
¿QUE ES LA MASONERÍA?

La masonería es una escuela
filosófica, ecléctica, impersonal y constructiva, como camino individual hacia
la verdad, como doctrina y factor de armonía y de progreso para cada hombre y
mujer, particularmente para la sociedad y el medio en que se encuentra y desarrolla
y para toda la humanidad.
La
masonería tiene tres únicos principios: LIBERTAD,
IGUALDAD Y FRATERNIDAD. La forma concreta de entender y aplicar esos
principios no está marcada, y cada masón debe buscarla y realizarla
personalmente. Esta exigencia no es puesta en práctica mediante un examen o
confesión de un masón a otros, sino que se lleva adelante en la conciencia de
cada uno.
La
masonería es una sociedad iniciática en la que se encuentran las diferentes
escuelas de pensamiento y concepciones de la vida. En primer lugar, el carácter
iniciático significa que el ingreso en masonería, el paso a los diferentes
grados y el trabajo masónico en general, obedece a unos rituales o ceremonias
precisas que tienen un significado simbólico. El efecto, la vivencia de cada
masón, será diferente ante la misma ceremonia, y eso es precisamente lo que se
pretende: que cada cual reflexione y estudie según su estilo, aportando su
versión para el conocimiento de los demás. El carácter iniciático de las
enseñanzas es tan antiguo como la humanidad, y la masonería mantiene esas
viejas tradiciones.
La declaración de principios de
la masonería señala, que la nuestra, "es una institución universal,
fundamentalmente filosófica, destinada a trabajar por el advenimiento de la
justicia, de la solidaridad y de la paz en la humanidad".
El trabajo
masónico tiene dos vertientes, una filosófico-simbólica y otra social, ambas
necesarias. Puede ser que un masón concreto prefiera inclinarse más por un
aspecto que por otro, pero cada cual es libre de aportar los trabajos que
prefiera.
La masonería está formada por
hombres libres, que trabajan por su perfeccionamiento espiritual, no es una
secta ni es un partido político y estima que las concepciones metafísicas son
del dominio exclusivo de la consciencia.
Al profano
o profana, se le exige, para entrar en la masonería ser "libre y de buenas
costumbres". Esta vieja fórmula debe ser entendida como derecho y deber al
desarrollar las propias condiciones e ideas -sea cuales sean- y ser coherente
con uno mismo desarrollando esas condiciones e ideas de forma tal que mejoren
aquella parte del universo que le rodea, empezando por él mismo. No se trata de
guardar una moral determinada, sino de cada uno. El masón puede, por supuesto,
aceptar unos principios morales establecidos, pero como ser libre, honrado y
responsable, debe tener fundamentados en su conciencia dichos principios, y
nunca aceptarlos por rutina o por presión social.
La masonería acepta los
postulados de Libertad, Igualdad Y Fraternidad, combate los privilegios y la
intolerancia, mediante el estudio de la ciencia, la investigación de la verdad,
la práctica de la virtud y el ejercicio de la filantropía, trabaja por la paz y
la justicia, por el progreso moral, intelectual y material del hombre y a
través suyo, por el de la sociedad.
La masonería es, a la luz de sus
principios universales, un instituto de perfeccionamiento ético al servicio del
hombre y una institución destinada a extender los valores de solidaridad y
tolerancia, en una sociedad que se debate entre la incertidumbre y la
inestabilidad, atrapada entre la pobreza y la corrupción, entre el
fundamentalismo étnico y religioso y las fuerzas de regímenes brutales y
totalitarios.
En este principio de siglo, los
problemas estremecen la consciencia de los hombres y mujeres libres, las
economías están en crisis y los problemas sociales y ecológicos amenazan con
extender sus perfiles destructores, mientras los hombres y mujeres buscan
desesperadamente la felicidad y el bienestar que no llega.
El número de hombres y mujeres que
viven en sociedades libres ha disminuido, aumenta la tendencia a violar los
derechos humanos y el desempleo y la pobreza, la corrupción y el terrorismo,
crecen, comprometiendo la estabilidad política de buena parte de la sociedad de
hoy.
Cuando la sociedad ve esta
confusión, cuando los grupos religiosos se enfrentan despiadadamente y cuando
las angustias del hombre y la mujer crecen sin ser atendidas, la masonería es o
debe de ser, una esperanza, un sitio de reflexión y un lugar de encuentro para
los hombres y mujeres de buena voluntad, que buscan afanosamente la libertad y
la justicia.
Podemos pasar revista a la
interminable lista de personajes que han dejado profunda huella en los
escenarios sociales, humanistas, filosóficos, científicos, técnicos: desde
reyes hasta soldados, desde maestros hasta filósofos, desde rudos obreros hasta
encumbrados estadistas, desde humildes picapedreros pre-medievales hasta
protagonistas de la era espacial, han recibido grandes influencias y han dejado
a su vez excepcionales contribuciones, que en ocasiones han permanecido
vigentes por generaciones y que a veces han desbordado el ámbito de nuestra
institución para esparcirse sobre toda la humanidad.
Como vemos, en masonería no caben dogmas, estando
abierta a todas las actitudes respetuosas con las formas de pensar ajenas.
En masonería existe una vieja fórmula que propugna
no tratar de política o religión, salvo para esclarecer a los demás. Esto
significa que la masonería es apartidista y que en ella no se pueden dar
"consignas", no se puede tratar de "imponer" ideas, sino
"exponer" las mismas. Sería un error considerar que la masonería es
una organización en la que unas conclusiones mayoritarias obligan a actuar
social y políticamente a todos, y mucho menos, en la directriz de una autoridad
imponga un camino a seguir. Esta forma de actuar sería antimasónica.
Sin
embargo, nuestra historia y nuestro mundo están impregnados de realizaciones de
inspiración masónica. De ahí deducen los críticos de nuestra organización su
peso político y su papel como fuente de directrices concretas. Lo que ha
ocurrido, lo que ocurre, es que los hombres y mujeres que trabajan con los
ideales de Libertad, Igualdad Y Fraternidad, llevan, cada uno de una forma
libre e individual, esas actitudes y principios a su mundo familiar, social,
político, laboral, etcétera. Lo hacen en la forma en que voluntariamente
deseen, y con los aspectos concretos que en conciencia decidan. Si, por
ejemplo, la fraternidad universal es un principio masónico, no será extraño que
la mayoría de los masones se hayan encontrado en primera fila de la
constitución de organismos internacionales, de la unidad europea, etcétera. El
masón es un ser humano comprometido, las más de las veces, en un proyecto
político, social, intelectual, filosófico, etcétera, porque debe ser un ser
consciente y responsable al que no le dejan indiferente los demás.
La masonería
no es una religión, pero trabajamos en un templo
físico, donde llevamos a cabo nuestros rituales, para fabricar un templo simbólico,
que es el templo de nuestra personalidad.
Un templo es
algo consagrado principalmente por la
reverencia, el respeto y la disposición que personalmente ponemos al asistir a
él.
El masón, por el solo hecho de
serlo, está obligado a velar por la integridad de su patria, a obedecer las
leyes del país donde viva, a consagrar la inviolabilidad de la vida y a
combatir la tiranía y el fanatismo en todas sus formas.
La masonería es una institución
iniciática, lo que implica que ineludiblemente, quien ingresa a ella debe pasar por una iniciación,
proceso este que tiene por finalidad, llevar al subconsciente lo que a la razón
le es difícil interpretar y que consiste en una serie de pruebas y rituales
simbólicos.
En la institución se trata de
que cada estudiante alcance a plenitud, el conceptualizar la libertad máxima,
el libre albedrío, con todo lo que ello implica, el tener libertad implica necesariamente, tener
responsabilidad por sus acciones, por el cumplimiento de sus
compromisos y por alcanzar sus propias metas, libertad y responsabilidad por
los actos que aquella inspire.
En lo exotérico, el objetivo
básico, es tener la capacidad de adaptar la propia potencialidad, a lo que la sociedad
requiere para conducirla a unas mejores condiciones, en pos de las marcas señeras
de "LIBERTAD, IGUALDAD Y FRATERNIDAD".
En lo esotérico, la idea es reintegrar la condición del ser
humano a su estado primordial, en el que formaba parte intrínseca
del principio eterno del universo.
Todo lo que se
puede obtener de esta institución está en proporción directa con el esfuerzo
invertido en el estudio, con la perseverancia manifestada tras los objetivos y
con la asunción del compromiso contraído.
La masonería es una actividad
emprendida por hombres y mujeres íntimamente unidos que, empleando formas simbólicas
sacadas principalmente del oficio de albañil y de la arquitectura, trabajan por
el bienestar de la humanidad, esforzándose por mejorarse a sí mismos y mejorar
a los demás con objeto de construir una liga universal de la humanidad, de la
cual creen ser actualmente una pequeña representación.
Tal es la masonería, que une
todos estos elevados intereses y aporta a su servicio una gran fraternidad de
hombres y mujeres libres y abnegados, constituida sobre los cimientos de la fe
espiritual y del idealismo moral, cuya misión es hacer amigos a los hombres y
mujeres, refinar y exaltar sus vidas, intensificar su fe y purificar sus
sueños, para que rindan homenaje a la verdad, a la belleza, a la justicia y al
carácter.
Su esencia, es la filantropía o
sea, la cualidad humana y humanística que se distingue por el amor a los
semejantes y por las obras en bien de la comunidad.
Su objeto, la investigación de
la verdad, tanto la verdad científica y positiva como la verdad trascendental.
Igualmente tiene como objeto, el
estudio y práctica de la moral en su acepción más amplia y muy especialmente,
la moral laica.
De la misma manera la
solidaridad entre los congéneres, el mejoramiento espiritual y material de la
humanidad y el perfeccionamiento individual y social del hombre.
La masonería tiene como
principios, la tolerancia mutua, el respeto de los demás y de sí mismo y la
libertad absoluta de conciencia.
El sistema
de diferentes grados dentro de la masonería, que llegan al 33º en el Rito
Escocés Antiguo Y Aceptado, también utilizado por "El Derecho Humano"
no desmiente la igualdad de los masones. En el sentido iniciático ya descrito,
se considera que el acceso a nuevas capacidades de reflexión y actitud masónica
debe ser marcado por el paso a un nuevo grado, marcado por un ritual
especifico. El grado superior tiene nuevos derechos, pero también y sobre todo
nuevos deberes, dentro del trabajo masónico. De esta forma, se avanza
gradualmente en el conocimiento simbólico y filosófico. Pero no hay que olvidar
que la iniciación es obra de la vida entera, y que todo francmasón continua
siendo, simbólicamente, un aprendiz, abierto a todo y a todos.
El
funcionamiento interno de la masonería es democrático, como lo fue durante
siglos, aún antes de que la democracia llegara a la vida política. El sufragio
libre y secreto se aplica en las elecciones anuales para todos los cargos, en
la admisión de nuevos masones, en los congresos generales de cada obediencia,
en la toma de decisión sobre cuestiones administrativas, etcétera. Cada masón
conoce sus derechos y deberes por la constitución, estatutos y reglamentos de
su obediencia, federación o jurisdicción, o logia.
Lo que la masonería ofrece al
individuo está condicionado, en forma directamente proporcional a lo que
invierta en esfuerzo de estudio y aprendizaje.
La masonería es una
sociedad fraternal que está basada en doctrinas morales y espirituales.
Las doctrinas morales son el
amor fraternal, la ayuda mutua, la verdad sobre todo, la práctica de las
virtudes: temperancia, fortaleza, prudencia y justicia, su doctrina espiritual
se fundamenta en la convicción de sus miembros en la existencia de un ser
supremo y en la inmortalidad del alma.
La masonería es también una
organización formativa, educativa, benevolente, social, tolerante y
filantrópica.
Es formativa, porque persigue
los propósitos de formar el carácter moral de sus miembros y enfatiza la
búsqueda de la armonía con el universo interior y el orden en la vida personal,
el desarrollo de la consciencia y el estado que ésta genera.
Emplea el convincente método de la
deducción y no de la inducción, basándose en simbolismos y alegorías y en la práctica
de rituales y ceremonias para comunicar milenarios conceptos de orden y verdad
a sus miembros y les invita a practicarlos cotidianamente para elevar su
condición humana.
Es educativa porque enseña,
medianamente ceremonias y rituales, sus preceptos de moralidad y fraternidad
basados en las enseñanzas del libro de la ley.
Enfatiza la obligación de sus
miembros de interesarse por el mundo que los rodea, por descubrir su relación
con el universo interior, por desarrollar sus habilidades intelectuales, por
ser justos, por seguir los preceptos de su consciencia, por ejercitar al auto
control de sus actos, por ser perseverantes, honestos y sinceros.
Las logias masónicas, sus templos,
sus sesiones de trabajo y el estudio en sus bibliotecas son elementos
sustanciales de esta tarea educativa.
Es benevolente, porque no tiene
fines de lucro, establece para sus miembros la obligación de interesarse, sin
egoísmos, en la solución de los problemas de los demás, especialmente de sus
miembros necesitados.
Es tolerante, porque aun cuando
exige la creencia en un ser supremo, origen de la existencia de todo lo creado,
al cual se dedican todos sus actos y ceremonias, la masonería no apoya ni predica
ningún credo o teología, invita a sus miembros a que practiquen sus creencias
sin dogma ni prejuicio.
Cada logia tiene un altar en su
templo y durante sus trabajos, sobre este descansa el libro de la ley, que en nuestro
país es generalmente la Sagrada Biblia, aunque también encontramos en ese
altar: La Tora y El Coran, entre otros libros sagrados.
La masonería es filantrópica,
aun cuando no hace pública esta actividad.
Esto no se realiza como sociedad
de beneficencia, sino como una actividad de conciencia en toda la extensión de
su significado.
Qué gran sensación el ser parte
de una filosofía y un modo de vida en el que cada hombre y mujer, al ingresar
como masón o masona a la orden, llegan a comprender que nunca debe estar
conforme con lo que es, en el que por convicción interior dedica su tiempo a
perseverar, buscando el desarrollo de su consciencia y evalúa a su condición
como ser humano, asumiendo sus responsabilidades ante el ser supremo, ante sus
semejantes y ante sí mismo.
La satisfacción de tan elevados
ideales solo se encuentra en la masonería, ahí se encuentra la síntesis de la
vida, nada escapa a ella.
Es la única institución que ha
podido vivir a través de los siglos, de las pasiones y de las tragedias
humanas, desde que el hombre comenzó su existencia inteligente en el mundo.
El papel de la masonería en el
mundo sigue siendo el mismo, sus objetivos no han cambiado, pero sí pueden y
deben cambiar los medios que utiliza para alcanzarlos.
La masonería sigue siendo
actual, puede y debe cumplir una función insustituible en la sociedad
contemporánea, promoviendo la tolerancia, la educación, la libertad de conciencia
y todos los derechos humanos proclamados por nuestros antepasados masones.
Tenemos la esperanza de un
futuro promisorio, si sólo sabremos afrontarlo con decisión, con esfuerzo, con
el espíritu en alto, con responsabilidad, conscientes que somos los hijos de la
luz y que las fuerzas oscuras de la ignorancia, la ambición y la envidia jamás,
jamás podrán extinguir la llama eterna de la verdad.
Por todos los conceptos aquí
vertidos, porque nos identificamos con ellos, estamos orgullosos de ser
masones.
Entonces y resumiendo, ¿Por qué somos masones? ¿Que buscamos en la
masonería? En una palabra queremos ser
felices, queremos una felicidad que sea la retribución de haber cumplido con nuestro deber en lo
esotérico y en lo exotérico, queremos que nuestros hijos tengan la
posibilidad de ser felices y que puedan conseguir personas adecuadas con quien
compartir la felicidad.
Confiamos haber aclarado dudas, confusiones o puntos oscuros. No pretendemos con ello otra cosa que ser más conocidos en nuestros objetivos y formas de trabajar. Para terminar, te recordamos algo que con frecuencia se dice en masonería: hay muchos masones sin mandil; es decir, personas que nunca han ingresado en una logia, pero cuyos principios y actuaciones extienden día a día ese mundo más fraternal, más justo, más tolerante y más libre que también nosotros perseguimos.
En resumen, el templo que pretendemos construir
está siempre inacabado, y cada generación de masones aporta una piedra más a la
obra común, adecuada a su época y su marco geográfico.

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