
Fraternidad

M:.M:. Enrique D´Lima.
La palabra fraternidad viene del latín "rater”, que a su vez se deriva de “refectorium” (este es el lugar donde comen los monjes), “refectorium” viene de “reficere”, que se descompone en “re”, que significa de nuevo, repetir y “facere” que significa hacer. Desde el
punto de vista etimológico la palabra fraternidad esta vinculada con el sentido
de reconstrucción; también tiene que ver “refectorium”
con restaurar, de ahí se derivo el termino restaurant para el sitio donde
comemos. En masonería decimos con frecuencia, que estamos en esta orden para
construir nuestro templo interior y para restaurar la “palabra perdida”, a
estas luces pudiéramos decir mas bien que es para reconstruir ese templo en
lugar de construirlo. Digo reconstruirlo porque nuestro mito primordial el
Génesis, en el destierro del paraíso que sufre el hombre, queda establecido que
hemos perdido una condición espiritual y que debemos restaurarla o
reconstruirla.
La
masonería otorga las herramientas esenciales para lograr esa reconstrucción,
estas están implícitas en el legado del que somos depositarios en nuestros
símbolos, mitos y ritos, estos conforman toda una supraestructura que nos
otorga la verdadera regularidad que no es otra cosa que el derecho para hacer
dicha reconstrucción. La fraternidad se constituye en el elemento practico para
develar el principal y verdadero misterio masónico, el cual no es otro que el
conocimiento de si mismo, que a su vez no es otra cosa que el reconocimiento de
pertenencia a una unidad; a caso no nos es esto familiar con la labor del
maestro masón, que tiene que “reunir lo disperso”, o dicho de otra manera es la
restauración de los estados espirituales del hombre perdidos en la expulsión del
paraíso, o conocida también como la involución en la materia o la existencia
física.
En
este orden de ideas tratare de exponer mi visión de cómo es la fraternidad la
que nos permite esa reconstrucción. Pudiéramos decir que la practica masónica
descansa sobre dos grandes preceptos, FRATERNIDAD Y TOLERANCIA, me pregunto
entonces, ¿como se puede ser un verdadero masón sin practicarlas?, pero
entonces también me pregunto con inquietud, ¿acaso soy un verdadero masón?;
esta ultima pregunta se circunscribe dentro de la famosa sentencia en el
celebre oráculo de Delfos: “CONOCETE A TI MISMO”, que también es harto
conocida, usada en masonería y de alguna manera nos vincula con la verdadera
búsqueda esotérica; estas dos preguntas necesariamente me llevan a preguntarme:
¿me conozco a mi mismo?, la respuesta sincera e esta pregunta es no. Pero de
nuevo la clave para este autoconociento es la fraternidad. Lo primero es
reconocer que no tenemos conciencia de nosotros mismos, que somos fracciones de
un todo, que somos una dispersión en muchas cosas y que carecemos de una unidad
interior. Recordemos las celebres frases: “reunir lo disperso”, “buscar la
palabra perdida”, ¿acaso están estas frases en el aire?, ¿o mas bien son claves
para la búsqueda de una senda en nuestra institución?, estas denotan un sentido
de enrancia y de perdida de una condición, perdida de pertenencia a una unidad
a la cual debemos regresar.
Entiendo
que hasta ahora todo esto puede parecer muy abstracto, pero como lo he dicho
antes es la práctica fraternal la que le da todo un sentido a esto. Notemos que
nos llamamos QUERIDOS HERMANOS, esto es obligatorio cuando están “ABIERTOS LOS
TRABAJOS”. Es preciso detenernos en estas dos condiciones, la de obligatoriedad
de llamarnos QUERIDOS HERMANOS y la de que están ABIERTOS LOS TRABAJOS;
comenzare por la ultima, esto se refiere a la creación con el rito de apertura
de una condición especial para el trabajo esotérico, condición esta que no es
posible lograr en el mundo profano, es necesaria la conexión que emula el rito
con niveles superiores, es por eso que nuestro rito de apertura emula
principios cosmogónicos, que nos colocan virtualmente en condiciones
atemporales, o dicho de otra manera con el rito de apertura hacemos una
incisión en el tiempo, para así realizar un trabajo que esta mas allá del orden
humano, si este trabajo estuviera a nuestro alcance fácilmente, estoy seguro
que todos seriamos perfectos, pero la cosa no es tan simple. En el orden
metafísico, el hombre cuando nace adquiere la individualidad y se hace
necesario un trabajo contranatura para recobrar ese sentido de pertenencia a la
unidad, ese trabajo contranatura es la iniciación esotérica, donde a través del
rito y los símbolos emulamos los principios suprahumanos, tratamos de
conectarnos de nuevo con la unidad. Con respecto a la otra condición el tener
que llamarnos QUERIDOS HERMANOS, esta vinculada a la necesidad de desarrollar
un “amor fraternal”, de características especiales, dada la índole del trabajo
de taller en logia, este “amor” no se fundamenta en lazos del mundo profano,
que examinados en profundidad no son otra cosa que un gran trafico de todo tipo
de intereses, muy vinculados a nuestros apegos, miedos , afectos, emociones,
etc.; los lazos de este amor fraternal son obligados en lo formal por un
juramento radical y en la practica están desvinculados de intereses
particulares, están fundamentados en el “cuerpo de la logia” misma y que están
dados por la madurez de crecimiento espiritual y de conformación de unidad
representada por la logia en pleno, no son tangibles ni definibles fácilmente,
están dados en la capacidad que desarrollamos como miembros de la logia, y que
nos sirven de practica para aproximarnos a los demás como parte de nosotros
mismos.
Es
en el trabajo de taller donde la fraternidad se constituye en una herramienta
invaluable para el conocimiento de si mismo. El trabajo de taller es aquella
parte de los trabajos masónicos que le da contenido a la tenida, es decir, la
lectura del trazado, el saco de proposiciones y los derechos de palabras. Se
constituye esto en el taller, porque es así como podemos comenzar el labrado de
nuestra piedra bruta, allí siempre se presentan las oportunidades de confrontar
ideas y posiciones sobre diversos tópicos, mediando siempre el compromiso de
ser auténticos y veraces en lo que decimos (al menos así debería ser), esta
confrontación de ideas siempre genera diferencias y roces entre los hermanos,
es aquí donde toma un gran significado el hecho de llamarnos “queridos
hermanos”, esto implica que aunque sea de manera virtual, en ese ámbito que
llamamos tenida, tenemos que amarnos y
no encolerizarnos con los demás hermanos sea cual sea nuestra posición,
recordemos algo que estoy seguro hemos escuchado muchas veces, “lo aquí dicho,
no debe bajar de la tenida, se queda aquí”, esta es la clave, la cólera se
queda en aquel ámbito, no nos podemos disgustar con los hermanos, por juramento
lo tratado en la tenida se queda allí, esto nos conduce a no tomar partido en
los asuntos tratados en la tenida, lo cual con la practica fraternal en el
tiempo, nos lleva a reconocernos en los hermanos, nos lleva a darnos cuenta que
al fin y al cabo compartimos la misma condición que nos hace humanos, que el
asunto es solo una diferencia de frecuencia, pero no de fondo, el
reconocimiento de esa verdad, nos lleva a reconocer que todos somos iguales y a
desarrollar una verdadera compasión hacia nuestros hermanos de logia, esto va
constituyendo una unidad entre los miembros de la Logia y de la masonería en
general, que es la que llamo cuerpo de la logia o dicho con mayor exactitud
constituye el egregor de la logia y de la institución, el desarrollo de esta
visión, nos hace ser compasivos en cuanto que compartimos una misma condición
de caída, de enrancia y de desolación, en ese reconocimiento es que se basa la
verdadera tolerancia. La verdadera tolerancia es un nivel al cual se accede, no
es ni una pose ni una imposición, porque entonces no es tolerancia. Accedemos a
el porque con el reconocimiento de nuestra propia condición en los demás
hermanos estamos quebrando barreras de la individualidad, o dicho de otra
manera estamos superando nuestro ego, como lo diría un Jungniano, suprimiendo
nuestro ego podemos reconocer y aceptar nuestra sombra. La sombra es aquella
parte de nosotros mismos que no queremos ver y que nos negamos, pero que
siempre esta allí y de vez en cuando es estimulada cuando hace eco de igualdad
en otros, esto nos genera rechazo, pero por lo explicado anteriormente sobre el
manejo de la fraternidad en la practica virtual masónica, donde ese rechazo es
transformado, por la practica fraternal, nos conduce al reconocimiento y
aceptación de dicha sombra, transformándonos en hombres sosegados y virtuosos.
Es la practica de la fraternidad la que entonces nos conduce a la simplicidad que genera que lo que estuvo disperso se concentrara en un centro, donde nos damos cuenta que somos iguales, por ende tolerantes de las fallas y errores de los demás, reconocidas como nuestras también, lo que necesariamente nos haría verdaderos hombres libres y de buenas costumbres. Quedando así contestada la pregunta que me hice anteriormente, ¿soy un verdadero masón?