manera me hablaban
del miedo, el miedo es humano, claro que lo sentía, pero no era ese el miedo
que se me indicaba, era el miedo a la verdad, era la debilidad, era la falta de
voluntad, era propicio ese momento para recordarme que estaba allí porque así
yo lo había deseado y afortunadamente había sido admitido, pero primeramente mi
decisión, no hubo presiones, tenía una soga al cuello, pero era libre, era libre
inclusive para retirarme; pero mi voluntad era firme, yo quería mantenerme.
En ese
momento entendí la venda, entendí esa habitación oscura, entendí las sentencias
sobre la negra pared escritas, entendí mi traje de recipiendario, entendí el
por qué la soga.... simplemente debía deshacerme de la ignorancia, de los
pensamientos vacíos, debía justificar mi existencia por medio del trabajo;
inclusive al recibir el Mandil nos fue dicho eso, se nos entregó como vestido
de trabajo debido al hecho de que es el deber primigenio del hombre, el
trabajo; pero un trabajo conciente, un trabajo virtuoso, un trabajo alejado de
la ignorancia y del vicio, un trabajo honrado, gratificante y fructífero; en
palabras del Q\H\ Carlos Almenar Otero: “propiciar
y hacer el bien”, lo cual es una obligación para con nosotros mismos, para
con nuestros semejantes y finalmente para con el G\A\D\U\.
Es cuanto QQ\HH\
Ap\Mas\Luís Mezones Medina
Bibliografía:
o
Catecismo para el Grado de Aprendiz. Supremo Consejo “Grado 33”
de Ciudad Bolívar.
o
Terones Benítez Adolfo y Alonso García González. El
Libro del Aprendiz Masón: Los 33 Temas del Aprendiz
o
Estatutos de la Orden. Editorial Erbasa, Col. Asturias.
México D. F.
o
Almenar Otero, Carlos. Himno Masónico Venezolano.-