Jean Palou

EL SIMBOLISMO MASÓNICO (1)
LAS LOGIAS DE
SAN JUAN
En la francmasonería, los talleres de
los tres primeros grados se llaman logias azules o logias de San Juan. Veremos,
en efecto, más en detalle la significación histórica y simbólica de esta última
expresión. Además, los dos términos están perfectamente ligados entre sí,
puesto que el simbolismo conoce tres colores azules, "uno que emana del
rojo, otro del blanco y un tercero que se une al negro...", lo que
corresponde a las masonerías azul, roja, negra y blanca. Por otra parte, esas
tres modalidades del mismo color están a la vez unidas tanto a los tres grados
de la iniciación antigua como al triple bautismo cristiano, porque... "San
Juan Bautista, bautiza en el agua (azul), para inspirar la penitencia: es una
preparación a un segundo bautismo que él anuncia y que Jesucristo dará por el
Espíritu Santo y por el fuego" (2). Se ve entonces por qué las logias
azules constituyen las primeras marchas, en la humildad y el abandono del mundo
profano, hacia la regeneración producida más tarde por el fuego
(Fuego-Cordero). Naturalmente a este simbolismo de los colores se agrega el de
San Juan.
En la obra bien conocida de Samuel
Prichard aparecida en Londres en 1730, "Masonry dissected", se pueden
leer las preguntas y respuestas siguientes:
·
P.: ¿De dónde vienes?
·
R.: De la santa logia de San Juan.
·
P.: ¿Qué recomendaciones traes?
·
R.: Las recomendaciones que traigo de los
verdaderos y venerables hermanos y compañeros de la verdadera y santa logia de
San Juan, de donde vengo, y yo os saludo tres veces de todo corazón (3).
Doce años más tarde se expresa en
"L'Ordre des Francs- Maçons trahi et leur secret révélé" (4) una
versión más sucinta que la precedente: "Preguntas que se agregan a algunas
de las precedentes cuando un francmasón extraño pide ser admitido en la
logia":
·
P.: ¿De dónde vienes?
·
R.: De la logia de San Juan.
Paul Naudon, en una obra reciente sobre
"Les loges de Saint-Jean", se empeña en demostrar las relaciones
existentes entre la francmasonería y los dos San Juan.
Este interesante estudio es, por otra
parte, más histórico y filosófico que propiamente simbólico, y es este último
plano el único que nos interesa aquí.
¿A qué San Juan ha querido honrar la
masonería al dar su nombre a sus logias azules, tanto en el pasado para las
logias de los compañeros constructores, como en la masonería moderna para los
talleres de los tres primeros grados? El hermano E. F. Bazot escribe a este
respecto: "...en cuanto al San Juan que los masones han tomado como patrón
no puede ser ni Juan Bautista ni Juan Evangelista, que no tienen, ni uno ni el
otro, ninguna relación con la institución filantrópica de la francmasonería.
Se debe pensar, con los hermanos más filósofos y más esclarecidos, que el
verdadero patrono de las logias es San Juan el Limosnero, hijo del rey de
Chipre, que en tiempos de las Cruzadas dejó su patria y la esperanza del trono
para ir a Jerusalén a prodigar los socorros más generosos a los peregrinos y a
los caballeros.
Juan fundó un hospital e instituyó
hermanos para cuidar a los enfermos, a los cristianos heridos, y distribuir
ayudas pecuniarias a los viajeros que iban a visitar el Santo Sepulcro.
Juan, digno por sus virtudes de convertirse en el patrono de una sociedad cuyo
único fin era la beneficencia, expuso miles de veces su vida para hacer el
bien. La peste, la guerra, el furor de los infieles, nada pudo detenerlo. La
muerte lo abatió en medio de sus trabajos; pero el ejemplo de sus virtudes
quedó para sus hermanos que se comprometieron a imitarlo. Roma lo canonizó con
el nombre de San Juan el Limosnero, o San Juan de Jerusalén; y los masones
cuyos templos destruidos por la barbarie él había erigido de nuevo, lo
eligieron de común acuerdo como su protector" (5). Paul Naudon rechaza con
una frase un poco desdeñosa (6) esta opinión de Bazot que, evidentemente, al
dar a la orden el único fin de la beneficencia olvida demasiado que la
masonería es ante todo una técnica de realización espiritual.
Es posible que el origen de la afirmación de Bazot sea -como dice P. Naudon (7)
en el discurso de Ramsay-, que: "...nuestra orden (la masonería) se unió
íntimamente con los caballeros de Jerusalén. Desde entonces nuestras logias
llevan el nombre de logias de San Juan". Se trata, pues, de otra masonería
distinta de la de los tres primeros grados, y si Bazot ha cometido un error es
el de dar el patronazgo de San Juan de Jerusalén a las logias azules, en tanto
que Ramsay quería hablar de otra masonería, es decir, de grados irlandeses o
escoceses.
La única relación entre San Juan el
Hospitalario o el Limosnero y los masones operativos se basa en un hecho
referido por Rohrbacher. Se lee, en efecto, en este autor que San Juan el
Limosnero, patriarca de Alejandría, envió inmensos recursos a Modesto, abate de
San Teodoro, en Palestina, para reconstruir las iglesias destruidas en 615 por
los árabes (8). En realidad, los santos patronos de la orden masónica son San
Juan llamado el Precursor y San Juan el Evangelista, uno y otro en estrecho
contacto con Janus, dios de los romanos, "dios de las corporaciones de
artesanos o Collegia fabrorum que celebraban en su honor las dos fiestas
solsticiales de invierno y verano" (9).
En el primer capítulo del Evangelio
según San Lucas, Zacarías insiste mucho para explicar el nombre de su hijo, el
futuro Precursor. Él dice que se llamará Juan, lo que anuncia la piedad y la
misericordia que serán los caracteres mismos del bautista (10). Es necesario
observar que en hebreo el nombre Juan se dice hanan, que significa a la vez beneficencia
y misericordia, mérito, gracia, merced (esta última palabra tiene el sentido de
"piedad" y no carece de interés señalar el papel de la orden de los
Trinitarios u orden de la Piedad, orden de caballería destinada a rescatar a
los cristianos caídos en las manos de los infieles y que constituye el grado
26º de los altos grados del rito escocés).
Johanan significa simultáneamente "misericordia de Dios" y "loa
de Dios", y esos dos sentidos se aplican, el primero al Bautista, el
segundo al Evangelista. R. Guénon ha observado justamente sobre el caso
"que la misericordia es por cierto descendente y la loa ascendente, lo que
nos conduce aún a su relación con las dos mitades del ciclo anual" (11),
es decir, con las fiestas solsticiales de San Juan de Invierno y de San Juan de
Verano (27 de diciembre y 24 de junio).
San Juan Bautista es representado
siempre vestido con un manto de color rojo, que es el símbolo del martirio
(12), y en el baptisterio de Constantino, en la iglesia de San Juan de Letrán
en Roma, se pueden ver alrededor de su estatua de plata siete siervos del mismo
metal, "imagen de los siete dones del Espíritu Santo recibidos con el
bautismo" (13).
Se recordará a este respecto que nadie puede ser admitido en una logia de San
Juan sin la presencia de siete masones. Un nexo aun más estrecho entre el
escocismo y San Juan Bautista se observa en la iglesia de Santa María de las
Fuentes de Lieja. Se ve en esta iglesia un fuerte bajo relieve de cobre el cual
representa al Precursor bautizando al filósofo Cratón.
La fuente bautismal descansa sobre doce bueyes, símbolo de los doce profetas de
la antigua ley y de los doce apóstoles de la nueva ley (hay allí también una
doble alegoría a la circuncisión y al bautismo). La fuente bautismal se
convierte entonces en la imagen del mar de bronce que Salomón había consagrado
a la entrada del Templo para purificarse, que es uno de los símbolos de un alto
grado escocés (14).
San Juan Evangelista, "la loa de
Dios", es representado en los vitrales de la Edad Media y en los Libros de
las Horas con un hábito verde. En Bourges, él tiene una túnica verde y un manto
rojo nimbado de oro. Se le ve bautizando por aspersión (es decir, vertiendo
agua sobre la cabeza de los bautizados) almas representadas por personajes desnudos
y asexuados. Por encima del Santo aparece Cristo rodeado de siete candelabros
de oro, y el Salvador mantiene en una mano un libro cerrado por siete sellos, y
en la otra el globo del mundo (15); la túnica verde es el símbolo de la
caridad, y este color es igualmente el de ciertos números de grados escoceses,
en especial el del Príncipe de la Misericordia, del que hablamos más arriba. La
esmeralda, piedra preciosa también verde, es la joya atribuida al Evangelista.
El número siete es el número propio de ambos santos (por ejemplo, en ciertas
pinturas se puede ver al Evangelista rodeado de siete formas de iglesias, pues
ese numero simboliza el misterio de que se rodean las verdades encerradas en el
Libro Divino) (16). El águila "que se eleva, desde el primer impulso de su
vuelo, hasta el seno de Dios, para expresar en términos consagrados el origen
de su Verbo y el principio de la luz divina" (17), como el águila del
Tetramorfo que al "planear igual que ésta por encima de todas las
generaciones humanas cuando relata el nacimiento eterno del Verbo" (18),
son las aves de San Juan, cuyo Evangelio se lee en cierto número de logias al
iniciarse los trabajos.
Existe una relación todavía más estrecha entre el Evangelio y la francmasonería
cuando se observa, en el Apocalipsis, a Juan que recibe de un ángel una vara de
una toesa con orden de medir el templo, excepto el espacio alrededor del
tabernáculo, que era abandonado a los gentiles por Dios, los que deberían
recorrer, en las tinieblas exteriores, ese espacio durante tres años y medio
(19).
Es necesario aproximar aquí a Juan, maestro de la iniciación y que preside la
dirección del templo esotérico, con la logia que lleva su nombre, en la cual
los profanos no pueden ser admitidos sino después de tres años de aprendizaje,
cuando son recibidos como compañeros, único grado de la antigua masonería
operativa. Más curiosa aún es esa cita de Dante -que quizá perteneció a los
Fieles del Amor o a la Fraternidad de los Rosacruces- que muestra a Juan
mártir, quien prueba así su amor a Dios, después de haberlo extraído del pecho
del Celeste Pelícano (20).
Nos resultaría fácil desarrollar las numerosas relaciones existentes entre la
simbólica cristiana de Juan y las logias de San Juan, pero queremos llegar a
los vínculos -y éste es el término iniciático exacto- que existen entre los dos
San Juan y Janus.
Janus es Cluvius (el que lleva las
llaves), al mismo tiempo que Patuleius (el obrero) y Clusius o Cluvisius, es
decir, el que cierra (21). Se le denominaba también el Padre, y los sacerdotes
salios lo invocaban como dios de los dioses.
Janus era sobre todo el maestro de la iniciación, y Ovidio nos dice que nadie
entraba en el cielo si él no abría la puerta (22), y Marcial expresa que él
también iniciaba la marcha de las estaciones del año y de las revoluciones
celestes, y de ahí su nombre Janitor, el portero del cielo (23).
Más tarde, Janus se convirtió entre los romanos en el guía de las almas y el
jefe de los Manes (Janus Bifrons) que él hacía remontar tres veces por año
desde los infiernos al mundo superior, el 24 de agosto, el 5 de octubre y el 8
de noviembre (24).
Las fiestas solsticiales de Janus se
convirtieron en las fiestas de San Juan de Invierno y San Juan de Verano. Dios
de los artesanos constructores, es decir, de los hombres del oficio cuya
iniciación desemboca en los pequeños misterios, Janus se cristianizó y devino
el patrono bajo el nombre de dos santos (Juan) -que en suma no son más que dos
modalidades de un solo y mismo ser- de las logias de los constructores de la
Edad Media, que celebraban sus fiestas el 27 de diciembre y el 24 de junio.
Esto es tan cierto que se puede ver en la iglesia de Saint-Remy en Reims un
vitral donde figura "un San Juan que se podría llamar
"sintético", que incluye en una sola figura al Precursor y al
Evangelista, fusión subrayada por la presencia encima de la cabeza de dos
tornasoles dirigidos en sentido opuesto (los dos solsticios), una especie de
Janus cristiano en suma" (25).
Nos parece del mismo modo útil mencionar que en el simbolismo masónico
operativo que se ha trasmitido a la masonería anglosajona se halla una
figuración de dos San Juan representada por un círculo que lleva en su centro
un punto, círculo que ostenta dos tangentes paralelas. "Este círculo es
considerado como una figura del ciclo anual, mientras que los puntos de
contacto de esas dos tangentes, diametralmente opuestas una a la otra,
corresponden entonces a los dos puntos solsticiales" (26). Ya hemos dicho
que Janus poseía a menudo dos rostros (bifrons), muy raramente cuatro (27), y
mencionaremos ese curioso ejemplo que muestra muy bien la relación de los dos
rostros de Janus con los masones operativos. En la catedral de Nantes se puede
admirar la tumba del duque de Bretaña, Francisco II, por Michel Colombe.
En uno de los ángulos de la tumba se halla una estatua que representa la
Prudencia. Se trata de una mujer de doble rostro: el de una joven y el de un
anciano (alegoría de Janus). Ese personaje sostiene en una mano un espejo
convexo que simboliza el microcosmos (el espejo fue introducido bastante tarde
en el rito rectificado en el grado de compañero después de haber sido conocido
en la Estricta Observancia, en 1782) y, en la otra, un compás (28). El escultor
del siglo XVI ha sabido, pues, reunir perfectamente todos los símbolos
iniciáticos: el de Janus, patrono de los constructores, y el compás,
instrumento de los maestros masones. Más asombrosa aún esa madera grabada con
el tratado de L'Azoth del alquimista Basile Valentín, donde se observa "a
los píes de Atlas, que soporta la esfera cósmica, un busto de Janus -Prudencia-
y un niño que deletrea el alfabeto -Simplicitas-" (29), que nos presenta a
Janus como maestro de la iniciación ante el cosmos, es decir, la logia, y el
niño que deletrea, el aprendiz que deberá -por el esfuerzo iniciático- reunir
lo que está disperso, esto es, las letras que formarán las palabras sagradas,
las palabras claves. Porque no se podría olvidar tampoco que Janus, dios de las
puertas celestes y al que es consagrado el mes de enero, tiene entre sus
atributos una llave, que simboliza el instrumento que permite abrir las
puertas, las barreras, para llegar a un conocimiento más perfecto, más profundo
del esoterismo (30).
Esta llave se ha tornado un cetro en ciertas representaciones de Janus, siendo
esos dos atributos también los de Cristo: "¡O Clavis David, et sceptrum
domus Israel!... Tú eres, ¡oh Cristo esperado! la llave de David y el cetro de
la casa de Israel. Tú abres, nadie puede cerrar; y cuando tú cierras nadie
podría ya abrir..." (31).
Este santo del oficio romano del 20 de diciembre, al mismo tiempo que el
anuncio de la fiesta del Evangelista -el solsticio de invierno cuya puerta se
abre con la llave de Janus-, canta la llegada del salvador que será bautizado
por el Precursor y que dará a Pedro el poder de las llaves: la de oro y la de
plata. Una y otra son las claves de los pequeños misterios y de los grandes
misterios; ellas dan la entrada sobre los mundos temporal y espiritual. Pedro
posee la llave de la salvación. Juan, después de Janus, lleva la llave de la
liberación.
Con este título él no puede ser más que el santo patrono de las logias
masónicas, donde -al mismo tiempo que se trabaja para la fraternidad, el tiempo
ideal- el iniciado tiende por un segundo nacimiento (la condición de maestro) a
la realización integral, al retorno al Adán Kadmon primordial...
LA PIEDRA
BRUTA Y LA PIEDRA TALLADA
La francmasonería, al devenir
especulativa en 1717, perdió su apoyo técnico de realización operativa y
espiritual. Los materiales, los instrumentos del oficio, se convirtieron, ya en
imágenes materiales fijadas sobre el tapiz de la logia en los primeros y
segundos grados (32), ya en imágenes mentales.
De todas maneras, lo que la mano probaba tocar, el espíritu que actúa sobre la
mano, participa desde entonces únicamente del dominio de lo mental. Tenemos
aquí, sin duda, la consecuencia de una época en que la máquina iba a reemplazar
de más en más a la acción humana.
La piedra bruta queda como uno de los
símbolos fundamentales de la francmasonería. De manera general, los autores
masónicos han transformado ese símbolo en una alegoría moral, muy a menudo
utilitaria.
Ellos asimilan el nuevo masón, el aprendiz, a una piedra bruta que le será
necesario trabajar a él mismo y sobre sí mismo, mediante una tarea constante,
puramente interior. Si nos colocamos sobre el plano metafísico, la piedra bruta
(el aprendiz) es una individualidad (el yo) que deberá debastarse para llegar a
la personalidad (el sí), es decir, para desembarazarse en fin de todas sus
asperezas (la piedra tallada) e integrarse en el edificio global que forma la francmasonería.
Si regresamos al plano operativo -y
como hemos tenido ocasión de subrayarlo muchas veces aquí mismo-, las primeras
construcciones se hacen de madera y el tránsito progresivo de ese primer modo
de edificación al empleo de la piedra bruta, luego de la piedra tallada, no
puede constituir, a los ojos de nuestros modernos contemporáneos, sino un
progreso.
Se trata también igualmente -puesto que se habla de construcciones, y por tanto
de abrigo para los hombres- de una estabilización del modo de vida, o, si se
quiere, de la concentración de los hombres espacial y temporalmente, es decir,
del pasaje de la vida nómada a la vida sedentaria, lo que implica un cambio de
tradiciones, "y además, cuando Israel pasa del primero de esos estados al
segundo, la prohibición de elevar edificios de piedra tallada desapareció,
porque ésta ya no tenía razón de ser; testimonio, la construcción del Templo de
Salomón, que seguramente no fue una empresa profana a la cual se vincula, de
modo simbólico por lo menos, el origen mismo de la masonería" (33).
La construcción en piedras brutas,
luego en piedras talladas, puede dar al edificio más fuerza y más belleza, pero
ella constituye al proyectarse sobre el plano tradicional una solidificación
que refleja una especie de decadencia espiritual.
No es menos cierto que la talla de la piedra bruta se realiza siempre según un
rito, es decir, mediante una sacralización del trabajo que lleva a la
glorificación no sólo de ese trabajo propio sino de Aquel que manda e inspira a
los Obreros, todo lo cual se opera y se integra en un plan trazado por la
divinidad.
Se comprende que el trabajo efectuado sobre la piedra bruta para convertirla en
piedra tallada no puede hacerse sino en una sociedad tradicional, lo que no es,
por desgracia, el caso del mundo moderno contingente. Sólo en tal mundo se
puede permitir la francmasonería ese trabajo de realización espiritual, pero
únicamente sobre el plano mental, y esto porque la masonería, a pesar de su
decadencia "especulativa", ha conservado la transmisión espiritual
iniciática, y ritualiza mediante gestos y palabras el trabajo -antiguamente
efectivo, y ahora sólo mental.
El compagnonnage, con la masonería, siguen siendo igualmente, en nuestros días,
los únicos representantes eficaces de esos oficios antiguos que permitían al
obrero iniciado realizar los trabajos sobre la piedra, sobre sí mismo y sobre
el conjunto del cosmos.
La piedra constituye en sí un
"potencial de fuerzas telúricas, y determina todo un ritual de arte
sagrado. Para mostrar que el hombre se perfecciona, se le compara a una piedra
que de estado bruto llega al estado tallado" (34).
Es así que, en el curso de las edades, se adjudicó una particular importancia
no sólo a la talla de la piedra bruta, sino a la colocación de la piedra
finalmente devastada, no como se dice por lo general, en la masonería francesa,
por el martillo y el cincel, sino por una boucharde, "especie de martillo
en punta del que se sirven, en efecto, los talladores de piedra" (35).
Hasta no hace mucho tiempo, por cierto, los masones de la región de Menton
decían una plegaria cuando se colocaba la primera piedra; los de Namur la
rociaban con una rama de arbusto previamente mojada en agua bendita (36).
No es menos curioso señalar que en el siglo XIX aún, los masones del Bocage
normando golpeaban la primera piedra colocada con una cuchara y un martillo;
los del Franco Condado la golpeaban tres veces (37). La colocación de la
primera piedra en el edificio se hacía siempre en el ángulo nordeste de la
futura construcción acompañada de un ritual particular en cada región (38).
De igual modo, en la francmasonería especulativa, el recién iniciado es
colocado -piedra fundamental simbólica del edificio futuro- en el ángulo
nordeste de la Logia.
La mayor parte de los autores tratan de
mostrar que la talla de la piedra bruta, es decir, el trabajo individual
realizado por el aprendiz, se vincula a la idea absolutamente profana de
libertad, mientras que la noción iniciática de Liberación convendría mucho
mejor en este dominio.
Aparece aquí el recuerdo de las lecciones masónicas del siglo último y la
afirmación bien conocida y tajante: "El masón libre en la logia libre",
de Oswald Wirth, que refleja un estado de espíritu individualista y profano, en
tanto que la talla de la piedra bruta se efectúa en verdad por el individuo
asociado, integrado en la asamblea de la comunidad de iniciados, puesto que -es
necesario no olvidarlo- el trabajo de realización espiritual masónica no podría
ser más que obra colectiva.
LA PIEDRA ANGULAR
La tradición cristiana, de la que la
francmasonería es una de las formas (esotéricas) más esenciales, adjudica mucha
importancia a la piedra angular y a su simbolismo.
Lo esencial de esta tradición reposa en
la frase siguiente: "La piedra rechazada por aquellos que construían se ha
convertido en la piedra principal del ángulo" (39).
San Bernardo (40), hablando de la
construcción del templo cristiano y de la sacralización [construcción y
sacralización realmente efectuadas por los francmasones constructores de
iglesias, detentores del secreto técnico y el secreto iniciático] exclamaba:
"Es necesario que se cumplan en nosotros en forma espiritual los ritos de
que materialmente han sido objeto esas murallas.
Lo que los obispos han hecho en este edificio visible, es lo que Jesucristo, el
pontífice de los bienes futuros, realiza cada día en nosotros de manera
invisible... Nosotros entraremos en la morada que la mano del hombre no ha
elevado, en la eterna morada de los cielos.
Ella se construye con piedras vivientes, que son los ángeles y los hombres...
Las piedras de este edificio están adheridas y unidas por cemento doble, el
conocimiento perfecto y el amor perfecto" (41) (42).
El simbolismo de la piedra angular es uno de los más difíciles para estudiar
porque, voluntariamente o no, los autores lo confunden con el de la piedra
fundamental, a causa del célebre Evangelio según San Mateo: "Tú eres
Pedro, y sobre esta piedra yo edificaré mi iglesia, y las puertas del infierno
no prevalecerán contra ella" (43).
Se sigue de esto, sobre el plano cristiano, una confusión bastante molesta
entre Pedro y Cristo, que es la piedra angular y no la piedra de la fundación
del edificio.
Jean Hani, en su interesante pero
apresurado libro sobre "Le Symbolisme du Temple Chrétien", ha caído
en esta confusión como muchos otros autores. Escribe en efecto: "Todo el
ciclo cristiano se desarrolla en tres actos. Primer acto: Cristo viene a la
tierra a colocar la "primera piedra" (44) o piedra de fundación que,
en resumen, es Él mismo. Segundo acto: el edificio será terminado por la
colocación de la verdadera piedra angular o clave de bóveda. Entonces todo el
edificio sufrirá la transmutación gloriosa: las piedras se tornarán preciosas y
resplandecientes, penetradas por la irradiación del oro divino que es su
sustancia interior, y la ciudad celeste aparecerá en todo su
esplendor...". Jean Hani (45), en su lirismo un tanto
"sentimental", simplemente ha olvidado el texto tan importante de San
Pablo: "Sois un edificio construido sobre el fundamento de los apóstoles y
los profetas, siendo Jesucristo mismo la principal piedra del ángulo (sumo
angulari lapide) en que todo edificio construido y ligado en todas sus partes
se eleva como un templo consagrado al Señor, por quien vosotros habéis entrado
en su estructura para ser la morada de Dios en el Espíritu" (46).
Se tendrá una excelente representación figurativa de lo que es realmente la
"piedra angular" refiriéndose al manuscrito de Munich titulado
"Speculum humanae Salvationis" (47), donde se puede advertir a
"dos masones que sostienen una cuchara en una mano y en la otra levantan
la piedra que ellos se aprestan a colocar en la cima de un edificio
(aparentemente la torre de una iglesia que esta piedra debe completar).
Hay que observar, a propósito de esta figura, que la piedra de que se trata, en
tanto que clave de bóveda, o en toda otra función similar según la estructura
del edificio que ella está destinada a "coronar", no puede, por su
forma misma, ser colocada sino en lo alto (sin lo cual, por lo demás, es
evidente que ella podría caer en el interior del edificio); así pues, ella
representa de alguna manera la "piedra descendida del cielo", (48)
expresión que se aplica exactamente al escrito, y que recuerda también la
piedra del Grial (Lapsit exillis de Wolfram d'Ejschenbach, que puede
interpretarse como Lapis ex caelis)... esta misma ilustración muestra la piedra
bajo el aspecto de un objeto en forma de diamante, lo que la aproxima aún a la
piedra del Grial, puesto que ésta es igualmente descrita como tallada en
facetas" (49) (50).
René Guénon ha observado con justicia que la "piedra angular",
"tomada en su verdadero sentido de piedra "de la cima", es
designada, a la vez, en inglés como keystone, como capstone (que se halla
también escrita capestone) y como copestone (o copingstone)" (51).
Capstone deriva, en efecto, del latín caput (cabeza), "lo que nos lleva a
la designación de esta piedra como la "cabeza del ángulo"; es la
piedra que "remata" o "corona" un edificio; es también un
capitel, que es asimismo el "coronamiento" de una columna" (52).
Terminamos de hablar de "acabamiento", y las dos palabras cap y chef
son, en verdad, etimológicamente idénticas; capstone es, pues, la cabeza (chef)
de un edificio o de la "obra", y en razón de su forma especial que
requiere para tallarla conocimientos o aptitudes particulares, ella es también,
al mismo tiempo, un chef d'oeuvre (obra maestra) en el sentido que la expresión
tenía para los compañeros; "es la pieza por la cual el edificio queda
completamente terminado, o, en otros términos, es llevado por fin a su
perfección" (53).
A la luz de lo que acabamos de informar, nos parece oportuno colocar ante los
ojos de nuestros lectores lo que escribió en 1723 Anderson: "Finalmente,
vosotros deberéis observar todas estas obligaciones, y también aquellas que os
serán comunicadas de otra manera; cultivar el amor fraternal, el fundamento y la
clave de arco, la base y la gloria de esta antigua confraternidad..."
(54), lo que denota en él un conocimiento más profundo del esoterismo masónico
que el que a menudo se pretende atribuirle.
La clave de bóveda, la piedra angular, se adorna, en Notre-Dame del Fuerte en
Etampes (Seine-et- Oise), con la imagen de los Cuatro Coronados, lo que subraya
aún los vínculos existentes entre los francmasones iniciados y la tradición
cristiana (55). A veces, la piedra angular no existe. Entonces, por encima del
crucero se halla el occulum (el ojo de Dios), el orificio por donde la iglesia
recibe la luz y cuya equivalencia se encuentra en la atalaya de los barcos, en
la construcción de la cual se exigían ritos de consagración semejantes a los
utilizados para la consagración de las iglesias.
En las logias masónicas, el occulum,
clave de bóveda del templo a construir, está simbolizado por la plomada,
instrumento de los hombres de oficio, que pende del techo y en medio del
taller. Es decir, que la piedra angular es uno de los símbolos más interesantes
tanto de la masonería operativa como de la masonería especulativa; aun sería
necesario establecer la distinción primordial existente entre el "carré
long" (cuadrado largo), representación de la logia, y la clave de bóveda o
el occulum, circular, que simboliza la tierra y el cielo, lo que corresponde a
dos estados iniciáticos diferentes: los de la Square Masonry (masonería del
cuadrado) y la Arch Masonry (masonería de la bóveda) "que por sus
relaciones respectivas con la tierra y el cielo o con las partes del edificio
que las representan (la forma cuadrada, parte inferior del templo, y la bóveda
o semiesfera) aparecen aquí en relación con los "pequeños misterios"
y los "grandes misterios" (56).
Ella prueba con evidencia que la masonería azul (o de los tres primeros grados)
equivale a la iniciación basada sobre el oficio de constructor, mientras que la
masonería llamada de los altos grados, prolongación obligatoria de aquella,
desemboca en una iniciación de orden diferente y más profundo, pero que no
podría realizarse sin la pertenencia a los tres primeros grados masónicos.
LA CADENA DE UNIÓN
Los francmasones llaman houppe
dentelée a una cuerda de nudos que rodea el "Cuadro de aprendiz"
y el "Cuadro de compañero". Esta "expresión parece impropia,
afirma J. Boucher, pero ella está sin embargo consagrada por el uso. Se trata
de una cuerda que forma nudos llamados lazos de amor y terminada por un nudo en
cada extremidad" (57).
Esos nudos están entrelazados, y sin interrumpirse forman la cuerda anudada de
nuestros templos; son la imagen de la unión fraternal que liga mediante una
cadena indisoluble a todos los masones del globo, sin distinción de sectas ni
de condición. Su entrelazamiento simboliza también el secreto que debe rodear
nuestros misterios. Su extensión circular y sin interrupción indica que el
Imperio de la masonería, o el reino de la virtud, comprende el universo en cada
logia. La cuerda anudada recuerda las bandas amarillas, verdes, azules y
blancas de los templos egipcios, y las bandas blancas, rojas y azules de las
antiguas iglesias de Francia, sobre las cuales los señores representantes de la
justicia aplicaban sus escudos, y que en esos monumentos sagrados, destinados a
un culto solar, representaban el zodíaco" (58).
Se reconoce aquí toda la redundancia sentimental de J. M. Ragon, sin olvidar,
como en la mayor parte de los masones de su tiempo, la proximidad abusiva a la
simbólica egipcia, entonces por completo nueva para los occidentales, y se
recordará con provecho que Ragon fue uno de los más altos dignatarios de la
Orden de Misraim antes de separarse de ella con estrépito (59).
También es sentimental la interpretación de Plantagenet: "La cuerda
anudada simboliza la fraternidad que une a todos los masones, y en este sentido
es una reproducción permanente y material de la cadena de Unión" (60).
Más precisa, pero sin gran valor iniciático, es la opinión de Wirth: "Un
lambrequín orleado forma un friso y lleva una cuerda terminada por cuerdas que
se unen cerca de las columnas J. y B. Este ornamento ha sido impropiamente
llamado cuerda anudada. La cuerda se anuda en intervalos designados lazos de
amor, y representa así la Cadena de Unión que vincula a todos los masones. Los
nudos pueden ser hasta doce para corresponder a los signos del Zodíaco"
(61).
Más simplista aún, E. F. Bazot define la cuerda anudada como "un cordón
que ostenta un nudo en cada uno de sus extremos. Vínculo de fraternidad que une
a todos los masones" (62), sosteniendo que la Cadena de Unión "no se
forma ordinariamente sino en dos casos, cuando la comunicación de las palabras
semestrales (63) y en ocasión de los banquetes. Es el momento de reunirse en
círculo tomados de la mano" (64).
Por otra parte, los compañeros proceden
igualmente en la ceremonia llamada por ellos cadena de alianza. R. Vergez,
llamado el bearnés, el amigo de la Tour de France, nos informa en un artículo
reciente que en 1861, a raíz de un accidente mortal acontecido en Notre Dame de
Paris, "...más de quinientos compañeros fueron a formar la cadena de la
alianza alrededor de la catedral, y el canónigo de Notre Dame de París dijo
para ellos la misa de difuntos" (65).
Esta observación muy interesante parece confirmar la opinión de quienes
consideran la cadena de unión como una representación del "cordón del cual
los masones operativos se servían para trazar y delimitar el contorno de un
edificio" (66), y R. Guénon, al mostrar que la logia masónica es una
representación simbólica del cosmos, ha tenido cuidado de indicar que todo
emplazamiento de un edificio tradicional debía estar encuadrado y que "el
rastro "materializado" por el cordón representaba propiamente
hablando una proyección terrestre" (67).
Así, la cadena de unión sería la proyección celeste del cordón terrestre, que
formaría sobre el muro de la logia un encuadramiento situado sobre un plano
que, con toda evidencia, no pertenecería a las tres dimensiones conocidas. La
cadena de unión, cordón proyectado al infinito, está materializada sobre el
muro de la logia por la imagen de una cuerda que se cruza y vuelve a cruzarse
en doce nudos (por lo menos teóricamente si se juzga por las representaciones
en cierto modo fantasiosas del tapiz de la logia) llamados Lazos de amor. R.
Guénon se pregunta si ese nombre bastante curioso no es el fruto de la
civilización del siglo dieciocho, subrayando que hay quizá en esta denominación
poética "un vestigio de algo que se remonta mucho más lejos, y que podría
aun vincularse casi directamente con el simbolismo de los Fieles del Amor"
(68).
Sin ir tan lejos, recordaremos que en
los siglos XII y XIII las cartas amistosas o amorosas llevan los sellos
particulares de los autores, y que tales sellos -a menudo muy numerosos- son
agregados al documento por ornamentos de seda verde llamados "lazos de
amor".
Si se quiere por cierto admitir el simbolismo del color verde y su noción de
esperanza, se puede quizá ver en los lazos de amor de la cadena de unión la
esperanza alentada por los masones de comprobar en el curso del tiempo la
llegada de futuros hermanos iniciados que ocuparían su lugar en esta cadena
universal; el lugar de tales recién llegados estará obligatoriamente entre las
columnas del templo, hacia el oeste, allá donde penden justo en el infinito las
dos cuerdas anudadas. Pero R. Guénon subraya con razón que la cadena de unión,
al formar un cuadro en el templo masónico, imagen del cosmos, tiene "por
función principal la de mantener en su lugar los diversos elementos que
contiene o encierra en su interior, de modo de formar un todo ordenado, lo que
por lo demás es, como se sabe, la significación etimológica misma de la palabra
cosmos" (69).
Habría lugar para terminar con este
tema diciendo algunas palabras sobre los laberintos que adornan aún cierto
número de iglesias o de catedrales. Esos rastros de piedras de colores
diferentes de los del pavimento y que se pueden ver aún en Chartres
"ofrecen evidentemente una similitud extraña con la cadena de unión
masónica" (70).
R. Guénon se engaña, sin embargo, cuando escribe que los laberintos medievales
"son igualmente considerados como constituyendo una "firma
colectiva" de las corporaciones de constructores" (71), porque se
conoce la mayor parte de los nombres de aquellos que edificaron o hicieron
edificar esos laberintos, y a veces -como en Chartres- la efigie del maestro de
obra se halla colocada en el centro del trazado.
El problema tan interesante de los
laberintos ha suscitado estudios muy numerosos (72), por desgracia muy a menudo
escritos de manera por completo profana. Para nosotros, el trazado del
laberinto sobre el suelo del edificio consagrado, en ocasiones llamado
"camino de Jerusalén" y cuyo recorrido (se hacía de rodillas),
reemplazaba el peregrinaje a Tierra Santa (Guénon ha observado que en Saint
Omer "'el centro [del laberinto] contenía una representación del templo de
Jerusalén") (73) y se proyectaba sobre el muro de la iglesia (a veces,
corno lo hemos dicho en nuestras notas, en el exterior de éste) y en
consecuencia sobre el muro de la logia. La cadena de unión sería entonces la
proyección de la obra colectiva de los masones, el encuadramiento tradicional
de la logia y también el símbolo de la edificación futura del templo de
Salomón.
Se ve, pues, que en ese símbolo, como
en muchos otros, no hay necesidad de hallar una explicación moral o
sentimental, ya que el simbolismo no tiene en verdad nada que ver con esta
clase de cosas, puesto que él se basta a sí mismo por su naturaleza
trascendente, pero también inmanente para todos aquellos que poseen alguna
noción tradicional que no esté velada por ninguna especulación humana
"inventada" a partir del siglo XVIII (74).
NOTAS:
1. Cap. IX de "La Franc-Maçonnerie", Paris, Payot. Trad.
castellana de A. Llanos: "La Franc-Masonería", Buenos Aires, Ed.
Dédalo, 1975.
2.
Abate Auber,
"Histoire et théorie du Symbolisme avant et après le Christianisme",
París y Poitiers, 1870, t. I.
3.
"La Maçonnerie disséqué", por S.
Prichard (1730), trad. del inglés y publicado por la logia de la Perfecta
inteligencia y la Estrella reunidas, Lieja, 1930.
4.
"L'Ordre des
Francs-Maçons trahí et leur secret révelé", 1ª ed., 1742 (libro atribuido
al abate Perau). La referencia de P. Naudon ("Les loges de Saint Jean et
la philosophie ésotérique de la connaissance", París, Dervy, 1957) es
extraída de una edición muy posterior.
5. E. F. Bazot, "Manuel du Franc-Maçon", París, 1812.
6.
P. Naudon, ob. cit., "esta leyenda es
quizá emocionante. Su valor histórico es nulo y esotéricamente no vale
más".
7.
P. Naudon, ob. cit.
8.
Rohrbacher,
"Histoire universelle de l'Eglise catholique", libro 48, año 615. Es además a lo
que hace alusión Bazot cuando habla de los masones cuyos templos "había
erigido" San Juan de Jerusalén.
9. R. Guénon, "Quelques aspects du symbolisme de Janus", en
"Voile d'Isis", julio de 1929, reimpreso en "Symboles fondamentaux
de la science sacrée", París, 1962.
10.
Cf. San Isidoro Hispal,
"Etymologiarum", libro VII, cap VI, citado por Migne,
"Patrologie", t. III.
11.
R. Guénon, "A propos
des deux Saint Jean", en "Études Trad.", junio de 1949, y en "Symboles fondamentaux". Guénon observa no sin
fineza que las figuras populares de "Juan que llora" y "Juan que
ríe" equivalen (al mismo tiempo que las dos figuras de Janus), la primera
"a quien implora la misericordia de Dios, es decir, Juan Bautista", y
la segunda a "la de quien le dirige elogios, es decir, Juan
Evangelista".
12.
En el rito escocés el delantal de los maestros
está bordado de rojo, color del martirio de San Juan (?) o de Hiram (?) o de
otro personaje (?). Podría realizarse sobre esto un estudio muy sugestivo sobre
el cual quizá volveremos un día cercano.
13. Abate Auber, "Histoire et théorie du svmbolisme religieux avant et
aprés le christianisme", París y Poitiers, 1870.
14.
14º grado del escocismo: Gran escocés de la
bóveda sagrada de Jacques II, "hacia el oeste un gran vaso o recipiente de
bronce, lleno de agua" (J. M. Ragon, "Tuileur général ou Manuel de
l'lnitié"). Se halla en la "Légende dorée" (degüello de San Juan
Bautista) una historia bien curiosa relativa a la cabeza del santo y a una
gruta que podría tener cierta relación con los grados de "venganza
salomónica", cuyo origen significaría algo mucho más profundo que la
interpretación habitual de los rituales practicados desde el siglo XVIII.
15. R. P. Cahier, "Monographie des vitraux de Bourges", VII.
16.
Cf. Apocalipsis, cap. V.
17. Abate Auber, ob. cit., t. II.
18. Idem, ob. cit., t. III.
19.
Apocalipsis, cap. XI.
20.
Dante, Paraíso, 28,
58.
21.
Ovidio,
"Fastes", I, vers. 99 y ss.
22.
Ovidio,
"Fastes", I, vers. 102 y ss.
23.
Marcial,
"Epigramas", 1.
24. Cf. G. Lanoé-Villenes, "Le Livre des Symboles", París, 1930.
25. J Hani, "Le symbolisme du temple chrétien", París, La Colombe,
1962.
26. R. Guénon, "Le Symbolisme solsticial de Janus", en "Symboles
fondamentaux".
27. Creuzer, "Symbolisme religieux de l'Italie", t. III.
28.
Se puede ver una
buena reproducción de esta estatua en Fulcanelli, "Les demeures
philosophales", París, 1960, t. II.
29.
Fulcanelli, ob. cit.
30.
En la época de los reyes, la llave era el
atributo de los chambelanes. Muchas llaves figuran en la heráldica, y por
ejemplo en el blasón de los condes de Clermont-Tonerre, de los cuales uno fue
el sucesor del duque de Antin en la gran maestría de la orden masónica del
siglo XVIII.
31.
Breviario romano, oficio del 20 de diciembre.
32.
Cf. cap 1, nota 57.
33. R. Guénon, "Pierre bruta et pierre taillé", en "Études Trad.",
sept. de 1949.
34. J. P. Bayard, "Le Monde Souterrain", París, Flammarion, 1961.
35. Cf. Plantagenet, "Causeries en chambre de Compagnons", y J.
Boucher, "La Symbolique maçonnique".
36. P. Sébillot, "Le Folk-Iore de France", t. IV, París, Guilmoto,
1907.
37. P. Sébillot, "Légendes et Curiosités des Métiers", París,
Flammarion, s/f. Ver también: "Folk-Iore, littérature orate et
ethnographique traditionelle", Paris, 1913.
38.
Cf. P. Sébillot, Id. Es interesante observar
"que las hachas de piedra pulida son colocadas bajo los cimientos en
diversas regiones de Francia" (ob. cit.), sobre todo si se sabe que en
masonería la piedra cúbica en punta que representa al compañero es a menudo
compuesta de un hacha, ésta, por lo demás, instrumento propio de la masonería
forestal, que simboliza el fuego purificador que es uno de los atributos de San
Juan, bajo cuyo patronato se colocan las logias masónicas (cf. J. Boucher, ob.
cit.). Sobre la piedra cúbica, ver R. Guénon,
"Pierre noire et pierre cubique", en "Études Trad.",
diciembre de 1947. R. Guénon advierte con mucha fineza que "la piedra
cúbica es esencialmente una piedra fundamental; ella es, pues, terrestre, como
lo indica, además, su forma y, asimismo, la idea de estabilidad expresada por
esta forma se adecua a la función de Cibeles en tanto que Tierra-Madre, es
decir, como representante del principio sustancial de la manifestación
universal. Por esta causa, desde el punto de vista simbólico, la relación de
Cibeles con el "cubo" no debe rechazarse enteramente, en tanto que
convergencia fonética; pero, por cierto, no es una razón para querer extraer de
ella una etimología ni para identificar con la piedra cúbica una piedra negra
que era cónica en realidad. Hay sólo un caso particular en el cual existe
cierta relación entre la piedra negra y la piedra cúbica; aquel en que esta
última es, no una de las piedras fundamentales colocadas en los cuatro ángulos
de un edificio, sino la piedra sheliyah que ocupa el centro de la base de éste,
correspondiente al punto de caída de la piedra negra, como sobre el mismo eje
vertical; pero en su extremidad opuesta, la piedra angular o piedra del sueño,
que, por el contrario, no es una forma cúbica, corresponde a la situación
"celeste" inicial y final de esta misma piedra negra (ob. cit.).
39.
Salmos, CXVIII, 22; San Mateo, XXI, 42; San
Marcos, XII, 10; San Lucas, XX, 17.
40.
Sobre San Bernardo y el gran papel
representado por ese santo en la iglesia de Pedro y sobre todo en la iglesia de
Juan, ver R. Guénon, "Saint Bernard", París, 1929, 1951 y 1959.
41.
La definición de San Bernardo se aplica
perfectamente también a la obra de la francmasonería que dirige los trabajos de
sus miembros en función de su realización espiritual por la mediación de
símbolos tomados al oficio de constructor y que tiende a darles por los
conocimientos esotéricos el amor que es al mismo tiempo fraternidad y
conocimiento. No se debe olvidar que ciertos talleres superiores de la
masonería escocesa se llaman talleres de perfección, lo que no tiene el sentido
puramente moral que quieren darle ciertos masones. No se trata, en esos
talleres, de estudiar la filosofía moderna - que no puede ser sino profana y
por tanto destituida de todo interés iniciático-, sino de meditar sobre la
sofía tradicional.
42. Citado por J. Hani, "Le Symbolisme du temple chrétien", Paris,
1962.
43.
San Mateo, XVI, 18.
44.
Subrayado en el texto.
45.
J. Hani, ob. cit.
46.
Epístola a los efesios, II, 20-22.
47.
Clm. 146, folio 35 (Lutz
et Perdrizet, t. II). Erwin Panofski ha reproducido ese dibujo en "Art.
Bulletin", t. XVII. También en "Symboles fondamentaux...",
París, 1962.
48.
Nos parece muy sugestivo aproximar ese texto
de la decoración de la logia real de perfección del 13º grado escocés (Royal
Arche, cuyo nombre mismo es muy significativo). Cf. "Memento des Grades de
Pefection", París, 1927, y el ritual del Mark-Masón (maestro). El perfecto
maestro se dirige al postulante y le declara: "¿Por qué, hermano, habéis
tenido la intención de engañarnos? ¿o más bien seríais un obrero que, sin
reflexión, vendría a presentarnos una de las creaciones más informes de la
naturaleza en lugar de una obra acabada... una obra maestra, en una palabra?
Este taller no puede estar sino indignado por vuestra conducta culpable y no
debe pensar con razón que habéis pretendido atraer su atención sobre un objeto cualquiera
a fin de ocultarle vuestro poco celo y ciencia: si experimentáis aquí la
recepción que tanta insolencia merece, seréis al instante expulsado del templo
y declarado indigno de poseer jamás el sublime grado de Mark-Masón. Esta piedra
informe que llamáis una obra maestra es una producción imperfecta y vasta de
las manos de la naturaleza, semejante al hombre que no ha sido aún modelado por
el trabajo y la educación -que es desdeñado- hasta que sus facultades se
desarrollen. Esta piedra, que no ha recibido ningún mejoramiento que el cincel
del artista puede darle y de donde puede nacer quizá una obra maestra,
producida por su trabajo y su talento, debe ser arrojada a un lado. Entonces el
perfecto maestro agrega estas palabras: "Eve over..., y lanza esta piedra
detrás de si..." (citado por P. Mariel, "Rituel des sociétés
secrets", París, 1961). Por otra parte, las letras I.V.I.O.L. bordadas
sobre el cordón del gran tesorero del grado 13º escocés (cf. Ragon, ob. cit.)
están en estrecha relación con la clave de bóveda que representa a Cristo y al
león, símbolo igualmente del Salvador (cf. Abate Auber, ob, cit., t. III).
49.
Se advierte que la idea del Grial y de su
simbolismo está en todas partes presente en los altos grados del escocismo y
aun en los talleres de perfección. A las facetas de la clave de bóveda se
adhiere la designación de piedra de arista que significa el mismo objeto, y
sobre la cual existen leyendas bastante curiosas, tales como la de la iglesia
de Châtel-Montagne en Bourbonnais, que fue, se dice, construida por seres
fantásticos (fées). En 1793, los montañeses locales abatieron la mayor parte
del campanario de esta iglesia; pero cuando uno de ellos quiso arrancar la
piedra de arista, de muy pequeña dimensión, ella resistió como si hubiera estado
sellada (P. Pérot, "Légendes du Bourbonnais", Moulins, 1890).
50.
R. Guénon, "Symboles
fondamentaux...". Cf. canónigo Macé, "La Cathédrale de Saint Jean à
Lyon", Lyon, 1953.
51.
R. Guénon, ob. cit.
52.
"...Hay que observar también a este
respecto que el juramento del grado de Royal Arch contiene una alusión a la
"corona del cráneo" que sugiere una relación entre la operación de
éste (como en los ritos de trepanación póstuma) y el retiro de la clave de
bóveda; por lo demás, de manera general, las sedicentes "penalidades"
expresadas en los juramentos de los diferentes grados masónicos, así como los
signos que le corresponden, se refieren en realidad a los diversos centros
sutiles del ser humano" (R. Guénon, "Symboles fondamentaux...").
No se puede menos que sonreír cuando se observa a un polígrafo actual escribir
fríamente: "La Gran Logia de Inglaterra se atreve a interpretar las
Sagradas Escrituras. Su grado de Royal Arch, en particular, es a este respecto
intolerable" (Alec Mellor, "Nos freres séparés: les Francmaçons",
París, 1961), lo que prueba que el autor de "Trois affaires de
chantage" tiene sólo un conocimiento muy superficial tanto de la masonería
como de los textos bíblicos.
53.
R. Guénon, ob. cit.
54.
Trad. por M. Paillard.
55. Cf. P. Sébillot, "Le Folk-lore, Littérature orale et Ethnographie
traditionnelle", París, 1913.
56.
R. Guénon, ob. cit.
57. J. Boucher, "La Symbolique Maçonnique", París, Dervy, 1953.
58. J. M. Ragon, "Rituel du grade de Compagnon", cit. por J. Boucher.
59.
Cf. Ragon, "Tuileur
général".
60.
Citado por J. Boucher.
61.
O. Wirth, "Le Livre
de l'Apprenti". J. Boucber, a propósito de este texto, observa justamente
que "Wirth dice aquí que el número de nudos puede ser de doce, en tanto
que en la página siguiente el dibujo que da sólo hace figurar tres".
62. E. F. Bazot, "Manuel de Franc-Maçon", París, 1812.
63.
Las palabras de semestre en la francmasonería
son dadas cada seis meses. Han sido instituidas el 28 de octubre de 1773 por el
duque de Orléans, entonces gran maestro del Gran Oriente de Francia. Las
palabras de semestre no son nunca escritas, y se comunican verbalmente.
"Sólo el venerable tiene autoridad para transmitirlas a aquellos que no
estuvieron presentes cuando se produjo la comunicación en la logia" (J.
Boucher, ob. cit.).
64. E. F. Bazot, ob. cit.
65. R. Vergez, "Le coq de Notre-Dame", en "Atlantis", nº
209, noviembre-diciembre de 1961.
66. R. Guénon, "La Chaine d'Union", en "Études Trad.",
sept. de 1947.
67.
R. Guénon, Id. En el mismo artículo, R. Guénon
indica que el símbolo de la cadena de unión "lleva otra denominación, la
de "cuerda anudada", que parece más bien designar el contorno de un
baldequín; sin embargo, se sabe que el baldequín es un símbolo del cielo (por
ejemplo, el baldequín del carro en la tradición extremo oriental); mas, como lo
veremos, no hay aquí ninguna contradicción". Parece, en efecto, que Guénon
comete una confusión, pues la cuerda anudada es sólo la terminación de la
cadena de unión. Dos cuerdas anudadas terminan a cada costado de las columnas
J. y B., hacia Occidente, la cadena de unión que extiende sus entrelazamientos
sobre el muro de la logia.
68.
R. Guénon, art. cit.
69.
R. Guénon agrega: "Se puede decir que
nuestro mundo está ordenado por el conjunto de determinaciones temporales y
espaciales que se hallan ligadas al zodíaco, por una parte, mediante la
relación directa de éste con el ciclo anual, por la otra, por su
correspondencia con las direcciones del espacio (este último punto de vista, se
entiende, se halla en estrecha relación también con el problema de la
orientación tradicional de los edificios)". A este respecto señalaremos
que una cadena de unión de piedra y en relieve existe en el exterior de un gran
número de iglesias, particularmente de estilo románico, por ejemplo, en San
Nicolás de Caen, en Nouzerines (Creuse), Crévoux y Embrun (Altos Alpes). El
hecho de que un zodíaco adorne la fachada oeste de las iglesias no hace sino
confirmar la unión existente entre el cuadro de esas iglesias construidas por
los masones operativos y el de la logia de los masones especulativos, probando
hasta qué punto la francmasonería surgida de los primeros ha sabido guardar las
representaciones tradicionales más antiguas.
70.
R. Guénon, "Encuadramientos y
laberintos", en "Études Trad.", octubre-noviembre de 1947.
71.
R. Guénon, art. cit.
72.
Sobre los laberintos ver:
E. Amé, "Les carreIages émaillés", Paris, 1859; Ch. Auber,
"Compte rendu de l'Academie des Inscriptions et Belles-Lettres", 30
de abril de 1943; J. P. Bayard, "Le Monde Souterrain", París, 1961, y
del mismo "Le labyrinthe", en "L'Age nouveau", nº 104, nov.-dic.
de 1958; M. Berthelot, "Labyrinthe", en "La Grande
Enciclopédie", t. XXI; D. de Boisthibault, "Notice sur le Labyrinthe
de Chartres", en "Revue archéologique"; M. Brion, "Le theme
de l'entrelacs et du labyrinthe dans l'oeuvre de Léonard de Vinci", en
"Revue d'Esthetique", V, enero-marzo de 1952, y del mismo, "Les
noeuds de L. de Vinci et leur signification", en "Études d'Art",
nº 8, 9 y 10; M. Brion, "Léonard de Vinci", A. Michel, 1952; L.
Demaison, "La Cathédrale de Reims", París, 1910; L. Deschamps de Pas,
"Essai sur le pavage des églises", "Annales
Archéologiques", t. XII; Mircea Eliade, "Images et symboles",
París, 1952, y "Traité d'Histoire des Religions", París, Payot, 1953;
Fulcanelli, "Le Mystère des Cathédrales", París, 1957; J. Gailhabaud,
"Ouvrages d'Architecture et des Arts"; R. Guénon, "Le symbolisme
de la Croix", Vega, 1950; "La caverne et le labyrinthe", en
Symboles fondamentaux"; "Encadrements et Labyrinthes", en
Symboles fondamentaux"; E. Lambert, "Le labyrinthe de la cathédral de
Reims", en "Gazette des Beaux-Arts", mayo-junio de 1958; R. de
Lasteyrie, "L'Architecture religieuse en France a l'époque gotique",
París, 1927, t. II; H. Leclercq, "Dictionnaire de Archéologie chrétien et
de Liturgie"; E. Male, "L'Art religieuse en France", 1928-1932;
M. O V. de Milosz, "Les Arcanes", París, 1948; E. Soyer, "Les
Labyrinthes d'Eglises", Amiens, 1896; V. le Duc, "Dictionnaire
raisoné de l'architecture française", t. VI; "Voile d'Isis",
número especial sobre el compagnonnage, noviembre de 1925, nº 171. La mayor parte
de los laberintos conocidos, tal como el de Saint Ouen (2.041 cuadrados),
Chartres (608 pies), denominado "la travesía", pues se empleaba una
hora en recorrerlo de rodillas, el del Sena (30 pies de diámetro), el de Bayeux
(4 metros de diámetro), son de gran talla, salvo los de la abadía de Toussaint
en la isla de Chalons-sur-Marne (0,25 de lado) y el de Grandville (14 m. de
desarrollo, esto es, 28 metros de recorrido ida y vuelta). Ver Tournet de Vigier, "Decouverte d'un labyrinthe a Genainville",
en "Mémoires de la société historique et archéologique de l'arrondissement
de Pontoise et du Vexin", t. LVI, Pontoise, 1957.
73. R. Guénon, "Encadrements et Labyrinthes", en "Symboles
fondamentaux".
74. Existe una relación evidente entre el desarrollo del trazado de los laberintos sobre el pavimento de las iglesias y la marcha del sol. El laberinto participa del simbolismo solar. Se observa entonces que si el laberinto es -como lo pensamos- otra forma de la cadena de unión, decorado obligado de las logias, éstas están situadas en estrecha correlación con la marcha aparente del sol, lo que implica un sentido obligatorio de la marcha de los francmasones en sus logias (ver a este respecto R. Guénon, "La Grande Triade").
