EL SIGNIFICADO
DE LA MUERTE


"Morir es un cambio de existencia, y para el alma una migración de
este mundo hacia otro". Sócrates.
“El cuerpo es la prisión del espíritu, de la que escapa con la muerte”. Platón
INTRODUCCIÓN
Desde que el
hombre es tal, la muerte ha sido objeto de temor y de ritualidad. El hombre,
cuando desarrolló la mente simbólica, comenzó a tomar consciencia del
significado de la muerte, y eso ocurrió hace mucho tiempo. Pero como tales, las
primeras sepulturas datan del Neolítico, hace 10.000 años. En ese período de
tiempo, a los muertos se les asegura una estancia estable y protegida; se tapiaban
las grutas en las que el cuerpo era depositado bajo túmulos, dólmenes o
monumentos funerarios que son, en cierto modo, los primeros cementerios.
Para la
mayoría de las religiones, la muerte es un proceso inevitable y natural que
forma parte de la vida. Para los Esenios en particular, el cuerpo es
corruptible mientras que el alma es inmortal e imperecedera. De este modo, la
muerte libera el alma de la prisión material.
Judíos,
cristianos y musulmanes, comparten la creencia en una supervivencia del alma
después de la muerte. En la religión hindú. Los fieles de esta creencia están
convencidos de la transmigración de las almas, cuando muere el cuerpo, el alma
sigue con vida y encarna en otro mortal, planteando así el dogma de la rueda de
reencarnaciones. Algo parecido ocurre en el budismo.
Los egipcios,
hacían gala de un complejo ritual en relación a la muerte. Más apegados a lo
material, sentían que era necesario proteger el cuerpo de forma minuciosa,
razón por la cual desarrollaron el proceso de momificación. Así, se protegía al
muerto de cara a un largo viaje para el cual, al finado le colocaban amuletos
protectores.
En África, la
muerte es vista como una etapa de renovación del hombre, un camino hacia el más
allá, que es un lugar de tránsito. La mayoría de las tribus reconocen la
transmigración; no retienen al difunto, sino que le autorizan a regresar a la
tierra e iniciar un nuevo círculo vital.
Es
sorprendente saber que sólo las comunidades cristianas, judías y musulmanas
disponen de cementerios propios. En otras culturas se deshacen de las víctimas.
Por ejemplo, en la India o en el Nepal, "arrojan las cenizas de los
cuerpos que antes han incinerado al río Benarés". Por aquellos lugares, la
cremación es una práctica común, síntoma quizá del desapego por lo material,
quizá a consecuencia de la creencia en la transmigración de las almas. Si es
así, qué importa el destino de lo material.
LA MUERTE COMO PROCESO
BIOLÓGICO - ESPIRITUAL
La humanidad comparte
el concepto de la muerte como un proceso biológico natural que se manifiesta
con el cese de las funciones vitales del ser humano, pero una visión más amplia
nos permite concebirla también, como un proceso espiritual mediante el cual el
espíritu abandona el cuerpo físico para continuar viviendo en otro plano o
dimensión.
Según la Dra. Elisabeth Kübler-Ross, en su libro "La muerte un
amanecer", en el cual expone largos años de experiencias, expresa que:
"La muerte es sólo un paso más hacia una
forma de vida en otra frecuencia. (...) la experiencia de la muerte es casi
idéntica a la del nacimiento. Es un nacimiento en otra existencia... la muerte
no es más que el abandono del cuerpo físico, es el paso a un nuevo estado de
conciencia en el que se continúa experimentando, viendo, oyendo, comprendiendo,
riendo y en el que se tiene la posibilidad de continuar creciendo".
Luego del
desprendimiento del cuerpo, el alma o espíritu atraviesa un período de "convalescencia",
para recuperar sus fuerzas de espíritu libre de la materia. La lucidez de las
ideas y la memoria de su vida retornan muy lentamente, de acuerdo con su grado
de superioridad espiritual o elevación. En este momento de "despertar"
al mundo o plano espiritual, el espíritu nunca se encuentra solo: es asistido o
recibido por su Ángel Guardián o Espíritu Protector y espíritus familiares a
los que unió en vida el amor, clara expresión del cumplimiento de la Ley de
Solidaridad Universal entre ambos planos. Sea cual sea la condición del
espíritu, siempre se hallará contenido por esos seres espirituales que se
encuentran ocupados y preocupados por su proceso evolutivo.
En este nuevo mundo o planos, siempre apoyado por otros espíritus más
evolucionados que él, repasa su vida, analiza sus errores y sus aciertos, ve,
oye y se comunica a través del pensamiento y del sentimiento en forma directa,
trata de intuir y apoyar a aquellos seres que dejó en la materia, porque el
amor y el afecto conquistado son vínculos que no se interrumpen o destruyen con
la separación física. A este mundo espiritual podríamos definirlo como
imponderable porque no es mensurable por lo humano o material y en él, el
espíritu deberá aprender a desplazarse sin el peso del cuerpo o la atracción de
la ley de gravedad.
A pesar de todo esto, el dolor ante la muerte de un ser querido es inevitable,
porque implica una separación transitoria y el dejar de experimentar la
sensación física de su presencia y ello, naturalmente, deja un hueco que lleva
un tiempo poder recomponer. Conocer y saber más sobre este proceso común en la
vida de todo ser humano puede ayudar a encarar el tema desde otra óptica, más
amplia y evolucionista de la vida.
El Dr. Rubén Bild, especializado en la disciplina que se ocupa del fenómeno de
la muerte en sí, como un proceso más del ciclo vital del individuo y de los
fenómenos psíquicos que se producen frente a la misma, manifiesta que:
"La muerte es un tema eludido, soslayado,
negado por nuestra sociedad moderna, que ha hecho un culto de la juventud.
Olvidamos que es una parte de la existencia, como el nacer y que también en esa
etapa final puede haber crecimiento y desarrollo. No es una enfermedad (...) ni
una prisión de la que debemos escapar. Los que han tenido la fortuna de que la
muerte les avisara su llegada por anticipado, tuvieron una posibilidad más de
llegar a ser, en esos postreros momentos, plenamente humanos".
LA INMORTALIDAD DEL ALMA
El conocimiento espiritual
comparte con otros saberes y doctrinas, la seguridad de que el espíritu es
inmortal y que guarda en sí todos los sentimientos cultivados en la vida
material, porque estos no conocen de fronteras y límites terrenos.
Sin dudas, nos sentiremos más tranquilos y serenos al saber que cuando el espíritu
recobre sus fuerzas en el mundo espiritual, podrá asistirnos mediante la
intuición, la fortificación a nuestras luchas, acompañando nuestros
pensamientos y sentimientos, siempre que nos predispongamos en la reflexión
serena a recibir su ayuda. Podremos percibirlos entonces, de otra manera, y la
calma y la conformidad que vayamos logrando a medida que transcurra el tiempo
nos ayudará y ayudará también al ser que dejó el plano material a conseguir la
suya.
La fe en Dios y en la misericordia de sus leyes que nos guían y protegen,
aunque no siempre podamos razonarlas, nos darán más serenidad y entrega para
saber que la muerte es sólo el comienzo de otra vida más plena, donde nos
reencontraremos, en algún momento, con quienes luchamos, vivimos y amamos, para
seguir aprendiendo y progresando.
La certeza de la
supervivencia del espíritu luego de la muerte del cuerpo físico, constituye una
realidad trascendente al aportar conocimientos sobre la inmortalidad del alma y
lleva serenidad y confianza en los procesos de la evolución. Así lo expresa, la
primera de las máximas de LAS TRES GRANDES VERDADES DEL MASÓN: “El Alma del hombre es inmortal y su
porvenir es el destino de algo cuyo crecimiento y esplendor, no tiene limites”.
Significando
lo anterior, que para el Masón, la MUERTE, como fin material de todos los
Seres, en el plano de existencia material–terrenal, da origen al NACIMIENTO de
una NUEVA VIDA; es decir, de una Esencia Espiritual que JAMÁS DESAPARECE, y
además es susceptible de continuar progresando, de conformidad con el nivel de
los planos en cuyo medio se desarrolla.
LA MUERTE INICIÁTICA
Para Rene Guénon, en
su libro “Apercaciones sobre la Iniciación”, la palabra muerte, debe ser
entendida en su sentido más general, como un cambio de estado, cualquiera que
sea, es a la vez una muerte y un nacimiento, según que se considere por un lado
o por el otro: muerte en relación al estado antecedente, nacimiento en relación
al estado consecuente. En la iniciación masónica, que es una muerte iniciatica,
se describe como un segundo nacimiento, lo que es en efecto; pero este segundo
nacimiento, implica necesariamente la muerte al mundo profano. Esta muerte
simbólica, es como una suerte de recapitulación de los estados antecedentes,
por la que las posibilidades que se refieren al estado profano serán
definitivamente agotadas, a fin de que el ser pueda desarrollar desde entonces
libremente las posibilidades de orden superior que lleva en él, y cuya realización
pertenece propiamente al dominio iniciático. Muerte y nacimiento, permite el
paso del orden profano al orden iniciático.
Esto puede ser
entendido como una regeneración psíquica; y es en efecto en el orden psíquico,
es decir, en el orden donde se sitúan las modalidades sutiles del estado
humano, donde deben efectuarse las primeras fases del desarrollo iniciático;
pero éstas no constituyen una meta en sí mismas, y no son todavía más que
preparatorias en relación a la realización de posibilidades de un orden más elevado,
queremos decir, del orden espiritual en el verdadero sentido de esta palabra.
El neófito
muere a la vida profana para renacer a una nueva existencia, santificada,
renace igualmente a un nuevo ser que hace posible el conocimiento, la
conciencia y la sabiduría. El iniciado no es solamente un recién nacido: es un
hombre que sabe, que conoce los misterios, que ha tenido revelaciones de orden
metafísico. Muere a viejos rencores, odios y otros vicios, adaptándose a los
cambios, renunciando al ego. Al igual que en la muerte física, se entregan a la
gracia de lo superior, constantemente, para renacer.
Dejan lo
viejo sin dolor y toman lo nuevo con naturalidad. Viven en el reino de la razón
y la actividad mental. Tienen capacidad de conectarse con energías ancestrales
para esclarecer situaciones. Son serviciales, muy responsables y exigentes
consigo mismos, con gran capacidad de perdón, de olvido, de transformación y
auto sacrificio, poseen una gran sensibilidad, seguridad consciente y
conciencia de comunidad.
La muerte simbólica,
atiende el llamado, a la entrega, y al de dejar ir las cosas. La entrega es lo
opuesto al abandono, es liberarse del deseo de querer controlar las cosas, y
dejar ir tus ideas y esquemas del pasado que limitan las posibilidades. La
entrega es liberarse de las ataduras de la acción preconcebida para que puedas
vivir una vida más inspirada, sin creencias limitadoras. La muerte simbólica
revela el ser, el verdadero ser, al podar las partes innecesarias. Busca nuevas
maneras de ser, nuevas ideas y nuevas direcciones que ocupen el vacío que has
creado con tu entrega y liberación. Siente el bálsamo de perdonar que es
intrínseco con el reino de la muerte. Deja ir las cosas, y en acto de dejarlas
ir, el universo te renueva con nueva Vida.
CONCLUSIÓN
De lo anterior y sin
temor a equivocarse, se puede concluir que los hombres mueren, pero no perecen,
sino que de nuevo comienzan a vivir. La fuerza vital en indestructible, subsiste
más allá de la muerte. Estamos sometidos a un constante proceso de
transformación, todo cambia e inclusive puede ser destruido, pero siempre se
conserva la fuerza vital a la cual debe su existencia; lo eterno, aquello que
no puede desaparecer, pues una y otra vez vuelve a resurgir en forma distinta, se
renueva y vuelve a nacer. La propia idea de la vida contiene ya el germen de la
muerte y se expresa en un principio dualista. La idea de la resurrección humana
se basa en la reaparición de los astros después de que han descendido detrás
del horizonte al mundo de los muertos.
Esta enseñanza que
todos los días nos lo hace vivir el propio Sol, naciendo incansablemente por
oriente y muriendo indefectiblemente por el poniente; permanentemente siguen
este ciclo cósmico del nacer y el morir - morir y nacer. "Ni la naturaleza
ni el hombre están condenados a la muerte eterna. Las fuerzas de la
resurrección actúan: el sol reaparece cada mañana después de haber pasado la
noche. Muere y renace; del mismo modo que la luna desaparece del cielo y
reaparece al ritmo de sus fases. La muerte y la vida son dos aspectos de una
misma realidad. La vida brota de la muerte, como la pequeña planta, del grano
que se descompone en el seno de la tierra.
La muerte no es real,
incluso en el sentido relativo -no es sino nacimiento a una nueva vida- es ir
adelante, y adelante, y adelante, a planos de vida superiores y más altos
todavía, por eones sobre eones de tiempo.
El universo es nuestro hogar, y con la muerte, solo estaremos explorando
sus más alejados escondrijos antes del fin del tiempo. Estamos habitando en la
mente infinita del TODO, y nuestras posibilidades y oportunidades son
infinitas, tanto en tiempo como en espacio.
Y al final del gran ciclo de eones, cuando EL TODO atraiga de vuelta
hacia sí todas sus creaciones, iremos contentos, pues entonces seremos capaces
de conocer toda la verdad de ser uno con EL TODO. Tal es el dictamen de los
iluminados -aquellos que han avanzado mucho a lo largo del sendero.
Entendamos pues la muerte QQ∴ HH∴, como la
metamorfosis del gusano de seda en una mariposa; como el proceso donde el
individuo se deshace de su cubierta exterior, que le ha servido durante su vida
terrenal por los años de su existencia.
Tal como dice Isabel Allende en "Cuentos de Eva
Luna"
EN
"... La muerte, con su ancestral carga de
terrores, es sólo el abandono de una cáscara ya inservible, mientras que el
espíritu se reintegra en la energía única del cosmos..."
Es todo…
Ernesto
Márquez, M∴ M∴
Vall∴ de Caracas, a los 21 días del mes de noviembre de 2005 de la e∴ v∴