“...A mi humilde
parecer, la comparación del estudioso de la ley con un manantial o río, quiere
decir que dicha persona no se limita a los conocimientos de la Torá que
aprendió de su maestro, sino que él produce nuevas enseñanzas basadas en la
Torá, progresa en sus estudios y...”
Del
comentarista del Pirke Avot
Con Amor...

Del Simbolismo
Esquemático
Por Jaime Gorenstein
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Oswald Wirth, en su libro Le Symbolisme Hermétique, habla del lenguaje de los
símbolos de una manera muy interesante:
“En realidad la finalidad de los símbolos
es la de despertar ideas que duermen en nuestra conciencia. Despiertan un pensamiento por medio de
la sugestión y hacen que la verdad que se encuentra oculta en lo profundo de
nuestro espíritu salga a la luz.”
“Para que los
símbolos puedan hablar, es esencial que tengamos en nosotros mismos los
gérmenes de las ideas, cuya revelación constituye la misión de los
símbolos. Pero no es posible ninguna revelación si la mente se encuentra vacía,
estéril e inerte”.
“Por esta razón
los símbolos no llegan a todo el mundo, no pueden hablar a todas las gentes.
Rehuyen especialmente a las mentes que se precian de ser positivas y que basan
su razonamiento sólo en inertes fórmulas científicas y dogmáticas. La utilidad
práctica de estas fórmulas no puede discutirse, pero desde un punto de vista
filosófico son la expresión sólo del pensamiento estático artificialmente
limitado, inmóvil a tal grado, que parece estar muerto en comparación con el pensamiento
vivo, indefinido, complejo y móvil, que se refleja en los símbolos”. Fin
del extracto.
En literatura esotérica es muy común el trabajo con símbolos de tipo geométrico,
que los antiguos usaban para velar sus trabajos de los ojos curiosos y
profanos.
Los símbolos esquemáticos más simples son:
Y expresan los
números 2-3-4-5-6.
Todos estos esquemas sirven para
simbolizar los diferentes niveles de perfeccionamiento que es posible
alcanzar en la ruta hacia la evolución psicológica del ser.
Intentaré una breve descripción del
desarrollo interior del hombre en función a estos símbolos:
El hombre común, tal como lo conocemos,
con toda la carga de sensaciones, pensamientos, emociones e impresiones que
lo acompaña es una dualidad constituida por “parejas de
contrarios”, en él todo es dual; sus funciones psicológicas
están divididos en positivas y negativas, útiles y dañinas, necesarias y
superfluas, buenas y malas, agradables y desagradables.
Toda su vida transcurre en esa
dualidad, y por lo general en esa condición muere. Cualquiera que sea capaz de
observarse a si mismo, podrá con sinceridad reconocerla.
Pero si de pronto, este hombre
comienza a “darse cuenta” del estado interno en que se encuentra,
de su mecanicidad y ausencia de voluntad – diferenciando lo que en él es
automático y lo que en él es consciente - ha dado el gran salto
para destruir ese “mentirse a sí mismo” que consiste en tomar sus acciones
mecánicas, por actos voluntarios y conscientes, así como a considerarse uno
e indiviso en todas las circunstancias de la vida. Desde ese momento tiene
la opción de iniciar la lucha por la adquisición de un nuevo estado de
conciencia...
Esta nueva dirección definida de
vida, este nuevo “centro magnético” de su existencia, se denomina en judaísmo kavana,
y sin esta intención decisiva nada se puede lograr.
Cuando la kavana se
constituya en el “tercer principio permanente”, para este hombre
será la primera piedra para la edificación de él mismo; el ser judío que ansia
comienza a hacerse realidad. La concepción de la Kavana, será para él la
transformación de lo dual en trinitario.
Cuando la kavana quede
totalmente cristalizada en su intención de vida, y aprenda a introducirla en
todos los acontecimientos donde antes reinaban las leyes de la mecánicidad, esto
creará una línea permanente de resultados en el tiempo, motivando la
transformación del ternario en cuaternario. Habrá construido
en él, al hombre equilibrado... al hombre Nº 4.
La tradición judía tiene en su texto
principal, una figura casi explícita sobre este tema.
Cuando le es cambiado a Abram su
nombre por Abraham se esta indicando que recién en ese momento el patriarca
había evolucionado hacia una condición de “ser equilibrado”.
Cuando en la Torá a algún personaje
se le cambia de nombre significa que su condición interna ha cambiado. Si el
nombre le es modificado completamente significa que el cambio es dramático y
trascendente como en el caso de Jacob por Israel. En el caso de Abram, al
agregarle una letra a su nombre se está indicando que su condición
psicológica ha variado, al lograr para sí el tan ansiado equilibrio, aunque
ello sólo signifique el nivel inicial de su proceso evolutivo interno. La letra
que se agrega es la He cuyo valor es cinco. Veamos:
1 2 3 4 5 6 7 8 9
Claramente se observa que el 5 es el justo centro, el equilibrio. La figura del
hombre equilibrado está conectada con la del hombre justo que para el hombre
del círculo externo es el ser amante de la justicia y la equidad; pero para el judaísmo
interno es el hombre que ha conseguido para si el equilibrio fundamental de sus
funciones psíquicas.
La razón por la que se consideran
nueve números no es arbitraria; en Kabalá el número 9 representa la evolución
perfecta que resulta de la multiplicación de 3 X 3, es decir, las tres
fuerzas creadoras de todo objeto y de todo fenómeno, multiplicadas por si
mismas.
A estas tres fuerzas en su conjunto
se le llama “Ley Fundamental” o simplemente la “Ley del Tres” y
sobre ella volveremos en otra oportunidad.
Para aclarar un poco el uso de estos nueve números, diremos que todo proceso
evolutivo pasa necesariamente por siete etapas fijas y dos dificultades y vamos
a graficar la idea con el siguiente esquema; aprovechando que para todos es
conocida la estructura de la escala musical. A saber:
El DO final representa el comienzo de una nueva octava; en
realidad, todo el proceso ocurre a través de las siete notas y los dos
inevitables semi tomos o intervalos.
A través de la
escala se pueden construir las más hermosas melodías como también los más
espantosos ruidos. La escala constituye una de las leyes cósmicas más
importantes.
Sigamos:
El pentagrama o la transformación del cuatro en cinco, supone un trabajo
interior de nivel muy avanzado en estos afanes milenarios por alcanzar un
desarrollo óptimo del ser.
Y este trabajo - que el hombre de la
Kabalá llama Hashem Avoda - concierne al funcionamiento armonioso, nuevo
y desacostumbrado de los “centros de la maquina humana”.
Sabemos que el hombre tiene cinco
centros: Intelectual, emocional, motor, instintivo y sexual. El
desarrollo predominante de uno u otro de estos a expensas de los demás, produce
un tipo de hombre muy unilateral, incapaz de todo desarrollo. Por el contrario,
si el hombre lleva el trabajo de sus cinco centros a un desarrollo
armonioso, “el pentagrama se cierra en él” y llega a ser un tipo de
hombre “idealmente perfecto”.
El funcionamiento integral de los
cinco centros los conduce a unirse a los dos centros superiores, - centro
intelectual superior y centro emocional superior - los cuales
introducen el sexto principio hasta entonces ausente, conectándolo
directa y permanentemente con la Conciencia Objetiva. El principio
kabalístico de la Debekut queda así cumplido inexorablemente...
la adherencia o el encadenamiento a la Conciencia Cósmica - en términos
religiosos... Dios - ha culminado.
El hombre deviene entonces en la “estrella
de seis puntas”, independiente, completo y terminado por si mismo, nunca
más afectado por influencias ajenas o por las leyes del accidente; encarna en
si mismo al hombre realizado... al hombre nacido dos veces.
DOS VECES NACE "TODA PERSONA"...
una - contra su voluntad
la otra - ejerciendo su libertad
una - por manos ajenas
la otra - por decisión propia
una - acompañada por dolores de parto
la otra - bendecida por dolores de creatividad
una - es un hecho único
la otra - se prolonga todos los días de la vida
una - es un acontecimiento de la naturaleza
la otra - un nacimiento espiritual
el
primer nacimiento es la salida del cuerpo materno hacia el mundo exterior;
el segundo nacimiento es el ingreso a la propia esencia
Rab Elimelej Bar Shaúl
El Maguen David representa al hombre
realizado; aspiración evolutiva del judaísmo integral. Decimos integral,
refiriéndonos a que tanto el judaísmo externo como el interno, tienen una
aspiración evolutiva semejante, aunque de distinto nivel:
Al judaísmo externo corresponde la
evolución biológica.
Al judaísmo
interno corresponde la evolución psicológica.
Entre el siglo XII y XIII, con la aparición del Zohar y el tremendo interés que
causa su estudio, el Maguen David es incorporado como símbolo doctrinario
del misticismo judío, por contener en si mismo, en su construcción y
posibilidades, la doctrina esotérica de Israel.
Intentaremos darle cuerpo a esta
idea; pero antes advertir que la serie de símbolos dados 2-3-4-5-6- se
interpretan como aplicables a un sólo proceso: el de la unidad.
Dice Gurdjieff:
"En tanto que un símbolo exprese
las leyes de la unidad en una diversidad indefinida, él mismo tiene un número
indefinido de aspectos a partir de los cuales se pueda encarar, y exige de
quien se le acerque la capacidad de verlo simultáneamente desde diferentes
puntos de vista".
¡En la auténtica Kabalá no hay dogmatismo!
Los símbolos tenemos que considerarlos como seres vivos, con movimiento propio.
Se les puede “cargar” de conceptos y "conversar” con ellos.
Algunos son auténticas maquinas del pensamiento. Veamos:
Cuando el kabalismo encontró el
hexagrama, este representaba al mundo, como símbolo del espacio - tiempo;
es decir de las tres dimensiones espaciales y de tiempo en su unión perfecta,
en la que cada uno de los puntos del espacio, incluye la totalidad del tiempo y
en la que cada uno de los momentos del tiempo, incluye la totalidad del
espacio, por ello en simbolismo trascendente, el triángulo equilátero es
considerado símbolo de la perfección.
Dos triángulos equiláteros
distribuidos en la forma que se les encuentra en el Maguen David dice en forma
de esquema lo que en forma literaria dice el aforismo hermético “como es arriba
es abajo”.
En la figura a. el tradicional Maguen David ha sido
cargado con diversos conceptos, considerando que lo exotérico mira todo desde
abajo y lo esotérico desde arriba. Por lo tanto los conceptos que están en
el vértice superior del triángulo representan lo objetivo y los que están a la
inversa lo subjetivo.
En la figura b. Los triángulos se han desplazado verticalmente
hasta quedar unidos por sus vértices correspondientes. La lectura de este
esquema es muy interesante, claramente se observa que la idea “imagen y
semejanza” adquiere vida y significado; la idea de “pacto” también;
conceptos aparentemente divergentes quedan revelados al concentrarse todos en el
punto donde la unidad se da la mano con la diversidad.
El aforismo hermético “como es arriba
es abajo, así como es abajo es arriba” resulta ahora muy claro e implica
que incluso el estudio del macrocosmo es posible realizarlo dentro de nosotros,
y a la inversa, al ser conceptos unitarios y correspondientes. Es importante
observar con especial cuidado los conceptos monoteísmo y monoyoísmo.
El monoteísmo fue un concepto muy
difícil de implantar y mucho mas de llevar a la práctica, siglos se necesitaron
para establecer el monoteísmo en Israel.
El monoyoísmo es un concepto
aparentemente nuevo en nuestro mundo actual, mas no así en las antiquísimas
Escuelas de pensamiento objetivo de donde proviene.
Así como el monoteísmo es a lo
macrocósmico, el monoyoísmo es a lo microcósmico.
El monoteísmo se
dirige a Dios; el monoyoísmo al hombre.
En la actualidad, la visión conceptual del monoteísmo se podría dar por relativamente
comprendida; en cuanto al concepto monoyoísmo, la situación es de
desconocimiento general.
El hombre se ha preocupado por el
tema de Dios y su unicidad, con tanto entusiasmo, que ha gastado toneladas de
papel en millones de gruesos tomos, para decidir como es Dios, cuanto mide,
cuanto pesa, de que sustancia sutilísima esta hecho, que le gusta, que no le
gusta y a todo esto le ha puesto por nombre, Teología. Hay seres que aceptan
que el hombre tenga la posibilidad de realizar semejante tarea, hay otros que
la consideran una actividad tan inútil como ociosa, para ellos la Teología es
el estudio de la nada por la nada y para nada. Eso en cuanto al tema de Dios.
En cuanto al estudio del hombre, la psicología siempre ha sido fundamental, y
se la considera en este tema más antigua aun que la filosofía, que formaba
parte de ella – la psicología - como ciencia madre, aun cuando se la conociera
por milenios con el nombre de filosofía.
Refiero todo esto porque muchos
piensan que la psicología es una ciencia nueva. Nada más falso. La psicología
es tal vez la ciencia mas antigua, y desgraciadamente, en sus aspectos
esenciales, una ciencia olvidada.
Todos los sistemas y doctrinas
psicológicas que existen o existieron pueden dividirse en dos categorías
principales:
Primero: Las doctrinas que estudian
al hombre tal como ellas lo encuentran, o tal como lo suponen o imaginan.
Es la psicología científica moderna o alópata.
Segundo: Las doctrinas que estudian
al hombre no ya desde el punto de vista de lo que es, o de lo que parece ser,
sino desde el punto de vista de lo que puede llegar a ser, es decir, desde
el punto de vista de su evolución posible.
Estas últimas responden al origen y
al auténtico significado de esta ciencia milenaria; Ouspensky afirma que la
mejor respuesta a la pregunta: ¿Qué es la psicología? Debiera ser: "La
psicología es el estudio de los principios, leyes y hechos relativos a la
posible evolución del hombre."
Pues bien, es a esta clase de
psicología a la que nos hemos referido en todos los artículos que a la fecha
hemos publicado. Y esta es la clase de psicología que se ocupa del concepto
monoyoismo que estamos tratando de clarificar.
Aspiración del aspecto externo de la Tora:
El Monoteísmo,
la moral subjetiva y la evolución biológica.
Aspiración del aspecto interno de la
Tora:
El Monoyoísmo,
la moral objetiva y la evolución psicológica.
La aspiración
exotérica esta casi o relativamente cumplida.
La aspiración
esotérica esta en cero.
Esquema general del hombre.
El esquema muestra al hombre “mecánico” tal como las influencias externas lo
han formado: “Una bolsa de yoes”...
Sigamos con los símbolos esquemáticos:
La Menorá es el símbolo siete, y la Janukiya el octavo.
Y llegamos al noveno de esta serie, al símbolo que contiene a todos los demás.
Totalmente desconocido para las diversas escuelas esotéricas actuales, para la
Teosofía e inexplicablemente también para el judaísmo talmudico. Su nombre: El
Eneagrama.
Algo semejante al eneagrama es publicado en el libro Etude sur les origines et
la nature du Zohar, por S. Karppe, París 1901, pagina 201, donde se presenta un
dibujo de un círculo dividido en nueve partes con la siguiente descripción:
“Si se multiplica 9x9, el resultado esta dado debajo por el 8 de la columna de
la izquierda y el 1 de la derecha; asimismo 9x8, el producto está indicado por
el siete de la izquierda y el 2 de la derecha; asimismo 9x7. A partir de 9x5 el
orden se invierte, es decir, el número que representa las unidades pasa a la
izquierda y el de las decenas a la derecha.”
El símbolo tal cual lo presento Gurdjieff en 1916 toma la forma siguiente:
Los nueve
puntos que lo definen están dispuestos de tal forma que con ellos puede
representarse cualquier proceso que se renueve por sí mismo.
Algunas sencillas operaciones aritméticas
nos ayudaran a comprobarlo. Veámoslo:
Si dividimos la unidad en tres obtendremos
una serie infinita con base 3:
1 / 3 = 0.333333333333333333...
Si a esta secuencia le sumamos otro tercio,
obtendremos:
1 / 3 + 1 / 3 = 0.333333333... +
0.333333333... = 0.6666666666...
Y si aun le añadimos un tercio más:
1 / 3 + 1/ 3 + 1 / 3 = 0.33333... +
0.33333... + 0.333333... = 0.99999999...
La suma de tres tercios, es por supuesto la
unidad, y de ahí surge, entonces el simbolismo de que la unidad es la
repetición infinita del número nueve. Y ese simbolismo, por otra parte, esconde
el principio de la regeneración, de la renovación continua.
Nótese, que los vértices del triángulo
equilátero inscrito en el eneagrama, están numerados con el tres, el seis y el
nueve, y representan la ley fundamental o ley del tres, en suma, la unidad.
Puede hacerse aun otra constatación con un
número considerado por muchas culturas como sagrado: El siete.
Si tomamos un número entero que no sea
siete ni múltiplo de siete y lo dividimos entre siete, obtendremos una
secuencia infinita que incluye los números 1 4 2 8 5 7 y de ningún modo el 3 6
9 Por ejemplo:
1 / 7 = 0.142857142857142857...
18 / 7 = 2.57142857142857142857...
3.149 / 7 = 449857142857142857142857...
Son seis los números que se repiten al infinito
siguiendo siempre una misma secuencia: 1 4 2 8 5 7. Estos seis números son los
que forman el hexágono, la figura que completa el eneagrama con el triángulo
equilátero.
La explicación del manejo de este símbolo excede las pretensiones de este articulo;
consideramos más bien importante dar a conocer las vinculaciones del Judaísmo
Kabalístico con este esquema tan vinculado a otro, el Árbol Sefirótico.
En el Sefer Yetzira – el libro de la formación – tratado que se le
atribuye a Abraham y cuya antigüedad se estima en más de 3,800 años,
encontramos el siguiente teorema:
"Siete divide, tres frente a tres, y
la ley fundamental entre los dos".
Y es en enero de 1968 que el kabalista israelí Rahamim Tibika presenta
al mundo la solución del teorema en mención y con ello descubre para el
judaísmo y desde el judaísmo un símbolo que forma parte de los grandes
secretos que todavía guarda celosamente la literatura esotérica judía.
Tibika llamó al esquema resultante el
eneagono.
El señor Gurdjieff nos ha dejado
estas palabras para explicarnos la importancia de este esquema:
“De una manera completamente general,
se debe comprender que el eneagrama es un símbolo universal. Toda ciencia tiene
lugar en el eneagrama y puede ser interpretada gracias a él. Y con respecto a
esto, es posible decir que un hombre verdaderamente no conoce, es decir no
comprende, sino lo que es capaz de situar en el eneagrama. Lo que no puede
situar en el eneagrama, no lo comprende.
Para el hombre que sabe utilizarlo,
los libros y las bibliotecas se convierten en algo completamente inútil.
Todo puede entrar y ser descifrado.
Si un hombre aislado en el desierto trazara el eneagrama sobre la arena, podría
leer las leyes eternas del universo, y aprendería cada vez algo nuevo, algo que
ignoraba totalmente hasta entonces.
El eneagrama es el jeroglífico
fundamental de un lenguaje universal, que tiene tantos sentidos diferentes como
niveles hay en los hombres. Para ser comprendido, debe ser considerado como
estando en movimiento, como moviéndose.
Un eneagrama inmóvil es un símbolo
muerto; el símbolo vivo está en movimiento.”
¡El judaísmo se orienta hacia un futuro que
hay que seguir descubriendo!
Guershom Scholem.
El Eneagrama es el antecedente lógico del Árbol Sefirotico cuyo esquema es el
siguiente:
Nótese que la sefira Keter se encuentra en la cúspide del “árbol” coronándolo,
los kabalistas afirman que es necesario considerar a Keter como una corona
colocada muy por encima de la “cabeza”.
En realidad, todo el movimiento de las sefirot ocurre en nueve de diez
sefirot, cuyos nombres representan los atributos que el Creador utiliza –
así en presente - para la creación del mundo y que los Hombres del Círculo
Interno usan para la elección sistemática y consciente de los atributos que van
a constituir la creación de su propio mundo interno.
