RESPUESTA
A UN APRENDIZ

Un Segundo Vigilante contestó una carta de un Aprendiz -
llena de interrogantes - en la siguiente
forma:
Querido Hermano Aprendiz:
Recibimos vuestra carta. Conocimos vuestras dudas.
Comprendemos desde el principio, que nuestra respuesta no podría disiparlas
como el viento disipa la neblina. Ni lo
pretendemos. Estaríamos satisfechos con
lograr de vos, sólo la duda de vuestras dudas.
El resto del trabajo será vuestro. Porque así tiene que ser.
¿Qué pretendéis de vuestro hermano Maestro? Es sólo tu hermano,
no el reemplazante de vuestra conciencia.
¿Qué podemos daros, más allá de bagaje que vos
trajisteis? Tal vez algo de nuestra
experiencia. La experiencia de un hombre, que aprovecha a otro tan sólo en la medida en que este
último pueda y quiera recibirla. Y nada
más. Y así tiene que ser.
Tratemos de ordenar nuestras ideas y que haya ordenada
correspondencia entre vuestro mensaje y el nuestro.
¿Preguntáis si os es lícito dudar así? Creemos que no sólo lo es; sino
indispensable. Vuestras dudas son buen síntoma. Demuestran que hay vida en
vuestro interior, que hay potencia, que hay fuego. Eso es lo que necesitamos en
Masonería. Lo importante es su correcta aplicación.
Retornáis
preguntando si es oportuno formular esta consulta.
¡
Somos hermanos... Esa es la respuesta !
¿Que el tiempo agota vuestras dudas? ....Que nunca se
agoten, que siempre se remuevan, que permanentemente o aguijoneen. De esta manera se ha trazado camino el hombre
en su lucha por el conocimiento. Y el conocimiento es la ruta más cierta hacia
la perfección y la Verdad.-
¿Qué acaso obtendréis más adelante respuesta definitiva?
Nunca. Y alegraos
que así sea. Esa meta que aspiráis se
llama también la muerte.
El hombre vive buscando su razón y se perfecciona en este
afán. A esto se suele designar como
Masonería.
Nos decís las razones que os trajeron a estos Templos. Son
plausibles Q:.H:. y , más aún, son las mismas nuestras.
Nos decís que para
estas razones no os hemos entregado lo que vos pretendíais. No podemos Q:.H:. entregaros lo que no
tenemos, y, aún, si lo tuviéramos, deberíamos pensarlo si convendría
entregároslo.
No puede haber salarios, sino como justa retribución a un
trabajo.-
El hombre que plantea interrogantes tiene, en potencia, la
capacidad de responderlos. Ese es
vuestro trabajo. En Masonería no tenemos otra materia prima que el hombre. Todo
comienza allí, y allí termina.
Nuestra tradición vale sólo como fuente de inspiración.
Nuestra historia, como ejemplo.
Nuestros siglos de existencia como Orden, no han servido
para arreglar fórmulas mágicas. Han servido si,
y es importante reconocerlo, para demostrar que esta fraternidad tiene
su razón de ser. Y la tiene, porque es y continuará siéndolo, aún después de
nuestros días, y de los vuestros.-
Nos representáis que
lo que pretendéis no os lo han entregado vuestros hermanos, ni aún vuestra
Orden, como ejemplo institucional.
Ya tocaremos este punto; pero es necesario reiterar que los partidos y sectas
se dividen, chocan, se desintegran en sus pasiones efímeras y la Orden sigue
inconmovible. ¿Qué dice esto algo?
Estaréis con nosotros al creer que éste es un buen ejemplo
institucional.
¿Qué nuestra Orden como institución tiene fallas? Es evidente que las tiene y no escasas; pero
éstas son las fallas nuestras: Las tuyas y las mías.
¿Cómo podríamos
pretender otra cosa? Si.
Entendámoslo bien. Nuestra Orden en cada momento, no es otra cosa que
sus hombres, frente al instante histórico en que se desenvuelven. Nada más que esto. Sus hombres, con sus
ideales, sus aspiraciones, sus nobles propósitos, sus intelectos, sus instintos
y su animalidad, sus pequeñeces, sus
egoísmos, sus envidias. El espíritu
enfrentado a la materia: y está todo dicho.
Si nada más esto
constituye nuestra Orden. ¿ Cuál
es la diferencia con cualquiera otra agrupación de características generales
similares?
La diferencia es sutil; pero fundamental. Tal vez nazca del hecho mismo de reconocer,
con franqueza profunda que traemos,
juntas, al ingresar, nuestra nobleza y nuestra impureza. Y, desde acá,
tratamos, por todos los medios lícitos, de acrecentar un y disipar la otra.
Tal vez resida en la comunidad de ideales, lejanos e
inalcanzables que nos unen. El beneficio inmediato; el premio seguro, aquí no
existe. Así nos garantizamos mutua buena
fe.
Tal vez se encuentre
la respuesta en el “cáliz de la amargura”, que nada ofrece y todo lo pide. En la Cadena de Unión
Fraternal; en el Pavimento Mosaico que
no nivela”.
Habría que buscar la razón en nuestra Declaración de
Principios, conjugándola con nuestro Testamento Masónico. En el mandil Blanco y
humilde y en la espada flamígera, relampagueante, que porta el más sabio de los hermanos y el cuál, sin embargo,
no es más que el primero entre sus
iguales.
Sí, en todas estas cosas hay que buscar la respuesta. Y la
respuesta se hallará. A condición que creamos, sintamos, vibremos y nos penetre
su íntimo significado.
Los símbolos, de los cuales está pletórica nuestra Orden,
nos hablan. Sólo se les puede escuchar con los oídos del espíritu. Abramos nuestros espíritus a sus voces.-
¿Qué estamos haciendo aquí?
Cada vez que surge esta pregunta, me semeja un lamento
desgarrador. “Estamos aquí, tratando de vivir con sentido”.
El hombre si bien es cierto que ha nacido sin pedirlo, y se
esfuma sin desearlo, no puede considerarse como una hoja entregada al capricho
de los vientos. Tiene capacidad para angustiarse con su sino. La tendrá
entonces para resolverlo. Eso estamos haciendo aquí.
Nuestras logias simbolizan el Universo. Preguntarse la
razón de nuestra presencia en Logia, equivale a interrogarse por nuestra
presencia en el Cosmos.
¿Cómo se nos facilita en Masonería la formidable tarea?
q Acercamos el hombre a
su hermano: FRATERNIDAD
q Respetamos todos los
puntos de vista: TOLERANCIA
q Repudiamos el dogma
limitado: LIBERTAD
q Nos respetamos y
consideramos mutuamente: IGUALDAD
Estas son algunas de las condiciones ambientales que ofrece
la Masonería. Así facilita nuestra tarea.
Se facilita, además, con el uso adecuado de los símbolos,
con la experiencia y conocimientos que van a fondo común. Con la seriedad,
prestigio y honorabilidad de esta Institución, condiciones que constituyen el
legado precioso que recibimos y el cual tenemos la obligación de defender y
acrecentar.
Pese a todo lo anterior, hay que volver sobre la idea
matriz y repetirla cuántas veces sea necesario. Todas son herramientas. La única materia prima es el hombre. De su
calidad intrínseca depende la obra.
No sigáis pidiendo razones Querido Hermano Aprendiz. El
único camino es buscarlas dentro de vos mismo.
En vuestro interior están las dudas....¡ en vuestro
interior están las respuestas!
Os hemos tendido una mano
fraterna. Os hemos soplado un hálito tibio. Os hemos mirado al fondo de los
ojos y auscultado el latir de las venas.
Sin embargo, no podremos jamás adentrarnos en vuestra conciencia... ¡ Os
dejamos a solas con ella!
Vuestro adicto hermano, J:.R:.B:.
Jorge Salem
M:.M:.
R:.L:. Sensatez N°
427
G:.L:. de la Argentina
