R:. L:. N° 38 Independencia
Valle de Valparaíso
Chile

El Simbolismo del Número Tres
Q:. H: A:. Luis Martínez
Contreras
3 de octubre del 2005
A:.L:.G:.D:.G:.A:.D:.U:.
El
simbolismo del número tres.
“Lo corpóreo no tiene, fuera
del número tres, ninguna otra magnitud; todo se determina por medio de la
trinidad, pues el principio, el medio y el fin son el número del todo, que es
el número tres.”
Aristóteles: “De Coelo I, 1”
H:. V:. M:.
HH:. 1° V:. y 2° V:.
QQ:. HH:.
Primera
Puerta: La Aproximación:
Numerología reflexiva o
importancia del número como símbolo.
Hace más de 15 mil años, nuestros ancestros afinaban su sensibilidad de acuerdo con la cantidad de cosas que lo rodeaban. Esto quería decir, que en el deseo de aprehender la realidad, lo cuantitativo empezó a tener un significado especial. Por ello los dibujos en el suelo, las paredes y en las rocas de las cuevas donde vivían daban cuenta de ese inventario vuelto a recrear con trazos mágicos – simbólicos. Una línea que adquiría diversas formas, ya hacia la representación deductiva del valor quántico y representativo de un valor inteligible entre la percepción y la representación mental de esos trazos.
Más adelante, se incorporó el concepto de cifra, que le fue indispensable al hombre para su progreso tecnológico.
El comercio exigía algunas nociones en el contar. A medida que el hombre iba evolucionando, con el tiempo la diferenciación de los números a nivel fonético, se hizo necesaria, y es posible que se hayan usado los mismos elementos fonéticos entre los elementos naturales, y los que estas cifras y números guardaban algunas semejanzas. La capacidad de comunicación del hombre era precaria en cierta manera, pero con el tiempo se dio la utilización de símbolos para cuantificar cantidades. Esto fue generando combinaciones y significados particulares, y dentro de este simbolismo, el valor era más allá de lo que implicaba su cantidad, por ello, las figuras numéricas se convirtieron en figuras mandálicas, es decir, portadoras y transmisoras de energía por si mismas, en función de sus formas.
Una manifestación (la más pura) del esfuerzo e inventiva humana para llegar a comprender la esencia cosmológica, el todo. Es así, que el número como representación del mandala, es una triple realidad en la unión del gesto – símbolo – objeto, en el que la dispersión de los objetos de la naturaleza queda concretizada en un nuevo orden recreado y congelado en el tiempo.
Geométricamente, el mandala surge del círculo, del cuadrado o del triángulo equilátero, figuras planas elementales, representaciones de una dimensión de igualdad entre sus lados y una relación directa proporcional de la superficie con respecto a dichos lados.
Estas formas elementales han sido utilizadas por el hombre en diferentes tiempos y culturas simbolizando el orden del universo.
El simbolismo de los números actualmente guardan en sí todo aquello que es mágico y místico del pasado, se ha incorporado en la conciencia colectiva del hombre, muchas veces de manera inconsciente.
Hace tres mil años antes de Cristo, los sumerios crearon un sistema numérico que luego daría el sistema numérico del tiempo, es decir la hora en 60 minutos y 60 segundos.
Luego en la cultura griega, surgió la numerología moderna, cuya paternidad se le atribuye al filósofo y matemático Pitágoras (632 A.C.)
Los judíos también le dan importancia al estudio de los números. La Kabala, o las interpretaciones cabalísticas de sus escrituras, también aportan con una rica tradición para entender el surgimiento de la numerología moderna.
La ciencia de los números ha llegado a nosotros más directamente a través de Pitágoras, que recibió los conocimientos en los templos egipcios, que eran los que guardaban todo el saber. Para él, los números eran una forma de filosofía de vida, que se basaba en las leyes de los opuestos, así podía crear y comprobar las leyes de periodicidad y progresión que se usan aún en la actualidad. En Trotona, al sur de la península itálica decide establecerse y fundar una secta místico religiosa basada principalmente en los números, como lo hace constar su lema “los números rigen el universo”.
Dividió su doctrina en dos facciones, por un lado se encuentran los mathematikoi a quienes Pitágoras transmite los conocimientos científicos aprendidos en Egipto y los akousmatikoi, quienes participan de todas las actividades de la comunidad aunque sin comprender con profundidad los principios de ésta.
En resumen, la metafísica pitagórica reposa sobre un monoteísmo, sobre la idea de que Dios se encuentra en el origen de todo y sobre la especulación filosófica y científica resultante de la teoría del número.
Parte de sus enseñanzas quedaron plasmadas en los Versos de Oro. Pitágoras impuso una férrea disciplina física y mental, enseñaba a pensar, impuso la regla del ejercicio y la concentración. La iniciación en la comunidad comprendía varias fases, el iniciado era sometido a pruebas físicas y de oratoria, aislado en una celda donde aprendía las prácticas del silencio, el ayuno como virtud para alcanzar la verdad.
En la escuela los alumnos estaban divididos en tres grados: los Akoustikoi u oyentes, que duraba de tres a cinco años, no tomaban parte en las discusiones y recibían enseñanzas de un maestro. El segundo grado los Matematikoi, quienes coordinaban el estudio de la matemática, geometría y la música y su relación armónica entre ellas. El tercer grado correspondía a los Phisikoi dedicados a estudiar la vida interna. Esta tradición pitagórica pasó a las escuelas neoplatónicas, de donde mucho de sus enseñanzas pasaron al cristianismo como modelo de sus instituciones monásticas, con las cuales la francmasonería de la Edad Media se relacionó íntimamente en su carácter activo y especulativo. No hay que extrañarse entonces que los antiguos hermanos masones llamaran a Pitágoras “su antiguo amigo y hermano”.
Sus seguidores estaban convencidos que los números jugaban un papel preponderante en la conformación del universo, que sus leyes dominaban todas las cosas, que eran la esencia misma de ellas, pues los números eran entidades geométricas, físicas y aritméticas, dotadas de cualidades como el amor y el odio, lo masculino y lo femenino. Disponían los puntos a modo de vértices de diversas figuras geométricas, refiriéndose a ellos con el nombre de números triangulares, cuadrados, etc. Así, los números poseían no sólo un tamaño cuantitativo, sino, además, una figura geométrica, siendo en este sentido en el que consideraban que los números eran las formas e imágenes de los objetos naturales.
La cosmología pitagórica tiene como base la perfección y nobleza de los cuerpos celestes, los pitagóricos creían que el universo se encontraba dividido en tres partes. La primera de ellas y, por consiguiente, la más imperfecta, era el Uranos o la Tierra y su esfera lunar, siguiéndole el cosmos limitado solamente por la esfera que contenían a las estrellas fijas, y por último, el Olimpo, la morada de los dioses. El cosmos englobaba los conceptos de belleza y orden que tenía su correspondencia en el mundo, el hombre, a su vez, era una especie de microcosmos que reproducía los principios del macrocosmos, el universo.
Los números se constituyen como la clave de las leyes armónicas del cosmos, por lo tanto, son los símbolos de un orden cósmico divino. Como “arquetipos divinos” están ocultos en el mundo y se hacen evidentes al traslucirse el universo a través de ellos.
Los números no fueron arrojados a ciegas en el mundo, son parte del misterio que se devela en las cosas del universo, que se ensamblan formando órdenes equilibrados, secuencias armoniosas, consonancia en la escala musical, son vínculos dominantes, eternos, increados de la eterna permanencia de las cosas desde la matriz de khaos, en el initio tempore de las sustancias intracósmicas.
La periodicidad que descansa en unidades numerables de los ciclos cósmicos, debe haber sugerido la idea de que los números no son meros auxiliares del orden introducido por los hombres, sino, cualidades primarias del universo, huellas absolutas, desprendidas de poderes divinos y, por consiguiente símbolo sagrado.
El poeta alemán Novalis sostenía que “es muy probable que en la naturaleza exista una maravillosa mística de los números; también en la historia. ¿Acaso todo lo importante no es simetría, relación y orden?
Según Jug: “si se toma un grupo de objetos despojados de sus propiedades, quedará siempre al final, su número, lo cual parece indicar que el número es algo irreductible”. Para Jug, los números son arquetipos que se han hecho concientes, pero aún en casos en que no lo son, pueden surgir espontáneamente del inconciente, como pudo atestiguar reiteradas veces en los sueños de sus pacientes, y en los mitos y sueños de tribus primitivas de cualquier parte de la tierra. Así serían entidades autónomas no explicables a través de conceptos, probablemente con cualidades aún no descubiertas. Como arquetipos, son preexistentes a la conciencia, teniendo la capacidad de producir modificaciones en ella. Agrega: “entonces no sólo algunos números naturales y combinaciones de números se relacionan con ciertos arquetipos e influyen sobre ellos, sino que en lo inverso también es verdad. El primer caso equivale a la magia numérica, pero en el segundo, es equivalente a explorar si los números, en conjunción con la combinación de arquetipos encontrada en astrología, demostrarían una tendencia a comportarse de alguna manera especial”
Pensemos en la creación, en la persistencia de la vida, ellas dependen de la interacción entre las fuerzas que tienden a ser y las que tienden a no ser, entre el impulso de ir hacia, y la paciencia de esperar de recibir y acoger. Como producto de esta dinámica surge el tres, fruto liberador de la tensión entre los extremos, elemento estabilizador, principio equilibrante, elemento nuevo a partir de la materia fecunda. El tres se yergue como germen de vida nueva, como la materia en estado creado, como el resultado del uno más el dos. Considerado como la materia fecundada por el espíritu, o el triángulo pitagórico original, o la triada padre – madre – hijo. El tres fuente y origen de todas las cosas existentes a través de sus componentes: sustancia, forma y movimiento.
Muchos conceptos han sido simbolizados con tríadas, triángulos y trinidades en las diferentes culturas. Esta realidad la encontramos expresada de diversas maneras en la mayoría de las cosmogonías existentes. Podemos dar algunos ejemplos: el sufismo nos habla de la ley de tres: la fuerza activa, la fuerza pasiva y la fuerza neutralizante o conciliadora. El taoísmo, con el yin, el yang y el tao, expresa la misma idea: “el Tao engendra al Uno, el uno engendra el dos, el dos engendra el tres, el tres engendra las diez mil cosas” En el hinduismo tenemos a Brama el creador, Vishnú el mantenedor y Shiva el destructor. En el cristianismo la trinidad, la relación entre el Padre el Hijo y el Espíritu Santo. Con la definitiva supremacía de la Iglesia Católica una nueva corriente filosófica viene a agregarse a los misterios de este esoterismo cristiano. Aunque negado por la mayoría de los jerarcas de la iglesia, la existencia de misterios puede encontrarse en los textos primitivos, se trata pues de ver en los evangelios un misterio iniciático por revelar. El evangelio de Marcos, el de Juan y algunas epístolas de Pablo testimonian un esoterismo, una palabra revelada cuya inteligibilidad y comprensión necesita grados, desde la simple alegoría hasta una interpretación que acerca el alma a los misterios divinos, que penetra en el sentido místicos de las escrituras.
En tres grandes principios estribaba la doctrina de los misterios del cristianismo primitivo: la unidad de Dios, la libertad del hombre y la igualdad entre los hombres. Cristo había puesto en práctica las tres virtudes teologales: fe, esperanza y caridad. Empezaba por recomendar el amor al prójimo, estimulaba a sus hermanos al trabajo y al estudio de las ciencias, y prometía una vida mejor cuando los buenos resultados de su doctrina y la fe mutua entre los hombres, hayan proporcionado a estos la felicidad suprema que su autor espera.
Segunda
Puerta: La llamada.
El hombre es el único animal
simbólico que es capaz de soñar sus propias utopías.
La cultura del hombre desde siempre se ha constituido como un entramado de realidades simbólicas. Al mundo natural su correlato esencial es el mundo simbólico que lo complementa y le da un sentido espiritual o metafísico. Es su huella invisible que se devela cuando desplegamos el conocimiento en la ritualidad de nuestros actos lejos de las miradas profanas.
Toda acción humana tiene un contenido intencional, un propósito que da sentido hasta los mínimos actos cotidianos, estos se constituyen en la interacción de las personas en la convivencia y conversación. El lenguaje como sistema de símbolos, crea una red de estímulos que provoca en los hombres una red de conversaciones con un doble sentido en el discurso que denota y connota al mismo tiempo.
El lenguaje simbólico nos permite resignificar las cosas y los hechos del mundo desde un nuevo conocimiento, más profundo, elaborado y armónico, nos permite transformar y dar sentido al mundo con herramientas que llevan a la transformación, de nosotros en primer lugar, y de los otros, con nuestro actuar masónico.
Dar sentido al mundo es iniciar un viaje iniciático como Shiddarta que en la búsqueda de la verdad fue perfeccionando su vida hasta lograr tocar la divinidad.
Este viaje iniciático implica la muerte y la resurrección, el transito desde las tinieblas a la luz, en busca de ese conocimiento que nos obliga a ser mejores, esta idea de perfección se desarrolla en base a una profunda reflexión de nuestra propia realidad y el deber que tenemos con nuestro prójimo.
El Q:. H:. Manuel Contreras señala que el lenguaje simbólico es propio de la tradición masónica iniciática, permitiendo al aprendiz avanzar paulatinamente por una serie de conocimientos graduales que van afianzando un mejor autoconocimiento consolidado en un sistema de valores – moral de gran riqueza y complejidad.
Fundamentalmente, la estructura y el sentido iniciático de la masonería se fundamenta en tres grados: aprendiz, compañero y maestro, conformando una estructura o tríada filosófica iniciática que se constituye como un edificio para la síntesis del progreso del conocimiento verdadero que está velado al profano.
Igualmente este ternario iniciático es análogo a los tres planos o niveles de la manifestación cósmica: Corpus Mundi, Anima Mundi y Spiritus Mundi, según la terminología del hermetismo cristiano medieval. El cuerpo, el alma y el espíritu universal se corresponden así con los grados de aprendiz, compañero y maestro, respectivamente.
De ahí que la realización iniciática reproduzca etapa por etapa, el proceso mismo de formación del cosmos o del orden universal, motivo por el cual, y en razón de la analogía existente entre el macrocosmos y el microcosmos, dicho ternario es también el de la constitución del ser humano considerado en toda su integridad.
Utilizando el simbolismo geométrico, los tres mundos y por consiguiente los tres grados iniciáticos, se representan como otros tantos círculos concéntricos, en donde, el más periférico y exterior se correspondería con el plano corpóreo, el intermedio con el anímico o psicológico, y el más interior con el espiritual.
La misma estructura cósmica e iniciática la encontramos en el antiguo símbolo del “triple recinto druídico”, en donde se distinguen tres cuadrados concéntricos, del más interior de los cuales parten cuatro líneas que atraviesan los dos cuadrados restantes hasta sus límites. En la jerarquía iniciática las líneas que parten del cuadrado central, corresponden a los canales a través de los cuales se transmite, de a dintra a adextra, la enseñanza de la doctrina y del conocimiento a todo el resto de la organización iniciática.
En la masonería, el conjunto de los tres cuadrados o círculos equivalen a las tres cámaras de los grados de aprendiz, compañero y maestro. En este último, la cámara se denomina “del Medio”, y se identificaría entonces con el cuadrado central del triple recinto druídico.
Volviendo a los círculos concéntricos, el punto que tácita o explícitamente está representado en el centro de este último círculo simbolizaría al Ser o Unidad Primigenia, que en lenguaje masónico, no es otro que el Gran Arquitecto del Universo, (idéntico al “motor inmóvil” aristotélico), que aunque en sí mismo no manifestado como el punto, que en realidad no existe en el espacio es no obstante el principio a partir de cuya emanación o expansión se genera toda la manifestación, que depende enteramente de él en todo lo que ella tiene de realidad.
En este sentido la transmisión de la fuerza espiritual recibida por la iniciación masónica es análoga a la acción del fiat lux emanado del Verbo Divino “en el Principio”, dando lugar al orden cósmico. Y así como ese orden fue sacado del “Khaos” por la acción de la palabra luminosa y primigenia, el hombre es rescatado del mundo profano, o de las “tinieblas exteriores”, por la irradiación clarificadora que se genera en su conciencia gracias al poder creador del influjo espiritual o iluminación iniciática, lo que acontece en el corazón, es decir, en el centro mismo del ser.
La expresión “tinieblas exteriores” las utilizamos para referirnos al mundo profano, constituye el reflejo invertido y oscuro de “las tinieblas superiores más luminosas”, las cuales conforman la esfera inteligible de los arquetipos espirituales.
De esta manera, y semejante a esa cosmogénesis, se produce una antropogénesis espiritual, lo que equivale a la generación o nacimiento del hombre nuevo.
Esa palabra luminosa, el logos o sonido primigenio que insufla la vida y el ser a la materia amorfa, es también, un ritmo cuya cadencia vibracional la articula y ordena. Y este ritmo creativo es el gesto o rito cósmico por excelencia, prototipo de todos los ritos iniciáticos, lo cual explicaría por qué, éstos son imprescindibles para potenciar la espiritualidad, que en el fondo, lo que persigue, es transmitir al ser la energía de la Inteligencia y del Conocimiento por mediación del código simbólico y la ritualización de los actos masónicos, despertándole a sus posibilidades superiores y de su propia naturaleza humana, de acuerdo a lo que fue hecho “en el principio” instalándolo en el tiempo mítico y verdadero.
Siendo la masonería una tradición procedente de las antiguas organizaciones y gremios iniciáticos de constructores libres, ésta, concibe a la Unidad como un Arquitecto u Ordenador Supremo, y al cosmos, como su obra más perfecta y elocuente, lo que hace posible que el hombre pueda tomar a esta última, como un símbolo vivo que le permite reconocer los principios o arquetipos que determinan todo lo creado, tanto en el cielo, como en la tierra. Estos principios y leyes universales, y el orden visible e invisible, tangible y sutil que de ellos emana, se expresan mediante las proporciones, medidas, ritmos y estructuras de los números y las figuras geométricas, fundamento de todas las artes y ciencias cosmogónicas, y sobre todo de la arquitectura sagrada, síntesis de todas ellas.
Si la masonería es llamada el “Arte Real”, éste no consiste en otra cosa que en la actualización, (en el sentido aristotélico de la potencia al acto, es decir, como un paso de la posibilidad a lo real contenido en ella), en el plano del hombre y de la vida, de todas las posibilidades de manifestación concebidas y contenidas eternamente en la mente y la sabiduría del creador, que todo lo dispuso en número, peso y medida.
Belleza, Fuerza y Sabiduría es el nombre que recibe cada uno de los tres pilares sobre los que se apoya la edificación del templo masónico, y por extensión del templo del mundo, por tanto, equivalen respectivamente al número, peso y medida, divinas.
Esto nos da la idea de la existencia de un modelo prototípico reiterado en cualquier gesto creativo, ya se trate ese gesto de la creación de un mundo, de un ser o de una obra de arte, siendo ésta última la que el hombre finalmente pueda hacer consigo mismo en su interior. Es por esta razón que el aprendizaje, conocimiento y encarnación de ese modelo, que el cosmos completo simboliza, hace del masón un obrero de la construcción universal, en la que él colabora concientemente.
Tercera
Puerta: El Encuentro.
Un constructor de humanidad.
“Ora et labora”
Para el aprendiz masón, sólo en las prácticas rituales de los símbolos es posible alcanzar el significado de lo esotérico y filosófico como la única forma perfecta de acceder al conocimiento y la verdad. Los elementos metafísicos y esotéricos permiten la transmisión de los misterios que debe desentrañar el aprendiz en este nuevo viaje que ha emprendido. En la intimidad de nuestro propio templo interior que debemos buscar la armonía, entre las enseñanzas de la tradición y nuestra propia experiencia respecto a lo que nos dicen esos símbolos para tomar las herramientas que nos permitirán devastar la piedra bruta y al mismo reconstruir el templo fijando los eslabones con el resto de hermanos que marchan a la misma dirección. Sólo así seremos piedras angulares, también, del templo exterior, social, sintonizando la obra universal del Gran Arquitecto Del Universo. Los principales elementos que nos acompañarán durante este proceso de maduración espiritual están contenidos en las herramientas del grado; los símbolos principales de la iniciación y la logia.
Las herramientas del grado.
Corresponde al simbolismo operativo de la francmasonería, herencia de las sociedades de constructores medievales, y pretenden ser un guía del Aprendiz en su labor de desentrañar la duda filosófica que se hace prender en el espíritu del iniciado, en relación con todos aquellos aspectos que no han sido analizados por el mismo, así como en sus esfuerzos por salir de las tinieblas de la ignorancia, con el fin de vivir y conquistar su propia dignidad. En este sentido, es necesario destacar los cuatro elementos consustanciales de esta edad simbólica: la piedra bruta, el mazo, el cincel y el mandil.
Al pulir la piedra bruta, el aprendiz constructor, está realizando un trabajo y un gesto ritual consigo mismo. La piedra es el mismo, y la transformación de ésta, en piedra tallada y cúbica, simbolizando la transmutación cualitativa de todo su ser.
El mazo y el cincel como principales herramientas se deben usar para desbastar la piedra bruta, simbolizan respectivamente, la energía activa que conduce la voluntad del aprendiz y la energía pasiva de la recta intención de salir desde las tinieblas a la luz, cualidad fundamental en el inicio del proceso de la purificación que se han manifestado por los tres viajes misteriosos que en la iniciación el aprendiz tuvo que recorre.
El mandil, parte esencial de la investidura masónica constituye una herencia directa de la operatividad medieval y es un símbolo que nos lleva a la idea de estar consagrados íntegramente al trabajo. Nos reúne en el taller en torno a principios, participación, unión y trabajo para el mejoramiento de toda la humanidad.
Símbolos principales de la
iniciación.
Cuando el profano decide salir de las tinieblas y se inicia debe pasar por tres momentos fundamentales: la cámara de reflexión, los viajes misteriosos y el encuentro de la luz.
Despojado de todo lo material y de los metales (riquezas), el profano se encuentra sólo con sus valores ante una primera aproximación simbólica que lo invita a meditar sobre las vanidades de la existencia y el sentido de la muerte. Siendo el lugar en que el profano se prepara para la iniciación, esto equivale al athanor (horno secreto) alquímico donde el aprendiz experimentará la transmutación, mediante la conjugación y ordenamiento de las energías sutiles. El profano desciende a los infiernos, debe morir primero, para luego resucitar y alcanzar la luz de la iniciación.
Los viajes misteriosos. En sentido estricto, estaríamos hablando de 4 viajes, por cuanto el primero ha comenzado en el cuarto de reflexiones y corresponde al viaje desde las entrañas de la tierra. Los restantes tres viajes son en sí purificaciones sucesivas que corresponden al aire, al agua y al fuego, concordando todos ellos con la materia, la sensibilidad, la intelectualidad y el entusiasmo, o también, con los períodos de la vida humana (infancia, adolescencia, madurez y ancianidad).
Las tres luces.
Las tres grandes luces que iluminan los trabajos de un taller son: el Libro de la Ley Sagrada, el Compás y la Escuadra.
En el primer grado, la Escuadra está en la mira de todos los H:.H:. sobre el Ara, apoyada en el compás, el cual, a su vez, se sostiene en el Libro Sagrado. De ese modo, se establece, otra vez más, una relación ternaria, esta vez entre la Ley universal que se halla en el plano más interior; el Compás, que sitúa en una posición intermedia el corazón del masón respecto del eje del Ser; y al Escuadra, símbolo del trabajo masónico concebido como contemplación del arquetipo interior.
La Ley Sagrada simboliza al Verbo Divino en lenguaje humano, o el acto perlocutivo de la divinidad, allí donde están contenidos los diversos grados del conocimiento.
Así como el verbo crea acción y sustancia para lograr el conocimiento en logia, en la apertura de los trabajos, el libro sagrado sostiene a la pareja formada por el Compás y la Escuadra, herramientas con las que el Gran Arquitecto del Universo planifica y diseña, por medio del Arte Real, la Gran Obra. Ambos instrumentos encarnan, tal como muchos otros, los principios activos y pasivos de las energías presentes en todo el accionar humano.
El compás es un instrumento de medida, que sirve para trazar los límites que conforman la armonía celeste, ya que permite realizar todas las operaciones necesarias para que, a partir del ámbito solar que representa al Ser Universal, éste lleve a la actividad celeste a medir, en la receptividad terrestre, la parte susceptible de responderle. Con este elemento se traza, en sentido amplio, aquellos límites de orden moral que no deben transgredirse, pues forman parte de la construcción de la armonía universal.
En cuanto a la escuadra, por un principio de complementariedad con el símbolo del Compás, representaría al elemento Tierra, asociado al cuaternario de los elementos alquímicos presentes en la cámara de reflexión y en la simbología del tetraktys, símbolo que para el grado de aprendiz indica el estudio del número tres, base para el iniciado que se materializa en un triangulo de 10 puntos, colocados sobre cuatro líneas, de manera que del número tres derivamos el cuaternario de la siguiente manera:

El 10 que resulta de la suma de 1+2+3+4 (suma
de los cuatro primeros, es el número perfecto o tetraktys. Esta es el número perfecto y la clave de la doctrina
pitagórica. Es posible que jugase un papel
importante en la
metamorfosis del alma.
Templo Masónico o Logia.
Sin lugar a dudas, uno de los símbolos más importantes para quien ingresa a la orden lo constituye el Templo o Logia. Este recinto es un espacio sagrado, donde se trabaja a la Gloria del Gran Arquitecto del Universo, y establece la separación existente entre el mundo profano y sagrado. Más que un ícono material se trata de un concepto espiritual que representa el templo interior, el cual crea un espacio íntimo y atemporal.
“La caverna templo masónico es la matriz, el athenor hermético donde se renace a la vida espiritual” (Siete Maestros Masones 1992)
La Masonería imparte sus enseñanzas morales y esotéricas a través de símbolos y alegorías, como lo son la decoración del Templo, las joyas e insignias utilizadas por los Oficiales y H:.H:., las herramientas de cada grado, escritos como los rituales de cada grado, leyendas masónicas y la enseñanza de las normas de conducta de cada hermano Masón, dentro y fuera de la Orden, todo ello para la elevación espiritual de cada Masón.
Las tres columnas están representadas en tres estilos diferentes de la arquitectura griega, Dórico, Jónico, Corintio, representando los tres personajes principales de las Leyendas Masónicas: el Rey Salomón, Hiram, Rey de Tiro e Hiram Abif, quienes intervinieron de una u otra manera, para que se llevara a cabo la construcción del Templo de Salomón, (l° de Reyes 7:13-46; 2° de Crónicas 2:13-14 y 4:11-16 de la Biblia). Las tres columnas simbolizan el principio ternario en todas sus expresiones, el número TRES, tiene especial significado para los Aprendices, los principios de la Masonería LIBERTAD – FRATERNIDAD – IGUALDAD – Su Lema CIENCIA – JUSTICIA – TRABAJO, el iniciado debe tener TRES cualidades PUREZA, BELLEZA y CANDOR. Los viajes de Iniciación, son TRES, es conducido simbólicamente a través de los TRES elementos primordiales de la naturaleza: El AIRE, el AGUA y el FUEGO, en su proclamación al Recipiendario se lo aclama tributándole TRES Baterías Simples de Júbilo, su edad es de TRES años.
Además la Logia cuenta con la iluminación del SOL y la LUNA, las grandes luminarias del día y de la noche, que nos recuerdan que los masones debemos trabajar sin tregua.
Al Cielo tachonado de estrellas se sube por una escala con muchos
peldaños, apoyada sobre el ARA, los peldaños simbolizan las llamadas virtudes
teologales , FE; ESPERANZA; CARIDAD, significando que la FE en el G:.A:.D:.U:.
nos da la ESPERANZA de alcanzar la Redención y la Salvación mediante la
practica de la CARIDAD.
Esto nos recuerda la narración bíblica (Génesis 28: 10 – 22 de la Biblia) del sueño de Jacob, el cual se duerme utilizando una piedra de almohada, soñando que ve una escala que se eleva desde la tierra al cielo, donde hay ángeles bajando y subiendo, al despertar, piensa que esta en un lugar sagrado, Casa de Dios y Puerta del Cielo, usando la misma piedra, la erige como altar, el ALTAR, en consecuencia es la misma piedra de la cual partía la escala y así lo representa la Plancha, las virtudes son representadas por figuras femeninas la FE es una mujer sosteniendo una Cruz o una Copa, (El Santo Grial), o un corazón; la ESPERANZA sujeta un ancla y la CARIDAD, rodeada de pequeños. La cúspide de la escala, llega al cielo, velado a los ojos de los profanos por las nubes de la ignorancia.
Las TRES grandes luces de la Masonería son : La ESCUADRA, el COMPAS y el Libro de la LEY, representada por la Biblia. Las TRES pequeñas luces son el reflejo de las anteriores y fueron mencionadas precedentemente SABIDURÍA, FUERZA Y BELLEZA, siendo atributos de los TRES Oficiales principales de la Logia.
Las TRES, joyas móviles son la ESCUADRA, el NIVEL y la PLOMADA, son las Joyas distintivas del V:.M:. y los dos VIG:., quienes las llevan mientras cumplen sus funciones y las transmiten a otros hermanos al terminar su periodo. Las TRES Joyas inmóviles son la PLANCHA TRAZADA, la PIEDRA BRUTA y la PIEDRA CUBICA.
La Logia tiene
además TRES ornamentos, la ORLA DENTADA, la ESTRELLA FLAMÍGERA y el PISO
MOSAICO, la ORLA es una cuerda o cadena extendida rodeando las cuatro paredes
de la Logia, simbolizando la gran cadena universal de la fraternidad. El PISO
MOSAICO, hecho de cuadros negros y blancos alternados, nos recuerda las
oposiciones y dualidades de la vida material, luz y sombra; bien y mal; pasado
y futuro, a las cuales hay que sobreponerse para subir más alto. La Estrella
Flamígera, se halla en el centro geométrico de la Logia irradiando su luz.
Alrededor de la
Plancha, observamos la Orla Dentada y de sus cuatro vértices penden cuatro
borlas, representando las CUATRO virtudes cardinales, FORTALEZA: para soportar
los contratiempos y peligros, afrontándolos con energía sin estremecernos.
TEMPLANZA: moderación, continencia, sobriedad, nos habla de la discreción,
máxime en los secretos que ha prometido solemnemente no revelar en la
Iniciación. PRUDENCIA: es una virtud altamente demandada
y enseñándonos a vivir agradablemente en los dictados de la razón, asimismo,
siendo gobernados por ella, puede evitar comunicar al profano aquellos secretos
importantes que deben ser cuidadosamente guardados y fielmente depositados en
lo profundo de nuestro corazón.
JUSTICIA: es una virtud que consiste en dar a cada uno lo que es suyo. Es
una virtud moral que nos inspira y nos inclina a respetar los derechos de los
otros y dar a cada uno lo que le pertenece. La JUSTICIA, dice Montesquieu, “es
absoluta, es en la naturaleza, la recta razón y no depende de ninguna
convención”. La JUSTICIA es el resultado de la FORTALEZA, TEMPLANZA para la PRUDENCIA.
QQ:. HH:. Tengo
tres años y en este espacio atemporal he ido cimentado con la ayuda de Uds.
el inicio de un camino que en cada
momento ha llegado la luz a través de del profundo estudio y la reflexión
realizado en este Augusto Taller.
SALUD, FUERZA y UNIÓN
Bibliografía:
Contreras
Seitz Manuel El Símbolo Gran Logia de Chile Internet
López
S. Fernando Pitágoras
y Platón, magia, filosofía y religión
ENP
N° 3 Justo Sierra Internet
Jung
C. La Interpretación de la
Naturaleza y de la Psiquis
Guenón
René Símbolos
Fundamentales de la Ciencia Sagrada
Cap.
X Cap. LIX
López
de Rojas G. La
Iniciación. Pilares Fundamentales Doc. Internet