
¿QUE NO ES LA MASONERÍA?

La masonería no es una religión, la institución alberga por igual a
judíos, musulmanes, cristianos, católicos, cuáqueros, librepensadores o de
cualquier otro credo, solo se
exige al individuo admitir la existencia de un Ser Supremo, con la
denominación que se le quiera dar.
La
masonería no es una religión, ni una secta, pues no tiene dogmas, carece de
cuerpo doctrinal al cual se llegue a través de la fe. La masonería respeta
todas las creencias.
No es una religión, pero
trabajamos en un templo físico, donde llevamos a cabo nuestros rituales, para
fabricar un templo simbólico, que es el templo de nuestra personalidad.
En
masonería no se le rinde culto al diablo, tal como se acusó en numerosas
ocasiones por algunos enemigos de la orden y de la humanidad. Un masón puede,
de acuerdo con sus ideas, rendir culto a los principios religiosos en los que
crea. En ese sentido, la antigua formula masónica de "Gran Arquitecto Del
Universo" no debe ser entendido necesariamente como un dios personalizado,
sino que simboliza la energía, armonía, fuerza de la vida u origen del universo
que se desee.
En los rituales masónicos no hay nada de magia o de irracionalidad,
tienen un significado básico que se explica a los iniciados, y a partir de esa
base cada uno enriquece o desarrolla las diferentes aplicaciones que desee. El
trabajo masónico intenta provocar en sus participantes una toma de conciencia
de los problemas y cuestiones que se plantean, en todos los órdenes del mundo.
A continuación les pide honda reflexión acerca de lo que cada uno entiende como
soluciones o conclusiones, tratando de verlas desde diferentes concepciones o
puntos de vista. Se trata de fomentar el libre análisis y el desarrollo de la
propia conciencia.
La
masonería no pasa a una acción inmediata -salvo cuando se trata de una ayuda o
acto de fraternidad concreto-, sino que cada masón, aporta su progresivo
enriquecimiento al medio en el que se desenvuelve. Por eso, el ritmo de trabajo
masónico tiene unas pautas de reflexión y lentitud que facilitan el análisis y
buscan causas profundas.
La masonería no es anticristiana, pues muchas iglesias de esa religión
la apoyan y promueven, perteneciendo sus obispos y pastores a ella, de forma
abierta. Tampoco cabe decir que la masonería sea anticatólica, toda vez que en
su seno se respetan todas las creencias. Lo que sí ha ocurrido históricamente
es el enfrentamiento de la iglesia católica con la masonería. La mayor
virulencia se da en el siglo XIX, cuando los diferentes estados italianos se
unifican en uno, y El Papa ve amenazada su posición como rey de Roma; en ese
momento la Santa Sede reacciona con dureza frente a todas las corrientes que,
directa o indirectamente, propugnen los ideales bajo los que se unifica Italia:
estado liberal, sociedades patrióticas -carbonarios, anilleros,
librepensamiento, etcétera. Una de las condenas más duras contra la masonería,
es la que la acusa de pretender la separación de la iglesia y el estado -que
defenderá el Concilio Vaticano II en el siglo XX-. Las calumnias a la masonería
fueron conscientemente alimentadas con las obras del estafador Leo Taxil (que terminó reconociendo públicamente su impostura),
en las que se hablan desde apariciones demoníacas hasta banquetes en los que se
devoran niños.
Cualquier católico puede, desde el punto de vista de la masonería,
ingresar en ella. Se le exige lo mismo que a las personas de otras creencias o
ideologías: tolerancia, fraternidad y desarrollo continúo de si mismo en
beneficio de los demás.
De lo dicho hasta ahora no cabe deducir que la masonería pretenda una
vuelta atrás, a doctrinas elaboradas en el siglo XVIII. El gran valor de la
masonería radica en que cada masón, cada generación de masones, reelabora la
continua y progresiva aplicación de los principios de Libertad, Igualdad Y
Fraternidad, que no significan lo mismo en el siglo XVIII que en el XXI. Nada
de cuanto es humano nos es ajeno, nada de cuanto es universo nos es ajeno, por
estar el hombre inmerso en ese universo como parte consciente y valiosísima del
mismo, capaz de comprender y ayudar a mantener la armonía del conjunto.
No somos
retrógrados cuando tratamos de mantener y estudiar las raíces de nuestra
tradición, pues no se puede pretender entender el presente ni construir el
futuro ignorando los origines.
La masonería no es ocultista, es profundamente esotérica, en la medida que le
dan los símbolos que estudia y los rituales que practica, pero también es profundamente racional y
práctica en su desenvolvimiento y actividades y de acuerdo a los
antiguos usos y costumbres, no
niega ni pone reparos a ningún método moral para estudiar, investigar y
encontrar la verdad.
La masonería no tiene un código dogmático, pero si enaltece y fomenta
las buenas costumbres, de tal manera, que entre los requisitos para ingresar,
además de admitir la existencia de un ser supremo, se exige al aspirante la ineludible condición de
"SER UN HOMBRE, LIBRE Y DE BUENAS COSTUMBRES".
No es una organización absorbente o que exige una disponibilidad de
tiempo completo a sus miembros, las logias tienen una reunión semanal o
quincenal, y pueden haber actividades adicionales, alguna que otra vez al mes,
pero el verdadero
compromiso del masón no tiene horario, ni día de la semana, la
dimensión del compromiso del masón alcanza para el resto de su vida,
constantemente debe tratar de ser el mejor esposo o esposa, el mejor padre o
madre, el mejor hijo o hija, el mejor amigo o amiga, el mejor vecino o vecina,
el mejor trabajador o trabajadora, el mejor conductor o conductora, el mejor
jefe o jefa, el más dedicado o dedicada profesor o profesora, el más honesto o
honesta comerciante, el más justo juez o jueza, etc.
No es una organización secreta, ya que nos ven entrar y salir
constantemente de un edificio llamado templo masónico, que está en una vía
pública en muchísimas ciudades de muchísimos países, la masonería solamente es discreta en cuanto a los modos
de reconocimiento entre los hermanos, pero en cuanto a su
filosofía, doctrina, código moral y su trabajo sobre el individuo y sobre su
entorno, está en disposición de publicitarlo, el mejor ejemplo esta en el
contenido de esta pagina Web.
Debe quedar claro que no somos una sociedad secreta, sino una sociedad
discreta, con finalidades eminentemente morales, que posee ciertos secretos, no
ocultamos nuestra membresía, nuestros templos están claramente identificados en
sus fachadas y listados en los directorios de las ciudades en que existen, los
masones usan emblemas y otros medios de reconocimiento a la vista de todos, no
nos reunimos secretamente sino en nuestros templos, que están identificados con
los símbolos de nuestra orden.
Las diferentes obediencias masónicas de nuestro país se hallan
legalizadas. Esto es así porque son conocidos nuestro principio, estatutos y
objetivos. En lo que si se mantiene el secreto es en los rituales y formas de trabajar.
El significado de este secreto, que por otra parte se encuentra publicado en
numerosos libros de acceso a cualquiera, es el símbolo de que la obra de
transformación y perfeccionamiento humano debe ser llevado a cabo en el
interior, en la reflexión y conciencia. Por otra parte también son
"secretas" las reuniones de consejos de administración de empresas,
de órganos de dirección de partidos políticos, etcétera. Que después de sus
reuniones estas entidades celebren ruedas de prensa no significa que se cuente
efectivamente todo lo ocurrido y planeado.
Ningún
masón está obligado a guardar secreto de su pertenencia a la masonería, pero
tampoco está obligado a reconocerlo si es interpelado, pudiendo negarlo si así
lo estima conveniente o lo prefiere. Lo que no debe hacer ningún masón es
contestar a decir si otra persona lo es, por respeto a la libre decisión de
cada uno a afirmarlo o desmentirlo.
La institución, de acuerdo con tradicionales y sanas costumbres, no se
entromete en lo que entendemos usualmente por política, pero forma al hombre para
que cumpla con su deber y al inducir al individuo a ser consecuente con sus
propios convencimientos, se deduce que la vigilancia constante del acontecer
público es inherente a sus actividades, por ello, aunque no es una institución
para enseñar moralidad ni patriotismo, exige a quien aspire a ingresar, el
demostrar una sólida base moral y una alta disposición para entender los
problemas de la comunidad.
La masonería no exige a sus miembros el pertenecer a ninguna denominación
o confesión religiosa, el ser miembro de alguna iglesia o religión no es
obstáculo para ser admitido en sus filas, no existe ninguna contravención que
impida el ingreso a un católico romano, cristiano, judío, musulmán, budista,
mormón, protestante o miembro de cualquier organización religiosa, mientras
manifieste su creencia en un ser supremo.
Tampoco hay limitación por raza u origen étnico, ni por convicciones
políticas, las discusiones sectarias sobre religión, raza o política están
prohibidas en las logias, los individuos son libres de involucrarse en
actividades políticas o religiosas, siempre que no las lleven al interior de
esta, la masonería invita a sus miembros a ser activos en su religión y en los
asuntos políticos de sus comunidad.
La masonería no pretende sustituir a otros grupos (partidos políticos,
sindicatos, asociaciones de todo tipo), que cumplen su misión y entendemos
necesarias para la vida colectiva. En ningún caso se produce una antítesis,
siendo plenamente complementarias unas con otras. Si acaso, suele ser bastante
enriquecedor para el masón el poder aportar visiones más globales, o aspectos
distintos en una cuestión, al llevar adelante su papel en partidos, sindicatos
o asociaciones.
Otro punto que debe aclararse es la cuestión vertida sobre nosotros de
ostentar un poder secreto mediante la mutua ayuda entre masones. En primer
lugar, conviene señalar que el deber de todo masón a prestar ayuda y
solidaridad a todos los demás, y no solo a los demás masones. Si con éstos le
une un especial vínculo de fraternidad, que da al trabajar en el mismo sentido
y con los mismos objetivos, ese vínculo debe tener un límite en el sentido de
justicia y equidad. Ningún masón está obligado a prestar una ayuda que, en su
conciencia, suponga una injusticia o un favoritismo. Por lo tanto, dependerá de
su sentido de justicia, y éste debe ser muy alto en alguien que se dice
francmasón.
Otra cuestión que debe ser aclarada es que nadie está obligado, en
masonería, a dar ayuda si con ello se priva de lo que es necesario para si y su
familia. Recordamos que nadie puede dar si previamente no tiene, tanto en el
sentido espiritual como en el material.
La
masonería no es elitista. Entre nosotros se cuentan personas de diferentes
procedencias, niveles, formación y profesión. Partimos de la base de la radical
igualdad de todos los seres humanos, de su múltiple variedad que nos enriquece
y equilibra. El elitismo social está proscrito en masonería, y ello se muestra
incluso a nivel simbólico en determinadas ceremonias, recordando la igualdad de
todos los francmasones, aún ostentando diferentes grados.
En masonería no deben juzgarse las opiniones, que son libres, sino las
actitudes: éstas deben ser abiertas, carentes -en lo posible- de prejuicios,
fruto de una reflexión y una intuición propias. Debe abordarse la vida buscando
lo que une antes de lo que separa, y saber manifestar las diferencias con
sinceridad para con uno mismo y con respecto a los demás. Esto no significa que
el masón no defiende sus ideas y creencias, ya que en ese caso no sería
coherente consigo mismo, sino que esa defensa debe ser realizada de forma
abierta, tolerante y fraternal, huyendo de la concepción de ser el único
portador de la verdad absoluta.
Buscamos el
progreso del universo y el progreso de la humanidad inserta en él, y llamamos a
ese progreso luz, entendiéndolo no solo en el sentido material -importante y
presente en nuestras preocupaciones- sino también en el sentido espiritual,
moral o filosófico.

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