EL KYBALION

Tres iniciados
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INTRODUCCIÓN
Tenemos mucho gusto en presentar a la atención de los estudiantes e
investigadores de las doctrinas secretas esta pequeña obra basada sobre las
antiquísimas enseñanzas herméticas. Ha habido
tan poco escrito sobre este tema, a pesar de las innumerables referencias a las
enseñanzas en las muchas obras sobre ocultismo, que los muchos diligentes
buscadores de las verdades arcanas darán indudablemente la bienvenida a la
aparición del presente volumen.
El propósito de esta obra no es la enunciación
de ninguna filosofía o doctrina especiales, sino más bien dar a los estudiantes
una exposición de la verdad que servirá para reconciliar los muchos pedacitos
de conocimiento oculto que puedan haber adquirido, pero que aparentemente son
opuestos uno al otro y que sirven a mentido para desanimar y distanciar al
principiante en el estudio. Nuestro
intento no es seguir un nuevo templo de conocimiento, sino más bien situar en
las manos del estudiante una llave maestra con la que pueda abrir las muchas
puertas internas en el templo del misterio a través de cuyos portales
principales ya ha entrado.
No hay porción de las enseñanzas ocultas
poseídas por el mundo que haya sido tan cuidadosamente guardada como los
fragmentos de las enseñanzas herméticas que han llegado hasta nosotros a lo
largo de las decenas de centurias que han transcurrido desde la vida de su gran
fundador, Hermes Trismegistus, el «escriba de los dioses», que residió en el
antiguo Egipto en los días en que la raza presente de los hombres estaba en su
infancia. Contemporáneo de Abraham, y,
si las leyendas son verdaderas, un instructor de ese venerable sabio, Hermes
fue, y es, el gran sol central del ocultismo, cuyos rayos han servido para iluminar
las innumerables enseñanzas que han sido promulgadas desde su tiempo. Todas las enseñanzas fundamentales y básicas
contenidas en las enseñanzas esotéricas de toda raza pueden ser atribuidas a
Hermes. Incluso las más antiguas
enseñanzas de la India tienen indudablemente sus raíces en las enseñanzas
herméticas originales.
Desde la tierra del Ganges muchos avanzados
ocultistas viajaron a la tierra de Egipto, y se sentaron a los pies del
maestro. De él obtuvieron la llave
maestra que explicaba y reconciliaba sus puntos de vista divergentes, y así fue
firmemente establecida la doctrina secreta.
De otras tierras vinieron también los instruidos, todos los cuales
consideraban a Hermes como el maestro de maestros, y su influencia fue tan
grande que a pesar de las desviaciones del sendero por parte de los cientos de
instructores en estas diferentes tierras, aún puede encontrarse un cierto
parecido y correspondencia básicos que subyacen a las muchas y a menudo
divergentes teorías mantenidas y enseñadas por los ocultistas de estas
diferentes tierras hoy en día. El
estudiante de las religiones comparadas será capaz de percibir la influencia de
las enseñanzas herméticas en toda religión merecedora del nombre, conocida
ahora por el hombre, sea una religión muerta o una en completo vigor en nuestro
propio tiempo. Hay siempre una cierta
correspondencia a pesar de los rasgos contradictorios, y las enseñanzas
herméticas actúan como el gran reconciliador.
El trabajo de la vida de Hermes parece haber
sido en la dirección de plantar la gran semilla de la verdad que ha crecido y
florecido en santísimas formas extrañas, más que en establecer una escuela de
filosofía que dominara el pensamiento del mundo. Pero, no obstante, las verdades originales
enseñadas por él han sido conservadas intactas en su pureza original por unos
pocos hombres en cada edad, que,, rehusando a grandes números de estudiantes y
seguidores desarrollados a medias, siguieron la costumbre hermética y
reservaron su verdad para los pocos que estaban listos para comprenderla y
amaestrarla. De labio a oído, la verdad
ha sido transmitida entre los pocos.
Siempre ha habido unos pocos iniciados en cada generación, en los
diversos países de la tierra, que mantuvieron viva la llama sagrada de las
enseñanzas herméticas, y ésos siempre han estado deseosos de usar sus lámparas
para reencender las lámparas menores del mundo externo, cuando la luz de la
verdad se volvía sombría, y nublada por la negligencia, y cuando las mechas se
obstruían con materia extraña. Siempre
hubieron unos pocos para atender fielmente al altar de la verdad, sobre el que
se mantenía encendida la lámpara perpetua de la sabiduría. Estos hombres dedicaron sus vidas a la labor
de amor que el poeta ha establecido tan bien en sus versos:
«¡Oh, no dejes que se extinga la llama! Protegida edad tras edad en su oscura caverna
en sus santos templos cuidada.
Alimentada por sacerdotes puros de amor- ¡no dejes que se extinga la llama!»
Estos hombres nunca han buscado la aprobación
popular ni una multitud de seguidores.
Son indiferentes a estas cosas, pues saben cuán pocos hay en cada
generación que estén preparados para la verdad, o que la reconocerían si les
fuera presentada. Reservan la «carne
fuerte para los hombres», mientras otros proporcionan la «leche para los
bebés». Reservan sus perlas de sabiduría
para los pocos elegidos, que reconocen su valía y que las llevan en sus
coronas, en vez de arrojarlas delante del vulgar puerco materialista, que las
pisotearía en el fango y las mezclaría con su repugnante alimento mental. A pesar de eso, estos hombres nunca han
olvidado las enseñanzas originales de Hermes, considerando el traspaso de las
palabras de la verdad a esos preparados para recibirlas, enseñanza que está
establecida en El Kybalion como sigue: «Donde caen las pisadas del
maestro, los oídos de aquellos listos para su enseñanza se abren de par en
par.» Y de nuevo: «Cuando los oídos del estudiante están listos para oír,
vienen los labios a llenarlos con sabiduría.» Pero su actitud acostumbrada ha
estado siempre estrictamente de acuerdo con el otro aforismo hermético. También
en El Kybalion: «Los labios de la sabiduría están cerrados, excepto para
los oídos del entendimiento.»
Hay quienes han criticado esta actitud de los
hermetistas, y han proclamado que no manifestaban el espíritu apropiado en su
política de reclusión y reticencia. Pero
una ojeada momentánea hacia atrás sobre las páginas de la historia mostrará la
sabiduría de los maestros, que sabían de la estupidez de intentar enseñar al
mundo algo para lo que no estaba ni preparado ni deseoso de recibir. Los hermetistas nunca han buscado ser
mártires, y se han sentado, en cambio, a un lado con una compadecedora sonrisa
en sus labios cerrados, mientras los «paganos se enfurecían ruidosamente alrededor
suyo» con su perversa costumbre de llevar a la muerte y la tortura a los
entusiastas honestos, pero descaminados, que imaginaban que podían forzar,
sobre una raza de bárbaros, la verdad capaz de ser entendida sólo por el
elegido que había avanzado a lo largo del sendero.
Y el espíritu de persecución no ha muerto aún
en la tierra.
Hay ciertas enseñanzas herméticas que, si se
promulgasen públicamente, atraerían sobre los instructores un gran grito de escarnio
y contumelia proveniente de la multitud, que elevaría de nuevo el grito de
«¡Crucificad! ¡Crucificad!».
En esta pequeña obra nos hemos esforzado por
datos una idea de las enseñanzas fundamentales de El Kybalion, haciendo
lo posible por datos los principios funcionales, dejándoos que los apliquéis
vosotros mismos, antes que intentar desarrollar la enseñanza en detalle. Si eres un verdadero estudiante, serás capaz
de desarrollar y aplicar estos principios; si no, entonces debes convertirte en
uno, pues de otro modo las enseñanzas herméticas serán como «palabras,
palabras, palabras» para ti.
LOS TRES INICIADOS
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CAPÍTULO 1
LA FILOSOFÍA HERMÉTICA
«Los labios de la sabiduría están cerrados,
excepto para los oídos del entendimiento.»
El Kybalion.
Del antiguo Egipto han llegado las enseñanzas
esotéricas y ocultas fundamentales que han influenciado tan fuertemente las
filosofías de todas las razas, naciones y gentes, por varios miles de
años. Egipto, el hogar de las pirámides
y la esfinge, fue el lugar de nacimiento de la sabiduría escondida y las
enseñanzas místicas: todas las naciones han tomado prestado de su doctrina
secreta. India, Persia, Caldea, Medea,
China, Japón, Asiría, la Grecia y la Roma antigua, y otros antiguos países
participaron liberalmente en el festín de conocimiento que los hierofantes y
maestros de la tierra de Isis proporcionaban tan libremente a aquellos que
venían preparados para participar del gran almacén de saber místico y oculto
que las mentes de esa tierra habían reunido.
En el antiguo Egipto residían los grandes
adeptos y maestros que nunca han sido sobrepasados, v que raramente han sido
igualados, durante los siglos que han tenido su fuga procesional desde los días
del gran Hermes. En Egipto estaba
localizada la gran logia de logias de los místicos. A las puertas de sus templos entraban los
neófitos, quienes posteriormente, como hierofantes, adeptos y maestros,
viajaban a los cuatro rincones de la tierra, llevando consigo el precioso
conocimiento que estaban preparados, ansiosos y deseosos de traspasar a
aquellos que estuviesen listos para recibirlo.
Todos los estudiantes de lo oculto reconocen la deuda que deben a estos
venerables maestros de esa antigua tierra.
Pero entre estos grandes maestros del antiguo
Egipto moró una vez uno a quien los maestros aclamaban como «el maestro de
maestros». Este hombre, si es que en
verdad era «hombre», moró en Egipto en los primerísimos días. Era conocido como Hermes Trismegistus. Él fue
el padre de la sabiduría oculta; el fundador de la astrología; el descubridor
de la alquimia. Los detalles del relato
de su vida están perdidos para la historia debido al lapso de los años, aunque
varios de los países antiguos disputaron uno con el otro en sus alegatos por el
honor de haber suministrado su lugar de nacimiento, y de esto hace miles de
años. La fecha de su residencia en
Egipto, en esa su última encarnación sobre este planeta, no es conocida ahora,
pero ha sido fijada en los primeros días de las más viejas dinastías de Egipto
-mucho antes de los tiempos de Moisés-.
Las mejores autoridades le consideran como un contemporáneo de Abraham,
y algunas de las tradiciones judías llegan a afirmar que Abraham adquirió una
porción de su conocimiento místico a partir de Hermes mismo.
Conforme los años rodaron tras su partida de
este plano de vida (registrando la tradición que vivió trescientos años en la
carne), los egipcios deificaron a Hermes, y le hicieron uno de sus dioses, bajo
el nombre de Thoth. Años después, la
gente de la Grecia antigua también le hizo uno de sus muchos dioses -llamándole
«Hermes, el dios de la Sabiduría»-. Los
egipcios reverenciaron su memoria por muchos siglos -sí, decenas de siglos-
llamándole «el escriba de los dioses», y confiriéndole, honoríficamente, su
antiguo título, «Trismegistus», que significa «el tres veces grande», «el gran
grande», «el grande más grande», etcétera.
En todos los países antiguos el nombre de Hermes Trismegistus fue
reverenciado, siendo sinónimo el nombre con la «fuente de la sabiduría».
Incluso en estos días, usamos el término
«hermético» en el sentido de «secreto», «sellado de manera que nada puede
escaparse», etc., y esto en razón del hecho de que los seguidores de Hermes
siempre observaron el principio del secreto en sus enseñanzas. Ellos no creían en «arrojar perlas ante los
puercos», sino que más bien se atenían a la enseñanza «leche para los bebés;
carne para hombres fuertes», ambas de cuyas máximas son familiares a los
lectores de las escrituras cristianas, pero que también habían sido usadas por
los egipcios durante siglos antes de la era cristiana.
Y esta política de diseminación cuidadosa de
la verdad ha caracterizado siempre a las enseñanzas herméticas, incluso hasta
el presente día. Las enseñanzas
herméticas han de encontrarse en todas las tierras, entre todas las religiones,
pero nunca identificadas con ningún país particular, ni con ninguna secta
religiosa particular. Esto en razón de
la advertencia de los antiguos instructores contra el permitir a la doctrina
secreta que se volviese cristalizada en un credo. La sabiduría de esta amonestación es evidente
para todos los estudiantes de la historia.
El antiguo ocultismo de India y Persia degeneró, y fue grandemente
perdido, debido al hecho de que los instructores se volvieron sacerdotes, y
mezclaron así la teología con la filosofía, siendo el resultado que el
ocultismo de India y Persia ha sido perdido gradualmente entre la masa de
superstición religiosa, cultos, credos y «dioses». Así fue con la Grecia y la Roma
antiguas. Así fue con las enseñanzas
herméticas de los gnósticos y los cristianos primitivos, que se perdieron en el
tiempo de Constantino, cuya mano de hierro asfixió la filosofía con la manta de
la teología, perdiendo para la Iglesia cristiana lo que era su misma esencia y
espíritu, y haciéndola buscar a ciegas a lo largo de varios siglos antes de que
encontrase el camino de vuelta a su antigua fe, siendo las indicaciones
evidentes para todos los observadores cuidadosos en este siglo xx el que la
Iglesia esté ahora pugnando por volver a sus antiguas enseñanzas místicas.
Pero hubieron siempre unas pocas almas fieles
que mantuvieron viva la llama, atendiéndola cuidadosamente, y no permitiendo
que su luz se extinguiese. Y gracias a
estos corazones leales y mentes valientes tenemos aún la verdad con nosotros.
Pero no se encuentra en los libros, en ninguna
gran extensión. Ha sido transmitida de
maestro a estudiante, de iniciado a hierofante, de labio a oído. Cuando fue escrita, su significado fue velado
en términos de alquimia y astrología, de modo que sólo aquellos que poseyesen
la clave pudieran leerla correctamente.
Esto se hizo necesario a fin de impedir las persecuciones de los
teólogos de la Edad Media, que combatieron la doctrina secreta con fuego y
espada, estaca, horca y cruz. Incluso en
este día no se encontrarán sino pocos libros dignos de confianza sobre la
filosofía hermética, aunque haya innumerables referencias a ella en muchos
libros escritos sobre diversas fases del ocultismo. ¡Y, sin embargo, la
filosofía hermética es la única llave maestra que abrirá todas las puertas de
las enseñanzas ocultas!
En los primeros días hubo una compilación de
ciertas doctrinas herméticas básicas, pasadas de instructor a estudiante, que
fue conocida como El Kybalion, habiendo sido perdido por varios siglos
el significado y la importancia exactos del término. Esta enseñanza, sin
embargo, es conocida por muchos a quienes ha descendido, de boca a oído,
continuamente a lo largo de los siglos.
Sus preceptos nunca han sido escritos, o impresos, hasta donde sabemos
nosotros. Era meramente una colección de
máximas, axiomas y preceptos, que eran ininteligibles para los intrusos, pero
que eran fácilmente entendidos por los estudiantes, después que los axiomas,
las máximas y los preceptos hubiesen sido explicados y ejemplificados por los
iniciados herméticos a sus neófitos.
Estas enseñanzas constituían realmente los principios básicos del «Arte
de la alquimia hermética», el cual, contrariamente a la creencia general,
trataba del dominio de las fuerzas mentales, antes que de los elementos
materiales -la transmutación de una clase de vibraciones mentales en otras, en
vez del cambio de una clase de metal en otro-.
Las leyendas de la «piedra filosofal» que convertiría el metal bajo en
oro, eran una alegoría relacionada con la filosofía hermética, rápidamente
entendida por todos los estudiantes del verdadero hermetismo.
En este pequeño libro, del que ésta es la
primera lección, invitamos a nuestros estudiantes a examinar las enseñanzas
herméticas, tal como están expuestas en El Kybalion, y tal como son
explicadas por nosotros mismos, humildes estudiantes de las enseñanzas, que,
mientras que llevamos el título de iniciados, somos todavía estudiantes a los
pies de Hermes, el maestro. Aquí os
damos muchas de las máximas, axiomas y preceptos de El Kybalion, acompañados
por explicaciones e ilustraciones que estimamos idóneas para hacer las
enseñanzas más fácilmente comprensibles por el estudiante moderno,
particularmente por cuanto el texto original está velado a propósito en
términos oscuros.
Las máximas, axiomas y preceptos originales de
El Kybalion están impresos aquí, entre signos de acotación, dado el
crédito apropiado. Nuestro propio
trabajo está impreso en el modo regular, en el cuerpo de la obra. Confiamos que los muchos estudiantes a los
que ofrecemos ahora esta pequeña obra derivarán tanto beneficio del estudio de
sus páginas como lo han hecho los muchos que han pasado antes, recorriendo el mismo
sendero hacia la maestría a lo largo de los siglos que han pasado desde los
tiempos de Hermes Trismegistus -el maestro de maestros-, el gran grande. En las palabras de El Kybalion:
«Donde caen las pisadas del maestro, los oídos
de aquellos preparados para su enseñanza se abren de par en par.»
El Kybalion.
«Cuando los oídos del estudiante están listos
para oír, entonces vienen los labios a llenarlos con sabiduría.»
El Kybalion.
Así que, de acuerdo con las enseñanzas, el pasar este libro a aquellos listos para la instrucción atraerá la atención de esos que están preparados para recibir la enseñanza. Y, del mismo modo, cuando el pupilo esté listo para recibir la verdad, entonces este pequeño libro le vendrá a él, o a ella. Tal es la ley. El principio hermético de causa y efecto, en su aspecto de la ley de atracción, juntará labios y oído, pupilo y libro en compañía. ¡Así sea!
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CAPÍTULO II
LOS SIETE PRINCIPIOS HERMÉTICOS
«Los principios de la verdad son siete; aquel que
conoce éstos, con comprensión, posee la llave mágica ante cuyo toque todas las
puertas del templo se abren de repente.»
El Kybalion.
Los siete principios herméticos, sobre los que
está basada toda la filosofía hermética, son como sigue:
1 . EL
PRINCIPIO DE MENTALISMO.
2. EL
PRINCIPIO DE CORRESPONDENCIA.
3. EL
PRINCIPIO DE VIBRACIÓN.
4. EL
PRINCIPIO DE POLARIDAD.
5. EL PRINCIPIO DE RITMO.
6. EL
PRINCIPIO DE CAUSA Y EFECTO.
7. EL
PRINCIPIO DE GÉNERO.
Estos siete principios serán discutidos y explicados
según procedamos con estas lecciones.
Puede bien darse, sin embargo, en este punto una corta explicación de
cada uno.
1. El
principio de mentalismo
«EL TODO es MENTE; el universo es mental.»
El Kybalion.
Este principio incorpora la verdad de que
«todo es mente». Explica que EL TODO (que es la realidad sustancial que subyace
a todas las manifestaciones y apariencias externas que conocemos bajo los
términos de «el universo material», «el fenómeno de la vida», «materia»,
«energía», y, en breve, todo lo que es evidente a nuestros sentidos materiales)
es ESPÍRITU, que en sí mismo es INCOGNOSCIBLE e INDEFINIBLE, pero que puede ser
considerado y concebido como UNA MENTE UNIVERSAL, INFINITA Y VIVIENTE. Explica también que todo el mundo o universo
fenomenal es simplemente una creación mental del TODO, sujeto a las leyes de
las cosas creadas, y que el universo, como conjunto, y en sus partes o
unidades, tiene su existencia en la mente del TODO, en cuya mente «vivimos, nos
movemos y tenemos nuestro ser». Este
principio, estableciendo la naturaleza mental del universo, explica fácilmente
todos los variados fenómenos mentales y psíquicos que ocupan una porción tan
grande de la atención pública, y que, sin tal explicación, son incomprensibles
y desafían el tratamiento científico.
Una comprensión de este gran principio hermético de mentalismo capacita
al individuo para captar fácilmente las leyes del universo mental, y para
aplicar las mismas a su bienestar y avance.
El estudiante hermético está capacitado para aplicar inteligentemente
las grandes leyes mentales, en vez de usarlas de una manera fortuita. Con la llave maestra en su posesión, el
estudiante puede abrir las muchas puertas del templo mental y psíquico del conocimiento,
y entrar al mismo libre e inteligentemente.
Este principio explica la verdadera naturaleza de «energía», «poder» y
«materia», y por qué y cómo están todos éstos subordinados a la maestría de la
mente. Uno de los viejos maestros
herméticos escribió hace mucho tiempo: «El que capta la verdad de la naturaleza
mental del universo está bien avanzado en el sendero hacia la maestría.» Y
estas palabras son tan verdaderas hoy como en el tiempo en que fueron escritas
por primera vez. Sin esta llave maestra,
la maestría es imposible, y el estudiante llama en vano a las muchas puertas
del templo.
2. El principio de correspondencia
«Como es arriba, es abajo; como es abajo, es
arriba.»
El Kybalion.
Este principio incorpora la verdad
de que hay siempre una correspondencia entre las leyes y fenómenos de los
diversos planos de existencia y vida. El
viejo axioma hermético lo ponía en estas palabras: «Como es arriba, es abajo;
como es abajo, es arriba.» Y la captación de este principio da uno de los
medios de solucionar muchas oscuras paradojas y secretos escondidos de la
Naturaleza. Hay planos más allá de
nuestro conocimiento, pero cuando les aplicamos el principio de correspondencia
somos capaces de entender mucho que de otro modo nos habría sido
incognoscible. Este principio es de
aplicación y manifestación universal, en los diversos planos del universo
material, mental y espiritual; es una ley universal. Los antiguos hermetistas consideraban este
principio como uno de los más importantes instrumentos mentales por el que el
hombre era capaz de atisbar a un lado de los obstáculos que ocultan lo
desconocido a la vista. Su uso incluso
rasgaba el velo de Isis hasta el punto de que podía verse un vislumbre de la
cara de la diosa. Igual que un
conocimiento de los principios de la Geometría capacita al hombre para medir
soles distantes y sus movimientos, mientras está sentado en su observatorio,
así un conocimiento del principio de correspondencia capacita al hombre para
razonar inteligentemente desde lo conocido hasta lo desconocido. Estudiando a la mónada, entiende al arcángel.
3. El
principio de vibración
«Nada descansa; todo se mueve; todo vibra.»
El Kybalion.
Este principio incorpora la verdad de que «todo
está en movimiento», «todo vibra», «nada está en reposo»; hechos que la ciencia
moderna refrenda, y que cada nuevo descubrimiento científico tiende a
verificar. Y sin embargo este principio
hermético fue enunciado hace miles de años por los maestros del antiguo
Egipto. Este principio explica que las
diferencias entre manifestaciones diferentes de materia, energía, mente, e
incluso espíritu, resultan mayormente de frecuencias de vibración variables. Desde EL TODO, que es espíritu puro, bajando
hasta la forma más grosera de materia, todo está en vibración -cuanto más alta
la vibración, más alta la posición en la escala-. La vibración del espíritu es en un rango de
intensidad y rapidez infinitas tal que está prácticamente en reposo -igual que
una rueda moviéndose rápidamente parece inmóvil-. Y en el otro extremo de la escala, hay formas
groseras de materia cuyas vibraciones son tan bajas como para parecer en
reposo. Entre estos dos polos hay
millones sobre millones de grados variables de vibración. Desde el corpúsculo y el electrón, el átomo y
la molécula, hasta los mundos y universos, todo está en moción vibratoria. Esto también es verdad en los planos de
energía y fuerza (que no son sino grados diversos de vibración); y también en
los planos mentales (cuyos estados dependen de vibraciones); e incluso en los
planos espirituales. Un entendimiento de
este principio, con las fórmulas apropiadas, capacita a los estudiantes
herméticos a controlar sus propias vibraciones mentales, así como las de otros.
Los maestros también aplican este
principio a la conquista de los fenómenos naturales, en modos diversos. «Aquel
que entiende el principio de vibración, ha agarrado el cetro del poder», dice
uno de los viejos escritores.
4. El
principio de polaridad
«Todo es dual; todo tiene polos; todo tiene su par de
opuestos; semejante y desemejante son lo mismo; Los opuestos son idénticos en
naturaleza, pero diferentes en grado: los extremos se encuentran; todas las
verdades no son sino medias verdades; todas las paradojas pueden ser
reconciliadas.»
El Kybalion.
Este principio incorpora la verdad -de que
«todo es dual», «todo tiene dos polos», «todo tiene su par de opuestos», todos
los cuales eran viejos axiomas herméticos.
Explica las viejas paradojas, que han dejado perplejos a tantísimos, que
han sido establecidas como sigue: «Tesis y antítesis son idénticas en
naturaleza, pero diferentes en grado»; «los opuestos son lo mismo, difiriendo
sólo en grado»; los pares de opuestos pueden ser reconciliados»; «los extremos
se encuentran»; «todo es y no es al mismo tiempo»; «todas las verdades no son
sino medias verdades»; «toda verdad es medio falsa»; «hay dos lados para todo»,
etc. Explica que en todo hay dos polos,
o aspectos opuestos, y que los «opuestos» son realmente sólo los dos extremos
de la misma cosa, con muchos grados variables entre ellos. Para ilustrar esto: calor y frío, aunque
«opuestos», son realmente la misma cosa, consistiendo la diferencia meramente
de grados de la misma cosa. ¡Mirad a vuestro termómetro y ved si podéis
descubrir dónde termina el «calor» y comienza el «frío»! NO hay tal cosa como el «calor absoluto» o el
«frío absoluto» -los dos términos «calor» y «frío» indican simplemente grados
variables de la misma cosa, y esa «misma cosa» que se manifiesta como «calor» y
«frío» es meramente una forma, una variedad y una frecuencia de
vibración-. Así que «calor» y «frío» son
simplemente los «dos polos» de eso que llamamos «calor»-y los fenómenos que le
acompañan en consecuencia son manifestaciones del principio de polaridad-. El mismo principio se manifiesta en el caso
de «luz y oscuridad», que son la misma cosa, consistiendo la diferencia de
grados variables entre los dos polos del fenómeno. ¿Dónde cesa la «oscuridad» y
comienza la «luz»? ¿Cuál es la diferencia entre « grande» y «pequeño»? ¿Entre «duro» y «blando»? ¿Entre «negro» y «blanco»? ¿Entre «agudo» y
«romo»? ¿Entre «bulla» y «calma»"? ¿Entre «alto» y «bajo»? ¿Entre
«positivo» y «negativo»? El principio de
polaridad explica estas paradojas, Y ningún otro principio puede
suplantarlo. El mismo principio opera en
el plano mental. Tomemos un ejemplo
radical y extremo: el de «amor y odio», dos estados mentales totalmente
diferentes aparentemente. Y sin embargo
hay grados de odio y grados de amor, y un punto medio en el que usamos los
términos «gusto» e, «disgusto». Que se solapan tan Gradualmente que a veces no
atinamos a saber si «gustamos» o «disgustamos» o «ninguna de ambas cosas». Y todos son simplemente grados de la misma
cosa, como veréis si queréis pensar tan sólo un momento. Y más que esto (y considerado de más
importancia por los hermetistas), es posible cambiar las vibraciones de odio a
las vibraciones de amor, en la propia mente de uno y en las mentes de
otros. Muchos de vosotros, que leéis
estas líneas, habéis tenido experiencias personales de la rápida transición
involuntaria del amor al odio, y al contrario, en vuestro propio caso y en el
de otros. Y realizaréis por tanto la
posibilidad de que esto se consiga por el uso de la voluntad, por medio de las
fórmulas herméticas. «Bien» y «mal» no son sino los polos de la misma cosa, y
el hermetista entiende el arte de transmutar el mal en bien, por medio de una
aplicación del principio de polaridad.
En breve, el «arte de polarización» se convierte en una fase de la
«alquimia mental» conocida y practicada por los maestros herméticos antiguos y
modernos. Un entendimiento del principio
le capacitará a uno para cambiar su propia polaridad, así como la de otros, si
quiere dedicar el tiempo y el estudio necesarios para amaestrar el arte.
5. El
principio de ritmo
«Todo fluye, fuera y dentro; todo tiene sus
mareas; todas las cosas suben y bajan; la oscilación del péndulo se manifiesta
en todo; la medida de la oscilación hacia la derecha es la medida de la
oscilación hacia la izquierda; el ritmo compensa.»
El Kybalion.
Este principio incorpora la verdad
de que en todo hay manifestada una moción medida, a un lado y otro; un flujo y un
reflujo; un vaivén hacia atrás y hacia adelante; una mengua y una crecida como
una marea; una pleamar y una bajamar; entre los dos polos que existen de
acuerdo con el principio de polaridad descrito hace un momento. Hay siempre una acción y una reacción; un
avance y un retroceso; una elevación y un hundimiento. Esto es así en los asuntos del universo,
soles, mundos, hombres, animales, mente, energía y materia. Esta ley está manifiesta en la creación y
destrucción de mundos; en la elevación y caída de naciones; en la vida de todas
las cosas; y finalmente en los estados mentales del hombre (y es con este
último que los hermetistas encuentran el entendimiento del principio sumamente
importante). Los hermetistas han captado
este principio, encontrando su aplicación universal, y han descubierto también
ciertos medios de superar sus efectos en ellos mismos por el uso de las
fórmulas y métodos apropiados. Ellos
aplican la ley mental de neutralización.
No pueden anular el principio, o hacerle cesar su operación, pero han
aprendido cómo escapar a sus efectos sobre ellos mismos hasta un cierto grado
dependiendo de la maestría del principio.
Han aprendido cómo USARLO, en vez de ser USADOS POR él. En este método y en otros similares, consiste
el arte de los hermetistas. El maestro
de las enseñanzas herméticas se polariza en el punto en el que desea reposar, y
neutraliza entonces la oscilación rítmica del péndulo que tendería a conducirle
al otro polo. Todos los individuos que
han alcanzado cualquier grado de auto-maestría hacen esto hasta un cierto
grado, más o menos inconscientemente, pero el maestro hace esto
conscientemente, y por el uso de su voluntad, y alcanza un grado de aplomo y
firmeza mental casi imposible de creer por parte de las masas que son balanceadas
hacia atrás y hacia adelante como un péndulo.
Este principio y el de polaridad han sido estudiados estrechamente por
los hermetistas, y los métodos de contrarrestarlos, neutralizarlos y USARLOS
forman una parte importante de la alquimia mental hermética.
6. El
principio de causa y efecto
«Toda causa tiene su efecto; todo efecto tiene
su causa; todo sucede de acuerdo con la ley-. casualidad no es sino un nombre
para la ley no reconocida; hay muchos planos de causación, pero nada se escapa
a la ley.»
El Kybalion.
Este principio incorpora el hecho
de que hay una causa para todo efecto; un efecto a partir de toda causa. Explica que: «Todo sucede de acuerdo con la
ley»; que nada nunca «meramente sucede»; que no hay tal cosa como la casualidad;
que mientras que hay diversos planos de causa y efecto, dominando los planos
superiores a los inferiores, a pesar de eso nada se escapa nunca enteramente a
la ley. Los hermetistas entienden el
arte y los métodos de elevarse por encima del plano ordinario de causa y
efecto, hasta un cierto grado, y elevándose mentalmente a un plano superior se
vuelven causantes en vez de efectos. Las
masas de gente son conducidas, obedientes al entorno; a las voluntades y deseos
de otros más fuertes que ellos; a la herencia; a la sugestión; y a otras causas
externas que les mueven de un lado para otro como peones en el tablero de
ajedrez de la vida. Pero los maestros,
elevándose al plano superior, dominan sus humores, caracteres, cualidades y
poderes, así como el entorno que les rodea, y se convierten en movedores en vez
de peones. Concurren a JUGAR EL JUEGO DE
LA VIDA, en vez de ser jugados y movidos de un lado para otro por las
voluntades de otros y el entorno. USAN
el principio en vez de ser sus herramientas.
Los maestros obedecen la causación de los planos superiores, pero la
ayudan a REGIR en su propio plano. En esta afirmación está condensado un tesoro
de conocimiento hermético -léalo el que pueda.
7. El
principio de género
«El género está en todo; todo tiene sus
principios masculino y femenino: el género se manifiesta en todos los planos.»
El Kybalion.
Este principio incorpora la verdad de que hay un
GÉNERO manifestado en toda cosa –los principios masculino y femenino están
siempre en funcionamiento-. Esto es
verdadero no sólo del plano físico, sino de los planos mentales e incluso
espirituales. Sobre el plano físico, el
principio se manifiesta como SEXO, sobre los planos superiores toma formas más
ligeras, pero el principio es siempre el mismo.
Ninguna creación, física, mental o espiritual, es posible sin este
principio. Un entendimiento de sus leyes arrojará luz sobre muchos temas que
han dejado perplejas a las mentes de los hombres. El principio de género trabaja siempre en la
dirección de la generación y la creación.
Toda cosa, y toda persona, contiene los dos elementos o principios, o
este gran principio, dentro de sí, de él o de ella. Toda cosa macho tiene también el elemento
hembra; toda hembra contiene también el principio macho. Si queréis entender la filosofía de la
creación, la generación y la regeneración mentales y espirituales, debéis
entender y estudiar este principio hermético.
Contiene la solución de muchos misterios de la vida. Os precavernos que este principio no tiene
referencia alguna a las muchas teorías, enseñanzas y prácticas bajas,
perniciosas y degradantes, que se enseñan bajo títulos antojadizos, y que son
una prostitución del gran principio natural del género. Tales bajos revivires de las antiguas e
infames formas del falicismo tienden a arruinar la mente, el cuerpo y el alma,
y la filosofía hermética siempre ha hecho sonar la nota de advertencia contra
estas degradadas enseñanzas que tienden hacia la lujuria, la licenciosidad y la
perversión de los principios de la Naturaleza.
Si buscáis tales enseñanzas, debéis ir a otra parte por ellas -el
hermetismo no contiene nada para vosotros a lo largo de estas líneas-. Para el puro, todas las cosas son puras; para
el bajo, todas las cosas son bajas.
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CAPÍTULO III
TRANSMUTACIÓN MENTAL
«La mente (así como los metales y los
elementos) puede ser transmutada, de estado a estado; de grado a grado; de condición
a condición; de polo a polo; de vibración a vibración. La verdadera transmutación hermética es un
arte mental.»
El Kybalion.
Como hemos establecido, los hermetistas fueron
los alquimistas, astrólogos y psicólogos originales, habiendo sido Hermes el
fundador de estas escuelas de pensamiento.
A partir de la astrología ha crecido la astronomía moderna; a partir de
la alquimia ha crecido la química moderna; a partir de la psicología mística ha
crecido la psicología moderna de las escuelas.
Pero no debe suponerse que los antiguos eran ignorantes de aquello que
las escuelas modernas suponen ser su propiedad exclusiva y especial. Los registros grabados en las piedras del
antiguo Egipto muestran exclusivamente que los antiguos tenían un pleno
conocimiento comprensivo de la astronomía, mostrando la misma edificación de
las pirámides la conexión entre su diseño y el estudio de la ciencia
astronómico. Ni ignoraban la química,
pues los fragmentos de las antiguas escrituras muestran que estaban
familiarizados con las propiedades químicas de las cosas; de hecho, las teorías
antiguas concernientes a la física están siendo lentamente verificadas por los
últimos descubrimientos de la ciencia moderna, principalmente los que se
relacionan con la constitución de la materia.
Ni debe suponerse que fueran ignorantes de los descubrimientos
supuestamente modernos en psicología; al contrario, los egipcios estaban
especialmente adiestrados en la ciencia de la psicología, particularmente en
las ramas que las escuelas modernas ignoran, pero que, no obstante, están
siendo puestas al descubierto bajo el nombre de «ciencia psíquica», lo que está
dejando perplejos a los psicólogos de hoy en día, y haciéndoles reluctantes a
admitir que «puede haber algo en ello después de todo».
La verdad es que bajo la química, la
astronomía y la psicología materiales (esto es, la psicología en su fase de
«acción cerebral»), los antiguos poseían un conocimiento de astronomía
trascendental llamado astrología; de química trascendental, llamado alquimia;
de psicología trascendental, llamado psicología mística. Poseían el conocimiento interno, así corno el
conocimiento externo, siendo poseído por los científicos modernos solamente el
último. Entre las muchas ramas secretas
del conocimiento poseídas por los hermetistas, estaba la conocida como la
transmutación mental, que forma la materia de esta lección.
«Transmutación» es un término usualmente empleado
para designar el antiguo arte de la transmutación de los metales
-particularmente de los metales bajos en oro-.
La palabra «transmutar» significa «cambiar de una naturaleza, forma o
sustancia a otra; transformar» (Webster).
Y acordemente, «transmutación mental» significa el arte de cambiar y
transformar estados, formas y condiciones mentales en otros. Así que podéis ver que la transmutación
mental es el «arte de la química mental», si gustáis del término -una forma de
psicología mística práctica.
Pero esto significa mucho más de lo que parece
en la superficie. La transmutación, la alquimia o la química, en el plano
mental es lo bastante importante en sus efectos, con seguridad, y si el arte se
detuviese habría aún ahí una de las más importantes ramas de estudio conocidas
por el hombre. Pero éste es sólo el
comienzo. ¡Veamos porqué!
El primero de los siete principios herméticos
es el principio de mentalismo, cuyo axioma es «EL TODO es mente; el universo es
mental», que significa que la realidad subyacente del universo es mente; y el
universo mismo es mental, esto es, «existente en la mente del TODO»-. Consideraremos este principio en lecciones
sucesivas, pero veamos el efecto del principio si se asumiera que es verdadero.
Si el universo es mental en su naturaleza,
entonces la transmutación mental debe ser el arte de CAMBIAR LAS CONDICIONES
DEL UNIVERSO, a lo largo de las líneas de materia, fuerza y mente. Veis, por consiguiente, que la transmutación
mental es realmente la «magia» de la que los antiguos escritores tenían tanto
que decir en sus obras místicas, y sobre la que dieron tan pocas instrucciones
prácticas. Si todo es mental, entonces
el arte que le capacita a uno para transmutar condiciones mentales debe hacer
al maestro el controlador de las condiciones materiales, así como de las
ordinariamente llamadas «mentales».
Como una cuestión de hecho, nadie sino los
alquimistas mentales avanzados han sido capaces de alcanzar el grado de poder
necesario para controlar las condiciones físicas más groseras, tales como el
control de los elementos de la Naturaleza; la producción o cesación de
tempestades; la producción y cesación de terremotos y otros grandes fenómenos
físicos. Pero que tales hombres han
existido, y existen hoy en día, es una cuestión de creencia sincera para todos
los ocultistas avanzados de todas las escuelas.
Que los maestros existen, y tienen estos poderes, lo aseguran los
mejores instructores a sus estudiantes, habiendo tenido experiencias que les
justifican en tales creencias y afirmaciones.
Estos maestros no hacen exhibiciones públicas de sus poderes, sino que
buscan la reclusión de las multitudes de gente, a fin de trabajar mejor su
camino a lo largo del sendero de consecución.
Mencionamos su existencia, en este punto, meramente para llamar vuestra
atención hacia el hecho de que su poder es enteramente mental, y opera a lo
largo de las líneas de la transmutación mental superior, bajo el principio
hermético de mentalismo. «El universo es mental», El Kybalion.
Pero los estudiantes y hermetistas de menor
grado que los maestros -los iniciados e instructores- son capaces de trabajar
libremente a lo largo del plano mental, en la transmutación mental. De hecho, todo lo que llamamos «fenómenos psíquicos»,
«influencia mental», «ciencia mental», «fenómenos del nuevo-pensamiento», etc.,
opera a lo largo de las mismas líneas generales, pues no hay sino un principio
involucrado, no importa por qué nombre puedan ser llamados los fenómenos.
El estudiante y practicante de la
transmutación mental trabaja entre el plano mental, transmutando
condiciones mentales, estados, etc., en otros,
de acuerdo con diversas fórmulas, más o menos eficaces. Los diversos «tratamientos», «afirmaciones», «negaciones»,
etc., de las escuelas de ciencia mental no son sino fórmulas, a menudo bastante
imperfectas y acientíficas, del arte hermético.
La mayoría de los practicantes modernos son bastante ignorantes
comparados con los antiguos maestros, pues carecen del conocimiento fundamental
sobre el que está basado el trabajo.
No sólo son cambiados o transmutados los
estados mentales, etc., de uno mismo por los
métodos herméticos; sino que también los estados de otros pueden, y son, constantemente transmutados del mismo modo, usualmente de modo inconsciente pero a menudo conscientemente, por algunos que entienden las leyes y principios en casos en los que la gente afectada no está informada de los principios de autoprotección. Y más que esto, como muchos estudiantes y practicantes de la moderna ciencia mental saben, toda condición material dependiente de las mentes de otra gente puede ser cambiada o transmutada de acuerdo con el deseo sincero, la voluntad y «tratamientos» de la persona que desea condiciones de vida cambiadas. El público está tan generalmente informado respecto a estas cosas en el presente, que no estimamos necesario mencionarlas en largura, siendo nuestro propósito en este punto meramente mostrar el principio y el arte herméticos que subyacen a todas estas diversas formas de práctica, buenas y malas, pues la fuerza puede ser usada en direcciones opuestas de acuerdo con los principios herméticos de polaridad.
En este pequeño libro estableceremos los
principios básicos de la transmutación mental, de modo
que todos los que lo lean puedan captar los
principios subyacentes, y poseer así la llave maestra que abrirá las muchas
puertas del principio de polaridad.
Procederemos a una consideración del primero de
los siete principios herméticos -el principio de mentalismo-, en el que está
explicada la verdad de que «EL TODO es mente; el universo es mental», en
palabras de El Kybalion. Pedimos
la atención estrecha, y el cuidadoso estudio de este gran principio, de parte
de nuestros estudiantes, pues es realmente el principio básico de toda la
filosofía hermética y del arte hermético de la transmutación mental.
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CAPÍTULO IV
EL TODO
«Bajo y tras del universo de tiempo, espacio y
cambio, ha de encontrarse siempre la realidad sustancial, la verdad
fundamental.»
El Kybalion.
«Sustancia» significa: «aquello que subyace a
todas las manifestaciones externas; la esencia; la realidad esencial; la cosa en
sí», etc. «Sustancial» significa: «existiendo realmente; siendo el elemento
esencial; siendo real», etc. «Realidad» significa: «él estado de ser real;
verdadero, duradero; válido, fijo, permanente; efectivo», etc.
Bajo y detrás de todas las apariencias o
manifestaciones externas, debe haber siempre una realidad sustancial. Ésta es
la ley. El hombre, al considerar el
universo del que es una unidad, no ve sino cambio en la materia, las fuerzas y
los estados mentales. Ve que nada
realmente ES, pero que todo está VINIENDO A SER y CAMBIANDO. Nada permanece quieto -todo está naciendo,
creciendo, muriendo-, el mismo instante en que una cosa alcanza su cima empieza
a declinar -la ley del ritmo está en operación constante-, no hay ninguna
realidad, cualidad duradera, fijeza o sustancialidad en nada; nada es
permanente sino el cambio. Él ve todas las cosas evolucionando a partir de
otras cosas, y resolviéndose en otras cosas -una constante acción y reacción;
influjo y eflujo; edificación y derrumbamiento; creación y destrucción;
nacimiento, crecimiento y muerte-. Nada
dura sino el cambio. Y si es un hombre
que piensa, realizará que todas estas cosas cambiantes no deben ser sino las
apariencias o manifestaciones externas de algún poder subyacente -alguna
realidad sustancial.
Todos los pensadores, en todas las tierras y
en todos los tiempos, han asumido la necesidad de postular la existencia de
esta realidad sustancial. Todas las
filosofías merecedoras del nombre han estado basadas sobre este
pensamiento. Los hombres le han dado
muchos nombres a esta realidad sustancial -algunos la han llamado por el
término de deidad (bajo muchos títulos); otros la han llamado «la energía
infinita y eterna»; otros han tratado de llamarla «materia»-, pero todos han
reconocido su existencia. Es
auto-evidente -no necesita ningún argumento.
En estas lecciones hemos seguido el ejemplo de
algunos de los más grandes pensadores del mundo, tanto antiguos como modernos
-los maestros herméticos- y hemos llamado a este poder subyacente -esta
realidad sustancial- por el nombre hermético de «EL TODO», término que
consideramos el más comprensivo de los muchos términos aplicados por el hombre
a ESO que trasciende nombres y términos.
Aceptamos y enseñamos el punto de vista de los
grandes pensadores herméticos de todos los tiempos, así como el de esas almas
iluminadas que han alcanzado planos superiores del ser, ambos de los cuales
afirman que la naturaleza interna del TODO es INCOGNOSCIBLE. Esto debe ser así, pues nada sino EL TODO
mismo puede comprender su propia naturaleza y ser.
Los hermetistas creen y enseñan que EL TODO,
«en sí mismo», es y debe ser siempre INCOGNOSCIBLE. No consideran todas las teorías, conjeturas y
especulaciones de los teólogos y metafísicos concernientes a la naturaleza interna
del TODO, sino como pueriles esfuerzos de mentes mortales por captar el secreto
del infinito. Tales esfuerzos han
fallado siempre y siempre fallarán, por la naturaleza misma de la tarea. Uno que persigue tales pesquisas viaja dando
vueltas y vueltas en el laberinto del pensamiento, hasta que está perdido a
todo razonamiento, acción o conducta sanos, y del todo inadecuado para el
trabajo de la vida. Él es como la ardilla que corre frenéticamente dando
vueltas a la redonda rueda de molino de su jaula, viajando siempre y sin
embargo no llegando a ninguna parte -al final todavía una prisionera-, y
hallándose justo donde comenzó.
Y aún más presuntuosos son aquellos que
intentan adscribir al TODO la personalidad, cualidades, propiedades,
características y atributos de ellos mismos, adscribiendo al TODO las
emociones, sentimientos y características humanos, incluso hasta las más
mezquinas cualidades de la humanidad, tales como celos, -susceptibilidad a la
adulación y la alabanza, deseo de ofrendas y adoración, y todas las otras
supervivientes de los días de la infancia de la raza. Tales ideas no son dignas de hombres y
mujeres crecidos, y están siendo rápidamente descartadas.
(En este punto puede ser apropiado que
establezca que hacemos una distinción entre religión y teología, entre
filosofía y metafísica. Religión, para
nosotros, significa esa realización intuitiva de la existencia del TODO, y la
relación de uno con él; mientras que teología significa los intentos de los
hombres por adscribirle personalidad, cualidades y características; sus teorías
concernientes a sus asuntos, voluntad, deseos, planes y designios; y su
asunción del oficio de «mediadores» entre EL TODO y la gente. Filosofía significa, para nosotros, la
pesquisa tras el conocimiento de las cosas cognoscibles y pensables; mientras
que metafísica significa el intento por llevar la pesquisa sobre y más allá de
los límites y a regiones incognoscibles e impensables, y con la misma tendencia
que la de la teología. Y
consecuentemente, tanto religión como filosofía significan para nosotros cosas
que tienen raíces en la realidad, mientras que la teología y la metafísica
parecen como cañas rotas, enraizadas en las arenas movedizas de la ignorancia,
y no proporcionando nada sino el más inseguro soporte para la mente o el alma
del hombre. No insistimos en que
nuestros estudiantes acepten estas definiciones, las mencionamos meramente para
mostrar nuestra posición. En cualquier
caso, oiréis muy poco sobre teología y metafísica en estas lecciones.)
Pero mientras que la naturaleza esencial del
TODO es incognoscible, hay ciertas verdades conectadas con su existencia que la
mente humana se encuentra compelida a aceptar.
Y un examen de estos dictámenes forma un tema de investigación
apropiado, particularmente por cuanto que coinciden con los dictámenes de los
iluminados en los planos superiores. Y a
esta investigación os invitamos ahora.
«AQUELLO que es la verdad fundamental -la
realidad sustancial- está más allá de toda denominación verdadera, pero los
sabios lo llaman EL TODO.»
El Kybalion.
«En su esencia, EL TODO es INCOGNOSCIBLE.»
El Kybalion.
«Pero el dictamen de la razón debe ser
hospitalariamente recibido, y tratado con respeto.»
El Kybalion.
La razón humana, cuyos dictámenes debemos aceptar
mientras pensamos, nos informa como sigue con respecto al TODO, y eso sin
intentar apartar el velo de lo incognoscible:
1. EL
TODO debe ser TODO lo que REALMENTE ES.
No puede haber nada existiendo fuera del TODO, de otro modo EL TODO no
sería EL TODO.
2. EL
TODO debe ser INFINITO, pues no hay nada más para definir, confinar, atar,
limitar o restringir al TODO. Debe ser
infinito en el tiempo, o ETERNO. Debe haber existido siempre continuamente,
pues no hay nada más para haberlo creado nunca, y algo nunca puede
desarrollarse a partir de nada, Y si hubiera «no sido» alguna vez, incluso por
un momento, no «sería» ahora-; debe existir continuamente por siempre, pues no
hay nada para destruirlo, y nunca puede «no ser», siquiera por un momento,
porque algo nunca puede convertirse en nada.
Debe ser infinito en el espacio, debe estar en todas partes, pues no hay
ningún lugar fuera del TODO-; no puede ser más que continuo en el espacio, sin
ruptura, cesación, separación o interrupción, pues no hay nada que rompa,
separe o interrumpa su continuidad, y nada con lo que «rellenar los
huecos». Debe, ser infinito en poder, o
absoluto, pues no hay nada para limitarlo, restringirlo, constreñirlo,
confinarlo, perturbarle o condicionarlo -no está sujeto a ningún otro poder,
pues no hay otro poder.
3. EL
TODO debe ser INMUTABLE o no sujeto a cambio en su naturaleza real, pues no hay
nada para efectuar cambios sobre él; nada en lo que podría cambiar, ni a partir
de lo que podría haber sido cambiado. No
puede ser añadido ni sustraído, incrementado o disminuido, ni volverse mayor o
menor en ningún aspecto. Debe haber sido
siempre, y debe permanecer siempre, justo lo que ahora es -EL TODO-; nunca ha
habido, no hay ahora y nunca habrá alguna otra cosa a la que pueda cambiar.
Siendo EL TODO infinito, absoluto, eterno e
incambiable, debe seguirse que cualquier cosa finita, cambiable, fugaz y
condicionada no puede ser EL TODO. Y
puesto que no hay nada fuera del TODO, en realidad, entonces cualquiera de, y
todas, esas cosas finitas deben ser como nada en realidad. Ahora bien, no os obnubiléis, ni os asustéis;
no estarnos tratando de conduciros al área de la ciencia cristiana bajo la
cubierta de la filosofía hermética. Hay
una reconciliación de este estado de cosas aparentemente contradictorio. Sed pacientes, llegaremos a ello con el
tiempo.
Vemos
alrededor nuestro eso que se llama «materia», que forma el fundamento físico
para todas las formas. ¿Es EL TODO meramente materia? ¡No del todo! La materia no puede manifestar vida o mente,
y puesto que la vida y la mente están manifestadas en el universo, EL TODO no
puede ser materia, pues nada se eleva más alto que su propio origen; nada se
manifiesta nunca en un efecto que no esté en la causa; nada se desarrolla como
un consecuente que no esté involucrado como un antecedente. Y además la ciencia moderna nos informa que
no hay realmente tal cosa como la materia; que lo que llamamos materia es
meramente «energía o fuerza interrumpida», esto es, energía o fuerza a una
frecuencia baja de vibración. Como ha
dicho un escritor reciente, «la materia se ha fundido en el misterio». Incluso la ciencia material ha abandonado la
teoría de la materia, y descansa ahora sobre la base de la «energía».
Entonces, ¿es EL TODO mera energía o fuerza ? No energía y fuerza como
los materialistas usan los términos,
pues su energía y fuerza son cosas ciegas, mecánicas, vacías de vida o
mente. Vida y mente nunca pueden
desarrollarse a partir de una energía o fuerza ciega, por la razón dada hace un
momento:
«Nada puede elevarse más alto que su origen;
nada se desenvuelve a no ser que esté envuelto; nada se manifiesta en el efecto
a no ser que esté en la causa.» Y, así pues, EL TODO no puede ser mera energía o
fuerza, pues, si lo fuera, entonces no habría cosas tales como vida y mente en
existencia, y sabemos que no es así, pues estamos vivos y usando la mente para
considerar esta misma cuestión, e igual lo están esos que alegan que todo es
energía o fuerza.
¿Qué hay, pues, superior a la materia o la
energía que sepamos que es existente en el universo?
¡VIDA Y MENTE! ¡Vida y mente en todos sus
grados variables de desenvolvimiento! «Entonces», preguntaréis, «¿quieres
decimos que EL TODO es VIDA y MENTE?» ¡Sí! y ¡no! Es nuestra respuesta. ¡Si queréis decir vida
y mente tal como nosotros pobres y mezquinos mortales las conocemos, decimos
no! ¡EL TODO no es eso! «Pero, ¿qué clase de vida y mente queréis dar a
entender?», preguntaréis.
La respuesta es «MENTE VIVIENTE, tan por
encima de lo que los mortales conocen por esas palabras, como vida y mente son
superiores a las fuerzas mecánicas, o materia; MENTE VIVIENTE INFINITA por
comparación con vida y mente finitas».
Queremos decir lo que las almas iluminadas quieren decir cuando
pronuncian reverentemente la palabra: «iESPÍRITU!» «EL TODO» es mente viviente
infinita. ¡El iluminado lo llama ESPÍRITU!
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CAPÍTULO V
EL UNIVERSO MENTAL
«El universo es mental, sostenido en la mente
del TODO.»
El Kybalion.
¡EL TODO es ESPÍRITU! Pero ¿qué es espíritu? Esta pregunta no puede ser respondida, por la
razón de que su definición es prácticamente la del TODO, que no puede ser
explicado o definido. Espíritu es
simplemente un nombre que dan los hombres a la concepción más elevada de la
mente viviente infinita; significa «la esencia real», significa mente viviente,
tan superior a vida y mente tal como las conocemos, como las últimas son
superiores a la energía y la materia mecánicas.
El espíritu trasciende nuestra comprensión, y usamos el término
meramente a fin de que podamos pensar o hablar del TODO. Para los fines del pensamiento y el
entendimiento, estamos justificados de pensar en el espíritu como mente
viviente infinita, reconociendo al mismo tiempo que no podemos entenderlo
plenamente. Debemos o bien hacer esto o parar de pensar del todo en la
cuestión.
Procedamos ahora a una consideración de la
naturaleza del universo, como un todo y en sus partes. ¿Qué es el universo?
Hemos visto que no puede haber nada fuera del
TODO. Entonces, ¿es el universo EL
TODO? No, no puede serio, porque el
universo parece estar constituido de MUCHOS, y está cambiando constantemente, y
en otros modos no se ajusta a las ideas que estamos compelidos a aceptar
concernientes al TODO, como se estableció en nuestra última lección. Entonces si el universo no es EL TODO, ha de
ser nada -tal es la inevitable conclusión de la mente al primer pensamiento-. Pero esto no satisfará la pregunta, pues
estamos persuadidos de la existencia del universo. Entonces si el universo no es ni EL TODO ni
nada, ¿qué puede ser? Examinemos esta
cuestión.
Si el universo existe en modo alguno, o parece
existir, debe proceder de algún modo a partir del TODO debe ser una creación
del TODO-. Pero puesto que algo nunca
puede venir a partir de nada, ¿a partir de qué pudo haberlo creado EL
TODO? Algunos filósofos han respondido a
esta cuestión diciendo que EL TODO creó el universo a partir de Sí MISMO -esto
es, a partir del ser y sustancia del TODO-.
Pero esto no servirá, pues no puede sustraerse del TODO, ni puede éste
ser dividido, como hemos visto, y entonces de nuevo si esto fuera así, no se
apercibiría cada partícula en el universo de que fuese EL TODO. EL TODO no podría perder su conocimiento de
sí mismo, ni CONVERTIRSE realmente en un átomo, o una fuerza ciega, o una cosa
viviente vil. Algunos hombres, en
verdad, realizando que EL TODO es en verdad TODO, y reconociendo también que
ellos, los hombres, existían, han saltado a la conclusión de que ellos y EL
TODO eran idénticos, y han llenado el aire con gritos de «YO SOY DIOS», para
diversión de la multitud y lamento de los sabios. La exclamación del corpúsculo de que: «¡Soy
el hombre!» sería modesto en comparación.
Pero ¿qué es en verdad el universo, si no es
EL TODO ni ha sido creado por EL TODO habiéndose separado en fragmentos? ¿Qué
otra cosa puede ser, de qué otra cosa puede estar hecho? Ésta es la gran
cuestión. Examinémosla cuidadosamente.
Encontramos aquí que el «principio de correspondencia» (ver Capítulo 1) viene
aquí en nuestra ayuda. El viejo axioma
hermético, «Como es arriba es abajo», puede ser puesto en servicio en este
punto. Tratemos de conseguir un
vislumbre de los trabajos en planos superiores examinando aquéllos en el
nuestro propio. El principio de
correspondencia debe aplicarse a éste, así como a otros problemas.
¡Veamos!
En su propio plano de existencia, ¿cómo crea el hombre? Bien, primero, puede crear haciendo algo a
partir de materiales externos. Pero esto
no servirá, pues no hay materiales fuera del TODO con los que pueda crear. Bien, entonces, en segundo lugar, el hombre
pro-crea o reproduce su especie por el proceso de engendramiento, que es auto
multiplicación conseguida transfiriendo una porción de su sustancia a su
retoño. Pero esto no bastará, porque EL
TODO no puede transferir o sustraer una porción de sí mismo, ni puede
reproducirse o multiplicarse -en el primer lugar habría una separación, y en el
segundo caso una multiplicación o adición al TODO, siendo ambos pensamientos un
absurdo-. No hay un tercer modo en que cree el HOMBRE? ¡Sí, lo hay; él CREA
MENTALMENTE! Y al hacerlo así no utiliza ningunos materiales externos ni se
reproduce a sí mismo, y sin embargo su espíritu compenetra la creación mental.
Siguiendo el principio de
correspondencia, estamos justificados en considerar que EL TODO crea el
universo MENTALMENTE, de una manera semejante al proceso por el que el hombre
crea imágenes mentales. Y aquí es donde
el dictamen de la razón concuerda con el dictamen de los iluminados, como se
muestra por sus enseñanzas y escritos.
Tales son las enseñanzas de los sabios.
Tal fue la enseñanza de Hermes.
EL TODO no puede crear en ningún otro modo
excepto mentalmente, sin usar material (y no hay ninguno que usar), o
reproduciéndose a sí mismo (que es también imposible). No hay escape de esta conclusión de la razón,
que, como hemos dicho, coincide con las más elevadas enseñanzas de los
iluminados. Igual que tú, estudiante,
puedes crear un universo propio en tu mentalidad, así crea EL TODO universos en
su propia mentalidad. Pero tu universo
es la creación mental de una mente finita, mientras que el del TODO es la
creación de una infinita. Las dos son
similares en clase, pero infinitamente diferentes en grado. Examinaremos más de cerca el proceso de
creación y manifestación, conforme procedamos.
Pero éste es el punto a fijar en vuestras mentes en esta etapa: EL UNIVERSO,
Y TODO LO QUE CONTIENE, ES UNA CREACIÓN MENTAL DEL TODO. ¡Ciertamente, en
verdad, TODO ES MENTE!
«EL TODO crea en su mente infinita
innumerables universos, que existen por eones de tiempo; y sin embargo, para EL
TODO, la creación, desarrollo, declinación y muerte de un millón de universos
es como el tiempo del parpadeo de un ojo.»
El Kybalion.
«La mente infinita del TODO es la matriz de
los universos.»
El Kybalion.
El principio de género (ver Capítulo 1 y otros
que seguirán) está manifestado en todos los planos de la vida material, mental y
espiritual. Pero como hemos dicho antes,
«género» no significa «sexo» - el sexo es meramente una manifestación material
del género-. «Género» significa «relativo a la generación o creación».Y donde
quiera que algo se genera o crea, sobre cualquier plano, el principio de género
debe estar manifestado. Y esto es verdad
incluso en la creación de universos.
Ahora bien, no saltéis a la conclusión de que
estamos enseñando que hay un dios, o creador, macho y hembra. Esa idea es meramente una distorsión de las
antiguas enseñanzas sobre el tema. La
verdadera enseñanza es que EL TODO, en sí mismo, está por encima del género,
como está por encima de toda otra ley, incluyendo las del tiempo y el espacio. El es la ley, de donde proceden las leyes, y
no está sujeto a ellas. Pero cuando EL
TODO se manifiesta sobre el plano de generación o creación, entonces actúa de
acuerdo a la ley y el principio, pues se está moviendo sobre un plano inferior
de existencia. Y consecuentemente
manifiesta el principio de género, en sus aspectos masculino y femenino, sobre
el plano mental, desde luego.
Esta idea puede pareceres alarmante a algunos
de vosotros que la oís por primera vez, pero todos la habéis realmente aceptado
pasivamente en vuestras concepciones de cada día. Habláis de la paternidad de Dios, y la
maternidad de la Naturaleza de Dios, el Padre Divino, y la Naturaleza la madre
universal- y habéis, por tanto, reconocido instintivamente el principio de
género en el universo. ¿No es así?
Pero la enseñanza hermética no implica una
dualidad real -EL TODO es UNO-; los dos aspectos son meramente aspectos de
manifestación. La enseñanza es que el
principio masculino manifestado por EL TODO se halla, en un sentido, aparte de
la creación mental real del universo.
Proyecta su voluntad hacia el principio femenino (que puede ser llamado
«Naturaleza»), a lo que el último comienza el verdadero trabajo de la evolución
del universo, desde simples «centros de actividad» hasta el hombre, y después
continuamente aún más arriba, todo de acuerdo con leyes de la Naturaleza bien
establecidas y firmemente forzosas. Si
preferís las viejas figuras de pensamiento, podéis pensar en el principio
masculino como DIOS, el padre, y en el principio femenino como la NATURALEZA,
la madre universal, de cuya matriz han nacido todas las cosas. Esto es más que una mera figura poética del
habla; es una idea del proceso real de la creación del universo. Pero recordad siempre que EL TODO no es sino
uno, y que en su mente infinita el universo es generado, creado y existe.
Puede ayudaros a obtener la idea apropiada, si
queréis aplicar la ley de correspondencia a vosotros mismos y a vuestra propia
mente. Sabéis que la parte de vosotros
que llamáis «yo», en un sentido, se halla aparte y es testigo de la creación de
imágenes mentales en vuestra propia mente. La parte de vuestra mente en la que se lleva
a cabo la generación mental puede ser llamada el «mí», en distinción al «yo»
que se halla aparte y presencia y examina los pensamientos, ideas e imágenes
del «mí». «Como es arriba, es abajo», recordad, y los fenómenos e un plano
pueden ser empleados para solucionar las quisicosas de planos más altos o más
bajos.
¿Es extraño que vosotros, niños, sintáis esa
reverencia instintiva por EL TODO, sentimiento al que llamamos «religión», ese
respeto y reverencia por EL PADRE MENTE? ¿Es extraño que, cuando consideráis
los trabajos y maravillas de la Naturaleza, seáis abrumados por una poderosa
sensación que tiene sus raíces abajo en vuestro ser más interno? Es la MADRE
MENTE a la que estáis comprimiéndoos, como un bebé al pecho.
No cometáis el error de suponer que el pequeño
mundo que veis, alrededor vuestro -la Tierra, que es un mero grano de polvo en
el universo- es el universo mismo. Hay
millones sobre millones de tales mundos, y mayores. Y hay millones de millones de tales universos
en existencia dentro de la mente infinita del TODO. E incluso en nuestro propio pequeño sistema
solar hay regiones y planos de vida mucho más elevados que los nuestros, y
seres comparados con los cuales nosotros mortales ligados a la tierra somos
como las legamosas formas de vida que habitan sobre el lecho del océano cuando
se comparan con el hombre. Hay seres con
poderes y atributos superiores a lo que el hombre haya soñado nunca que
poseyeran los dioses. Y sin embargo
estos seres fueron una vez como vosotros, y aun inferiores, y vosotros seréis
igual que ellos, y aun superiores, con el tiempo, pues tal es el destino del
hombre tal como es referido por los iluminados.
Y la muerte no es real, incluso en el sentido
relativo -no es sino nacimiento a una nueva vida- e iréis adelante, y adelante,
y adelante, a planos de vida superiores y más altos todavía, por eones sobre
eones de tiempo. El universo es vuestro hogar,
y exploraréis sus más alejados escondrijos antes del fin del tiempo. Estáis
habitando en la mente infinita del TODO, y vuestras posibilidades y
oportunidades son infinitas, tanto en tiempo como en espacio. Y al final del gran ciclo de eones, cuando EL
TODO atraiga de vuelta hacia sí todas sus creaciones, iréis contentos, pues
entonces seréis capaces de conocer toda la verdad de ser uno con EL TODO. Tal es el dictamen de los iluminados
-aquellos que han avanzado mucho a lo largo del sendero.
Y, mientras tanto, descansad caímos y serenos;
estáis a salvo y protegidos por el poder infinito del PADRE-MENTE.
«Dentro del padre-madre mente, los niños
mortales están en el hogar.»
El Kybalion.
«No hay ni uno sin padre ni madre en el
universo.»
El Kybalion.
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CAPÍTULO VI
LA PARADOJA DIVINA
«Los medio-sabios, reconociendo la
irrealidad relativa del universo, imaginan que pueden desafiar sus leyes; tales
son tontos vanos y presuntuosos, y se estrellan contra las rocas y son rotos en
pedazos por los elementos en razón de su locura. Los verdaderamente sabios, conociendo la
naturaleza del universo, usan la ley contra las leyes; lo superior contra lo
inferior; y por el arte de la alquimia transmutan lo que es indeseable en lo
que es apreciable, y así triunfan. La
maestría no consiste en sueños anormales, visiones, e imaginaciones o vivencias
fantásticas, sino en usar las fuerzas superiores contra las inferiores,
escapando a los sufrimientos de los planos inferiores vibrando en los
superiores. La transmutación, no la
negación presuntuosa, es el arma del maestro.»
El Kybalion.
Ésta es la paradoja del universo, resultante
del principio de polaridad que se manifiesta cuando EL TODO comienza a crear
-atención a ella, pues señala la diferencia entre la media-sabiduría y la
sabiduría-. Mientras que para EL TODO
INFINITO, el universo, sus leyes, sus poderes, su vida, sus fenómenos, son como
cosas observadas en el estado de meditación o sueño; sin embargo, para todo lo
que es finito, el universo debe ser tratado como real, y la vida, y la acción,
y el pensamiento, deben estar basados sobre ello, acordemente, aunque siempre
con una comprensión de la verdad superior.
Cada uno de acuerdo con su propio plano y leyes. Fuera EL TODO a imaginar que el universo
fuese en verdad real, entonces pobre del universo, pues no habría entonces
escape desde lo inferior a lo superior, en dirección hacia lo divino -entonces
el universo se volvería fijo y el progreso se volvería imposible-. Y si el hombre, debido a la media-sabiduría,
actúa y vive y piensa en el universo como meramente un sueño (semejante a sus
propios sueños finitos) entonces en verdad que se convierte en eso para él, y
como un sonámbulo tropieza siempre dando vueltas y vueltas en un círculo, no
haciendo ningún progreso, y siendo forzado al final a un despertar al caer
magullado y vertiendo sangre sobre las leyes naturales que ignoró. Mantened vuestra mente siempre en la
estrella, pero dejad que vuestros ojos observen vuestras pisadas, no sea que
caigáis en el cieno en razón de vuestra mirada dirigida hacia arriba. Recordad la paradoja divina, de que
"entras que el universo NO ES, aún ES.
Recordad siempre los dos polos de la verdad -el absoluto y el relativo-. Cuidado con las medias-verdades.
Lo que los hermetistas conocen como «la ley de
la paradoja» es un aspecto del principio de polaridad. Los escritos herméticos están llenos con
referencias a la aparición de la paradoja en la consideración de los problemas
de la vida y el ser. Los instructores
están advirtiendo constantemente a sus estudiantes contra el error de omitir el
«otro lado» de cualquier cuestión. Y sus
advertencias están dirigidas particularmente a los problemas de lo absoluto y
lo relativo, que dejan perplejos a todos los estudiantes de filosofía, y que
hacen a tantos pensar y actuar contrariamente a lo que se conoce generalmente
como «sentido común». Y precavernos a
todos los estudiantes que estén seguros de captar la paradoja divina de lo
absoluto y relativo, no sea que se queden embrollados en el lodazal de la
media-verdad. Esta lección particular ha
sido escrita con esto a la vista. ¡Leedla cuidadosamente!
El primer pensamiento que le viene al hombre
que piensa después de que realiza la verdad de que el universo es una creación
mental del TODO, es que el universo y todo lo que contiene es una mera ilusión,
una irrealidad, idea contra la que su instinto se rebela. Pero ésta, como todas las otras grandes
verdades, debe ser considerada tanto desde el punto de vista absoluto como relativo. Desde el punto de vista absoluto, desde
luego, el universo es de la naturaleza de una ilusión, un sueño, una
fantasmagoría, cuando se compara con EL TODO en sí mismo. Reconocemos esto incluso en nuestro punto de
vista ordinario, pues hablamos del mundo como «un fugaz espectáculo» que va y
viene, nace y muere, pues el elemento de impermanencia y cambio, finitud e
insustancialidad, debe estar siempre conectado con la idea de un universo
creado cuando se contrasta con la idea del TODO, no importa cuáles puedan ser
nuestras creencias concernientes a la naturaleza de ambos. Filósofo, metafísico, científico y teólogo
coinciden todos sobre esta idea, y el pensamiento se encuentra en todas las
clases de pensamiento filosófico y concepciones religiosas, así como en las
teorías de las respectivas escuelas de metafísica y teología.
Así que las enseñanzas herméticas no predican
la insustancialidad del universo en ninguno de los términos más fuertes que
aquellos que os son más familiares, aunque su presentación del tema pueda
parecer algo más sobrecogedora. Todo lo
que tiene un comienzo y un final debe ser, en un sentido, irreal y falso, y el
universo cae bajo la regla, en todas las escuelas de pensamiento. Desde el punto de vista absoluto, no hay nada
real excepto EL TODO, no importa qué términos podamos usar al pensar en o
discutir el asunto. Sea que el universo
esté creado de materia, o sea una creación mental en la mente del TODO, es
insustancial, no duradero, una cosa de tiempo, espacio y cambio. Queremos que realicéis este hecho
concienzudamente, antes de pasarle juicio a la concepción hermética de la
naturaleza mental del universo. Pensad
sobre cualquiera y todas de las otras concepciones, y ved si esto no es verdad
de ellas.
Pero el punto de vista absoluto muestra
meramente un lado del cuadro -el otro lado es el relativo-. La verdad absoluta ha sido definida como «las
cosas tal como la mente de Dios las conoce», mientras que la verdad relativa es
«las cosas tal como la razón más elevada del hombre las entiende». Y así mientras que para EL TODO el universo
debe ser irreal e ilusorio, un mero sueño o el resultado de una meditación; no
obstante, para las mentes finitas que forman una parte de ese universo, y lo
ven a través de facultades mortales, el universo es muy real en verdad, y debe
ser considerado así. Al reconocer el
punto de vista absoluto, no debemos cometer el error de ignorar o negar los
hechos y fenómenos del universo tal como se presentan a nuestras facultades
mortales -no somos EL TODO, recordad.
Para tomar ilustraciones familiares, todos
reconocemos el hecho de que la materia «existe» para nuestros sentidos -lo
pasaríamos mal si no lo hiciéramos-. Y
sin embargo, incluso nuestras mentes finitas entienden el dicho científico de
que no hay tal cosa como la materia desde un punto de vista científico; lo que
llamamos materia se sostiene que es meramente una agregación de átomos, átomos
que son en sí mismos meramente un agrupamiento de unidades de fuerza, llamadas
electrones o «iones», vibrando y en constante moción circular. Golpeamos una piedra y sentimos el impacto;
parece ser real, pese a que sabemos que es meramente lo que hemos establecido
arriba. Pero recordad que nuestro pie,
que siente el impacto por medio de nuestros cerebros, es igualmente materia,
constituido por tanto de electrones, y en cuanto a eso también nuestros
cerebros. Y, en el mejor de los casos,
si no fuera por nuestra mente, no sabríamos del pie o de la piedra en absoluto.
Entonces de nuevo, el ideal del artista o
escultor, que está tratando de reproducir en piedra o lienzo, le parece a él
muy real. Igual lo hacen los caracteres
en la mente del autor, o dramaturgo, que busca expresar de modo que otros
puedan reconocerlos. Y si esto es verdad
en el caso de nuestras mentes finitas, ¿cuál debe ser el grado de realidad en
las imágenes mentales creadas en la mente del infinito? Oh, amigos, para los mortales este universo
de mentalidad es muy real en verdad; es el único que podemos conocer nunca,
aunque nos elevemos de plano a plano, cada vez más arriba en él. Para conocerlo de otro modo, por verdadera
experiencia, tenemos que ser EL TODO "sino. Es verdad que cuanto más alto nos elevemos en
la escala -cuanto más cerca nos llegamos de «la mente del padre» más evidente
se vuelve la naturaleza ilusoria de las cosas finitas, pero la visión no se
desvanece realmente hasta que EL TODO nos absorbe finalmente hacia sí.
Así que no necesitamos detenernos sobre el
carácter de ilusión. Más bien,
reconociendo la naturaleza real del universo, busquemos entender sus leyes
mentales, y esforcémonos por usarlas hasta su mejor efecto en nuestro progreso
hacia arriba a través de la vida, conforme viajamos de plano a plano de
existencia. Las leyes del universo no
son menos «leyes de hierro» por su naturaleza mental. Todo, excepto EL TODO, está atado por
ellas. Lo que hay EN LA MENTE INFINITA
DEL TODO es REAL en un grado segundo sólo a esa realidad misma que está
investido en la naturaleza del TODO.
Así que no os sintáis inseguros o temerosos,
estamos SOSTENIDOS FIRMEMENTE EN LA MENTE INFINITA DEL TODO, y no hay nada que
nos hiera o que hayamos de temer. No hay
ningún poder fuera del TODO para afectamos.
Así que debemos descansar calmos y seguros. Entonces «calmos y apaciblemente dormimos,
mecidos en la cuna de lo profundo», reposando a salvo en el seno del océano de
mente infinita, que es EL TODO. En EL
TODO, en verdad, «vivimos y nos movemos y tenemos nuestro ser».
La materia es de todos modos materia para
nosotros, mientras habitamos en el plano de la materia, aunque sabemos que es
meramente una agregación de «electrones», o partículas de fuerza, vibrando
rápidamente y girando una alrededor de la otra en las formaciones de los
átomos; los átomos a su vez vibrando y girando, formando moléculas, las cuales
a su vez forman masas mayores de materia.
No se vuelve la materia menos materia cuando seguimos la pesquisa aún
más lejos, y aprendemos de las enseñanzas herméticas que la «fuerza» de la que
los electrones no son sino unidades es meramente una manifestación de la mente
del TODO, y como todo lo demás en el universo es puramente mental en su
naturaleza. Mientras estemos en el plano
de la materia, debemos reconocer sus fenómenos; podemos controlar la materia
(como lo hacen todos los maestros de mayor o menor grado), pero lo hacemos así
aplicando las fuerzas superiores.
Cometemos una insensatez cuando intentamos negar la existencia de la
materia en el aspecto relativo. Podemos
negar su dominio sobre nosotros -y eso correctamente-, pero no deberíamos
intentar ignorarla en su aspecto relativo, al menos mientras residamos sobre su
plano.
Ni se vuelven las leyes de la Naturaleza menos
constantes o efectivas cuando sabemos, igualmente, que son meramente creaciones
mentales. Ellas tienen pleno efecto en
los diversos planos. Superamos las leyes
inferiores, aplicando unas aún superiores -y sólo de este modo-. Pero no podemos escapar a la ley o elevamos
por encima de ella enteramente. Nada
sino EL TODO puede escapar a la ley -y eso porque EL TODO es la LEY en sí, de
donde emergen todas las leyes-. Los
maestros más avanzados pueden adquirir los poderes usualmente atribuidos a los
dioses de los hombres; y hay incontables rangos de ser, en la gran jerarquía de
la vida, cuyo ser y poder trasciende incluso el de los más elevados maestros
entre los hombres hasta un grado impensable por los mortales, pero incluso el
más elevado maestro, y el más elevado ser, deben inclinarse ante la ley, y ser
como nada ante el ojo del TODO. Así que
si incluso estos seres los más elevados, cuyos poderes exceden incluso aquellos
atribuidos por los hombres a sus dioses; si incluso éstos están ligados y
subordinados a la ley, imaginad entonces la presunción del hombre mortal, de
nuestra raza y grado, cuando osa considerar las leyes de la Naturaleza como
«irreales», visionarias e ilusorias, porque resulta ser capaz de captar la
verdad de que las leyes son mentales en naturaleza, y simplemente creaciones
mentales del TODO. Esas leyes que EL
TODO pretende que sean leyes gobernantes no han de ser desafiadas o
argüidas. Mientras el universo dure,
ellas durarán, pues el universo existe por virtud de estas leyes que forman su
armazón y lo mantienen junto.
El principio hermético de
mentalismo, mientras que explica la verdadera naturaleza del universo sobre el
principio de que todo es mental, no cambia las concepciones científicas del
universo, la vida o la evolución. De
hecho, la ciencia meramente corrobora las enseñanzas herméticas. Las últimas meramente enseñan que la
naturaleza del universo es «mental», mientras que la ciencia moderna ha
enseñado que es «material»; o (últimamente) que es «energía» en el último
análisis. Las enseñanzas herméticas no
tienen ningún fallo que encontrar en el principio básico de Herbert Spencer que
postula la existencia de una «energía infinita y eterna, de donde proceden
todas las cosas». De hecho, los
herméticos reconocen en la filosofía de Spencer la más elevada afirmación
externa del funcionamiento de las leyes naturales que haya sido nunca promulgada,
y creen que Spencer ha sido una reencarnación de un antiguo filósofo que
residió en el antiguo Egipto hace miles de años, y que posteriormente encarno
como Heráclito, el filósofo griego que vivió en el 500 a. de J. C. Y consideran
su afirmación de la «energía infinita y eterna» como directamente en la línea
de las enseñanzas herméticas, siempre con la adición de su propia doctrina de
que su «energía» es la energía de la mente del TODO. Con la llave maestra de la filosofía
hermética, el estudiante de Spencer será capaz de abrir las muchas puertas de
las concepciones filosóficas internas del gran filósofo inglés, cuya obra
muestra los resultados de la preparación de sus encarnaciones anteriores. Sus enseñanzas concernientes a la evolución y
el ritmo están casi en perfecto acuerdo con las enseñanzas herméticas
concernientes al principio de ritmo.
Así que el estudiante de las enseñanzas
herméticas no necesita dejar a un lado ninguna de sus acariciadas visiones
científicas concernientes al universo. Todo
lo que se le pide hacer es captar el principio subyacente de que «EL TODO es
mente; el universo es mental, sostenido en la mente del TODO». Encontrará que los otros seis de los siete
principios se «ajustarán» en su conocimiento científico, y servirán para
extraer puntos oscuros y arrojar luz en rincones sombríos. Esto no ha de extrañarnos, cuando realizamos
la influencia del pensamiento hermético en los primitivos filósofos de Grecia,
sobre cuyos fundamentos de pensamiento descansan ampliamente las teorías de la
ciencia moderna. La aceptación del
primer principio hermético (mentalismo) es el único gran punto de diferencia
entre la ciencia moderna y los estudiantes herméticos, y la ciencia está
moviéndose gradualmente hacia la posición hermética en su tantear en la
oscuridad por una vía de salida del laberinto en el que ha vagado en su
búsqueda por la realidad.
El propósito de esta lección es imprimir sobre
las mentes de nuestros estudiantes el hecho de que, para todas las intenciones
y propósitos, el universo y sus leyes, y sus fenómenos, son tan REALES, hasta
donde el hombre está concernido, como lo serían bajo las hipótesis del
materialismo o el energismo. Bajo
cualquier hipótesis el universo en su aspecto externo es cambiante, siempre
fluyente y transitorio -y por consiguiente, vacío de sustancialidad y
realidad-. Pero (notad el otro polo de
la verdad) bajo cualquiera de las mismas hipótesis, estarnos compelidos a
ACTUAR Y VIVIR como si las cosas fugaces fuesen reales y sustanciales. Con esta diferencia, siempre, entre las
diversas hipótesis que bajo las viejas visiones el plano mental era ignorado
como una fuerza natural, mientras que bajo el mentalismo se convierte en la
fuerza natural más grande. Y esta única
diferencia revoluciona la vida, a aquellos que entienden el principio y sus
leyes y práctica resultantes.
Así que, finalmente, estudiantes todos, captad
la ventaja del mentalismo, y aprended a conocer, usar y aplicar las leyes que
resultan de él. Pero no os rindáis a la
tentación que, como establece El Kybalion, sobreviene a los medio-sabios
y les hace ser hipnotizados por la aparente irrealidad de las cosas, siendo la
consecuencia que vagan como gente de sueños habitando en un mundo de sueños,
ignorando el trabajo práctico y la vida del hombre, siendo el fin que «se
estrellan contra las rocas y son rotos en pedazos por los elementos, en razón
de su locura». Seguid más bien el
ejemplo de los sabios, de los que la misma autoridad establece que «usan la ley
contra las leyes; lo superior contra lo inferior; y por el arte de la alquimia
transmutan lo que es indeseable en lo que es apreciable, y así triunfan». Siguiendo a la autoridad, evitemos la
media-sabiduría (que es locura) que ignora la verdad de que: «La maestría no
consiste en sueños anormales, visiones e imaginaciones o vivencias fantásticas,
sino en usar las fuerzas superiores contra las inferiores, escapando a los
sufrimientos de los planos inferiores vibrando en los superiores.» Recuerda
siempre, estudiante, que «la mutación, no la negación presuntuosa, es el arma
del maestro». Las acotaciones de arriba
son de El Kybalion, y son merecedoras de ser confiadas a la memoria por
el estudiante.
No vivimos en un mundo de sueños, sino en un
universo que, mientras que relativo, es real hasta donde nuestras vidas y
acciones están concernidas. Nuestra
ocupación en el universo no es negar su existencia, sino VIVIR, usando las
leyes para elevarnos de lo inferior a lo superior -continuar viviendo,
haciéndolo lo mejor que podemos bajo las circunstancias que surgen cada día, y
viviendo, hasta donde es posible, conforme a nuestras ideas e ideales más
elevados. El verdadero significado de la
vida no es conocido por los hombres en este plano -si es que, en verdad, en
alguno-, pero las más elevadas autoridades, y nuestras propias intuiciones, nos
enseñan que no cometeremos ningún error al vivir conforme a lo mejor que hay en
nosotros, hasta donde es posible, y realizando la tendencia universal en la
misma dirección, a pesar de aparentes evidencias de lo contrario. Estamos todos en el sendero -y la ruta
conduce siempre hacia arriba, con frecuentes lugares de descanso.
Leed el mensaje de El Kybalion -y
seguid el ejemplo de «los sabios»- evitando el error de los «medio-sabios» que
perecen por razón de su locura.
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CAPÍTULO VII
«EL TODO» EN TODO
«Mientras que todo está en EL TODO, es
igualmente cierto que EL TODO está en todo.
Para aquel que verdaderamente entiende esta verdad le ha venido un gran
conocimiento.»
El Kybalion.
¿Cuán a menudo ha escuchado repetida la
mayoría de la gente la afirmación de que su deidad (llamada por muchos nombres)
era «todo en todo», y cuán poco han sospechado la verdad oculta interna
escondida por estas palabras descuidadamente pronunciadas? La expresión comúnmente usada es una
supervivencia de la antigua máxima hermética acotada arriba. Como dice El Kybalion: «Para aquel que
verdaderamente entiende esta verdad, le ha venido un gran conocimiento.» Y
siendo esto así, busquemos esta verdad, cuya comprensión tanto significa. En esta afirmación de la verdad -esta máxima
hermética- está escondida una de las más grandes verdades: filosóficas,
científicas y religiosas.
Os hemos dado la enseñanza hermética
concerniente a la naturaleza mental del universo -la verdad de que «el universo
es mental, sostenido en la mente del TODO»-.
Como dice El Kybalion, en el pasaje arriba acotado: «Todo está en EL
TODO.» Pero notad también la afirmación correlacionada de que: «Es igualmente
cierto que EL TODO está en todo.» Esta afirmación aparentemente contradictoria
es reconciliable bajo la ley de la paradoja.
Es, más aún, una afirmación hermética exacta de las relaciones
existentes entre EL TODO y su universo mental.
Hemos visto cómo «todo está en EL TODO»; examinemos ahora el otro
aspecto del asunto.
Las enseñanzas herméticas son que EL TODO es
inmanente («permaneciendo dentro; inherente; residiendo dentro») en su
universo, y en toda parte, partícula, unidad o combinación, dentro del
universo. Esta afirmación es ilustrada
usualmente por los instructores por una referencia al principio de
correspondencia. El instructor instruye
al estudiante para que forme una imagen mental de algo, una persona, una idea;
algo que tenga una forma mental, siendo el ejemplo favorito el del autor o
dramaturgo que se forma una idea de sus caracteres; o un pintor o escultor que
se forma una imagen de un ideal que desea expresar por su arte. En cada caso, el estudiante encontrará que
mientras que la imagen tiene su existencia, y ser, únicamente dentro de su
propia mente, sin embargo él, el estudiante, autor, dramaturgo, pintor o
escultor, es también, en un sentido, inmanente en, permanece dentro o reside
dentro de la imagen mental. En otras
palabras, la virtud entera, vida, espíritu de realidad en la imagen mental se
deriva de la «mente inmanente» del pensador, Considerad esto por un momento,
hasta que se capte la idea.
Para tomar un ejemplo moderno, digamos que
Otelo, Yago, Hamlet, Lear, Ricardo II, existieron meramente en la mente de
Shakespeare, en el tiempo de su concepción o creación. Y sin embargo, Shakespeare también existía
dentro de cada uno de estos caracteres, dándoles su vitalidad, espíritu y
acción. ¿De quién es el «espíritu» de los caracteres que conocemos como
Micawber, Oliver Twist, Uriah Heep; es Dickens, o tiene cada uno de estos
caracteres un espíritu personal, independiente de su creador? ¿Tienen la Venus
de Medici, la Madonna Sixtina, el Apolo de Belvedere, espíritus y realidad
propios, o representan el poder espiritual y mental de sus creadores? La ley de la paradoja explica que ambas
proposiciones son ciertas, vistas desde los puntos de vista apropiados. Micawber es tanto Micawber como sin embargo
Dickens. Y, de nuevo, mientras que puede
decirse que Micawber es Dickens, sin embargo Dickens no es idéntico con
Micawber. El hombre, como Micawber,
puede exclamar: «El espíritu de mi creador es inherente dentro de mí, ¡y sin
embargo yo no soy EL!». Cuán diferente
esto de la conmocionante media-verdad tan vociferantemente anunciada por
algunos de los medio-sabios, que llenan el aire con sus raucos gritos de: «¡Yo
soy Dios!» Imaginad al pobre Micawber, o al vil Uriah Heep, gritando: «Soy
Dickens», o a alguno de los ruines zoquetes en uno de los dramas de
Shakespeare, anunciando grandilocuentemente que: «¡Soy Shakespeare!» EL TODO
está en el gusano de tierra, y sin embargo el gusano de tierra está lejos de
ser EL TODO. Y sin embargo permanece la
maravilla de que aunque el gusano de tierra existe meramente como una cosa
ruin, creada y teniendo su ser solamente dentro de la mente del TODO, sin
embargo EL TODO es inmanente en el gusano de tierra, y en las partículas que
constituyen el gusano de tierra. ¿Puede haber algún misterio mayor que éste de
«todo en EL TODO, y EL TODO en todo»?
El estudiante realizará, desde luego, que las
ilustraciones dadas arriba son necesariamente imperfectas e inadecuadas, pues
representan la creación de imágenes mentales en mentes finitas, mientras que el
universo es una creación de la mente infinita, y la diferencia entre los dos
polos les separa. Y sin embargo ésta es
meramente una cuestión de grado -el mismo principio está en operación-; el
principio de correspondencia se manifiesta en cada uno -«Como es arriba, es
abajo; como es abajo, es arriba».
Y en el grado en que el hombre realice la
existencia del espíritu interno inmanente dentro de su ser, así se elevará en
la escala espiritual de la vida. Esto es
lo que significa el desarrollo espiritual: el reconocimiento, la realización y
la manifestación del espíritu dentro de nosotros. Tratad de recordar esta última definición, la
del desarrollo espiritual. Contiene la
verdad de la verdadera religión.
Hay muchos planos de ser, muchos subplanos de
vida, muchos grados de existencia en el universo. Y todo depende del avance de los seres en la
escala, de cuya escala el punto más bajo es la materia más grosera, estando el
más elevado separado únicamente por la más fina división del ESPÍRITU de EL
TODO. Y, hacia arriba y hacia adelante a
lo largo de esta escala de la vida, todo se está moviendo. Todos están sobre el sendero, cuyo final es
EL TODO. Todo progreso es un retomar al
hogar. Todo va hacia arriba y hacia
adelante, a pesar de todas las apariencias al parecer contradictorias. Tal es el mensaje de los iluminados.
Las enseñanzas herméticas concernientes al
proceso de la creación mental del universo son las de que al comienzo del ciclo
creativo EL TODO, en su aspecto de «ser», proyecta su voluntad hacia su aspecto
de «devenir», y el proceso de creación comienza. Se enseña que el proceso consiste en el
rebajamiento de la vibración hasta que se alcanza un grado bajísimo de energía
vibratorio, en cuyo punto se manifiesta la forma de materia más grosera
posible. Este proceso es llamado la
etapa de involución, en el que EL TODO se «envuelve» o «arropa» en su
creación. Este proceso se cree por los
hermetistas que tiene una correspondencia con el proceso mental de un artista,
escritor o inventor, que se arropa de tal modo en su creación mental que casi
olvida su propia existencia y el cual, por el tiempo dado, casi «vive en su
creación». Si en vez de «arropado»
usamos la palabra «arrebatado», quizá daremos una mejor idea de lo que se
quiere dar a entender.
Esta etapa involuntaria de creación es llamada
a veces la «efusión» de la energía divina, igual que el estado evolutivo es
llamado la «absorción». El polo extremo
del proceso creativo se considera que es el más apartado del TODO, mientras que
el comienzo de la etapa evolutiva se considera como el comienzo de la
oscilación de retomo del péndulo del ritmo -una idea de «volver al hogar»
sostenida en todas las enseñanzas herméticas-.
Las enseñanzas son que durante la «efusión»,
las vibraciones se vuelven cada vez más bajas hasta que finalmente el impulso
cesa y comienza la oscilación de retomo.
Pero hay esta diferencia, que mientras que en la «efusión» las fuerzas
creativas se manifiestan compactamente y como un conjunto, sin embargo desde el
comienzo de la etapa evolutiva o de «absorción», se manifiesta la ley de
individualización -esto es, la tendencia a separarse en unidades de fuerza-, de
modo que finalmente aquello que abandonó al TODO como energía individualizada
retorna a su fuente como incontables unidades de vida altamente desarrolladas,
habiéndose elevado cada vez más alto en la escala por medio de la evolución
física, mental y espiritual.
Los antiguos hermetistas usan la palabra
«meditación» al describir el proceso de la creación mental del universo en la
mente del TODO, siendo empleada también frecuentemente la palabra
«contemplación». Pero la idea pretendida
parece ser la del empleo de la atención divina. «Atención» es una palabra
derivada de una raíz latina, que significa «extenderse, estirarse», y así el
acto de atención es realmente una «extensión» mental de energía mental, de modo
que la idea subyacente es atendida fácilmente cuando examinamos el significado
real de la «atención».
Las enseñanzas herméticas concernientes al
proceso de evolución son que EL TODO, habiendo meditado sobre el comienzo de la
creación, habiendo establecido así los fundamentos materiales del universo,
habiéndolo pensado a la existencia, entonces gradualmente se despierta o
levanta de su meditación y al hacerlo así comienza la manifestación del proceso
de evolución, sobre los planos material, mental y espiritual, sucesivamente y
en orden. Así comienza el movimiento
hacia arriba, y todo empieza a moverse en dirección hacia el espíritu. La materia se vuelve menos grosera; las
unidades brotan al ser; las combinaciones empiezan a formarse; la vida aparece
y se manifiesta en formas cada vez más elevadas, y la mente se vuelve cada vez
más en evidencia, volviéndose más elevadas constantemente las vibraciones. En breve, el proceso entero de evolución, en
todas sus fases, comienza, y procede de acuerdo con las leyes establecidas del
proceso de «absorción». Todo esto ocupa
eones sobre eones del tiempo del hombre, conteniendo cada eón incontable
millones de años, y sin embargo los iluminados nos informan que la creación
entera, incluyendo involución y evolución, de un universo, no es sino «como el
parpadeo de un ojo» para EL TODO. Al
final de incontables ciclos de eones de tiempo, EL TODO retira su atención -su
contemplación y meditación- del universo, pues la gran obra está acabada, y
todo es atraído adentro del TODO de donde emergió. Pero misterio de misterios -el espíritu de
cada alma no es aniquilado, sino que es infinitamente expansionado-, el creado
y el creador se funden. ¡Tal es el dictamen de los iluminados!
La ilustración de arriba de la «meditación», y
subsiguiente «despertar de la meditación», del TODO, no es desde luego sino un
intento de los instructores por describir el proceso infinito por un ejemplo
finito. Y, sin embargo: «Como es abajo,
es arriba.» La diferencia es meramente en grado. Y así como EL TODO se levanta de la
meditación sobre el universo, así el hombre (con el tiempo) cesa de
manifestarse sobre el plano material, y se retira cada vez más adentro del
espíritu interno, que es en verdad «el ego divino».
Hay una cuestión más de la que deseamos hablar
en esta lección, y ésa viene muy cerca de una invasión del área metafísica de
especulación, aunque nuestro propósito es meramente mostrar la futilidad de tal
especulación. Aludimos a la cuestión que
inevitablemente viene a la mente de todos los pensadores que se han aventurado
a buscar la verdad. La cuestión es:
«¿POR QUÉ crea universos EL TODO?» La cuestión puede ser preguntado en formas
diferentes, pero la de arriba es el grano de la encuesta.
Los hombres se han esforzado duramente por
responder a esta pregunta, pero aún no hay ninguna respuesta digna del
nombre. Algunos han imaginado que EL
TODO tenía algo que ganar con ello, pero esto es absurdo, pues ¿qué podría
ganar EL TODO que no poseyera ya? Otros
han buscado la respuesta en la idea de que EL TODO «deseaba algo que amar»; y
otros que creó por placer o entretenimiento; o porque «estaba solo»; o para
manifestar su poder; todas ellas explicaciones e ideas pueriles, pertenecientes
al período infantil del pensamiento.
Otros han buscado explicar el misterio
asumiendo que EL TODO se encontró «compelido» a crear, en razón de su propia
«naturaleza interna» -su «instinto creativo»-.
Esta idea está más avanzada que las otras, pero su punto débil recae en
la idea de que EL TODO sea «compelido» por algo, interno o externo. Si su «naturaleza interna», o «instinto
creativo», lo compelió a hacer algo, entonces la «naturaleza interna» o «instinto
creativo» sería el absoluto, en vez del TODO, y por tanto acordemente esa parte
de la proposición cae. Y, sin embargo,
EL TODO crea y manifiesta, y parece encontrar alguna clase de satisfacción en
hacerlo así. Y es difícil escapar a la
conclusión de que en algún grado infinito debe tener lo que correspondería a
una «naturaleza interna», o a un «instinto creativo», en el hombre, con deseo y
voluntad correspondientemente infinitos.
No podría actuar a no ser que quisiera actuar; y no querría actuar a no
ser que desease actuar; y no desearía actuar a no ser que obtuviese alguna
satisfacción por ello. Y todas estas
cosas pertenecerían a una «naturaleza interna», y podrían ser postuladas como
existiendo de acuerdo con la ley de correspondencia. Pero aún preferimos pensar en EL TODO como
actuando enteramente LIBRE de cualquier influencia, interna tanto como externa.
Ése es el problema que yace en la raíz de la dificultad -y la dificultad yace
en la raíz del problema.
Hablando estrictamente, no podría decirse que
hubiese una «razón» cualquiera para que actuase EL TODO, pues una «razón»
implica una «causa», y EL TODO está por encima de causa y efecto, excepto
cuando quiere convertirse en causa, en cuyo momento el principio se pone en
movimiento. Así que, veis, la materia es
impensable, igual que EL TODO es incognoscible.
Igual que decimos que EL TODO meramente «ES», así estamos compelidos a
decir que «EL TODO ACTÚA PORQUE ACTUA».
Al final de todo, EL TODO es toda razón en sí mismo; toda ley en sí
mismo; toda acción en sí mismo; y puede decirse, de modo plenamente cierto, que
EL TODO es su propia razón, su propia ley, su propio acto; o aún más lejos, que
EL TODO, su razón, su acto, su ley son UNO, siendo todos nombres para la misma
cosa. En la opinión de aquellos que os
están dando las lecciones presentes, la respuesta está encerrada en el SER
INTERNO del TODO, junto con su secreto de existencia. La ley de correspondencia, en nuestra
opinión, se extiende sólo hasta ese aspecto del TODO, del que puede hablarse
como «el aspecto de DEVENIR». Detrás de
ese aspecto está «el aspecto de SER», en el que todas las leyes se pierden en
LEY-, todos los principios se funden en PRINCIPIO, y EL TODO, PRINCIPIO y SER,
son IDÉNTICOS, UNO Y LO MISMO. Por
consiguiente, la especulación metafísica sobre este punto es fútil. Entramos aquí en la cuestión meramente para
mostrar que reconocemos la pregunta, y también el absurdo de las respuestas
ordinarias de la metafísica y la teología.
En conclusión, puede ser de interés para
nuestros estudiantes saber que mientras que algunos de los instructores
herméticos, antiguos y modernos, se han inclinado más bien en la dirección de
aplicar el principio de correspondencia a la cuestión, con el resultado de la
conclusión de la «naturaleza interna»; sin embargo, las leyendas dicen que
HERMES el Grande cuando se le preguntó esta cuestión por sus estudiantes
avanzados, les respondió PRESIONANDO SUS LABIOS FIRMEMENTE JUNTOS y no diciendo
una palabra, indicando que NO HABÍA RESPUESTA.
Pero también podía haber pretendido aplicar el axioma de su filosofía,
de que: «Los labios de la sabiduría están cerrados, excepto para los oídos del
entendimiento», creyendo que incluso sus estudiantes avanzados no poseían el
entendimiento que les titulaba para la enseñanza. En cualquier caso, si Hermes poseyó el
secreto, dejó de impartirlo, y hasta donde el mundo está concedido LOS LABIOS
DE HERMES ESTÁN CERRADOS respecto a él.
Y donde el gran Hermes vaciló en hablar, ¿qué mortal puede osar enseñar?
Pero recordad que cualquiera que sea la
respuesta a este problema -si es que en verdad hay una respuesta- permanece la
verdad de que: «Mientras que todo está en EL TODO, es igualmente cierto que EL
TODO está en todo.» La enseñanza en este punto es enfática. Y podemos añadir las palabras concluyentes de
la acotación: «Para aquel que verdaderamente entiende esta verdad, le ha venido
un gran conocimiento.»
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CAPÍTULO VIII
LOS PLANOS DE CORRESPONDENCIA
«Como es arriba, es abajo; como es abajo, es
arriba.»
El Kybalion.
El gran segundo principio hermético incorpora
la verdad de que hay una armonía, acuerdo y correspondencia entre los varios
planos de manifestación, vida y ser.
Esta verdad es una verdad porque todo lo que está incluido en el
universo emana de la misma fuente, y las mismas leyes, principios y
características se aplican a cada unidad o combinación de unidades de
actividad, conforme cada una manifiesta sus propios fenómenos sobre su propio
plano.
Para los fines de la conveniencia del pensamiento y estudio, la filosofía hermética considera que el universo puede ser dividido en tres grandes clases de fenómenos, conocidos como los tres grandes planos, a saber:
I. El
gran plano físico.
II. El
gran plano mental.
III. El
gran plano espiritual.
Estas divisiones son más o menos artificiales
y arbitrarias, pues la verdad es que todas las tres divisiones no son sino
grados ascendentes de la gran escala de la vida, cuyo punto más bajo es materia
indiferenciado, y el punto más elevado el del espíritu. Y, más aún, los diferentes planos se solapan
uno al otro, de modo que no puede hacerse ninguna división clara y cortante
entre los fenómenos superiores del físico y los inferiores del mental, o entre
los superiores del mental y los inferiores del espiritual.
En breve, los tres grandes planos pueden ser
considerados como los tres grandes grupos de grados de manifestación de la
vida. Mientras que los fines de este
librito no nos permiten entrar en una discusión extendida o explicación del
tema de estos diferentes planos, creemos de todos modos conveniente dar una
descripción general del mismo en este punto.
Al comienzo podemos bien considerar la
cuestión tan a menudo preguntado por el neófito que desea ser informado
concerniente al significado de la palabra «plano», término que ha sido usado
muy libremente, y muy pobremente explicado, en muchas obras recientes sobre el
tema del ocultismo. La pregunta es
generalmente como sigue: «¿Es un plano un lugar que tiene dimensiones, o es
meramente una condición o estado?» Nosotros respondemos: «No, no un lugar, ni
una dimensión ordinaria del espacio, y sin embargo más que un estado o
condición, y sin embargo el estado o condición es un grado de dimensión, en una
escala sujeta a medida.» Algo paradójico, ¿no es así? Pero examinemos la cuestión. Una «dimensión», sabéis, es «una medida en
una línea recta, relativo a la medida», etc.
Las dimensiones ordinarias del espacio son longitud, anchura y altura, o
quizá longitud, anchura, altura, grosor o circunferencia. Pero hay otra dimensión de «cosas creadas», o
«medida en línea recta», conocida por los ocultistas, y por los científicos
también, aunque los últimos no la han aplicado todavía el término «dimensión»
-y esta nueva dimensión, que, de paso, es la «cuarta dimensión» sobre la que
mucho se ha especulado, es la norma usada al determinar los grados o «planos».
Esta cuarta dimensión puede ser llamada «la
dimensión de la vibración». Es un hecho
bien conocido por la ciencia moderna, así como de los hermetistas que han
incorporado la verdad, en su «tercer principio hermético», que «todo está en
movimiento, todo vibra, nada está en reposo».
Desde la más elevada manifestación, hasta la inferior, todo y todas las
cosas vibran. No sólo vibran en
diferentes grados de movimiento, sino como en direcciones diferentes y en una
manera diferente. Los grados de la
«frecuencia» de las vibraciones constituyen los grados de medida en la escala
de vibraciones; en otras palabras, los grados de la cuarta dimensión-. Y estos grados forman lo que los ocultistas
llaman «planos». Cuanto más elevado el
grado de frecuencia de vibración, más elevado el plano y más elevada la
manifestación de la vida que ocupa ese lugar.
Así que mientras que un plano no es «un lugar», ni siquiera «un estado o
condición», sin embargo posee cualidades comunes a ambos. Tendremos más que decir concerniente al tema
de la escala de vibraciones en nuestras próximas lecciones, en las que
consideraremos el principio hermético de vibración.
Recordaréis, por favor, sin embargo, que los
tres grandes planos no son divisiones reales de los fenómenos del universo,
sino meramente términos arbitrarios usados por los hermetistas a fin de ayudar
en el pensamiento y estudio de los diversos grados y formas de actividad y vida
universales. El átomo de materia, la
unidad de fuerza, la mente del hombre y el ser del arcángel no son todos sino
grados en una escala, y todos fundamentalmente lo mismo, siendo la diferencia
entremedias únicamente una cuestión de grado y de frecuencia de vibración; todos
son creaciones del TODO, y tienen su existencia únicamente dentro de la mente
infinita del TODO.
Los hermetistas subdividen cada uno de los
tres grandes planos en siete planos menores, y cada uno de estos últimos son
subdivididos también en siete subplanos, siendo todas las divisiones más o
menos arbitrarias, solapándose una a otra, y adoptadas meramente por
conveniencia de estudio y pensamiento científico.
El gran plano físico, y sus siete planos
menores, es esa división de los fenómenos del universo que incluye todo lo que
se relaciona con la física o las cosas, fuerzas y manifestaciones
materiales. Incluye todas las formas de
eso que llamamos materia, y todas las formas de eso que llamamos energía o
fuerza. Pero debéis recordar que la
filosofía hermética no reconoce la materia como una «cosa en sí», o como
teniendo una existencia separada siquiera en la mente del TODO. Las enseñanzas son que la materia no es sino
una forma de energía; esto es, energía a una frecuencia baja de vibraciones de
una cierta clase. Y de acuerdo con esto
los hermetistas clasifican la materia bajo el encabezamiento de la energía, y
la dan tres de los siete planos menores del gran plano físico.
Estos siete planos físicos menores son como
sigue:
I. El
plano de materia (A).
II. El
plano de materia (B).
III. El
plano de materia (C).
IV. El
plano de sustancia etérea.
V. El
plano de energía (A).
VI. El
plano de energía (B).
VII. El
plano de energía (C).
El plano de materia (A) comprende las formas
de materia en su forma de sólidos, líquidos y gases, tal como se reconocen
generalmente por los libros de texto sobre física. El plano de materia (B) comprende ciertas
formas de materia más elevadas y sutiles cuya existencia la ciencia moderna no
está sino reconociendo ahora, perteneciendo los fenómenos de la materia
radiante, en sus fases de radium, etc., a la subdivisión inferior de este plano
menor. El plano de materia (C) comprende
las formas de la materia más sutil y tenue, cuya existencia no es sospechada
por los científicos ordinarios. El plano
de sustancia etérea comprende eso de lo que la ciencia habla como «el éter»,
una sustancia de extrema tenuidad y elasticidad, compenetrando todo el espacio
universal, y actuando como un medio para la transmisión de ondas de energía, tales
como luz, calor, electricidad, etc. Esta
sustancia etérea forma un vínculo conector entre la materia (así llamada) y la
energía, y participa de la naturaleza de cada una. Las enseñanzas herméticas, sin embargo,
instruyen que este plano tiene siete subdivisiones (como las tienen todos los
planos menores), y que de hecho hay siete éteres, en vez de uno solo.
El siguiente por encima del plano de sustancia
etérea es el plano de energía (A), que comprende las formas ordinarias de
energía conocidas a la ciencia, siendo sus siete subplanos, respectivamente
calor, luz, magnetismo, electricidad y atracción (incluyendo gravitación,
cohesión, afinidad química, etc.) y varias otras formas de energía indicadas
por los experimentos científicos pero aún no nombradas o clasificadas. El plano de energía (B) comprende siete
subplanos de formas superiores de energía aún no descubiertas por la ciencia,
pero que han sido llamadas «las fuerzas más finas de la naturaleza» y que son
puestas en operación en las manifestaciones de ciertas formas de fenómenos
mentales, y por las que tales fenómenos se vuelven posibles. El plano de energía (C) comprende siete
subplanos de energía tan altamente organizada que lleva muchas de las
características de la «vida», pero que no es reconocida por las mentes de los
hombres en el plano ordinario de desarrollo, estando disponible para el uso
sólo de seres del plano espiritual; tal energía es impensable por el hombre
ordinario, y puede ser considerada casi como «el poder divino». Los seres que la emplean son como «dioses»
comparados incluso con los tipos humanos más elevados que nos son conocidos.
El gran plano mental comprende esas formas de
«cosas vivientes» conocidas por nosotros en la vida ordinaria, así como ciertas
otras formas no tan bien conocidas excepto por el ocultista. La clasificación de los siete planos mentales
menores es mas o menos satisfactoria y arbitraria (a no ser que vaya acompañada
por explicaciones que son ajenas al propósito de esta obra particular), pero
podemos bien mencionarlos. Son como
sigue:
I. El
plano de mente mineral.
II- El
plano de mente elemental (A).
III. El
plano de mente de planta.
IV. El
plano de mente elemental (B).
V. El
plano de mente animal.
VI. El
plano de mente elemental (C).
VII.
El plano de mente humana.
El plano de mente mineral comprende los
«estados o condiciones» de las unidades o entidades o grupos y combinaciones
del mismo, animan las formas conocidas nosotros como «minerales, sustancias
químicas, etc.». Estas entidades no deben ser confundidas con las moléculas,
átomos y corpúsculos mismos, siendo los últimos los cuerpos o formas materiales
de estas entidades, igual que el cuerpo de un hombre no es sino su forma
material y no «él mismo». Estas
entidades pueden ser llamadas «almas» en un sentido, y son seres vivientes de
un bajo grado de desarrollo, vida y mente; justo un poco más que las unidades
de «energía viviente» que comprenden las subdivisiones superiores del plano
físico más elevado. La mente corriente
no atribuye generalmente la posesión de mente, alma o vida al reino mineral,
pero todos los ocultistas reconocen la existencia de la misma, y la ciencia
moderna está moviéndose rápidamente hacia adelante, hacia el punto de vista de
la hermética, a este respecto. Las moléculas,
átomos y corpúsculos tienen sus «amores y odios», «gustos y disgustos»,
«atracciones y repulsiones», «afinidades y no-afinidades», etc., y algunas de
las más atrevidas de las modernas mentes científicas han expresado la opinión
de que el deseo y la voluntad, las emociones y los sentimientos de los átomos
difieren sólo en grado de los de los hombres.
No tenemos tiempo o espacio para argüir aquí esta materia. Todos los ocultistas saben que es un hecho, y
otros son referidos a algunas de las obras científicas más recientes para una
corroboración exterior. Hay las siete
subdivisiones usuales para este plano.
El plano de mente elemental (A) comprende el
estado o condición y grado de desarrollo mental y vital de una clase de
entidades desconocidas para el hombre corriente, pero reconocidas por los
ocultistas. Son invisibles a los
sentidos ordinarios del hombre, pero, no obstante, existen y representan su
papel en el drama del universo. Su grado
de inteligencia está entre el de las entidades minerales y químicas de una
parte, y el de las entidades del reino de las plantas por la otra. Hay siete subdivisiones para este plano
también.
El plano de mente de planta, en sus siete
subdivisiones, comprende los estados o condiciones de las entidades que comprenden
los reinos del mundo de las plantas, cuyos fenómenos vitales y mentales son
bastante bien entendidos por la persona inteligente corriente, habiendo sido
publicadas durante la última década muchas nuevas e interesantes obras
científicas concernientes a «mente y vida en las plantas». Las plantas tienen vida, mente y «almas»
igual que las tienen los animales, el hombre y el súper-hombre.
El plano de mente elemental (B), en sus siete
subdivisiones, comprende los estados y condiciones de una forma superior de
entidades «elementales» o invisibles, jugando su parte en el trabajo general
del universo, cuya mente y vida forman una parte de la escala entre el plano de
la mente de planta y el plano de la mente animal, participando las entidades de
la naturaleza de ambos.
El plano de mente animal, en sus siete
subdivisiones, comprende los estados y condiciones de las entidades, seres o
almas que animan las formas animales de vida, familiares para todos
nosotros. No es necesario entrar en
detalles concernientes a este reino o plano de vida, pues el mundo animal nos
es tan familiar como el nuestro propio.
El plano de mente elemental (C), en sus siete
subdivisiones, comprende esas entidades o seres, invisibles como lo son todas
esas formas elementales, que participan de la naturaleza de la vida tanto
animal como humana en un grado y en ciertas combinaciones. Las formas más elevadas son semihumanas en
inteligencia.
El plano de mente humana, en sus siete
subdivisiones, comprende esas manifestaciones de vida y mentalidad que son
comunes al hombre, en sus diversos grados, gradaciones y divisiones. En esta conexión, deseamos apuntar el hecho
de que el hombre corriente de hoy en día no ocupa sino la cuarta subdivisión
del plano de mente humana, y sólo los más inteligentes han cruzado los límites
de la quinta subdivisión. Le ha tomado a
la raza millones de años alcanzar esta etapa, y le tomará muchos años más a la
raza el pasar a las subdivisiones sexta y séptima, y más allá. Pero recordad que ha habido razas antes de
nosotros que han pasado a través de estos grados y después a planos
superiores. Nuestra propia raza es la
quinta (con rezagados de la cuarta) que ha puesto el pie sobre el sendero. Y también hay unas pocas almas avanzadas de
nuestra propia raza que han sobrepujado a las masas y que han pasado a la
subdivisión sexta y séptima, estando algunas pocas aún más lejos adelante. El hombre de la sexta subdivisión será «el
súper-hombre», el de la séptima será «el por encima del hombre».
En nuestra consideración de los siete planos
mentales menores, nos hemos referido meramente a los tres planos elementarios
de un modo general. No deseamos entrar
en este tema en detalle en esta obra, pues no pertenece a esta parte de la
filosofía y de las enseñanzas generales.
Pero podemos decir esto, a fin de daros una idea un poco más clara de
las relaciones de estos planos con los más familiares; los planos elementarios
guardan la misma relación con los planos de mentalidad y vida mineral, de
planta, animal y humana, que las teclas negras del piano tienen con las
blancas. Las teclas blancas son
suficientes para producir música, pero hay ciertas escalas, melodías y
armonías, en las que las teclas negras juegan su parte, y en las que su
presencia es necesaria. Son necesarias
también como «vínculos conectantes» de la condición del alma, estados de
entidad, etc., entre los varios otros planos, siendo conseguidas ahí ciertas
formas de desarrollo; dando este último hecho al lector que puede «leer entre
las líneas» una nueva luz sobre los procesos de evolución, y una nueva llave
para la puerta secreta de los «saltos de vida» entre reino y reino. Los grandes reinos de elementales son
plenamente reconocidos por todos los ocultistas, y los escritos esotéricos
están llenos de menciones de ellos. Los
lectores de Zanoni de Bulwer y relatos similares reconocerán a las entidades
que habitan estos planos de vida.
Pasando adelante del gran plano mental al gran
plano espiritual, ¿qué diremos? ¿Cómo podemos explicar estos estados superiores
de ser, vida y mente a mentes aún incapaces de captar y entender las
subdivisiones superiores del plano de la mente humana? La tarea es imposible. Sólo podemos hablar en los términos más
generales. ¿Cómo puede describirse la luz a un hombre nacido ciego; Cómo el
azúcar, a un hombre que nunca ha saboreado nada dulce; cómo la armonía, a uno
nacido sordo?
Todo lo que podemos decir es que los siete
planos menores del gran plano espiritual (teniendo cada plano menor sus siete
subdivisiones) comprende seres que poseen vida, mente y forma tan por encima de
las del hombre de hoy en día como el último está por encima del gusano de
tierra, el mineral o incluso ciertas formas de energía o materia. La vida de estos seres trasciende tanto la
nuestra, que no podemos pensar siquiera en los detalles de la misma; sus mentes
trascienden tanto la nuestra, que para ellos apenas parecemos «pensar», y
nuestros procesos mentales parecen casi próximos a los procesos materiales; la
materia de la que están compuestas sus formas es de los planos más elevados de
la materia, más aún, de algunos se dice incluso que están «vestidos en energía
pura». ¿Qué puede decirse de tales seres?
En los siete planos menores del gran plano
espiritual existen seres de quienes podemos hablar como ángeles, arcángeles,
semi-dioses. En los planos menores
inferiores moran esas grandes almas a quienes llamamos maestros y adeptos. Por encima de ellos vienen las grandes
jerarquías de las huestes angélicas, impensables para el hombre; y por encima
de ésas vienen esos que pueden ser llamados sin irreverencia «los dioses», tan
alto están en la escala del ser, siendo su ser, inteligencia y poder semejantes
a los atribuidos por las razas de los hombres a sus conceptos de la deidad. Estos seres están más allá incluso de los más
elevados vuelos de la imaginación humana, siendo la palabra «divinidad» la
única aplicable a ellos. Muchos de estos
seres, así como la hueste angélica, se toman el más grande interés en los
asuntos del universo y juegan una parte importante en sus asuntos. Estas divinidades invisibles y auxiliares
angélicos extienden su influencia libre y poderosamente en el proceso de
evolución y progreso cósmico. Su
intervención y asistencia ocasionales en los asuntos humanos ha conducido a
muchas leyendas, creencias, religiones y tradiciones de la raza, pasadas y
presentes. Ellos han sobreimpuesto su
conocimiento y poder sobre el mundo, una y otra vez, todo bajo la ley del TODO,
desde luego.
Pero, sin embargo, incluso los más elevados de
estos seres avanzados existen meramente como creaciones de, y en, la mente del
TODO, y están sujetos a los procesos cósmicos y a las leyes universales. Aún son mortales. Podemos llamarles «dioses» si queremos, pero
aún no son sino los hermanos mayores de la raza; las almas avanzadas que han
sobrepujado a sus hermanos y que han renunciado al éxtasis de la absorción por
EL TODO, a fin de ayudar a la raza en su viaje hacia arriba a lo largo del
sendero. Pero pertenecen al universo, y
están sujetos a sus condiciones -son mortales- y su plano está por debajo del
espíritu absoluto.
Sólo los hermetistas más avanzados son capaces
de captar las enseñanzas internas concernientes al estado de existencia y los
poderes manifestados en los planos espirituales. Los fenómenos son tan superiores a los de los
planos mentales que resultaría con seguridad una confusión de ideas a partir de
un intento por describir los mismos.
Sólo aquellos cuyas mentes han sido cuidadosamente entrenadas a lo largo
de las líneas de la filosofía hermética durante años -sí, aquellos que han
traído consigo de otras encarnaciones el conocimiento adquirido previamente-
pueden comprender justo lo que se da a entender por la enseñanza concerniente a
estos planos espirituales. Y mucha de
esta enseñanza interna es tenida por los hermetistas como siendo demasiado
sagrada, importante e incluso peligrosa para la diseminación pública
general. El estudiante inteligente puede
reconocer lo que queremos decir con esto cuando establecemos que el significado
de «espíritu» tal como se usa por los hermetistas es semejante a «poder
viviente», «fuerza animada», «esencia interna», «esencia de vida», etc.,
significado que no debe ser confundido con el usual y comúnmente empleado en
conexión con el término, i. e., «religioso, eclesiástico, espiritual, etéreo,
santo», etc. Para los ocultistas la
palabra «espíritu» se usa en el sentido de «principio animador», llevando
consigo la idea de poder, energía viviente, fuerza mística, etc. Y los ocultistas saben que lo que les es
conocido como «poder espiritual» puede ser empleado tanto para fines malvados
como buenos (de acuerdo con el principio de polaridad), un hecho que ha sido
reconocido por la mayoría de las religiones en sus concepciones de Satán,
Beelzebub, el Diablo, Lucifer, ángeles caídos, etc. Y, por tanto, el conocimiento concerniente a
estos planos ha sido conservado en el santo de los santos en todas las
fraternidades esotéricas y órdenes ocultas -en la cámara secreta del
templo-. Pero esto puede decirse aquí,
que aquellos que han alcanzado elevados poderes espirituales y los han usado
mal, tienen un terrible destino en reserva para ellos, y el balanceo del
péndulo del ritmo les balanceará inevitablemente de vuelta al más lejano extremo
de la existencia material, desde cuyo punto deberán retrazar sus pasos hacia el
espíritu, a lo largo de los fatigosos rodeos del sendero, pero siempre con la
añadida tortura de tener siempre consigo una memoria que permanece de las
alturas desde las que cayeron debido a sus malas acciones. Las leyendas de los ángeles caídos tienen una
base en hechos verdaderos, como lo saben todos los ocultistas avanzados. El esforzarse por el poder egoísta en los
planos espirituales resulta inevitablemente en que el alma egoísta pierde su
equilibrio espiritual y cae atrás tan lejos como se había elevado
previamente. Pero incluso a un alma así
se le da la oportunidad del retorno -y tales almas hacen el viaje de retorno
pagando el terrible castigo de acuerdo con la ley invariable.
En conclusión querríamos recordamos de nuevo
que de acuerdo con el principio de correspondencia, que incorpora la verdad:
«Como es arriba, es abajo; como es abajo, es arriba», todos los siete
principios herméticos están en plena operación en todos los muchos planos,
físicos, mentales y espirituales. El
principio de sustancia mental se aplica desde luego a todos los planos, pues
todos están sostenidos en la mente del TODO.
El principio de correspondencia se manifiesta en todos, pues hay una
correspondencia, armonía y acuerdo entre los varios planos. El principio de vibración se manifiesta en
todos los planos, de hecho las diferencias mismas que hacen los «planos» surgen
de la vibración, como hemos explicado.
El principio de polaridad se manifiesta sobre cada plano, siendo los
extremos de los polos aparentemente opuestos y contradictorios. El principio de ritmo se manifiesta sobre
cada plano, teniendo el movimiento de los fenómenos su mengua y su crecida, su
elevación y su caída, su infusión y su efusión.
El principio de causa y efecto se manifiesta sobre cada plano, teniendo
todo efecto su causa y teniendo toda causa su efecto. El principio de género se manifiesta sobre
cada plano, estando siempre manifiesta la energía creativa y operando a lo largo
de las líneas de sus aspectos masculino y femenino.
«Como es arriba, es abajo; como es abajo, es
arriba.» Este axioma hermético, viejo por siglos, incorpora uno de los grandes
principios de los fenómenos universales.
Conforme procedamos con nuestra consideración de los restantes
principios, veremos aún más claramente la verdad de la naturaleza universal de
este gran principio de correspondencia.
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CAPÍTULO IX
VIBRACIÓN
«Nada descansa; todo se mueve; todo vibra.»
El Kybalion.
El gran tercer principio hermético -el
principio de vibración- incorpora la verdad de que la moción está manifiesta en
toda cosa en el universo: que nada está en reposo, que todo se mueve, vibra y
gira. Este principio hermético fue
reconocido por algunos de los primitivos filósofos griegos que lo incorporaban
en sus sistemas. Pero fue perdido de
vista durante siglos por los pensadores fuera de las filas herméticas. Mas en el siglo XIX la ciencia física
redescubrió la verdad y los descubrimientos científicos del siglo XX han
añadido pruebas adicionales en la corrección y verdad de esta doctrina
hermética vieja por siglos.
Las enseñanzas herméticas son que no sólo está
toda cosa en movimiento y vibración constantes, sino que las «diferencias»
entre las diversas manifestaciones del poder universal son debidas enteramente
al grado y modo variables de las vibraciones.
No sólo esto, sino que incluso EL TODO, en sí mismo, manifiesta una
vibración constante de un grado infinito de intensidad y rápida moción tal que
puede ser prácticamente considerado en reposo, dirigiendo los instructores la
atención de los estudiantes al hecho de que incluso en el plano físico un
objeto moviéndose rápidamente (tal como una rueda giratoria) parece estar en
reposo. Las enseñanzas son que el
espíritu está en un extremo del polo de vibración, siendo el otro polo ciertas
formas de materia extremadamente groseras.
Entre estos dos polos hay millones sobre millones de grados y modos de
vibración diferentes.
La ciencia moderna ha probado que todo lo que
llamamos materia y energía no son sino «modos de movimiento vibratorio», y
algunos de los científicos más avanzados se están moviendo rápidamente hacia la
posición de los ocultistas que sostienen que los fenómenos de la mente son
igualmente modos de vibración o moción.
Veamos qué tiene que decir la ciencia concerniente a la cuestión de las
vibraciones en la materia y la energía.
En primer lugar, la ciencia enseña que toda
materia manifiesta, en algún grado, las vibraciones que surgen de la
temperatura o el calor. Esté un objeto
frío o caliente -no siendo ambos sino grados de las mismas cosas- manifiesta
ciertas vibraciones de calor, y en ese sentido está en movimiento y vibración. Además todas las partículas de materia están
en movimiento circular, desde el corpúsculo hasta los soles. Los planetas revolucionan alrededor de soles,
y muchos de ellos giran sobre sus ejes.
Los soles se mueven alrededor de mayores puntos centrales, y se cree que
éstos se mueven alrededor de otros aún mayores, y así sucesivamente, ad
infinitum. Las moléculas de que están
compuestas las clases particulares de materia están en un estado de vibración y
movimiento constantes una alrededor de la otra y una contra la otra. Las moléculas están compuestas de átomos,
que, igualmente, están en un estado de movimiento y vibración constantes. Los átomos están compuestos de corpúsculos, a
veces llamados electrones», «iones», etcétera, que también están en un estado
de rápida moción, revolucionando uno alrededor del otro, y que manifiestan un
estado y modo de vibración muy rápido. Y
vemos, pues, que todas las formas de materia manifiestan vibración, de acuerdo
con el principio hermético de vibración.
Y así ocurre con las diversas formas de energía. La ciencia enseña que luz, calor, magnetismo
y electricidad no son sino formas de moción vibratorio conectadas de algún modo
con, y probablemente emanando del, éter.
La ciencia todavía no intenta explicar la naturaleza de los fenómenos
conocidos como cohesión, que es el principio de atracción molecular; ni la
afinidad química, que es el principio de atracción atómica; ni la gravitación
(el más grande misterio de los tres), que es el principio de atracción por el
que toda partícula o masa de materia está ligada a toda otra partícula o
masa. Estas tres formas de energía no
son todavía entendidas por la ciencia, sin embargo los escritores se inclinan a
la opinión de que éstas también son manifestaciones de alguna forma de energía
vibratorio, un hecho que los hermetistas han sostenido y enseñado durante
edades pasadas.
El éter universal, que es postulado por la
ciencia sin que su naturaleza sea entendida claramente, se sostiene por los
hermetistas que no es sino una manifestación superior de eso que se llama
erróneamente materia, es decir, materia en un grado superior de vibración- y es
llamado por ellos «la sustancia etérea».
Los hermetistas enseñan que esta sustancia etérea es de tenuidad y
elasticidad extremas, y compenetra el espacio universal, sirviendo como un
medio de transmisión de ondas de energía vibratorio, tales como calor, luz,
electricidad, magnetismo, etc. Las
enseñanzas son que la sustancia etérea es un vínculo conector entre las formas
de energía vibratorio conocidas como «materia», por una parte, y «energía o
fuerza», por otra; y también que manifiesta un grado de vibración, en
frecuencia y modo, enteramente propio.
Los científicos han ofrecido la ilustración de
una rueda, peonza o cilindro, moviéndose rápidamente para mostrar los efectos
de frecuencias de vibración crecientes.
La ilustración supone una rueda, peonza o cilindro en revolución,
corriendo a un bajo grado de velocidad -llamaremos a esta cosa revolucionante
«el objeto» al seguir la ilustración-.
Supongamos que este objeto se mueve lentamente. Puede verse fácilmente, pero ningún sonido de
su movimiento alcanza al oído. La
velocidad es gradualmente incrementada.
En unos pocos momentos su movimiento se vuelve tan rápido que puede
oírse un gruñido profundo o nota baja.
Entonces conforme la frecuencia se incrementa la nota se eleva una vez
en la escala musical. Después,, siendo
aumentada todavía más la moción, se distingue la siguiente nota más
elevada. Después, una después de la
otra, aparecen todas las notas de la escala musical, elevándose cada vez más
alto conforme la moción se incremento.
Finalmente, cuando los movimientos han alcanzado una cierta frecuencia,
se alcanza la nota final perceptible a los oídos humanos y el chillido, agudo y
penetrante, se desvanece y sigue el silencio.
No se oye ningún sonido proveniente del objeto en revolución, siendo la
frecuencia de moción tan alta que el oído humano no puede registrar las
vibraciones. Entonces viene la
percepción de grados de calor en aumento.
Después, tras de un buen rato, el ojo capta un vislumbre de que el
objeto se está volviendo de un color rojizo apagado oscuro. Conforme se incremento la frecuencia, el rojo
se vuelve más brillante. Entonces,
conforme la velocidad es aumentada, el rojo se funde en un naranja. El naranja se funde en un amarillo. Entonces siguen, sucesivamente, los tonos de
verde, azul, índigo y, finalmente, violeta, conforme aumenta el grado de
velocidad. Entonces el violeta se
desvanece, y desaparece todo color, no siendo capaz el ojo humano de
registrarlos. Pero hay rayos invisibles
emanando del objeto revolucionante, los rayos que se usan al fotografiar, y
otros rayos sutiles de luz. Entonces
comienzan a manifestarse los peculiares rayos conocidos como los «rayos X»,
etc., conforme cambia la constitución del objeto. Cuando se alcanza el grado de vibración
apropiado, se emiten electricidad y magnetismo.
Cuando el objeto alcanza una cierta frecuencia
de vibración sus moléculas se desintegran, y se resuelven en los elementos o
átomos originales. Entonces los átomos,
siguiendo el principio de vibración, son separados en los incontables
corpúsculos de que están compuestos. Y
finalmente, incluso los corpúsculos desaparecen y puede decirse que el objeto
está compuesto de la sustancia etérea.
La ciencia no se atreve a seguir más lejos la ilustración, pero los
hermetistas enseñan que si las vibraciones se incrementasen continuamente el
objeto remontaría los estados sucesivos de manifestación y manifestaría a su
vez las diversas etapas mentales, y después continuando hacia el espíritu,
hasta que finalmente reentraría al TODO, que es espíritu absoluto. El «objeto», sin embargo, habría cesado de
ser un «Objeto» mucho antes de que se alcanzase la etapa de sustancia etérea,
pero por otra parte la ilustración es correcta en tanto en cuanto que muestra
el efecto de grados y modos de vibración constantemente incrementados. Debe recordarse, en la ilustración de arriba,
que en las etapas en las que el «objeto» arroja vibraciones de luz, calor,
etc., no se «resuelve» realmente en esas formas de energía (que están mucho más
arriba en la escala), sino que simplemente alcanza un grado de vibración en el
que esas formas de energía son liberadas, en un grado, de la confinante
influencia de sus moléculas, átomos y corpúsculos, según sea el caso. Estas formas de energía, aunque mucho más
elevadas en la escala que la materia, están aprisionadas y confinadas en las
combinaciones materiales, en razón de las energías que se manifiestan a través
de, y usan formas materiales, aunque quedando así atrapadas y confinadas en sus
creaciones de formas materiales, lo que, hasta cierto punto, es cierto de todas
las creaciones, quedando la fuerza creadora envuelta en su creación.
Pero las enseñanzas herméticas van mucho más
lejos de lo que lo hacen las de la ciencia moderna. Enseñan que toda manifestación de
pensamiento, emoción, razón, voluntad o deseo, o cualquier estado o condición
mental, está acompañado por vibraciones, una porción de las cuales son
arrojadas y tienden a afectar a las mentes de otras personas por «inducción».
Éste es el principio que produce los fenómenos de la «telepatía»; la influencia
mental, y otras formas de la acción y el poder de mente sobre mente, con las
que el público general se está familiarizando rápidamente, debido a la amplia
diseminación de conocimiento oculto por las diversas escuelas, cultos e
instructores a lo largo de estas líneas en este tiempo.
Todo pensamiento, emoción o estado mental
tiene su grado y modo de vibración correspondiente. Y por un esfuerzo de la voluntad de la
persona, o de otras personas, estos estados mentales pueden ser reproducidos,
igual que un tono musical puede ser reproducido haciendo vibrar un instrumento
a una cierta frecuencia -igual que el color puede ser reproducido del mismo
modo. Por un conocimiento del principio
de vibración, aplicado a los fenómenos mentales, uno puede polarizar su mente
en cualquier grado que desee, consiguiendo así un control perfecto sobre sus
estados mentales, humores, etc. Del
mismo modo puede afectar las mentes de otros, produciendo en ellos los estados
mentales deseados. En breve, puede ser
capaz de producir sobre el plano mental lo que la ciencia produce sobre el
plano físico -a saber, «vibraciones a voluntad»-. Este poder desde luego sólo puede adquiriese
por la instrucción, ejercicios, práctica, etc., apropiados, siendo la ciencia
la de la transmutación mental, una de las ramas del arte hermético.
Una pequeña reflexión de lo que hemos dicho le
mostrará al estudiante que el principio de vibración subyace en los
maravillosos fenómenos de poder manifestados por los maestros y adeptos, que
son capaces de dejar a un lado aparentemente las leyes de la Naturaleza, pero
que, en realidad, están simplemente usando una ley contra otra, un principio
contra otros; y que consiguen sus resultados cambiando las vibraciones de los
objetos materiales, o formas de energía, y ejecutan así lo que comúnmente se
llaman «milagros».
Como ha dicho con verdad uno de los antiguos
escritores herméticos: «Aquel que entiende el principio de vibración, ha
captado el cetro del poder.»
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CAPÍTULO X
POLARIDAD
«Todo es dual; todo tiene polos; todo tiene su
par de opuestos; semejante y desemejante son lo mismo; los opuestos son
idénticos en naturaleza, pero diferentes en grado; los extremos se encuentran;
todas las verdades no son sino medias verdades, todas las paradojas pueden ser
reconciliadas.»
El Kybalion.
El gran cuarto principio hermético -el
principio de polaridad- incorpora la verdad de que todas las cosas manifiestas
tienen «dos lados», «dos aspectos», «dos polos», «un par de opuestos», con
múltiples grados entre los dos extremos.
Las viejas paradojas, que han dejado siempre perplejas la mente de los
hombres, son explicadas por una comprensión de este principio. El hombre ha reconocido siempre algo similar
a este principio, y se ha esforzado por expresarle por dichos, máximas y
aforismos tales como el siguiente: «Todo es y no es, al mismo tiempo»; «todas
las verdades no son sino medias-verdades»; «toda verdad es medio-falsa»; «hay
dos lados para todo»; «hay un reverso para todo escudo», etc.
Las enseñanzas herméticas son que la
diferencia entre cosas aparentemente opuestas de modo diametral una a la otra
es meramente una cuestión de grado.
Enseña que «los pares de opuestos pueden ser reconciliados», y que
«tesis y antítesis son idénticas en naturaleza, pero diferentes en grado»; y
que la «reconciliación universal de opuestos» se efectúa por un reconocimiento
de este principio de polaridad. Los
instructores alegan que pueden tenerse ilustraciones de este principio a
puñados, y a partir de un examen de la naturaleza real de cualquier cosa. Empiezan mostrando que espíritu y materia no
son sino los dos polos de la misma cosa, siendo los planos intermedios
meramente grados de vibración. Muestran
que EL TODO y los muchos son lo mismo, siendo la diferencia meramente una
cuestión de grado de manifestación mental.
Así, la LEY y las leyes son los dos polos opuestos de una cosa. Igualmente, PRINCIPIO y principios. Mente infinita y mentes finitas.
Pasando entonces al plano físico, ilustran el principio mostrando que el calor y el frío son idénticos en naturaleza, siendo las diferencias meramente una cuestión de grados. El termómetro muestra muchos grados de temperatura, siendo llamado el polo más bajo «frío» y el más elevado, «calor». Entre estos dos polos hay muchos grados de «calor» o «frío», llámalos cualquiera de los dos y estarás igualmente en lo correcto. El superior de dos grados es siempre «más cálido», mientras que el inferior es siempre «más frío». No hay ninguna norma absoluta, todo es una cuestión de grado. No hay ningún lugar en el termómetro donde el calor cese y comience el frío. Es todo una cuestión de vibraciones más altas o más bajas. Los mismos términos «alto» y «bajo», que estamos compelidos a usar, no son sino polos de la misma cosa -los términos son relativos-. Igual con «Este y Oeste»; viajad alrededor del mundo en dirección Este, y alcanzaréis un punto que se llama Oeste en vuestro punto de partida, y retornáis desde ese punto hacia el Oeste. Viajad lo bastante lejos al Norte, y os encontraréis viajando hacia el Sur, o viceversa.
Luz y oscuridad son polos de la misma cosa,
con muchos grados entre ellas. La escala
musical es lo mismo; comenzando con «do» os movéis hacia arriba hasta que
alcanzáis otro «do», y así sucesivamente, siendo las diferencias entre los dos
extremos del cuadro las mismas, con muchos grados entre los dos extremos. La escala de color es lo mismo, siendo la
única diferencia entre el violeta alto y el rojo bajo de vibraciones más altas
o más bajas. Grande y pequeño son
relativos. Igual lo son ruido y silencio;
duro y blando siguen la regla.
Igualmente agudo y romo. Positivo
y negativa son dos polos de la misma cosa, con incontables grados entre ellos.
Bueno y malo no son absolutos; llamamos a un
extremo de la escala bueno y al otro malo, o a un extremo bien y al otro mal,
de acuerdo con el uso de los términos.
Una cosa es «menos buena» que la cosa más arriba en la escala; pero esa
cosa «menos buena», a su vez, es «más buena» que la siguiente cosa bajo ella; y
así sucesivamente, siendo regulado el «más o menos» por la posición en la
escala.
Y así es en el plano mental. «Amor y odio» son
considerados generalmente como cosas diametralmente opuestas una a la otra,
enteramente diferentes, irreconciliables.
Pero aplicamos el principio de polaridad; encontramos que no hay tal
cosa como amor absoluto u odio absoluto, como distintos uno del otro. Los dos son meramente términos aplicados a
los dos polos de la misma cosa.
Empezando en cualquier punto de la escala encontramos «más amor», o
«menos odio», conforme ascendemos la escala; y «más odio» o «menos amor»
conforme descendemos -siendo esto verdad no importa de qué punto, alto o bajo,
podamos comenzar-. Hay grados de amor y
odio, y hay un punto medio donde «gusto y disgusto» se vuelven tan débiles que
es difícil distinguir entre ellos.
Coraje y miedo caen bajo la misma regla.
Los pares de opuestos existen en todas partes. Donde encontráis una cosa encontráis su
opuesto -los dos polos.
Y es este hecho el que permite al hermetista
transmutar un estado mental en otro, a lo largo de las líneas de
polarización. Las cosas que pertenecen a
clases diferentes no pueden ser transmutadas una en la otra, pero las cosas de
la misma clase pueden ser cambiadas, esto es, pueden tener cambiada su
polaridad. Así el amor nunca se
convierte en Este u Oeste, o rojo o violeta -pero puede, y a menudo lo hace,
convertirse en odio-, e igualmente el odio puede ser transformado en amor,
cambiando su polaridad. El coraje puede
ser transmutado en miedo, y al revés.
Las cosas duras pueden ser vueltas blandas. Las cosas romas se vuelven agudas. Las cosas calientes se vuelven frías. Y así sucesivamente, siendo siempre la
transmutación entre cosas de la misma clase de grados diferentes. Tomad el caso de un hombre temeroso. Elevando sus vibraciones mentales a lo largo
de la línea de miedo-coraje, puede llenarse con el más elevado grado de coraje
y temeridad. E, igualmente, el hombre
indolente puede cambiarse en un individuo activo, enérgico, simplemente
polarizándose a lo largo de las líneas de la cualidad deseada.
El estudiante que está familiarizado con los
procesos por los que las diversas escuelas de ciencia mental, etc., producen
cambios en los estados mentales de aquellos que siguen sus enseñanzas, puede no
entender fácilmente el principio que subyace a muchos de estos cambios. Cuando, sin embargo, una vez que el principio
de polaridad es captado, y se ve que los cambios mentales son ocasionados por
un cambio de polaridad -un deslizamiento a lo largo de la misma escala-, la
cuestión se entiende más fácilmente. El
cambio no es de la naturaleza de una transmutación de una cosa en otra
enteramente diferente, sino que es meramente un cambio de grado en las mismas
cosas, una diferencia bastamente importante.
Por ejemplo, tomando prestada una analogía del plano físico, es
imposible cambiar calor en agudeza, ruido, altura, etc., pero el calor puede
ser fácilmente transmutado en frío, simplemente bajando las vibraciones. Del mismo modo, odio y amor son mutuamente
transmutables; igual lo son el temor y el coraje. Pero el temor no puede ser transformado en
amor, ni puede el coraje ser transmutado en odio. Los estados mentales pertenecen a
innumerables clases, cada una de cuyas clases tiene sus polos opuestos, a lo
largo de la cual es posible la transmutación.
El estudiante reconocerá fácilmente que en los
estados mentales, así como en los fenómenos del plano físico, los dos polos
pueden ser clasificados como positivo y negativo, respectivamente. Así el amor es positivo ante el odio, el coraje
ante el temor, la actividad ante la no-actividad, etc. Y se notará también que incluso para aquellos
no familiarizados con el principio de vibración, el polo positivo les parece
ser de un grado superior que el negativo, y fácilmente lo domina. La tendencia de la Naturaleza es en la
dirección de la actividad dominante del polo positivo.
En adición al cambio de los polos de los
propios estados mentales de uno por la operación del arte de polarización, los
fenómenos de la influencia mental, en sus múltiples fases, nos muestran que el
principio puede ser extendido de modo que abrace los fenómenos de la influencia
de una mente sobre otra, sobre la que tanto se ha escrito y enseñado en los
últimos años. Cuando se entiende que la
inducción mental es posible, esto es, que pueden producirse estados mentales
por «inducción» a partir de otros, entonces podemos fácilmente ver cómo una
cierta frecuencia de vibración, o polarización de un cierto estado mental,
puede ser comunicada a otra persona, y cambiada así su polaridad en esa clase
de estados mentales. Es a lo largo de
este principio que se obtienen los resultados de muchos de los «tratamientos
mentales». Por ejemplo, una persona está
«triste», melancólica y llena de miedo.
Un científico mental, llevando su mente hasta la vibración deseada por
su voluntad entrenada, y obteniendo así la polarización deseada en su propio
caso, produce entonces un similar estado mental en el otro por inducción,
siendo el resultado que las vibraciones son elevadas y la persona se polariza
hacia el extremo positivo de la escala en vez de hacia el negativo, y su temor
y otras emociones negativas son transmutadas a coraje y estados mentales
positivos similares. Un pequeño estudio
os mostrará que estos cambios mentales están casi a todo lo largo de la línea
de polarización, siendo el cambio uno de grado más que de clase.
Un conocimiento de la existencia de este gran
principio hermético capacitará al estudiante a entender mejor sus propios
estados mentales, y los de otra gente.
Verá que estos estados son todos cuestiones de grado, y viendo esto,
será capaz de elevar o bajar la vibración a voluntad, de cambiar sus polos
mentales, y ser así maestro de sus estados mentales, en vez de ser su siervo y
esclavo. Y por su conocimiento será capaz
de ayudar a sus compañeros inteligentemente, y por los métodos apropiados
cambiará la polaridad cuando lo mismo sea deseable. Aconsejamos a todos los estudiantes
familiarizarse con este principio de polaridad, pues un entendimiento correcto
del mismo arrojará luz sobre muchos asuntos difíciles.
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CAPÍTULO XI
RITMO
«Todo fluye afuera y adentro; todo tiene sus
mareas; todas las cosas se elevan y caen; la oscilación del péndulo se manifiesta
en todo; la medida de la oscilación hacia la derecha es la medida de la
oscilación hacia la izquierda; el ritmo compensa.»
El Kybalion.
El gran quinto principio hermético -el
principio de ritmo- incorpora la verdad de que en todo hay manifestada una
moción medida; un movimiento hacia delante y hacia atrás; un flujo y un
influjo; una oscilación hacia delante y hacia atrás; un movimiento como de
péndulo; una mengua y una crecida como de marea; entre los dos polos
manifiestos sobre los planos físico, mental o espiritual. El principio de ritmo está conectado
estrechamente con el principio de polaridad descrito en el capitulo
precedente. El ritmo se manifiesta entre
los dos polos establecidos por el principio de polaridad. Esto no significa, sin embargo, que el
péndulo del ritmo oscile hasta los polos extremos, pues esto raramente sucede;
de hecho, es difícil establecer los opuestos polares extremos en la mayoría de
los casos. Pero la oscilación es siempre
«hacia» un polo primero y después el otro.
Hay siempre una acción y una reacción; un
avance y una retirada; una elevación y un hundimiento; manifestados en todos
los aires y fenómenos del universo.
Soles, mundos, hombres, animales, plantas, minerales, fuerzas, energía, mente
y materia, sí, incluso espíritu, manifiestan este principio. El principio se manifiesta en la creación y
destrucción de mundos; en la elevación y caída de naciones; en la historia de
la vida de todas las cosas; y finalmente en los estados mentales del hombre.
Comenzando con las manifestaciones del
espíritu -el TODO- se notará que siempre hay la efusión y la absorción; la
«expiración e inspiración de Brahma», como los brahmanes lo ponen. Los universos son creados; alcanzan su punto
bajo extremo de materialidad; y entonces comienzan su oscilación hacia
arriba. Los soles brotan al ser, y
entonces, alcanzada su cima de poder, el proceso de retrogresión comienza, y se
convierten en masas muertas de materia, aguardando otro impulso que despierta
de nuevo sus energías internas a la actividad y un nuevo ciclo de vida solar
comienza. Y así es con todos los mundos;
nacen, crecen y mueren; sólo para renacer.
Y así es con todas las cosas de contorno y forma; oscilan de la acción a
la reacción, del nacimiento a la muerte, de la actividad a la inactividad, y
entonces de vuelta de nuevo. Así es con
todas las cosas vivientes: nacen, crecen y mueren, y renacen entonces. Así es con todos los grandes movimientos,
filosofías, credos, modas, gobiernos, naciones y todo lo demás: nacimiento,
crecimiento, madurez, decadencia, muerte, y entonces nuevo nacimiento. La oscilación del péndulo está siempre en
evidencia.
La noche sigue al día, y el día a la
noche. El péndulo oscila de verano a
invierno, y entonces de vuelta de nuevo.
Los corpúsculos, átomos, moléculas y todas las masas de materia, oscilan
alrededor del círculo de su naturaleza.
No hay tal cosa como el reposo absoluto, o la cesación del movimiento, y
todo movimiento participa del ritmo. El
principio es de aplicación universal.
Puede ser aplicado a cualquier interrogante o fenómeno de cualquiera de
las muchas fases de la vida. Puede ser
aplicado a todas las fases de actividad humana.
Hay siempre la oscilación rítmica de un polo al otro. El péndulo universal está siempre en
moción. Las mareas de vida fluyen
adentro y afuera, de acuerdo a la ley.
El principio de ritmo es bien entendido por la
ciencia moderna, y considerado una ley universal cuando se aplica a cosas
materiales. Pero los hermetistas llevan
el principio mucho más lejos, y saben que sus manifestaciones e influencia se
extienden a las actividades mentales del hombre, y que da cuenta de la
desconcertante sucesión de humores, sentimientos y otros cambios fastidiosos y
aperplejantes que advertimos en nosotros mismos. Pero los hermetistas estudiando las
operaciones de este principio han aprendido a escapar de algunas de sus
actividades por transmutación.
Los maestros herméticos descubrieron hace
mucho que mientras que el principio de ritmo era invariable, y siempre en
evidencia en los fenómenos mentales, había sin embargo dos planos de su
manifestación hasta donde están concernidos los fenómenos mentales. Descubrieron que había dos planos generales
de conciencia, el inferior y el superior, la comprensión de cuyo hecho les
capacitó a elevarse al plano superior y escapar así a la oscilación del péndulo
rítmico que se manifestaba en el plano inferior. En otras palabras, la oscilación del péndulo
ocurría en el plano inconsciente, y la consciencia no era afectada. A esta la llamaron la ley de
neutralización. Sus operaciones
consisten en la elevación del ego por encima de las vibraciones del plano
inconsciente de actividad mental, de modo que la oscilación negativa del
péndulo no se manifiesta en la conciencia, y por consiguiente no son
afectados. Es similar a elevarse por
encima de una cosa y dejarla pasar por debajo tuyo. El maestro hermético, o el estudiante
avanzado, se polariza en el polo deseado, y por un proceso semejante a
«rehusarse» a participar en la oscilación hacia atrás, o, si preferís, una
«negación» de su influencia sobre él, se mantiene firme en su posición
polarizada, y permite que el péndulo mental oscile hacia atrás a lo largo del
plano inconsciente. Todos los individuos
que han alcanzado algún grado de automaestría, realizan esto, más o menos sin
saberlo, y rehusándose a permitir que sus humores y estados mentales negativos
les afecten, aplican la ley de neutralización.
El maestro, sin embargo, lleva esto a un grado mucho mayor de eficiencia,
y por el uso de su voluntad alcanza un grado de equilibrio y firmeza mental
casi imposible de creer por parte de esos que permiten ser oscilados hacia
atrás y hacia adelante por el péndulo mental de los humores y los sentimientos.
La importancia de esto será apreciada por
cualquier persona reflexiva que realice qué criaturas de humores, sentimientos
y emociones son la mayoría de la gente, y cuán poca maestría de sí mismos
manifiestan. Si queréis detenemos y
considerar un momento, realizaréis cuánto os han afectado estas oscilaciones
del ritmo en vuestra vida; cómo un período de entusiasmo ha sido seguido
invariablemente por un sentimiento y humor opuesto de depresión. Igualmente, vuestros humores y períodos de
coraje han sido seguidos por humores iguales de miedo. Y así ha sido siempre con la mayoría de las
personas; siempre se han elevado y caído con ellas mareas de sentimiento, pero
nunca han sospechado la causa o razón de los fenómenos mentales. Un entendimiento del funcionamiento de este
principio le dará a uno la llave de la maestría de estas oscilaciones rítmicas
del sentimiento, y le capacitará para conocerse mejor y evitar ser arrastrado
por estos influjos y eflujos. La
voluntad es superior a la manifestación consciente de este principio, aunque el
principio mismo nunca puede ser destruido.
Podemos escapar a sus efectos, pero el principio opera, no
obstante. El péndulo siempre oscila,
aunque podamos escapar a ser arrastrados con él.
Hay otros rasgos de la operación de este
principio de ritmo de los que deseamos hablar en este punto. Entra en sus operaciones la que es conocida
como ley de compensación. Una de las
definiciones o significados de la palabra «compensar» es «contrarrestar», que
es el sentido en el que los hermetistas usan el término. Es a esta ley de compensación a la que se
refiere El Kybalion cuando dice: «La medida de la oscilación hacia la derecha
es la medida de la oscilación hacia la izquierda; el ritmo compensa.»
La ley de compensación es que la oscilación en
una dirección determina la oscilación en dirección opuesta o al polo opuesto
-uno equilibra o contrarresta al otro-.
Sobre el plano físico vemos muchos ejemplos de esta ley. El péndulo del reloj oscila una cierta
distancia hacia la derecha, y después una distancia igual hacia la
izquierda. Las estaciones se equilibran
una a la otra del mismo modo. Las mareas
siguen la misma ley. Y la misma ley está
manifestada en todos los fenómenos del ritmo.
El péndulo, con una oscilación corta en una
dirección, no tiene sino una oscilación corta en la otra; mientras que la
oscilación larga hacia la derecha significa invariablemente la oscilación larga
hacia la izquierda. Un objeto arrojado
hacia arriba hasta una cierta altura tiene una distancia igual que atravesar en
su retorno. La fuerza con la que es
enviado hacia arriba un proyectil una milla se reproduce cuando el proyectil
retorna a la tierra en su viaje de retorno.
Esta ley es constante sobre el plano físico, como os lo mostrará la
referencia a las autoridades modelo.
Pero los hermetistas la llevan aún más
lejos. Enseñan que los estados mentales
de un hombre están sujetos a la misma ley.
El hombre que goza agudamente, está sujeto a agudo sufrimiento, mientras
que aquel que no siente sino poco dolor no es capaz de sentir sino poco
gozo. El cerdo no sufre sino poco
mentalmente, y no goza sino poco -está compensado-. Y por otra parte, hay otros animales que
gozan agudamente, pero cuyo organismo nervioso y temperamento les hace sufrir
grados exquisitos de dolor. Y así es con
el hombre. Hay temperamentos que no
permiten sino bajos grados de regocijo, y grados de sufrimiento igualmente
bajos; mientras que hay otros que permiten el más intenso regocijo, pero
también el más intenso sufrimiento. La
regla es que la capacidad para el dolor y el placer, en cada individuo, están
equilibradas. La ley de compensación
está en plena operación aquí.
Pero los hermetistas van aún más lejos en esta
cuestión. Enseñan que antes de que uno
sea capaz de gozar de un cierto grado de placer, debe haber -oscilado igual de
lejos, proporcionalmente, hacia el otro polo de sentimiento. Sostienen, sin embargo, que el negativo es
precedente al positivo en esta cuestión, esto es, que al experimentar un cierto
grado de placer no se sigue que tendrá que «pagar por él» con un grado de dolor
correspondiente; al contrario, el placer es la oscilación-rítmica, de acuerdo
con la ley de compensación, por un grado de dolor experimentado previamente,
sea en la vida presente o en una encarnación anterior. Esto arroja una nueva luz sobre el problema
del dolor.
Los hermetistas consideran la cadena de vidas
como continua, y como formando una parte de una vida del individuo, de modo que
en consecuencia la oscilación rítmica se entiende de este modo, mientras que
estaría sin significado a no ser que se admitiese la verdad de la
reencarnación.
Pero los hermetistas alegan que el maestro o
estudiante avanzado es capaz, hasta un gran grado, de escapar a la oscilación
hacia el dolor, por el proceso de neutralización antes mencionado. Elevándose al plano superior del ego, mucha
de la experiencia que les viene a los que residen en el plano inferior es
evitada y se escapa a ella. La ley de compensación juega una parte importante
en las vidas de hombres y mujeres. Se
notará que uno generalmente «paga el precio» de cualquier cosa que posee o
carece. Si tiene una cosa, carece de
otra -el equilibrio es derribado-. Nadie
puede «conservar su penique y tener el pedacito de pastel» al mismo
tiempo. Todo tiene sus lados placenteros
y desagradables. Las cosas que uno gana
son pagadas siempre por las cosas que uno pierde. El rico posee mucho de que el pobre carece,
mientras que el pobre posee a menudo cosas que están más allá del alcance del
rico. El millonario puede tener la inclinación
hacia el festín, y la riqueza por la que asegurar todas las exquisiteces y
lujos de la mesa, mientras que carece del apetito para gozar de los mismos; él
envidia el apetito y digestión del obrero, que carece de la riqueza e
inclinaciones del millonario, y que obtiene más placer de su simple alimento
que el millonario podría obtener incluso si su apetito no estuviera hastiado,
ni su digestión arruinada, pues las necesidades, hábitos e inclinaciones
difieren. Y así es a través de la
vida. La ley de compensación está
siempre en operación, esforzándose por equilibrar y contra equilibrar, y
siempre consiguiéndolo con el tiempo, incluso aunque puedan requerirse varias
vidas para la oscilación de retorno del péndulo del ritmo.
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CAPÍTULO XII
CAUSACIÓN
«Toda causa tiene su efecto; todo efecto tiene
su causa; todo sucede de acuerdo con la ley; la casualidad no es sino un nombre
para la ley no reconocida; hay muchos planos de causación, pero nada se escapa
a la ley.»
El Kybalion.
El gran sexto principio hermético -el
principio de causa y efecto- incorpora la verdad de que la ley compenetra el
universo; que nada sucede por casualidad; que casualidad es meramente un
término que indica una causa existente pero no reconocida o percibido; que los
fenómenos son continuos, sin ruptura o excepción.
El principio de causa y efecto subyace a todo
pensamiento científico, antiguo y moderno, y fue enunciado por los instructores
herméticos en los días más tempranos.
Mientras que han surgido muchas y variadas disputas entre las muchas
escuelas de pensamiento desde entonces, estas disputas han sido principalmente
sobre los detalles de las operaciones del principio, y aún más a menudo sobre
el significado de ciertas palabras. El
principio subyacente de causa y efecto ha sido aceptado como correcto por
prácticamente todos los pensadores del mundo dignos del nombre. Pensar de otro modo sería arrebatar los
fenómenos del universo del dominio de la ley y el orden, y relegarlos al
control del algo imaginario al que los hombres han llamado «casualidad».
Una pequeña consideración le mostrará a
cualquiera que no hay en realidad tal cosa como la casualidad pura. Webster define la palabra «casualidad» como
sigue: «Un agente o modo de actividad supuesto diferente de una fuerza, ley o
propósito; la operación o actividad de tal agente; el supuesto efecto de un
agente tal; un acontecimiento, accidente, etc.» Pero una pequeña consideración
os mostrará que no puede haber un agente tal como la «casualidad», en el sentido
de algo fuera de la ley, algo fuera de la causa y el efecto. ¿Cómo podría haber
algo actuando en el universo fenoménico, independiente de las leyes, el orden y
la continuidad del último? Un algo así
sería enteramente independiente de la inclinación ordenada del universo, y por
tanto, superior a ella. No podemos
imaginar nada fuera del TODO estando fuera de la ley, y eso sólo porque EL TODO
es la LEY en sí. No hay sitio en el
universo para algo exterior e independiente a la ley. La existencia de un algo así haría todas las
leyes naturales inefectivas, y sumiría el universo en el desorden caótico y la
falta de ley.
Un cuidadoso examen mostrará que lo que
llamamos «casualidad» es meramente una expresión que se relaciona a causas
oscuras; causas que no podemos percibir; causas que no podemos entender. La palabra casualidad se deriva de una
palabra que significa «caer» (como la caída de los dados), siendo la idea que
la caída del dado (y muchos otros acontecimientos) son meramente un «acontecimiento»
no relacionado a causa alguna. Y éste es
el sentido en el que el término se emplea generalmente. Pero cuando la cuestión se examina de cerca,
se ve que no hay ninguna casualidad en la caída del dado. Cada vez que cae un dado, y muestra un cierto
número, obedece a una ley tan infalible como la que gobierna la revolución de
los planetas alrededor del sol. Detrás
de la caída del dado hay causas, o cadenas de causas, que corren hacia atrás
más lejos de lo que la mente puede seguirlas.
La posición del dado en la caja, la cantidad de energía muscular gastada
en el lanzamiento, la condición de la mesa, etc., son todas causas cuyo efecto
puede verse. Pero detrás de estas causas
vistas hay cadenas de causas invisibles precedentes, todas las cuales tienen
una incidencia sobre el numero del dado que cae hacia arriba.
Si se lanzase un dado un gran número de veces,
se encontraría que los números mostrados serían aproximadamente iguales, esto
es, que habría un número igual de un punto, dos puntos, etc., viniendo a la
parte de arriba. Arrojad un penique al
aire, y puede venir abajo en «cabezas» o «colas» (N. del T: equivalente inglés
del «cara» y «cruz» español); pero haced un número suficiente de lanzamientos,
y las cabezas y las colas se nivelarán aproximadamente. Ésta es la operación de
la ley de promedio. Pero tanto el
promedio como el lanzamiento sencillo vienen bajo la ley de causa y efecto, y
si fuéramos capaces de examinar las causas precedentes, se vería claramente que
era simplemente imposible que el dado cayera de otro modo a como lo hizo, bajo
las mismas circunstancias y en el mismo momento. Dadas las mismas causas, seguirán los mismos
resultados. Hay siempre una «causa» y un
«porqué» para todo evento. Nada «sucede» nunca sin una causa, o más bien una
cadena de causas.
Alguna confusión ha surgido en las mentes de
personas que consideraban este principio a partir del hecho de que eran
incapaces de explicar cómo una cosa podría causar otra cosa, esto es, ser la
«creadora» de la segunda cosa-. Como una
cuestión de hecho, ninguna «cosa» causa o «crea» nunca otra «cosa». Causa y efecto tratan meramente con los
«eventos». Un «evento» es «lo que viene,
llega o sucede, como resultado o consecuencia de algún evento precedente». Ningún evento «crea» otro evento, sino que es
meramente un vínculo precedente en la gran cadena ordenada de eventos que
fluyen de la energía creativa del TODO.
Hay una continuidad entre todos los eventos precedentes, consecuentes y
subsiguientes. Hay una relación
existente entre todo lo que ha pasado antes y todo lo que sigue. Una piedra se desprende de la ladera de una
montaña y aplasta el techo de una cabaña en el valle de abajo. A primera vista consideramos esto como un
efecto del azar, pero cuando examinamos la cuestión encontramos una gran cadena
de causas detrás de ello. En primer
lugar estaba la lluvia que ablandó la tierra que soportaba la piedra y que le
permitió caer; entonces detrás de eso estaba la influencia del sol, otras lluvias,
etc., que desintegraron gradualmente el pedazo de roca de un pedazo más grande;
estaban además las causas que condujeron a la formación de la montaña, y su
trastorno por convulsiones de la naturaleza, y así sucesivamente ad
infinitum. Así, podríamos seguir las,
causas detrás de la lluvia, etc.
Entonces podríamos considerar la existencia del techo. En breve, nos encontraríamos envueltos en una
malla de causa y efecto, de la que pronto nos esforzaríamos por desenredamos. Igual que un hombre tiene dos padres, y
cuatro abuelos, y ocho bisabuelos, y dieciséis tatarabuelos, y así
sucesivamente hasta que se calculan digamos cuarenta generaciones, el número de
ancestros corren a muchos millones, igual con el número de causas detrás
incluso del más trivial evento o fenómeno, tal como el paso de una pequeñísima
mota de hollín delante de vuestros ojos.
No es una cuestión sencilla el seguir la huella del pedacito de hollín
hasta el período primitivo de la historia del mundo cuando formaba parte de un
voluminoso tronco de árbol, que fue convertido posteriormente en carbón, y así
sucesivamente, hasta la mota de hollín que pasa ahora ante vuestra visión en su
camino a otras aventuras. Y una poderosa
cadena de eventos, causas y efectos la trajeron a su condición presente, y el
último no es sino uno de la cadena de eventos que conducirán a producir otros
eventos dentro de cientos de años. Una
de las series de eventos que surgen del diminuto pedacito de hollín fue la
escritura de estas líneas, que hizo que el mecanógrafo ejecutase cierto
trabajo, que el lector de pruebas hiciese lo mismo, y que hará surgir ciertos
pensamientos en vuestra mente, y la de otros, que a su vez afectarán a otros, y
así sucesivamente, y sucesivamente, y sucesivamente, más allá de la capacidad
del hombre para pensar más lejos; y todo a partir del paso de un diminuto
pedacito de hollín, todo lo cual muestra la relatividad y asociación de las
cosas, y el hecho además de que «no hay grande, no hay pequeño en la mente que
todo lo causa».
Deteneos a pensar un momento. Si un cierto hombre no hubiera encontrado a
una cierta doncella, en el oscuro período de la Edad de Piedra, vosotros los
que estáis leyendo ahora estas líneas no estaríais ahora aquí. Y si, quizá, la misma pareja hubiera dejado de
encontrarse, nosotros los que ahora escribimos estas líneas no estaríamos ahora
aquí. Y el acto mismo de escribir, por
nuestra parte, y el acto de leer, por la vuestra, afectará no sólo las vidas
respectivas de vosotros y nosotros, sino que tendrán también un efecto directo,
o indirecto, sobre muchas otras personas que viven ahora y que vivirán en los
tiempos venideros. Todo pensamiento que
pensamos, todo acto que ejecutamos tiene sus resultados directos o indirectos
que se ajustan en la gran cadena de causa y efecto.
En esta obra, no deseamos entrar en una
consideración del libre albedrío, o el determinismo, por diversas razones. Entre éstas la principal es que ningún lado
de la controversia es enteramente correcto; de hecho, ambos lados son
parcialmente correctos, de acuerdo con las enseñanzas herméticas. El principio de polaridad muestra que ambas
son medias-verdades -los polos opuestos de la verdad-. Las enseñanzas son que un hombre puede ser
libre y sin embargo estar ligado por la necesidad, dependiendo del significado
de los términos y la altura de verdad desde la que se examina la cuestión. Los antiguos escritores expresan así la
cuestión: «Cuanto más lejos está la creación del centro, más atada está; cuanto
más cerca del centro se llega, más cerca de ser libre está.»
La mayoría de la gente es más o menos esclava
de la herencia, el entorno, etc., y manifiesta muy poca libertad. Ellos son arrastrados por las opiniones,
costumbres y pensamientos del mundo externo, y también por sus emociones, sentimientos,
humores, etc. No manifiestan ninguna
maestría digna del nombre. Ellos
repudian indignados este aserto, diciendo: «Bueno, ciertamente soy libre de
actuar y hacer como me place; hago justo lo que quiero hacer», pero dejan de
explicar de dónde surge el «quiero» y el «me place». ¿Qué les hace «querer»
hacer una cosa en preferencia a otra; qué hace que les «plazca» hacer esto y no
hacer aquello? ¿No hay un «porqué» a su «placer» y «querer»? El maestro puede cambiar estos «placeres» y
«querencias» en otros en el extremo opuesto del polo mental. Él es capaz de
«querer», en vez de querer porque algún sentimiento, humor, emoción o sugestión
ambiental hace surgir una tendencia o deseo dentro de él a hacerlo así.
La mayoría de
las personas son arrastradas como la piedra que cae, obedientes al entorno, las
influencias externas y los humores internos, deseos, etc., por no hablar de los
deseos y voluntades de otros más fuertes que ellos mismos, herencia, ambiente y
sugestión, que les arrastran sin resistencia de su parte, o el ejercicio de la
voluntad. Movidos como peones sobre el
tablero de ajedrez de la vida, juegan sus papeles y son dejados a un lado
después de que el juego ha concluido.
Pero los maestros, conociendo las reglas del juego, se elevan por encima
del plano de la vida material, y situándose en contacto con los poderes
superiores de su naturaleza, dominan sus propios humores, caracteres,
cualidades y polaridad, así como el ambiente que les rodea, y así se convierten
en jugadores en el juego, en vez de peones -causas en vez de efectos-. Los maestros no escapan a la causación de los
planos superiores, sino que se ajustan a las leyes superiores, y dominan así
las circunstancias en el plano inferior.
Forman así una parte consciente de la ley, en vez de ser meros
instrumentos ciegos. Mientras que sirven
en los planos superiores, rigen en el plano material.
Pero, en el superior y en el inferior, la ley
está siempre en operación. No hay cosas
tales como la casualidad. La diosa ciega
ha sido abolida por la razón. Somos
capaces de ver ahora, con ojos aclarados por el conocimiento, que todo está
gobernado por la ley universal -que el número infinito de leyes no son sino
manifestaciones de la única gran ley-, la LEY que es EL TODO. Es cierto en verdad que ni un gorrión cae sin
advertirlo la mente del TODO -que incluso los pelos en nuestra cabeza están
numerados- como lo han dicho las Escrituras.
No hay nada fuera de la ley; nada que suceda contrario a ella. Y sin embargo, no cometáis el error de
suponer que el hombre no es sino un autómata ciego -lejos de ello-. Las enseñanzas herméticas dicen que el hombre
puede usar la ley para superar las leyes, y que lo superior siempre prevalecerá
contra lo inferior, hasta que al final haya alcanzado la etapa en la que busque
refugio en la LEY misma, y se mofe de las leyes fenoménicas. ¿Sois capaces de
captar el significado interno de esto?
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CAPÍTULO XIII
GÉNERO
«El género está en todo; todo tiene sus
principios masculino y femenino; el género se manifiesta en todos los planos.»
El Kybalion.
El gran séptimo principio hermético -el
principio de género- incorpora la verdad de que hay género manifestado en todo;
que los principios masculino y femenino están siempre presentes y activos en
todas las fases de los fenómenos, en cada y todo plano de vida. En este punto creemos conveniente llamar
vuestra atención al hecho de que el género, en su sentido hermético, y el sexo
en el uso ordinariamente aceptado del término, no son lo mismo.
La
palabra «género» se deriva de la raíz latina que significa «engendrar,
procrear, generar, crear, producir». Una
consideración momentánea os mostrará que la palabra tiene un significado mucho
más amplio y general que el término «sexo», refiriéndose el último a las
distinciones físicas entre las cosas vivientes macho y hembra. El sexo es meramente una manifestación del
género en un cierto plano del gran plano físico -el plano de la vida
orgánica-. Deseamos imprimir esta
distinción sobre vuestras mentes, por la razón de que ciertos escritores, que
han adquirido un conocimiento superficial de la filosofía hermética, han
buscado identificar este séptimo principio hermético con teorías y enseñanzas
salvajes y fantasiosas, y a menudo reprensibles, concernientes al sexo.
El oficio del género es solamente el de crear,
producir, generar, etc., y sus manifestaciones son visibles en todo plano de
fenómenos. Es algo difícil producir
pruebas de esto a lo largo de líneas científicas, por la razón de que la
ciencia no ha reconocido todavía este principio como de aplicación universal. Pero a pesar de eso están surgiendo algunas
pruebas a partir de fuentes científicas.
En primer lugar, encontramos una clara manifestación del principio de
género entre los corpúsculos, iones o electrones, que constituyen la base de la
materia tal como la ciencia conoce ahora la última, y que formando ciertas
combinaciones forman el átomo, que fue considerado hasta muy recientemente como
final e indivisible.
La última palabra de la ciencia es que el
átomo está compuesto de una multitud de corpúsculos, electrones o iones (siendo
aplicados los diversos nombres por autoridades diferentes), revolucionando uno
alrededor del otro y vibrando en un grado de intensidad elevados. Pero se hace la afirmación acompañante de que
-la formación del átomo es debida realmente al amontonamiento de corpúsculos
negativos alrededor de uno positivo, pareciendo ejercer los corpúsculos
positivos una cierta influencia sobre los corpúsculos negativos, haciendo que
los últimos asuman ciertas combinaciones y así «crean» o «generan» un
átomo. Esto está en línea con las más
antiguas enseñanzas herméticas, que han identificado siempre el principio
masculino del género con el polo «positivo», y el femenino con el polo
«negativo» de la electricidad (así llamada).
Ahora una palabra en este punto concerniente a
esta identificación. La mente del
público se ha formado una impresión enteramente errónea concerniente a las
cualidades del llamado polo «negativo» de la materia electrificada o magnetizada. Los términos positivo y negativo son
aplicados muy erróneamente a este fenómeno por la ciencia. La palabra positivo significa algo real y
fuerte, cuando se compara con una irrealidad o debilidad negativa. Nada está más lejos de los hechos reales de
los fenómenos eléctricos. El llamado polo
negativo de la batería es realmente el polo en y por el que se manifiesta la
generación o producción de nuevas formas y energías. No hay nada «negativo» respecto a él. Las mejores autoridades científicas usan
ahora la palabra «cátodo» en lugar de «negativo», viniendo la palabra cátodo de
la raíz griega que significa «descendencia, el sendero de generación, etc.».
Del polo cátodo emerge el enjambre de electrones o corpúsculos; del mismo polo
emergen estos maravillosos «rayos» que han revolucionado las concepciones
científicas durante la década pasada. El
polo cátodo es la madre de todos los extraños fenómenos que han vuelto inútiles
los viejos libros de texto, y que han causado que muchas teorías aceptadas
desde hace largo tiempo sean relegadas a la pila de sobras de la especulación
científica. El cátodo, o polo negativo,
es el principio madre de los fenómenos eléctricos y de las formas más finas de
materia conocidas todavía por la ciencia.
Así que veis que estamos justificados en rehusarnos a usar e termino
«negativo» en nuestra consideración del asunto, y en insistir sobre sustituir
la palabra «femenino» por el viejo término.
Los hechos del caso nos confirman en esto, sin tomar en consideración
las enseñanzas herméticas. Y así
usaremos la palabra «femenino» en lugar de «negativo» al hablar de ese polo de
actividad.
Las últimas enseñanzas científicas son que los
corpúsculos creativos o electrones son femeninos (la ciencia dice que «están
compuestos de electricidad negativa», nosotros decimos que están compuestos de
energía femenina). Un corpúsculo
femenino se desprende de, o más bien abandona, un corpúsculo masculino, y
comienza una nueva carrera. Busca
activamente una unión con un corpúsculo masculino, siguiendo un impulso natural
a crear nuevas formas de materia o energía.
Un escritor va tan lejos como para usar el término «busca al punto, por
su propia volición, una unión», etc.
Este desprendimiento y unión forman la base de la mayor parte de las
actividades del mundo químico. Cuando el
corpúsculo femenino se une con un corpúsculo masculino, ha comenzado un cierto
proceso. Las partículas femeninas vibran
rápidamente bajo la influencia de la energía masculina, y circulan rápidamente
alrededor de la última. El resultado es el nacimiento de un nuevo átomo. Este nuevo átomo está compuesto realmente de
una unión de los electrones o corpúsculos masculino y femenino, pero cuando se
forma la unión el átomo es una cosa separada, teniendo ciertas propiedades,
pero no manifestando ya más la propiedad de electricidad libre. El proceso de desprendimiento o separación de
los electrones femeninos es llamado «ionización». Estos electrones, o corpúsculos, son los
trabajadores más activos en el campo de la Naturaleza. Surgiendo de sus uniones, o combinaciones, se
manifiestan los variados fenómenos de la luz, el calor, la electricidad, el
magnetismo, la atracción, la repulsión, la afinidad química y lo opuesto, y
fenómenos similares. Y todo esto surge a
partir de la operación del principio de género en el plano de la energía.
La parte del principio masculino parece ser la
de dirigir una cierta energía inherente hacia el principio femenino, iniciando
así a la actividad los procesos creativos.
Pero el principio femenino es el que está haciendo siempre el trabajo creativo
-y esto es así en todos los planos-. Y,
sin embargo, cada principio es incapaz de energía operativa sin la asistencia
del otro. En algunas de las formas de
vida, los dos principios están combinados en un organismo. Por eso, todo en el mundo orgánico manifiesta
ambos géneros -siempre está presente el masculino en la forma femenina, y el
femenino en la forma masculina-. Las
enseñanzas eméticas incluyen mucho concerniente a la operación de los dos
principios del género en la producción y manifestación de diversas formas de
energía, etc., pero no estimamos conveniente entrar en detalles concernientes a
las mismas en este punto, porque somos incapaces de respaldarlas con pruebas
científicas, por la razón de que la ciencia no ha llegado aún tan lejos. Pero el ejemplo que os hemos dado de los
fenómenos de los electrones o corpúsculos os mostrará que la ciencia está en el
sendero correcto, y os dará también una idea general de los principios
subyacentes.
Algunos investigadores científicos prominentes
han anunciado su creencia de que en la formación de los cristales habría de
encontrarse algo que corresponde con la «actividad sexual», lo que es otra paja
que muestra la dirección en que están soplando los vientos científicos. Y cada año traerá otros hechos para
corroborar la corrección del principio hermético de género. Se encontrará que el género está en operación
y manifestación constante en el área de la materia inorgánica y en el área de
la energía o fuerza. La electricidad es
ahora considerada generalmente como el «algo» en el que todas las otras formas
de energía parecen fundirse o disolverse.
La «teoría eléctrica del universo» es la última doctrina científica, y
está creciendo rápidamente en popularidad y en aceptación general. Y se sigue así que si somos capaces de
descubrir en los fenómenos de la electricidad -incluso en la raíz y fuente
misma de sus manifestaciones- una evidencia clara e inconfundible de la
presencia del género y sus actividades, estamos justificados en pediros que
creáis que la ciencia ha ofrecido por fin pruebas de la existencia en todos los
fenómenos universales de ese gran principio hermético: el principio de género.
No es necesario que os toméis vuestro tiempo
con los fenómenos bien conocidos de la «atracción y repulsión» de los átomos la
afinidad química; los «amores y odios» de las partículas atómicas-, la
atracción o cohesión entre las moléculas de materia. Estos hechos son demasiado
bien conocidos para necesitar un comentario ampliado por parte nuestra. Pero ¿habéis considerado alguna vez que todas
estas cosas son manifestaciones del principio de género? ¿No podéis ver que los
fenómenos coinciden plenamente con el de los corpúsculos o electrones? Y más aún, ¿no podéis ver la razonabilidad de
las enseñanzas herméticas que afirman que la ley misma de gravitación -esa
extraña atracción en razón de la cual todas las partículas y cuerpos de materia
en el universo tienden uno hacia el otro- no es sino otra manifestación del
principio de género, que opera en la dirección de atraer las energías
masculinas hacia las femeninas, y viceversa?
No podemos ofrecemos una prueba científica de esto en este momento, pero
examinad los fenómenos a la luz de las enseñanzas herméticas sobre el asunto, y
ved si no tenéis una mejor hipótesis que funcione que cualquiera ofrecida por
la ciencia física. Someted todos los
fenómenos físicos a la prueba, y discerniréis el principio de género siempre en
evidencia.
Pasemos ahora a una consideración de la
operación del principio en el plano mental.
Muchos rasgos interesantes están aguardando ahí su examen.
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CAPÍTULO XIV
GÉNERO MENTAL
A los estudiantes de psicología que han
seguido la tendencia moderna de pensamiento a lo largo de las líneas de los
fenómenos mentales les ha llamado la atención la persistencia de la idea de la
mente dual que se ha manifestado tan fuertemente durante los pasados diez o
quince años, y que ha dado origen a un número de plausibles teorías
concernientes a la naturaleza y constitución de estas «dos mentes». El fallecido Thomson J. Hudson alcanzó gran
popularidad en 1893 avanzando su bien conocida teoría de las «mentes objetiva y
subjetiva» que sostenía que existían en todo individuo. Otros escritores han atraído casi igual
atención por las teorías concernientes a las «mentes consciente y
subconsciente», las «mentes voluntaria e involuntaria», «las mentes activa y
pasiva», etc. Las teorías de los
diversos escritores difieren una de la otra, pero permanece el principio
subyacente de «la dualidad de la mente».
El estudiante de la filosofía hermética está
tentado a sonreír cuando lee y oye de estas muchas «nuevas teorías»
concernientes a la dualidad de la mente, adhiriéndose tenazmente cada escuela a
sus propias teorías caprichosas, y exclamando cada una haber «descubierto la
verdad». El estudiante vuelve las
páginas de la historia oculta, y muy atrás en los oscuros comienzos de las
enseñanzas ocultas encuentra referencias a la antigua doctrina hermética del
principio de género en el plano mental -la manifestación del género
mental-. Y examinando más lejos
encuentra que la filosofía antigua tuvo conocimiento del fenómeno de la «mente
dual», y dio cuenta de él por la teoría del género mental. Esta idea del género mental puede ser
explicada en unas pocas palabras a los estudiantes que están familiarizados con
las teorías modernas recién aludidas. El
principio masculino de la mente corresponde a la así llamada mente objetiva,
mente consciente, mente voluntaria, mente activa, etc. Y el principio femenino de la mente
corresponde a la así llamada mente subjetiva, mente subconsciente, mente
involuntaria, mente pasiva, etc. Desde
las enseñanzas herméticas no están de acuerdo con las muchas teorías modernas
concernientes a la naturaleza de las dos fases de la mente, ni admiten muchos
de los hechos alegados para los dos respectivos aspectos, siendo llevadas muy
lejos algunas de dichas teorías y alegatos e incapaces de soportar la prueba
del experimento y la demostración. Apuntamos a las fases de acuerdo meramente con
el propósito de ayudar al estudiante a asimilar su conocimiento previamente
adquirido con las enseñanzas de la filosofía hermética. Los estudiantes de Hudson notarán la
afirmación al comienzo de su segundo capítulo de «La ley de los fenómenos
psíquicos», de que: «La jerga mística de los filósofos herméticos descubre la
misma idea general» -i. e., la dualidad de la mente-. Si el Dr. Hudson se hubiese tomado el tiempo
y problema de descifrar un poco de «la jerga mística de la filosofía
hermética», habría podido recibir mucha luz sobre el tema de «la mente dual»;
pero entonces, quizá su obra sumamente interesante podría no haber sido
escrita. Consideremos ahora las enseñanzas
herméticas concernientes al género mental.
Los instructores herméticos imparten su
instrucción concerniente a este sujeto invitando a sus estudiantes a examinar
el dictamen de sus conciencias en lo que atañe a su ser. Se les invita a los estudiantes a volver su
atención hacia adentro sobre el ser que habita dentro de cada uno. Se conduce a cada estudiante a ver que su
conciencia le da primero un dictamen de la existencia de su ser -el dictamen es
«yo soy»-. Éstas al principio parecen ser las palabras finales de la
conciencia, pero un pequeño examen posterior descubre el hecho de que este «yo
soy» puede ser separado o fragmentado en dos partes distintas, o aspectos, que
mientras que trabajan al unísono y en conjunción, pueden, no obstante, ser
separados en la conciencia.
Mientras que al principio parece haber sólo un
«yo» existente, un examen más cuidadoso y más de cerca revela el hecho de que
existe un «yo» y un «mí». Estos gemelos
mentales difieren en sus características y naturaleza, y un examen de su
naturaleza y los fenómenos que surgen de la misma arrojará mucha luz sobre
muchos de los problemas de la influencia mental.
Comencemos con una consideración del «mi», que
es usualmente confundido con el «yo» por el estudiante, hasta que empuja la
pesquisa un poco más lejos atrás en los escondrijos de la conciencia. Un hombre piensa de su ser (en su aspecto de
«mí») como estando compuesto de ciertos sentimientos, apetencias, gustos,
disgustos, hábitos, ataduras peculiares, características, etc., todo lo cual
contribuye a componer su personalidad o el «ser» conocido a él mismo y a otros.
Él sabe que estas emociones y sentimientos cambian, nacen y se desvanecen,
están sujetos al principio de ritmo y al principio de polaridad, que le llevan
de un extremo de sentimiento al otro.
También piensa en el «mí» como siendo cierto conocimiento reunido en su
mente, y formando así una parte de sí mismo.
Este es el «mí» de un hombre.
Pero hemos procedido demasiado
rápidamente. El «mí» de muchos hombres
puede decirse que consiste mayormente de su conciencia del cuerpo y sus
apetitos físicos, etc. Estando su
conciencia mayormente ligada a su naturaleza corporal, ellos prácticamente
«viven ahí». Algunos hombres van incluso
tan lejos como para considerar su vestido personal como una parte de su «mí», y
realmente parecen considerarlo una parte de sí mismos. Un escritor ha dicho humorísticamente que
«los hombres constan de tres partes: alma, cuerpo y trajes». Esta gente «consciente de sus trajes»
perdería su personalidad si se la desvistiese de su ropaje por los salvajes con
ocasión de un naufragio. Pero incluso
muchos que no están tan fuertemente atados con la idea de la vestimenta
personal se adhieren estrechamente a la conciencia de que sus cuerpos sean su
«mí». No pueden concebir un ser
independiente del cuerpo. Su mente
parece serles prácticamente «algo que pertenece a» su cuerpo -lo que en muchos
casos es en verdad.