LOS
GRADOS SIMBÓLICOS DE LA MASONERÍA

INTRODUCCIÓN
La
misión principal de la masonería es enseñar la ley de evolución. No es posible
hallar una verdadera interpretación de la masonería si no se relaciona su
sistema, estrechamente con el proceso evolutivo de la humanidad.
Ninguno
de nosotros es un producto acabado. Estamos siempre en proceso de creación o
evolución. La historia del hombre ha sido la historia de la búsqueda y del
descubrimiento del sendero evolutivo dentro de sí. En todos los tiempos éste ha
hollado el sendero, aceptando sus condiciones, soportando sus disciplinas, ha
recibido sus salarios y alcanzado sus metas. La existencia de ese camino cuenta
con el testimonio de todos los que lo han recorrido conscientemente. Es el
sendero hacia la realidad suprema que, en masonería, está representada por el
oriente simbólico.
La
masonería muestra, simbólicamente, el drama de la evolución humana, también los
pasos mediante los cuales se llega a la meta de perfección, la manifestación
que tiene el ser supremo en nosotros. Muestra el objetivo de realización del
individuo; enseña el camino del crecimiento espiritual y las leyes a que
obedece este crecimiento. Este drama evolutivo, tenemos que recorrerlo palmo a
palmo; el progreso depende de nosotros.
A
diferencia de todos los otros seres en el mundo material, el hombre es el único
que tiene la capacidad para tomar su evolución en sus propias manos. De ahí su
posibilidad de autorrealización. El puede acelerarla o retardarla. Pero sea
cual fuere su duración, tiene que pasar, indefectiblemente, por las tres etapas
del proceso natural de la síntesis que caracteriza el proceso evolutivo: 1) la
siembra de la semilla, 2) su germinación y crecimiento, y finalmente, 3) su
fructificación como resultado de la fusión o unión de dos polaridades. Los
límites fijan los principios básicos de estos tres grados evolutivos.
Tratándose
de una evolución en conciencia, este proceso va encaminado a la adquisición del
elemento más valioso y más importante para el hombre y para la masonería: ¡LA
LUZ! Aquello que se conoce como la luz de la conciencia, o del conocimiento, es
una síntesis emergente de las experiencias vividas.
Tratándose
de cualquier tipo de evolución, es indispensable la existencia de grados
sucesivos de realización, que se correspondan con las mismas tres etapas del
proceso evolutivo de la luz de las ideas que viene del razonamiento; a saber:
1) el análisis, 2) la correlación y 3) la deducción o la síntesis. Esta
evolución en conciencia comprende, al mismo tiempo, un proceso gradual de
integración hasta llegar a la unión con todo.
Efectivamente,
en lo que concierne al desarrollo de la luz de la conciencia en los seres
humanos, éste consiste en tres etapas, comprendidos en el sistema masónico por
sus tres grados simbólicos: APRENDIZ, COMPAÑERO Y MAESTRO.
EL PRIMER GRADO SIMBÓLICO –
EL APRENDIZ MASÓN
El
primer grado, el de aprendiz, comprende esa etapa de desarrollo de lo que se
denomina en psicología conciencia individual. En esta etapa se lleva la
integración de la personalidad o el ser inferior. Está bajo la dirección del
segundo vigilante, que representa la personalidad. Esta integración tiene por
finalidad hacer que la personalidad se vuelva un instrumento equilibrado,
coordinado y armónico, de manera que pueda sintonizar y expresar con fidelidad
a ese Ser Superior que hay en nosotros.
Esta
integración exige disciplina, ejercitar, desarrollar y controlar los tres
aspectos (físico, emocional y metal) de nuestra personalidad para lograr un
domino completo sobre ellos, de manera que ninguno de los tres predomine,
haciéndonos perder el equilibrio.
De
ahí que la disciplina sea la principal característica de este grado. Esta etapa
evolutiva corresponde, por analogía, a la del análisis de tendencias opuestas y
luchas dentro de sí, para coordinarlas e integrarlas gradualmente en un todo armónico
que permita la captación y transmisión de la luz superior en nosotros, sin
distorsionarla.
Durante
esta etapa, la enseñanza de la doctrina masónica se encuentra regida básicamente
por símbolos, signos, tocamientos, alegorías y
metáforas, que es menester sean correctamente interpretados por el
Aprendiz, a fin de eliminar de su carácter las imperfecciones adquiridas en el
mundo profano y así, poder vencer el influjo nocivo de las pasiones y los
vicios, rompiendo para siempre las cadenas esclavistas de la superstición, la
ignorancia, el fanatismo, la intolerancia, la envidia, la hipocresía y la
ambición.
Cada
uno de nosotros ha de ser en la vida primero y fundamentalmente aprendiz; aquél
que deje de serlo creyendo saberlo todo, mantiene una venda de ignorancia que
le cubre los ojos. Es necesario aprender a cada paso y lo más importante poner
en práctica lo aprendido. Sobre esta base de constante aprendizaje se
estructura la Masonería, forjando firmemente la actitud y el carácter de sus
adeptos, con la constante enseñanza momento a momento. Por las anteriores
consideraciones, podemos afirmar que el Grado de Aprendiz, está destinado a ser
el pilar firme y seguro del progreso masónico, ya que contiene los
conocimientos más útiles, para dominar las pasiones y apartarnos de los vicios,
logrando así consolidar nuestra superación personal.
El
grado de aprendiz tiene por objeto sembrar la duda filosófica en el espíritu
del Iniciado, acerca de todas las materias que no ha analizando por sí mismo;
la diferencia que existe entre el bien y el mal, la virtud y el vicio, así como
la necesidad de su constante depuración para que se esfuerce en salir de la
esclavitud en que vive y reconquiste su propia dignidad, estudiando
incesantemente lo relativo a sus responsabilidades con respecto a Dios, a sus
semejantes y a sí mismo, impulsándolo además a desentrañar la verdad, libre de
preocupaciones.
Debemos
recordar que la base de la Masonería la constituye el Primer Grado, por lo que
quién no esté debidamente preparado, instruido y capacitado para interpretar la
magnitud de su contenido, carecerá siempre de los conocimientos y la solidez
requerida, para entender los misterios que rodean a nuestra Orden.
El
Aprendiz, si se ha mostrado dócil a los consejos, celoso en el trabajo y
deseoso de instruirse, es guiado hacia el lugar que ocupan los compañeros, por
la mano del maestro.
EL SEGUNDO GRADO SIMBÓLICO –
EL COMPAÑERO MASÓN
Después
de la etapa inicial de los estudios, se llega al siguiente grado donde se
amplían los conocimientos, siempre con la tendencia de forjar al hombre
virtuoso, alejado de las mezquindades humanas, interesado en incrementar los
factores de unidad, dignidad y solidaridad humanas. Es una etapa de esfuerzo en
la que se vencen los obstáculos y se estudia para superar el trabajo de la
construcción del templo interior. El Compañero
Masón es un constructor de habilidades, un forjador de voluntades, un
estudioso de las causas de todas las cosas; se entrega al estudio de las
ciencias para descubrir o verificar la verdad, pugnando por que la educación en
general, tenga un profundo sentido de formación social y moral.
El
segundo grado, comprende la etapa de correlación. El nombre mismo del grado
sugiere compañerismo o correlación. En este grado de desarrollo se trasciende
la conciencia individual separatista del primer grado y se desarrolla la
conciencia grupal integrando la personalidad con la de los demás hermanos de
logia y de otras logias, lo que equivale a una expansión de la conciencia.
Al
hermano que tiene los merecimientos para ser admitido en la Segunda Cámara de
una Logia, se le concede aumento de salario y así se le denomina también
a la ceremonia de su recepción.
Los
Instrumentos de Trabajo que maneja el Compañero para formar la Piedra Cúbica
de Punta son las reglas de geometría y la escuadra. Esta
última es el emblema de la igualdad que ha de reinar en todos los hombres. El cincel
representa la constancia en la perfección. El compás es el símbolo de la
regularidad de la conducta. La palanca es alegórica del poder de la
razón para dominar las pasiones. El martillo es emblemático de la
sumisión de la fuerza bruta a la inteligencia. Y la regla recuerda al
Compañero que debe proceder de tal manera que sus acciones sean tomadas por
norma general.
La
Estrella Flamígera es de cinco puntas y tiene una “G” en el centro. Este astro
místico de la razón ilumina al Compañero, ayudándole con su luz inextinguible a
disipar las tinieblas de la ignorancia. También simboliza el conocimiento del
hombre, hacía donde se dirigen los estudios en el Segundo Grado.
El
Grado de Compañero simboliza el estudio del hombre y la manera de educarle para
que conozca sus deberes y derechos, para que sepa emplear todos los recursos de
que le dotó la naturaleza, ser libre de la esclavitud de los instintos y vivir
por la inteligencia; de aquí el nombre de iniciación perfecta que le
daban los antiguos iniciados. La finalidad de este grado es darle a conocer al
Compañero, todas y cada una de las facultades que concedió al hombre el Gran
Arquitecto del Universo y el modo de utilizarlas, desarrollarlas y
perfeccionarlas, tanto física como intelectualmente. El compañero, pasa de la
práctica a la teoría para dirigir y vigilar a los Aprendices y auxiliar a los
Maestros, porque un Compañero hábil será sin duda alguna, un excelente Maestro
Masón.
EL TERCER GRADO SIMBÓLICO –
EL MAESTRO MASÓN
El
tercer grado, el de maestro, corresponde a la etapa de la deducción o la síntesis
y resume los grados anteriores. Está bajo la dirección del Venerable Maestro,
que representa el Espíritu o Ser Supremo en nosotros. En esta etapa evolutiva
uno se integra con el Todo y adquiere una conciencia universal, la cual está en
correspondencia con el carácter universal de la masonería.
Este
proceso de integración como se ve, conduce a esferas cada vez más amplias de
luz y comprensión, acercando al hombre, gradualmente, a la liberación de las
limitaciones que son propias de la oscuridad en que vive; liberación que, para
el mundo material, equivale a la muerte, pero que, para el mundo interno del
espíritu es la vida.
El
Grado de Maestro exhibe a un hombre capacitado para hacer bien las
cosas, para errar menos en su trabajo, por lo que deberá poseer un caudal
cultural suficiente para enfrentarse a los problemas de la vida, con tanto
interés por los propios como por los ajenos. La simbólica piedra bruta debe
estar ya labrada con eficiencia y constancia, fundada en la calidad humana y en
la filosofía del bien para todos.
La
palabra Maestro que deviene del latín MAGISTER. Se conoce con este nombre al
que enseña una ciencia, arte, oficio y especialmente las primeras letras;
además, al que es perito en una materia. Se llama efectivamente Maestro a aquel
que es Magis, o sea más sabio y justo. También es el título que se da al Tercer
Grado en el simbolismo de casi todos los Ritos conocidos, en el que prepara al
Masón con conocimientos especiales para entrar en la verdadera misión
filosófica y progresiva de la Orden.
Los
trabajos de la Cámara del Medio tienen por objeto demostrar al Maestro Masón,
que la vida y la muerte como principio y fin de cuanto existe, son el producto
de la generación. Que la inteligencia constituye y distingue al hombre y que
para conservar su integridad, deberá resistir siempre, en cualquier
circunstancia y con todas sus fuerzas, los ataques de los enemigos del
progreso: la ignorancia, la hipocresía y la ambición.
La
primera y más importante labor del Maestro es la de enseñar al ignorante,
abatir al ambicioso y desenmascarar al hipócrita. De este trabajo depende
la conservación de la Orden y la garantía del secreto en la sublime Cámara de
Medio. El Maestro Masón debe ilustrar su entendimiento y dirigir sus pasiones
hacia el bien general; vigilar las acciones y pensamientos propios, socorrer a
sus hermanos y proporcionarles materiales para el trabajo, con el fin de
perfeccionar el Templo del cual es a la vez arquitecto, material y obrero,
porque “el Templo es el hombre, y trabajar en la perfección del mismo es
trabajar en el mejoramiento de sus costumbres y en el perfeccionamiento de su
ser”.
Por
último, el Maestro Masón debe concurrir con su trabajo e instrucción al
desarrollo de su Logia, y de la Institución en general, desempeñando con el
mayor celo, lealtad y acierto los cargos para los que se haya elegido y los
servicios que se le confieran. “No olvidando jamás que en la Cámara del medio,
la plancha de trazar está dispuesta para toda clase de construcciones”.
CONCLUSIONES
Hemos visto,
que la iniciación masónica conlleva tres fases sucesivas, tres grados, los
cuales representan precisamente estas tres fases. Los tres grados simbólicos
describen, en su conjunto, el ciclo completo de la iniciación. De hecho, sin
embargo, siendo que la iniciación masónica es simbólica, los masones que ella
forma no son más que el símbolo de los verdaderos masones, puesto que allí se
indica simplemente el programa de las operaciones que aquéllos deberán realizar
para alcanzar la iniciación efectiva.
Este
proceso de evolución, lleva gradualmente al reconocimiento de la realidad de
nuestra divinidad, y tiende a facilitar la manifestación del Dios inmanente en
cada ser, acondicionando la personalidad, que es su instrumento de expresión.
Las tres etapas de este proceso son similares a las que condujeron a la
trinidad de manifestación del Ser Supremo; unidad, dualidad y nuevamente
unidad, lo cual es otra expresión del proceso de la síntesis. Siendo todo un
reflejo de la trinidad, que de alguna manera debe manifestarse en todo proceso
que se lleva a cabo en el universo.
El
método para llegar al objetivo de integración que marca cada grado, en lo que
respecta al sistema masónico, representan las tres etapas de la evolución
humana y constituye una característica de todos los tiempos para todos los
hombres en todas partes. Se hallan confirmadas por los conocimientos esotéricos
de todas las épocas. En la masonería estos tres grados son solo simbólicos. Hay
muchos masones que ostentan el tercer grado, el de maestro y que apenas están
en los primeros peldaños del grado de aprendiz en la escala evolutiva. Hay, así
mismo, aprendices que, en realidad, son maestros. En el verdadero sentido de la
palabra.
Bienaventurados
los hombres de virtud y paciencia, que limitan su ambición a la practica de la
moral. Gloria y prosperidad a los que, propagando esta moral conservadora de la
especie humana, elevan su espíritu al Supremo Hacedor, implorando gracia para
el hombre virtuoso y perdón para el delincuente arrepentido.
Es
Cuanto.
Ernesto Márquez, M∴M∴
Valle de Caracas, 13 de febrero de
2006 (e∴v∴)