ANTONIO JOSE DE SUCRE

EL GRAN MARISCAL DE AYACUCHO

En el archivo de la Resp:. Log:. "Perfecta Armonía" N° 2, al Oriente de Cumaná, actualmente en poder de Resp:. Log:. "Bella Altagracia" N° 24, hay un libro de actas, con las hojas amarillentas por la acción del tiempo, donde aparece registrado con fecha de 1811, el nombre de Mariscal Antonio José de Sucre, como asistente a unas tenidas.

 

Pero, las pruebas más concluyentes de la identidad masónica del Mariscal Sucre y de su actuación en las Logias, como dirigente de alta graduación, están en el archivo de la Gran Logia de Bolivia.

 

La Gran Logia de Bolivia, como central masónica, fue constituida en 1928. Antes las Logias funcionaban en forma dispersa, con autorizaciones de la Unión de la Gran Logia de Inglaterra, unas veces, y otras de la Gran Logia de Argentina.

 

Sin embargo, la masonería boliviana fue muy activa, sobre todo en Chuquisaca, La Paz, Potosí y Cochabamba. En 1954, con motivo de las Bodas de Plata (25 años) de ese alto cuerpo, fue editado un Boletín, con datos precisos sobre la actividad masónica del Mariscal de Ayacucho en Logias de Chuquisaca y Potosí.                     

 

En un discurso, publicado por los diarios de La Paz, en 1954, hay una amplia referencia del Gran Orador de la Gran Logia de Bolivia, don Ángel Salas, sobre las catilinarias del Mariscal Sucre en las asambleas masónicas de Chuquisaca.

 

 

Don Ángel Salas, era un erudito historiador y un brillante ensayista, muy respetado por su vida honesta y pensamiento liberal. Dirigió en Cochabamba el matutino "El País", y en La Paz, "El Diario", Decano de la prensa boliviana. Acucioso investigador, descubrió una variada y fehaciente documentación sobre la actividad masónica del Mariscal Sucre, preparando con ese valioso material su discurso de orden de 1954.

 

Ante un auditorio selecto, en su condición de Gran Orador de la Gran Logia de Bolivia, don Ángel Salas, entre otras cosas dijo lo siguiente:

 

"Al consolidarse la República con semejante blasón, el Mariscal de Ayacucho tuvo oportunidades para reunir en fraternales Asambleas a los masones chuquisaqueños. Libráronse de la acción devastadora de los motines militares algunas actas por las cuales venimos en conocimiento que el insigne masón Antonio José de Sucre, daba cuenta de sus planes a los HH:. y les consultaba sobre las represiones que adoptarla por la disipación de los frailes y la ociosidad de las monjas, a quienes redujo a estrechos limites, convencido de la misión de impedir como gobernante que la Juventud, reclamada por menesteres urgentes en un país pobre, se dedique a la vida contemplativa o a la Inmoralidad repudiable".

 

De este fragmento del discurso de don Ángel Salas, se desprende que el Mariscal Sucre no sólo tenía en gran estima a la masonería, sino que también iba a las Logias para consultar a sus Hermanos sobre los pasos políticos que pensaba dar, lo que viene a demostrar su profunda compenetración con el espíritu liberal y el ideario democrático que siempre animó a la francmasonería.

 

 

El Mariscal Antonio José de Sucre, nació en Cumaná el 3 de febrero de 1795. Fueron sus padres el Subteniente Vicente de Sucre y Manuela de Alcalá. Dentro de las limitaciones propias del ambiente, recibió mediana educación, especializándose en matemáticas e ingeniería militar, materias por las que sentía especial vocación. A la temprana edad de 15 años, se alistó en las filas de la Revolución ascendiendo en 1811 a Teniente de Ingenieros.

 

A raíz de la capitulación de Miranda, emigró a Trinidad. Regresó en 1813, uniéndose a Santiago Mariño, combatiendo a su lado hasta 1814. Se apartó de dicho jefe para prestar servicios al frente de un Batallón. Bolívar que lo apreciaba por su talento y coraje, lo ascendió a Coronel en 1817. Pasó a las órdenes de Bermúdez y en 1819 recibió el grado de General de Brigada. Ocupó el cargo de Jefe de Estado Mayor de Bolívar y Ministro interino de la Guerra.

 

 

Sucre formó parte de la comisión encargada de negociar el armisticio propuesto por el Jefe español Pablo Morillo. Nombrado en 1821 Jefe del Ejército del Sur de Colombia, el Gobierno de Guayaquil le entregó el mando de sus fuerzas, con las cuales derrotó a los españoles en las batallas de Yaguachí, Riobamba y Pichincha, asegurando la independencia del Ecuador y consolidando la posición de Colombia.

 

Bolívar lo ascendió a General de División, nombrándolo además Comandante del Departamento de Quito. Sucre no tardó en anotarse nuevas victorias en Guaitara, Yacuanquer y Pasto. En abril de 1823, viajó a Lima como Ministro Plenipotenciario de Colombia. El gobierno del Perú que conocía la capacidad militar del joven General de División le confió el mando de sus fuerzas. Estuvo en Junín y el 9 de diciembre de 1824, dirigió la Batalla de Ayacucho, sacando a relucir sus grandes cualidades de estratega.

 

La Batalla de Ayacucho, no sólo fue una demostración de pericia bélica, sino también de humanidad y cortesía. Escribió al respecto el cronista peruano Niko Cisneros: "Las tropas alistábanse para la batalla decisiva, cuando llegó a las avanzadas de los libertadores, el general hispano Monet acompañado por dos subalternos y amparado por la bandera de parlamento. Llevaba el sentir de su gente que tenían familiares y amigos en las tropas patriotas, y que deseaban visitar antes de que la muerte cerrara sus ojos.

 

"Sucre apoyó la solicitud manifestando que los suyos también habían acariciado igual deseo. Así se reunieron un centenar de militares de ambos bandos, completamente desarmados, probando que la humanidad y la cortesía también cabían en el corazón de los soldados bravíos. Criollos sudamericanos y peninsulares departieron en medio de gran cordialidad".

 

"Y en un lado del campo se situaron a conversar los generales Monet y Córdoba, como si se tratara de una tertulia fijada, interrumpida tan sólo para contestar los respetuosos saludos de los militares de uniforme u otro. La desusada entrevista duró media hora, más o menos, y después de abrazarse los que más tarde buscarían que destrozarse, se retiraron hacia sus Iíneas agitando las manos en señal de despedida".

 

"La emoción hízose presente y algunas lágrimas rodaron por las mejillas de los recios soldados, mientras el viento de la pampa llevaba el toque metálico llamando a rancho. Y los integrantes de ambos ejércitos almorzaron tranquilamente, como si se hallaran protegidos por la muralla más poderosa del mundo".

 

"Los patriotas gracias a las reses en pie, consumieron carne fresca con cancha y papas, bebiendo café de cebada. Al término las fuerzas del Virrey La Serna se uniformaron vistosamente con la tenida de parada, cortesía que las del Libertador no pudieron corresponder. Sólo tenían un uniforme, menos vistoso que el del enemigo".

 

"Todo esto no hacía presumir que más tarde, aquellos millares de soldados originarios de varios países del continente americano y europeo, se jugarían la vida en un violento choque a muerte de acuerdo a sus convicciones".

 

"Eran ya cerca de las diez de la mañana cuando comenzaron a agitarse las grandes masas peninsulares, que dieron un prolongado y compacto: "Viva el Rey" que el eco estrelló contra las laderas de las moles cordilleranas. Y en respuesta un sonoro "Viva la Patria" estalló en las filas bolivarianas que ascendió raudo hacia el cielo azul bordado de gris".

 

"Luego, Sucre como un iluminado por la justicia de Dios, se irguió sobre los estribos de su caballo overo y con voz tronante lanzó su formidable y bella arenga, que terminó con la frase de"... Otro día de gloria va a coronar vuestra admirable constancia".

 

 

"A la una de la tarde, la batalla de Ayacucho había terminado con el rotundo triunfo del ejército de la libertad. El telón colonial había cardo para siempre en la pampa de la Quinua, escenario de uno de los momentos estelares de la humanidad. Pero siguieron sucediéndose los duelos de cortesía y de humanidad".

 

"Cuando el Virrey La Serna, herido y apresado entregó su espada, el General Sucre la rechazó diciéndole: "Honor al vencido. Que continué en manos del Valiente". Luego, los términos de la Capitulación no pudieron ser más generosos ni caballerosos. Así se mostró que la nobleza y la hidalguía era tan sudamericana como española".

 

Bolívar, alborozado por la victoria de Sucre, le nombró "Gran Mariscal", y el Congreso Peruano le dio el titulo de "Gran Mariscal de Ayacucho, que el Libertador alabó al guerrero con estas palabras:

 

El General Sucre es el padre de Ayacucho; es el redentor de los hijos del Sol; es el que ha roto las cadenas con que envolvió Pizarro al Imperio de los Incas. La posteridad representará a Sucre con un pie en el Pichincha y el otro en el Potosí, llevando en sus manos la cuna de Manco Capac y contemplando las cadenas del Perú, rotas por su espada".

 

En 1825, Sucre influyó para que las provincias del Alto Perú se independizaran, constituyendo un país soberano. Reunidas en Asamblea por medio de sus representantes, proclamaron la República de Bolívar, y promulgada la Carta Constitucional, Sucre fue elegido su Primer Presidente Vitalicio.

Al frente del Gobierno boliviano, Sucre promulgó leyes progresistas; hizo la división política del país de acuerdo con el sistema francés, en departamentos, provincias, cantones y vicecantones. Impulsó la instrucción pública, organizó el aparato administrativo, liberalizó las costumbres y encaminó ambiciosos programas para la recuperación económica.

Pero la sombra de Caín no dejaba de agitarse. El 18 de abril de 1828, estalló un motín en Chuquisaca, El Mariscal Sucre fue herido de dos balazos. Este incidente lo hizo tomar la decisión de abandonar el cargo, para evitar rencillas y contribuir a la pacificación de la República.

 

 

De regreso a Colombia, el 28 de octubre de 1828, el Gobierno le nombró Jefe de las tropas encargadas de repeler la agresión peruana. Con su habilidad característica, Sucre derrotó al ejército peruano que dirigía el Mariscal José de la Mar, en los campos de Saraguro y Tarqui.

 

Terminada la contienda, asistió al "Congreso Admirable", representando a Cumaná, siendo elegido Presidente. Sin poder lograr su objetivo de convencer a Páez para que abandonara sus esfuerzos separatistas, desde la ciudad de La Grita, volvió a Bogotá, de paso a Quito, donde pensaba reunirse con su esposa.

Cuando viajaba por la montaña de Berruecos, al llegar al sitio de la jacoba, lo esperaban emboscados varios asesinos: Apolinar Morillo, José Erazo, Juan Gregorio Sarria y tres acompañantes, los cuales habían sido contratados por el General José María Obando, Comandante de las tropas del Cauca y el general ecuatoriano Juan José Flores.

                                                                                

Los asesinos le dispararon a mansalva, matándolo instantáneamente. Su cadáver permaneció en el fango por más de 24 horas, hasta que la gente piadosa del lugar le dio cristiana sepultura a la vera del camino. Este abominable crimen ocurrió el 4 de junio de 1830.

 

Bolívar que estaba enfermo en la costa del Atlántico, al conocer el luctuoso suceso, exclamó: "Santo Dios! Se ha derramado la sangre de Abel !... La bala cruel que le hirió el corazón, mató a Colombia y me quitó la vida".

 

 

 

* RETORNO AL INDICE – PROCERES MASONES VENEZOLANOS          

 

 

El Precursor Francisco de Miranda  Libertador Simón Bolívar  Simón Rodríguez  José Maria España  Manuel Gual  José Cortés Madariaga  José Félix Blanco  Andrés Bello  Juan Germán Roscio  José Antonio Páez  Carlos Soublette  Rafael Urdaneta  Santiago Mariño  José Francisco Bermúdez  Juan Bautista Arismendi  Diego Bautista Urbaneja  Antonio Ricaurte  José Félix Ribas  Antonio José de Sucre  Daniel Florencio O'Leary  Gregorio Mac Gregor  José María Vargas  Santos Michelena  Antonio Leocadio Guzmán  José Laurencio Silva  Francisco Aranda  José Austria  José Tadeo Monagas  Pedro Gual  José Gregorio Monagas  Juan Manuel de Cajigal  Juan Vicente González  Juan Crisóstomo Falcón  Juan Bautista Dalla Costa  Laureano Villanueva  Lisandro Alvarado  Antonio Guzmán Blanco  Juan Antonio Pérez Bonalde  Rufino Blanco Fombona  Andrés Eloy Blanco  Raúl Leoni