EPISTOLARIO DE UNA MUERTE DIRIGIDA

 

ACUSACIÓN DEL GENERAL CARLOS  SOUBLETTE AL GENERAL MANUEL CARLOS PIAR

 

GENERAL MANUEL CARLOS PIAR

 

 

Carlos Soublette, General de Brigada de los ejércitos de la República, Jefe del Estado Mayor General y Presidente del Tribunal para el juicio que se le lleva al General Manuel Carlos Piar.

 

Vistas las declaraciones, cargos y confrontaciones contra Manuel Carlos Piar, General en Jefe de los ejércitos, acusado de insubordinado al gobierno, de conspirador contra el orden social y de desertor; Encuentro de absoluta necesidad detallar con alguna extensión mi dictamen y exponer lo que resulta del proceso.

 

Se trata de examinar una causa de primera importancia y trascendencia. El reo es un jefe que ha obtenido el más eminente grado de la honrosa carrera de las armas; Ninguna fatiga debe evitarse para llegar a la verdad de los crímenes que se le imputan, pues aunque ni mi honor, ni mi deber permiten que se transforme al inocente en criminal, tampoco toleraré, que no se satisfaga la vindicta pública.

 

El primero y mas esencial cargo que resulta contra Manuel Carlos Piar, es el de haber proyectado una conspiración para destruir el actual gobierno y asesinar a hombres blancos que sirven a la República. Para este proyecto ha convocado  a los hombres de color, los que ha querido alucinar con una falsa idea de que se hallaban reducidos al último grado de abatimiento, ha intentado armarlos, presentándose el mismo como pardo y no obstante sus servicios, perseguido por esta sola circunstancia; para animarlos les ha hecho una falsa exposición de los odios que tenía para realizar su designio. Esto resulta de las  exposiciones del primero, segundo y tercer testigo, de lo que presenció el sexto y el contenido de los documentos 1, 2, 3, 4, 5 y 6. El reo en su confesión no ha convenido en el cargo, pero no los destruye; sus alegatos son fútiles; en la conspiración con el primer testigo no se ha atrevido a decir que sea falso; los testigos que declaran son los que la ley llama ”idóneos”, están abonados por el mismo reo y su número es más que suficiente, para producir plena prueba; Está pues, plenamente  probado que Manuel Piar ha proyectado y puesto en ejecución una conspiración, cuyas consecuencias habrían sido las ruinas de la República.

 

En esta circunstancia se le intima la orden del Jefe Supremo, para que se presente en su cuartel general y sin embargo, de la franqueza con que fue concebida, pues se le deja ir libremente, o en caso de resistencia se le manda a conducir por dos coroneles, la desobedece y se fuga, pasa el Orinoco, llega a Maturín, continúa trabajando en su inicuo proyecto, así lo dispone el quinto testigo y se lee en el décimo documento. El reo ha confesado su desobediencia y su fuga, y la declaran además los testigos primero. Segundo, tercero y sexto, pero constante en su principio negativo no conviene en lo que resulta de su conducta en Maturín.

 

Permítaseme hacer algunas  observaciones que patenticen más lo justo de la acusación. Piar, que se dice inocente en sus respuestas, se confiesa incurrido en la escandalosa falta de insubordinación y en el feo crimen de desertor y da por motivo el temor que le habían hecho concebir algunos de los que lo iban a sacrificar.

 

En esta ocasión el reo cae en una contradicción digna de notarse; pocos días antes de su fuga habían solicitado que le juzgase y dice le fue negado y cuando se le llama franca y libremente huye con el espanto del delincuente a quien el temor del justo castigo, por su criminal conducta en el mes de julio, le hace ver como un recurso para salvarse la deshonrosa acción de desertarse presentándose el espectáculo de un General en Jefe desertor, para escándalo y ruina de la disciplina militar. Decir más, no solo deserta, sino hostiliza al gobierno, pues no huye como un hombre que teme el castigo de sus faltas y busca el medio de remediarlas, sino como un jefe en rebelión.

 

Llega a Maturín y quiere allí encender la guerra civil. Pasa al campo del disidente General Mariño, se une a él y sigue rivalizando con el gobierno, aunque en su confesión dice que cuando se dirigió a Mariño, fue solo con el objeto de pedir un pasaporte, él mismo se ha contradicho en la propia confesión y a los folios 40 y 41 y muy particularmente en las confrontaciones  al folio 58 en donde confiesa haber dicho que se iba a reunir con el General Mariño, que estaba seguro que lo trataría con más generosidad que la que aquí había experimentado. Todavía resulta más contra el reo: en el pueblo de Aragua ha resistido a mano armada a las órdenes de la suprema autoridad- El lo confiesa: así lo declaran los testigos presénciales del hecho y así se lee en el documento No. 13.  En esta ocasión obró también, con temor, de manera que por temor al castigo de faltas que no existían, según él, ha incurrido en los delitos de insubordinación, deserción y rebeldía plena y suficientemente comprobados, temor de un gobierno que hasta ahora solo se ha acusado de indulgencias con los criminales y que no ha empleado su espada  sino contra los enemigos externos.

 

El reo pretende disminuir la acusación y justificar su inocencia con el alegato malicioso de lo acalorada que se encontraba su imaginación en aquella época casi en estado de un loco, en cuya situación podía verter expresiones fuertes que le arrancaba el dolor de las injusticias que había experimentado, pero sin proyecto ni objeto y presenta por testimonios sus papeles en donde no se encontraron ni planos, ni listas, ni correspondencias que den inicio de una conspiración. Todo esto es de ningún valor. Las deposiciones de los testigos y su firmeza en las confrontaciones desvanecen todos los refugios de que quiera valerse el reo para eludir sus cargos- Y ¿Cuáles son estas injusticias, de que tanto declama en contraerse a otra que la imputación que dice se le hacía de haberse apropiado los intereses públicos, cómo si el Gobierno o la República, pudieran ser responsables de las calumnias que contra Manuel Piar se levantasen?. La Conciencia es el testimonio mejor del hombre de bien, Además de ninguna prueba que entre los papeles del reo no existían planes, listas, ni correspondencias alusivas a la conspiración: Tal vez, él no había, seguramente, formado ninguna por escrito; en su furor solo quiso encontrar quien abrigara sus intentos; tumultuosamente se habría arrojado contra el gobierno, habría querido satisfacer su venganza; pero roto ya los lazos de la sociedad no habría podido contener a sus cómplices, aun cuando lo hubiese intentado y él mismo se habría ahogado en la sangre. Para bien de la humanidad y para mayor gloria del pueblo venezolano, éste horrible proyecto no tuvo partidarios.

 

Ni se crea un sentimiento de filantropía que era el móvil de Piar en esta empresa, pues aun cuando el no hubiese expresado en su confesión, demasiado notorio en su carácter altivo dominante, que no admite superiores ni iguales, también es sabido que nunca se ha reputado por pardo, de manera que solo en su frenesí se hubiera declarado como tal, porque lo creyó el único medio de congregar a todos los de esta clase y de hacerlos entrar en los intereses particulares de él.

 

En vano Piar ocurrirá a alegar sus antiguos servicios a la República como pruebas de su presente y futura conducta. Si sus servicios fueron grandes en sus combates, fueron, sin duda, grandes las recompensas que recibió, no obstante, que los resultados no fueron siempre como debía esperarse. En vano alegará Piar su fuerte adhesión al Jefe Supremo y su fidelidad al gobierno en los últimos períodos de ésta tercera época; cierto, nadie podrá negar una gran parte de éstos méritos, decir mas si fuesen superiores a todos los que un ciudadano puede contraer por su patria, si fuesen superiores a los del más grande general del mundo y los de un primer bienhechor de la humanidad, los crímenes de Piar son incomparablemente mayores, respectivamente de cuantos bienes puede hacer un mortal a sus semejantes, no es más que un simple ambicioso, un mero conspirador, un miserable desertor. Es un genio del mal que ha escapado de la espantosa mansión del crimen y ha venido a vomitar sobre la tierra no solo la guerra, ni el veneno de la discordia, ni la atroz desolación, sino la más odiosa, la  más nefasta de todas las destrucciones. Piar ha querido armar la mano del hijo contra el padre, la del hermano contra el hermano y hasta la de la oveja contra su pastor, contra los ministros del Señor y padres espirituales de los pueblos. Ningún sagrado podría libertar la víctima. En medio del exterminio general ¿Quién podría escapar de una persecución doméstica, de una guerra fratricida en que la vista y el objeto solo decidían de la culpabilidad o inculpabilidad de los actores y en que la masa general de la sociedad habían de tomar una parte, la funesta y activa, para que los individuos lograsen la más remota esperanza de salvar sus infelices e inocentes días? Piar, en fin, ha querido emplear todas las armas de la sociedad, todos los medios de destrucción para desgarrar el seno demasiado afligido de nuestra idolatrada patria.

 

Resulta de todo que Manuel Carlos Piar ha conspirado contra la sociedad y contra el gobierno, lo ha desobedecido, ha desertado y hecho armas contra los subalternos del Jefe Supremo. Por lo cual, concluyo por la República, a que sea condenado a sufrir la pena de ser ahorcado,.señalada por las ordenanzas del Ejército, en el artículo veintiséis, Tratado octavo, Título Décimo.

                                      

                                                  Angostura, Octubre de 1817

 

 

CARTAS DE S. E. GENERAL SIMÓN BOLÍVAR A SUS COMANDITARIOS EN EL PROYECTO DE LIQUIDACIÓN DE PIAR

 

A Cedeño:

 

Las instrucciones que tengo el honor de acompañar a usted, modelarán enteramente su conducta en ésta delicada e importante operación. Ella es de tal naturaleza que debe ejecutarse con un tino y pulso que produzcan los resultados que el gobierno se propone.

 

Al General Andrés Rojas:

 

Las instrucciones que le he dado al General Cedeño, que deberá mostrar a usted, le impondrán de la conducta que deben observar ambos. Están bien detalladas y abrazan todos los casos que puedan presentarse.

 

Al General Bermúdez:

 

Piar está aquí y su causa sigue con todas las aparentes formalidades posibles hasta que se le de la sentencia, que será de muerte. El morirá y mis deseos serán cumplidos.    

 

EL 26 DE JULIO DE 1817, PREVIO AL JUICIO DEL GENERAL MANUEL CARLOS PIAR, EL CORONEL JUAN FRANCISCO SÁNCHEZ SE DIRIGE NUEVAMENTE A SU EXCELENCIA SIMÓN BOLÍVAR.

 

Mí estimado General:

 

En el instante que llegué a esta ciudad tuve la fortuna de encontrarme con el señor Piar; éste general, después de haberme hecho las más sinceras demostraciones de amistad, me habló de este modo: ”Yo he sido elevado a General en Jefe por mi espada y por mi fortuna, pero soy mulato y no debo gobernar a la República no obstante, yo he penetrado al gran misterio de la administración actual y he jurado a mi honor restituirle la libertad a tanto inocente que está derramando sangre por encadenarse más y más en una esclavitud vergonzosa; me voy a Maturín y al fin del mundo, si es necesario, a ponerme a la cabeza de los que no tienen otro apoyo que sus propias fuerzas, estoy seguro en que haciendo resonar por todas partes la justicia de mis sentimientos y la necesidad de que nos ponen de tomar las armas cuatro mantuanos; por la ambición de mandarlo todo y de privarnos de los derechos más santos y naturales, no quedará un solo hombre que no se presente a defender tan digna causa. Mariño, cuyas ideas liberales, son bien conocidas me hará algunas reconvenciones, pero él se unirá de buena fe .por estar de acuerdo con mis sentimientos, Sánchez, ha llegado la época de que seamos libres, manténgase usted como filosofo, siendo indiferente a tanto crimen y guarde usted una fiel correspondencia conmigo por medio de Olivares (fíjense amigos lectores que Piar escogió a dos enemigos para venderle la supuesta revolución) yo soy su amigo y nuestra triste condición nos liga de tal modo que debemos ser uno en ideas y sacrificios, en fin, ellos o nosotros debemos existir.”

 

 De este modo concluye su discurso esta serpiente de la República, mis contestaciones no repugnaron sus principios, con el objeto de sondeos más y más aquel corazón horroroso que quiere ver a su patria en la guerra más espantosa que conoce la historia del mundo.

 

Mi General, V. E. me conoce y sabe cuanto ha costado siempre a mi corazón hacer acusaciones contra los hombres de la República, pero mi patria es para mi lo más santo, me haría sacrificar a mi propio padre si fuera enemigo de la causa.- (sin embargo, quien dice esto estuvo sirviendo a los realistas).

 

En el que me separé de ese monstruo, me dirigí al General Bermúdez (otro enemigo) y lo instruí en todo; él enseguida me refirió que sabía sobre el particular y me dijo que había escrito a V. E. y esperaba le contestara para obrar.

 

El General Cedeño, a quien le manifesté, también está indignado con un hombre tan malo y me ha dicho que ha escrito a V. E., sobre lo mismo; V. E., esté seguro que detesta al General Piar y desea se castiguen tantos crímenes y yo de mi parte recuerdo a V. E., los resultados que hemos tenido siempre si un ambicioso se pone a la cabeza de una inmensidad de hombres que no conocen la moral, ni el respeto que se debe a la justicia y a la sociedad; por desgracia la mayor parte de los que componen los ejércitos de la República han sido educado por los Boves, los Morales, etc., y estos estarían conformes con la civilización que debemos establecer. Mi amado general no se engaña, V. E., ha estudiado bien el corazón del hombre y conoce sus tendencias, también conoce que hay un germen de insurrección regado en toda la República y que si se presenta una mano a darle impulso, la consecuencia será perder la esperanza de la libertad. V. E., siente bien todo lo que le digo.

 

Eche S. E. una mirada por todos los ejércitos de la República, desde la otra parte del Orinoco hasta la provincia de Casanare y contemple si debe o no el general Piar repasar el Orinoco; examine el sistema de desorganización que quiere establecer y contemple, también, si debe ser castigado con toda la severidad que manda la justicia, la República y las circunstancias. Y creo, mi buen general, que S. E. no puede dejar impune el crimen del general Piar sin hacerse responsable a Dios, a la República y a las generaciones futuras.- En fin V. E. tiene demasiado juicio, luces y justicia en su corazón, para no hacer lo que más convenga al bien general.

 

En esta ciudad todos somos sus amigos, así por su persona, como por jefe Supremo del Estado. El general Bermúdez y el general Cedeño son demasiado justos en sus corazones y no quieren sino el orden y la justicia, los comandantes y oficiales están animados de los sentimientos de sus generales; en fin aquí todo es bueno.

 

El Teniente Coronel Olivares (otro enemigo de Piar) ha correspondido bien a la confianza que V. E. ha hecho siempre de él y en esta ocasión ha sido muy importante a la república (se le nota).

 

Todo lo que digo como moralmente posible, puede ser un error, pero todo lo deposito en las manos de V. E., como las de un amigo aquí en mi corazón; adiós mi general, hasta que a la vez pueda imponer mas a V. E., de mis sentimientos.

 

Tengo de usted el más bello respeto y consideración y soy de V. E., su eterno amigo

 

                                                             Coronel Juan Francisco Sánchez

 

 

 

OTRA CARTA DEL CORONEL JUAN FRANCISCO SÁNCHEZ, ENEMIGO DE PIAR AL GENERAL SIMÓN BOLÍVAR

 

 

Mi amado General:

 

Recibí la carta de V. E. de fecha 1ero, del corriente y por ello quedo instruido de sus intenciones, ya que he hablado al General Cedeño de lo imposible que es, por ahora, satisfacer la solicitud que hace de los dos mil caballos y él ha quedado convencido.

 

Además, V. E., me pide algunos detalles relativos a la conducta de Piar. Le diré, lo que se, con la ingenuidad que me inspira el honor, mi patria y V. E.- El ciudadano Calixto, Capitán del Escuadrón de honor del General Cedeño, llamó al Teniente Coronel José Manuel Torres y le dijo, que lo impusiera de los disgustos que habían entre los generales, pues le habían dicho que separaban  del ejército al General Piar por mulato y añadió otras razones análogas a este principio. En el momento Torres tocó la dificultad y desengañó a este oficial. En seguida encontró el mismo Torres al Coronel Hernández (otro enemigo de Piar) y con él le aconteció lo mismo; conociendo Torres por estas dos declaraciones que Piar podía estar tramando una revolución dio parte al general Bermúdez (Enemigo de Piar) y al general Cedeño, los que al momento tomaron todas las medidas que demandaban las circunstancias; en efecto, el resultado fue descubrir el gran mal. 

 

Piar había hablado a todos los oficiales de caballería y a muchos oficiales subalternos y estos no dejaron de ser sensibles a sus insinuaciones, pero el general Cedeño movió todos los resortes de la amistad, de la confianza y de la justicia con lo que apagaron este incendio que nos amenazaba. El general Bermúdez, obró también con bastante actividad y energía y la conducta liberal que presenta está muy de acuerdo con las circunstancias; Por lo que dejó dicho, conocerá  V. E. que los primeros avisos de la conspiración de Piar se deben a Torres y además ha hecho frente a Piar, así en lo relativo al gobierno que quería instalar, como en todo lo demás, el general Bermúdez podrá también informar a vuestra excelencia, respecto a Torres pues él ha sido testigo ocular de su conducta.

 

La venida de V. E. es muy interesante en este punto y crea V. E. que su opinión es muy superior, de modo que nada pueda hacerla vacilar. Cuando yo tenga el honor y la satisfacción de verle, entonces tocará V. E. más de cerca mi corazón.

 

Tengo de V. E. el más alto respeto y consideración y soy su más tierno amigo

 

                                                          Cnel. Juan Francisco Sánchez

 

 

DEFENSA QUE HACE EL GENERAL JUAN GALINDO (otro enemigo, pero que actuó con justicia)  AL GENERAL MANUEL CARLOS PIAR

 

Excelentísimo Señor Presidente y Señores Vocales del Consejo.

 

Autoridad, de conspirar contra el orden y la tranquilidad, de sedicioso y últimamente de desertor, tiene el honor de decir a favor del cliente, lo siguiente: Fernando Galindo, de la Orden de Libertadores, Teniente Coronel del Ejército y Ayudante del Estado Mayor General, nombrado defensor por su excelencia el General en Jefe del Ejército, Manuel Carlos Piar, acusado de insubordinación a la Suprema Autoridad, de conspirar contra el orden y la tranquilidad, de sedicioso y últimamente de desertor, tiene el honor de decir a favor del cliente lo siguiente:

 

Señores: El mas solemne y dedicado empeño en que jamás se ha encontrado la República  de Venezuela, es el que hoy se presenta a nuestros ojos. Un hijo primogénito de la Victoria, el terror de los españoles, una de las más sólidas columnas de nuestra patria, el General Piar, en fin aparece ante este respetable Consejo como el más criminal y detestable de nosotros. Es él acusado de estremecer al más pacífico, es él considerado como el más infame de los que componen al Estado; y él es hasta ahora el blanco infeliz donde se dirigen los tiros de sus cohermanos. La Naturaleza, la justicia, la razón, la gratitud, las leyes y el honor mismo de la nación, inspiran un debido respeto, una tierna compasión y sentimientos generosos por un ilustre desgraciado; y forzoso es que sea examinada su causa con todo el pulso y acierto que exigen la rectitud y la prudencia.  La suerte de los mortales es demasiado importante y una condenación violenta e injusta es el crimen más horrendo contra la sociedad. Presentar pues, mis razones en su obsequio, de buena fe y con candor y V. E, se servirá oírlas con el juicio de imparcialidad que preside a los decretos de la sabiduría.

 

Más fácil es concebir el exterminio total del país que poderse figurar la insubordinación en el General Piar. Comencemos por establecer la diferencia que hay entre insubordinación y temor. Aquella es un acto escandaloso de  desobediencia y de resolución, este es un miedo mezclado de confianza y de respeto mismo a la autoridad, que impele a cometer errores involuntarios, en lo que obra más el carácter personal del individuo que sus principios o sistemas.  Tal es el estado en el que desgraciadamente se encontraba aquel cuando recibió la intimidación del general Bermúdez, comunicada por su edecán Machado, para marchar a presentarse al Supremo Jefe del Cuartel General de Casacoima, rodeado por muchas partes de enemigos particulares, advertido de que se perseguía por los mismos que más le habían apreciado, asestado por émulos y enemigos secretos, instruido falsamente por amigos suyos, residentes en el cuartel general, que se le proyectaba su sacrificio y dotado de un carácter desconfiado, al mismo tiempo que violento y tímido, se creyó perdido y se vio fuera de sí, cuando se le ordenó su ida a Casacoima. ¿Quién osará censurar de insubordinado al Supremo Jefe en el curso de su vida anterior? ¿No es esta una serie de acciones fieles a una continuación de acontecimientos, los más leales que acreditan una subordinación ejemplar al primer Jefe de la Nación?

 

Cuando los vencedores del Alacrán se hallaban en una lamentable orfandad por la sensible separación de su caro Jefe Supremo, cuando el triunfador de Morales estaba más protegido de la fortuna y más amado de sus súbditos y cuando todo parecía someterse a la fuerza  de su espada, de su dicha y de su opinión, no se le veía mover los labios sino para proferir las voces de amor, veneración y fidelidad al supremo Jefe Simón Bolívar. El logró inspirar este entendimiento universal en sus ejércitos y más era el dolor que le causaba que éste inmortal jefe no hubiese sido el héroe de El Juncal, que la gloria que podía tener de haber ganado la batalla. Sus primeras medidas fue mandarlo a buscar con el intendente Zea; no ahorrar ningún trabajo, no excusar ningún medio para conseguirlo, salvar inconvenientes para procurarlo y declarar públicamente que la República existir sin que viniese.

 

En todo el resto de campaña en los llanos y poblaciones de Barcelona, sobre las márgenes del caudaloso Orinoco, frente a las baterías de ésta ciudad, en las abundantes misiones del Carona y en los victoriosos campos de San Félix,  siempre este valeroso y feliz General ha sido el más firme y decidido apoyo de la autoridad. Hablen por él sus proclamas y sus papeles públicos, los actos anteriores y las declaraciones terminantes que a la faz de jefes ilustres ha pronunciado y manifestado con calor por el gobierno.

 

Podría extenderme a favor de mi cliente, pero la notoriedad de su conducta pasada, nadie mejor puede justificarla que los mismos jefes que ahora deponen contra él. Con franqueza declaro que es para mí un enigma insensible que un hombre pueda ser fiel y traidor a la vez, insubordinado y obediente, pacífico y conspirador, sumiso a la autoridad constituida y sedicioso. Este es el contraste que se observa de la causa seguida contra el benemérito General Piar.

 

¿Cómo es que puede ser conspirador el que más ha contribuido a sostener el jefe que hoy por fortuna nos rige? ¿Quién fue, sino mi defendido, que en la ausencia de la autoridad suprema se rehusó vigorosamente y despreció con una dignidad heroica las sugestiones y las lisonjeras promesas que le brindaba el General Mariño? ¿Cuándo estaba mas convidado que entonces a dividir el otro poder y dominar a su antojo a Venezuela? ¿A quién de entre nosotros son desconocidos los incentivos con que se le halagaban? ¿Quién ignora el heroísmo incomparable, el ejemplo sublime de constancia y la invencible firmeza con que desde entonces se decidió contra Mariño?

 

Sus victorias, las circunstancias y los acontecimientos del Jefe Supremo, todo le favorecerá y aun parece que le colocaba en un gran teatro donde pudiese desplegar a su arbitrio los crímenes de que se le acusan, dando al mundo todo un ejemplo de ellos, cohonestado con el favor de la fortuna.

 

Hay hechos incontestables que están a favor del General Manuel Carlos Piar y tan positivos que ninguna podrá dudar, las mismas gacetas de los españoles en Caracas son documentos irrefutables que tiene en su abono. Allí se ven revocados los actos más irrevocables de subordinación, de fidelidad y de adhesión al Jefe del Estado. Allí se ven estampadas las órdenes más terminantes que hizo circular a todos los que mandaban divisiones, para que no obedecieran a Mariño como un general disidente, que desconocía la más legítima autoridad de Venezuela. Allí se ve el fuego y la vehemencia con que el General Piar se entusiasma e inflama a favor del Jefe Supremo;  y allí se ven los ejemplos más admirables de consecuencia, respeto y amor al gobierno que tenemos. Sus contestaciones con el General Arismendi comprueban también esta verdad, y sus correspondencias con los generales Zaraza, Freites y Rojas,  solamente para exculparla de cualquier falta.

 

Si consideramos su conducta en la más atrevida de las empresas militares de Costa Firme (la de la salvación de esta provincia), creo que ningún mortal podrá tildarle en lo más mínimo, y que ni aun soñando le ha faltado a la autoridad. Un solo sentimiento era el que constantemente le agitaba, la ausencia del Jefe Supremo y la incertidumbre de su suerte. Ni se pasó un solo día sin que hiciese recuerdos sensibles y sin que con las lágrimas por una parte y el furor por la otra no se exaltase contra los que creía autores de su adversidad. Un solo voto, decía frecuentemente, un solo voto, no más de haber en Venezuela, Bolívar, es el salvador de éste país y yo no tranquilizaré, hasta no verle y hasta no acabar de exterminar al último de sus enemigos. A él solo obedeceré y me sacrificaré donde me mande con la última obediencia y voluntad. Mientras que me quede un soldado, con el solo haré la guerra al mundo entero por sostener su autoridad. Apelo para testificar esta verdad a algunos miembros de los que componen éste Respetable Consejo y a los coroneles que declaran contra él, Hernandez, Sánchez y Olivares.

 

Recordaré yo a estos señores la Junta de Guerra celebrada en el Pueblito y querría me contestasen si jamás han presenciado una escena en que la fidelidad, la subordinación, el decoro y el afecto al gobierno se hayan mostrado mas patentes que los que hizo en aquel día el General Piar. Así es que, vuelvo a repetir, V. E: que es más fácil concebir la disolución de la República que persuadirme de los crímenes que se le acusan al General. Solo me extiendo a creer que la vehemencia de sus pasiones, la impetuosidad de su carácter, la indiscreción de algunos individuos, el sentimiento de creerse ofendido o despreciado, el mismo amor y una especie de celo porque creía que el Jefe Supremo no lo distinguía según quería y merecía;  he aquí que lo habrá hecho expresarse de un modo que ni se acuerda, ni sabe lo que ha dicho. En una fibra tan irritable como la suya, y el hombre que desgraciadamente se transporta y enfurece hasta el término de perder el juicio, no es de admirar nada de esto. Deploremos su carácter, culpemos más bien a la naturaleza y no a la inteligencia del infeliz general Manuel Carlos Piar.

 

¿Puede ser conspirador el que deja el mando de la primera y más brillante  división que nunca ha tenido Venezuela, para retirarse a la triste población de Upata? ¿Pensar en la destrucción del gobierno el que dejó la fuerza que tenía en las manos, prefiriendo su tranquilidad y la vida privada? ¿Por qué, se separó de aquellos que estaban acostumbrados a obedecerle ciegamente y que lo adoraban y temían? ¿Tan difícil e incomprensible es esto como si se quisiese  hacer creer que el que premedita un asesinato comienza por desprenderse de sus armas, o el que quiere ganarse la voz popular se esconde en el último rincón de la tierra?

 

Si los hombres se considerasen siempre en las mismas circunstancias que un acusado, de qué distinta manera se representaría los delitos. La conciencia de su inocencia no la puede tener sino el que padece y los que juzgan u oyen siempre abultan o se preocupan. Los falsos rumores todo lo exageran y muchas veces acontece que a un inocente se empeña el mundo en hacerlo criminal. Hay mucho de esto en la causa de mi defendido.  Si con serenidad y sangre fría investigamos el origen del delito no encontraremos sino resentimientos de amistad. Expresiones de ninguna importancia vertidas con endurecimiento e indiscreción, quejas privadas con sus amigos para desahogar su interior, raptos, en fin, de aquellos que, todos sabemos, padece el general Piar. Calumniado atrozmente por sus perseguidores, hasta el extremo de asegurar que había robado ocho mil pesos, en alto grado adolorido, ulcerado su corazón de una manera inexplicable y cansado de recibir avisos de que intentaban matarlo, este jefe, hoy tan desdichado, todo se desconcertó, habló sin saber lo que decía como un frenético loco, cargó de imprecaciones a sus amigos, vomitó quejas terribles y gritó furiosamente contra los que sospechaba le querían perder, pero sin la depravada intención y sin proyectos tan criminales como los que se le atribuyen.

 

¿Dónde están esos planes de conspiración? ¿Dónde el número de los conspiradores? ¿Dónde las proclamas para excitar al tumulto y a la sedición? ¿Dónde los ejecutores de esta enorme empresa? ¿Dónde los soldados a quienes habló para la comisión del atentado? ¿Dónde, por último,  los preparativos para una colosal y desatinada maquinación?  Regístrense, como se han registrado ya, sus cofres y todo su archivo. Ni el más pequeño papel se encontró que condene al General Piar, ni que siquiera sirviera de indicio de los delitos que se le atribuyen. No se verá, por el contrario, sino las instrucciones y positivas órdenes que dejó al General Freites, al partir a la reconquista de ésta provincia, para que no obedeciese a otra autoridad, que a la suprema, depositada en el General Simón Bolívar. No se hallarán sino proclamas y documentos auténticos, y sinceros que no respiran mas que orden, subordinación y respeto al gobierno.

 

Recuerden los generales de la República el discurso que el intrépido Piar hizo a la junta de aquellos, convocada por S. E, el jefe supremo frente a la plaza en la que, a pesar de no ser de sentir que esta fuese atacada por las infructuosas tentativas que le habían hecho, hizo una por declaración al Primer Jefe asegurándole de su obediencia y prometió, sagradamente, que nada temiese de sus ejércitos donde ninguno vacilará, ni  contradecir. ¿En qué mejor ocasión pudo ser sedicioso, conspirador e insubordinado, que cuando en Barcelona estaba tomada por los enemigos, los generales en choque, el ejército casi disuelto por la conducta de Mariño y más victorioso que nunca por la gran Batalla de San Félix? Mas sus procedimientos en aquellas circunstancias son inimitables y le harán eternamente un honor que no se lo podrán robar. El fue el pañuelo de lágrimas y el consuelo de los miserables que pasaron el Orinoco.

 

Declare el Teniente Coronel Olivares cuál fue el objeto de su misión a Barcelona: tribute los homenajes debidos a la verdad y prive a la inocencia de una manifestación que le pueda favorecer.

 

Fue enviado para poner al ejército, a las órdenes del Supremo Jefe, asegurándole de la más acrisolada obediencia y del último respeto a su persona. Nadie ha estado más satisfecho de los buenos procederes de Piar  que el mismo General Simón Bolívar.

 

¿Cuántas veces en conversaciones públicas y privadas le hemos visto confirmar esta verdad, cuales honoríficos para aquel y tiernos recíprocamente no son los oficios de su correspondencia, en cuántas ocasiones hemos visto al Primer Magistrado de la República entusiasmarse con ternura al contemplar la fidelidad y las proezas de Piar?

 

Pero señores, donde la maledicencia, parece que donde mas se ha complicado en difamar a nuestro triste acusado, es el documento numero 6, en que el Coronel Sánchez dice al Supremo Jefe que el General Piar había hablado a todos los comandantes de la caballería y a muchos oficiales subalternos, que no dejaron de ser sensibles a sus insinuaciones.

 

No es cierto que este jefe haya hablado a todos los comandantes, ni ninguna declaración lo justifica, ni al señor Sánchez le consta, ni menos puede comprobarlo. ¿Y cómo es que envuelve en su fiera y maliciosa acusación a los inocentes jefes y oficiales de la caballería representándolos como sensibles al crimen y a las sugestiones de Piar? ¿Cómo es que en su primer documento se atreve a llamar “serpiente” y “monstruo de la República” al que mas ha contribuido a regenerarla, al Libertador de Oriente, al héroe de Maturín, al afortunado de los Corocillos, al espanto de los españoles en Cumanacoa, al que con su nombre y su audacia sola fue el triunfador del Juncal, al que pulverizó en San Félix las huestes  arrogantes de Morillo y que nunca ha sido vencido entre los generales de Venezuela? Tan sabida es la enemistad, inconciliable, que Sánchez profesa al que defiendo, como que el pueblito de La Pastora es a todos conocido.

 

Sánchez desde allí juró ser perseguidor de Piar y parece que los acontecimientos, la revolución, su saña y sagacidad le han procurado el triunfo en esta lid. El Coronel Francisco Sánchez emprendió allí su repase de nuestro ejercito a Barcelona y sin la firme resolución del General Piar y de otros jefes justos y constantes, no poseeríamos tranquilamente hoy a Guayana.

 

Sánchez fue despedido, como es notorio, de los ejércitos de Piar y desde entonces le juró venganza. El, que no conoce ninguna elocuencia, ni la facilidad que éste posee, al ver la carta de aquel no puede menos que espantarse porque es tan impropia la arenga de Piar como exagerada es la acusación de Sánchez.

 

Son también sus enemigos el Coronel Pedro Hernandez y el Teniente Coronel Olivares, el primero porque en la acción de San Félix fue fuerte y públicamente reprendido por él, declarándose desde entonces en su contra y el segundo, por el suceso de Upata con el Subteniente Arias, en el Piar le echó toda la culpa a Olivares, que terminó por no ser mas su amigo.

 

O el General Piar es mas loco que los demás hombres, no ha intentado tal conspiración, o él perdió el juicio en aquellos días o no hizo más que prorrumpir indiscretamente contra los que se imaginaba lo querían sacrificar. Nada apoya más esta razón que la pretendida indignación contra los mantuanos, que es el fundamento y origen de toda esta causa. Esta es una clase de hombres que desde el 19 de abril se extinguió junto con la tiranía y nadie en Venezuela le ha ocurrido un pretexto semejante para revolucionar. El menos que ningún otro, podía apelar a un tan diabólico y detestable medio, cuyos principios han sido siempre opuestos al desorden y a la anarquía y que constantemente ha dado pruebas irrevocables de ello.

 

Si mi defendido encerraba en su seno unos planes tan alevosos y homicidas. ¿Por qué, se desprendió de su valioso escuadrón todo compuesto de hombres que le idolatraban tanto y todo gente de color? ¿Por qué no se opuso a entregarlo? ¿Por qué no los envió a esta horrorosa ejecución ni les dijo a los testigos que tiene en contra? ¿Por qué no les escribió a sus oficiales amigos? ¿Por qué no convidó al proyecto a sus predilectos amigos Anzoátegui y Torres? ¿Cómo no declaró sus ideas a su confidente, a su amigo y querido secretario Briceño? ¿Cómo no comprometió ni se valió  de su edecán el guapo Comandante Mina? ¿Es tan necio mi cliente, que para una empresa superior a la de los Catilinas, Deslines, Robespierre, ocurriese a la sencillez y bondad del Coronel Hernández, al ningún genio revolucionario del Teniente Coronel Olivares y al más diestro, más culto y terrible de sus enemigos el Coronel Francisco Sánchez? Este no es, no ha sido, ni puede ser jamás la conducta de un conspirador, puede ser sí, la de un furioso resentido, con quien es preciso que haya indulgencia y a quien se debe transportar por loco cuando se irrita.

 

Y ¿Qué diremos, al ver a este mismo general llegar a la ciudad de Maturín y en la sala del General Rojas decir:” Todas las clases diversas del Estado deben ligarse estrechamente y no formar mas que una gran familia que haga la guerra a los españoles, olvidándose resentimientos pueriles y seamos todos hermanos, todos libres, todos republicanos” ?

 

¿Qué me contestaron sus adversarios cuando les dije que el primer paso que dio Piar al hacerse cargo del ejército del General Mariño, fue establecer una comisión militar, contener los excesos de la tropa, aterrar a los sediciosos y hacer juzgar y castigar al Capitán León Prado, el mas implacable de los enemigos del Jefe Supremo, que es pardo, que tenía estas dos recomendaciones y de que tanto podía valerse para obtener sus fines? Si en tan corto tiempo logró mi defendido formar una brillante y brava división compuesta de mas de quinientos hombres, de ciento y pico que solo le dejó Mariño. ¿Por qué, no marcharon sobre Maturín? ¿Por qué, no proclamó sobre este apoyo los principios de conspiración? Y ¿Por qué, no siguió al instante sobre esta provincia donde dicen que tenía o contaba con algún partido? Le vemos por el contrario, no contraerse sino a Cumaná, ignoramos  que allí haya declamado o conspirado contra la autoridad.

 

El acto de acogerse al General Mariño, de quien siempre ha sido enemigo, prueba bien claramente, que su espíritu no estaba todavía bien tranquilo, ni su juicio muy en lugar, para refugiarse del que mas le ha odiado siempre, Piar sencillamente declara que su objeto era irse a las  colonias a gozar de alguna tranquilidad, lo que es bastante verosímil porque este era su antiguo deseo y por esto logró el permiso temporal que se le acordó. Tan moderada y diversa ha sido su conducta posterior en la Provincia de Cumaná, como que el mismo General Rojas, que antes había negado los auxilios que le pidió el General Mariño, como un jefe que desconoce la Suprema autoridad, le envió a Piar voluntariamente pertrechos para el ejército que estaba mandando. ¿Cómo se los habrá remitido si su conducta no hubiese sido opuesta a la que quiere asegurarse con él si el General Piar hubiese predicado el asesinato, convidado a la anarquía y la rebelión? ¿Es creíble que el General Rojas le hubiese mandado pólvora para hacer la guerra a sus hermanos e incendiar a Venezuela? Voy a persuadir a V. E., Señor Presidente y a ustedes Señores Vocales, de que hay mucho estudio y demasiada animosidad en algunas declaraciones dadas contra el General Mariño.

 

Obsérvese  atentamente la disposición del Teniente Coronel Olivares y se verá como no contento con atacar tan duramente a Piar, adelanta que él aseguraba que contaba con todas las tropas, que si quería convencerse más de cuanto le decía le escribiría al General Anzoátegui y por su contestación vería si tenía fundamento para hablar con seguridad. ¿Puede caber esta idea en el más desconcertado cerebro? ¿Escribir al General Anzoátegui sobre semejante materia, contar con él para tal proyecto, empeñar en igual conspiración a un jefe tan enemigo del desorden y la insurrección, comunicar este plan y contar para realizarlo con unos de los que por la naturaleza misma habría de ser comprendido en la proscripción. Al General de la Guardia de Honor del Gobierno y al que por todos motivos debía estar mas en contradicción por el asesinato de los blancos y a uno de los jefes de mas confianza de la autoridad?. Esto no se puede creer ni en delirio y aun es mas ridículo que cierto. No menos lo es el cargo de que contaba con todas las tropas.

 

Y si estaba seguro de esto, si se hallaba cierto de que se sacrificaría por sus designios, si podía emprender cualquier trama satisfecho en su influjo y su autoridad. ¿Cómo ha sido tan ignorante y sencillo para venirse solo y desprevenido al Juncal y no fue al cuartel general a disponer de las fuerzas y verificar su intento? ¿Por qué, si estaba seguro de que el General Anzoátegui y los cuerpos obedecerían sus mandatos se separa de las misiones, se desprende de su valioso escuadrón y se viene solo a hablar para la conspiración a algunos de sus enemigos? En todo esto debe haber un gran misterio que yo no puedo penetrar.

 

¿Quién dudará que la falta del árbol genealógico que se dice haber sido encontrado en sus papeles y en el que se hace descender de los príncipes de Portugal, sea una invención forjada de sus enemigos? ¿Todo esto no prueba suficientemente que tiene muchos y poderosos secretos? Sería ensordecerse a los clamores de la justicia y no conocer lo que digo.

 

Yo creo que es tiempo, excelentísimo señor, de que yo termine mi defensa. Quisiera extenderme más a favor del acusado, pero me parece haber dicho cuanto puedo. Que la sabiduría y la prudencia de los dignos miembros de este tan augusto Consejo conocen mejor que el defensor, las razones que este no haya podido alegar y que más amparan al defendido.

 

El y yo nos tranquilizamos al ver que va a ser juzgado por un tribunal de jefes rectos que no serán insensibles a sus grandes y continuados servicios, a su mérito, a sus padecimientos y a los laureles que ha recogido en tantos gloriosos campos, cuya ilustre memoria no se puede recordar sin interesar la compasión. Contemple V. E., y ustedes señores ministros del Consejo, que este es el mismo General Piar que tantas veces ha dado la vida por la República, que ha roto las cadenas de tantos venezolanos y que ha libertado provincias, que su espada es mas temible a los españoles que lo que les es la de Napoleón, que a su presencia han temblado los tiranos de Venezuela, que sus trabajos y persecuciones serán un triunfo para nuestros verdugos y los complacerán mas que diez batallas, que la República parece que debe ser generosa con uno de sus más solícitos hijos, pues la clemencia bien aplicada es el mayor bien del universo, que se considere su delicada salud, su delicada naturaleza, sus sufrimientos, su edad, el oprobio que ha padecido, su conocido arrepentimiento  y las aflicciones que ahogan su alma. Que se dispense a su calor, que no sea tan fiero con un libertador de Venezuela y que se recuerde que se creyó ciudadano y se desahogó con sus quejas, pero sin la intención de hacer mal.

 

Angostura 15 de octubre de 1817.

El Defensor

Fernando Galindo

 

                                              

 

 

 

 

MI APRECIACIÓN MUY PERSONAL

 

Siempre he pensado que la Historia ha estado recostada de quien tiene el liderazgo o de quien tiene el poder económico y que ninguna diferencia existe hoy entre los tribunales de Venezuela y el de 1817, en aquel todos fueron sus enemigos y el reo estaba pre juzgado, sin importar para nada tan bella defensa del General Juan Galindo, que a pesar de ser su enemigo actuó con verdadera justicia, los mismos tribunales fabrican testigos para lograr su objetivo, todos siguen una misma corriente, que no importaría lo ideológico si se actuara con justicia.

 

Dice la historia que Bolívar tuvo una penosa muerte, que le pusieron una camisa ajena, dicen también que en la tierra se pagan los daños  que se hacen, ¿No tendría algo que ver esto con la prisión y muerte de Miranda, lo mismo que la muerte de Piar? son dos historias que debemos analizar con sentido crítico.

 

Yo copié los datos mas interesante, pero es bueno decir que también el comentario del historiador,  dejaba ver y es una prueba evidente que no era culpable de nada de los que se le imputó, cuando vino una comisión a Caicara, a decirle que el ejército lo estaba necesitando  y en seguida ensilló su caballo y se fue con la comisión, pero al llegar a Ciudad Bolívar lo llevaron a la casa del Almirante Luís Brión, también enemigo de él y allí estuvo preso cuando lo vinieron a buscar para fusilarlo, él nunca vio la cara del tribunal que lo estaba condenando. Piar tuvo 14 batallas victoriosas, era un general en potencia muy diferente a Bolívar y tal vez eso es parte del motivo de su fusilamiento; Bolívar perdió la primera batalla de La Puerta y Piar le dijo; "Mi general como se le ocurre pelear a esa gente atrincherados” Bolívar volvió a pelear para demostrar que si se podía y volvió a ser derrotado. Bolívar estaba en Caracas con su ejército y José Tomás Boves anunció que atacaría a Caracas y nuestro general en vez  salir a encontrarlo, prefirió sacar al pueblo caminando para Barcelona y gracias a José Félix Ribas, sin ejército sacó a los seminaristas y universitarios, entrenándolos en el camino y fue y venció a Boves en la Victoria, que les parece, es mucho lo que se puede decir, pero es suficiente por ahora.

 

Discúlpeme el tiempo que le hago perder, considero que no se puede seguir argumentado que Miranda y Piar fueron traidores a  la Patria.

 

 

Dionisio Alfonzo Blandín

 

Maturín, Septiembre de 2006

 

 

 

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