POR QUÉ LOS MASONES NO ADORAN A LOS CHIVOS
Por: Francisco Febres Cordero.
(Publicado en el libro Cazuela de Verde. Ed.
Planeta)

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Nuestras abuelitas nos decían, dulcemente: “hijito,
evitarás siempre las malas compañías y huirás de los protestantes, de las
mujeres malas y de los masones”.
Y
nosotros prometíamos huir abuelita, le juro que yo sí he de ser bien bueno.
Pero,
de pronto, la vida nos enfrentó con cada uno de esos seres monstruosos. Y
entonces descubrimos que nuestras abuelitas estaban equivocadas, pobrecitas:
los protestantes resultaron, con el tiempo y el Concilio Vaticano II, nuestros
hermanos separados; las mujeres malas, buenísimas, y los masones unos
ciudadanos intachables. Perdonarán nomás abuelitas, pero así es la vida.
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Demoran
porque están preparando al chivo
Miércoles por la noche. Hace un frío de páramo que
invita a meterse a la cama con la bolsa de agua caliente. Sin embargo, la
invitación a participar en una tenida blanca, tienta.
Congelado,
llego al templo masónico que es una casa de tres pisos. Al frío se une una
sensación de incertidumbre. ¿Entro? ¿No entro?
¡Al
diablo! ¡Entro! Golpeo la que yo creo es la puerta principal. Un señor me la
abre y me dice que el ingreso no es por ahí sino por la puerta que va al
subsuelo. Y yo, muchas gracias señor. Y busco la puerta que va al subsuelo. Y
la encuentro. La puerta da a un pequeño pasadizo que desemboca en un salón
grande en el que ya está reunida alguna gente que se frota las manos de frío. Y
de los nervios. Reconozco a algunos. Saludo. Y en secreto le pregunto a uno que
es amigo: ¿tu eres masón? Y el me dice que no, bestia, yo vengo por primera
vez. Y yo le digo que yo también. Y los dos nos quedamos mirando con ojos de
profanos. Y él me dice que por ahí está fulanito de tal. Preguntémosle. Le
preguntamos. Y él nos dice que también es la primera vez. En el salón hay
mujeres. Algunas mujeres. Comenzamos a hacer grupos y la charla va animándose.
En eso viene uno que seguro que sí es y nos dice que esperemos, que la tenida
va a comenzar en poco tiempo más. ¿Cómo están?, nos pregunta. Estamos muy bien,
decimos, mintiendo un poco. ¿Hay como fumar? Claro, responde. ¿La tenida va a
ser aquí?, averiguamos. Nos dice que no. Que este es el salón de “Los pasos
perdidos”, el área social del templo. Dice perdón, ya vuelvo. Y se va. Y
nosotros nos quedamos pensando que qué lindo nombre el del salón.
En
la pared del fondo hay un gran mural que representa la historia de la opresión
y la liberación de los pueblos. Una mujer se queja de que en el mural no haya
mujeres. Pero de pronto vemos que sí hay una escondida por ahí entre la
multitud. Y la mujer de carne y hueso se tranquiliza.
Uno
dice ¿por qué se demorará la ceremonia? Y otro dice que es porque están
preparando el chivo para que nosotros le besemos el culo.
-
¿No sabes que los masones besan el
culo a los chivos?
-
Sí, sí sabía. Y que también se
comen la carne de los recién nacidos.
-
Y que son vampiros.
-
Yo por eso –dice un altote y fuertísimo-
traje unos ajos aquí en el bolsillo. Vean. Y una crucita también traje, por
siaca[1].
Todo el mundo está muy elegante.
Los hombres con terno y corbata. Las mujeres, con vestidísimos, abriguísimos,
pañuelísimos al cuello, aretísimos y perfumísimos.
-
No te van a
dejar entrar con ese blujin[2],
me dice uno.
-
No importa porque arriba nos han
de dar túnicas, dice otro para tranquilizarme.
-
No al contrario, dice otro. En el
templo hay que estar desnudos.
-
¿Las mujeres también?, pregunta
una.
-
Claro, decimos todos.
Y cuando la cosa comenzaba a tener un cariz interesante,
una voz anuncia que la tenida blanca va a comenzar. “Por favor, suban al
templo”.
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Entre el
ajedrez y los triángulos
El templo es una sala rectangular
de regular tamaño, que con dificultad da cabida a cien personas.
Todas
las luces posibles están encendidas. El piso es a cuadros negros y blancos,
como un tablero de ajedrez. A los invitados nos hacen sentar en unas sillas
colocadas en los espacios laterales. Identificamos a los iniciados por un
delantal muy pequeño que ellos se han chantado.
En
el centro del templo hay una ara sobre la cual están un libro y unos objetos
rodeados por tres luces que forman un triángulo (¿equilátero?, ¿escaleno?,
¿isósceles?, ¡Ay, la geografía!). Al fondo, una mesa y una silla en la que se
sienta el señor que preside la reunión. Un poco más atrás hay más sillas para
otros señores. A un lado de la pared la representación de la luna; al otro
lado, el sol.
En
la pared de atrás, dos columnas de madera que rematan en una cosa como pipa;
bajo una de ellas duerme una piedra pulida; bajo la otra, una piedra sin pulir.
Al
costado derecho, una mesa en forma de triángulo, con tres luces que forman
también un triángulo; tras la mesa se sienta un fulano. Al fondo de la sala otra
mesa igual con otro fulano.
El
cielo raso está ornado con el dibujo de una cadena. Por ahí hay otros
triángulos con una letra G en el medio.
¡Ay
mamita, de gana vine!, pienso. ¡Qué solemnidad! ¡Esto parece primera comunión!
Todo
el mundo está serísimo[3].
Ni una tos.
En
eso, la voz del que preside la reunión retumba.
¡Qué
susto!
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Poco a
poco se van aclarando las cosas
Y el que preside la reunión dice: “Se
abren los trabajos de la reunión blanca en nombre de la libertad”.
Y uno que está sentado detrás de
la mesita triangular dice: “En nombre de la fuerza”.
Y
el otro que está sentado detrás de la otra mesita triangular dice: “En nombre
de la belleza”.
Entonces
el que preside la reunión dice: “Querido hermano primer vigilante, ¿podrías
explicar qué es la masonería?.
Y
el querido hermano primer vigilante, que ha sido el uno de la mesita
triangular, dice: “En el momento en que vivimos se ha transformado en un asunto
difícil de precisar qué es la masonería, pues la visión que de ella tenemos
depende de nuestra personal capacidad de entenderla y expresarla, venerable
maestro” (así se ha llamado el que preside la reunión, venerable maestro,
pienso. Ya por lo menos voy ubicando los cargos).
Entonces
el venerable maestro dice: “Querido hermano segundo vigilante, ¿podrías
arriesgar una definición?.
Y
el querido hermano segundo vigilante, que ha sido el otro de la mesita
triangular, arriesga: “Nuestro gran maestro la ha definido como una actitud
ante la vida; otros hermanos la llaman una escuela de todas las cosas,
venerable maestro”.
Entonces
habla el venerable maestro y dice una cosa de esta jaez: “Os puedo informar,
distinguidas visitas, que nos reunimos en estos templos, privadamente, con el
objeto de estudiar o resolver nuestros asuntos en la reserva y tranquilidad
necesarias. También con las personas que respetamos y con nuestros familiares
nos reunimos regularmente en estas tenidas o les hacemos llegar nuestros
escritos”. Y enseguida pregunta: “Querido hermano primer vigilante, ¿cómo se
puede ingresar a la orden?.
Primer
vigilante: “Sólo por invitación, venerable maestro. Seleccionamos los
candidatos exclusivamente por sus condiciones éticas. En nuestra logia
generalmente presentamos personas afines en sus ideales con nuestros miembros”.
Venerable
maestro: “Querido hermano segundo vigilante, ¿es difícil retirarse de la
orden?”.
Segundo
Vigilante: “Cualquiera de nuestros hermanos es libre de irse de la institución
cuando lo estime conveniente, venerable maestro”.
Venerable
maestro: “Nuestra institución trabaja, reservadamente, en la perfección de
nosotros mismos y por la humanidad; buscamos intensamente la verdad, aunque
sabemos que esa búsqueda es eterna; promovemos el conocimiento del hombre y de
la sociedad en que vive; pretendemos alcanzar la fraternidad del género humano;
luchamos por la justicia social y contra todo despotismo o dogma; instamos a
nuestros hermanos a estudiar, pues sabemos que sólo el conocimiento humano los
alejará de los errores. Los masones podemos adherirnos a la creencia religiosa
o a la corriente política que prefiramos, o no tener religión ni militancia
política. Por lo anterior, pueden pertenecer a nuestra orden hermanos
creyentes, ateos, agnósticos, librepensadores, siempre que estén dispuestos a
confrontar sus ideas con franqueza, tolerancia y fraternidad. Querido hermano
primer vigilante, ¿qué les exigimos a nuestros hermanos?”.
Primer
vigilante: “El estudio de todas las ideas y el respeto por la opinión ajena.
Confrontar todos los temas en el más alto nivel, exentos de prejuicios, dogmas
o fanatismos”.
Primer
vigilante: “Somos buscadores, también, del principio regulador e infinito del
Universo, pues nos gustaría poder explicar la causa primera de nuestra
existencia. En este asunto, aceptamos a la razón humana como único medio de
investigación pero respetamos el que cada cual adopte para explicárselo. Para
superar lo que pudieran ser discusiones eternas y sin solución, hemos acordado
una fórmula que a todos satisfaga: a este símbolo le denominamos Gran
Arquitecto del Universo, venerable maestro”.
Venerable
maestro: “Querido hermano segundo vigilante: ¿Qué significa el mandil que
algunos llevamos en esta reunión?”.
Segundo
vigilante: “Es nuestro único atuendo de logia. Sus formas y colores significan
las obligaciones o grados en la evolución del trabajo masónico. En algunos
casos, los cargos en el trabajo administrativo de la orden. Pero,
fundamentalmente, es nuestro símbolo de trabajo, venerable maestro”.
Venerable
maestro: “Como resumen de todo lo anterior, queda claro para nosotros que
ninguno de los problemas que atañen al hombre nos deben ser ajenos, teniendo
siempre a la vista los postulados básicos de libertad, igualdad y fraternidad.
Cada uno de nosotros tiene la libertad para actuar en la vida conforme su mejor
entender y ocupar el lugar que su conciencia ilustrada elija para concretar en
hechos sociales los principios”.
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La
masonería y la universidad
Echando
lente, vi que el libro que estaba en el atril era la Biblia. Y que junto a ella
reposaban la escuadra y el compás.
El venerable
maestro le dijo al secretario (que estaba situado a su derecha) que leyera la
correspondencia. Y el secretario, contentísimo, leyó: todos eran cablegramas y
cartas de felicitación porque la logia Voltaire (así se llamaba nuestra
anfitriona) celebraba sus tres años de vida. Pero no cantaron happy birthday ni
nada porque los masones no son alienados.
Después,
el venerable maestro le dijo a un hermano, ex venerable maestro del taller, que
leyera el trabajo preparado para esa noche. Y él (un tipo jovencito y
formalísimo con facha de que recién pasó la pubertad) leyó una ponencia muy
inteligente que, entre otras cosas, decía: “La logia Voltaire es una pequeña
organización de base de la orden masónica cuyo origen aún se discute, pero que
ya se la identifica claramente en los gremios de constructores de catedrales de
la Edad Media, a los que denominamos masonería operativa y que deviene en la
masonería especulativa que se estructuró, más o menos como hoy la conocemos,
desde 1717 y cuyos objetivos son el perfeccionamiento del hombre y el
perfeccionamiento de la humanidad”.
“La
francmasonería es una escuela que forma a sus miembros para que ellos sean los
ejecutores de los objetivos señalados”.
Se podría
afirmar que nuestra orden tiene su gemela en la universidad. En el medioevo
europeo la una es una corporación de maestros y aprendices; la otra, de
profesores y estudiantes; ambas son instituciones formadoras de hombres, ambas
buscan la verdad, ambas aprecian la libertad, el pluralismo y la universalidad;
las dos han evolucionado y lo siguen haciendo; las dos han analizado cuál debe
ser su papel dentro de la sociedad y en los procesos de transformación social.
Las dos, universidad y masonería, han formado hombres que han desempeñado
papeles protagónicos en la sociedad, que incluso han logrado que ésta se
convulsione y cambie”.
“Pero en
la francmasonería, todos los conocimientos humanos son preocupación de cada uno
de nosotros por toda la vida y teniendo presente que la teoría sólo cobra
sentido en la acción”.
“En el
transcurso de la historia de la humanidad, los masones se han identificado
tanto con la conservación como con el cambio social. Muchos de ellos, antes de
las revoluciones francesa y norteamericana, fueron propugnadores de las nuevas
ideas; durante las mismas participaron activamente y después ceden lugar a los
artistas, literatos y científicos”.
“Se vuelve
a encontrar masones precursores de ideas y formadores de líderes en
Hispanoamérica, antes de su independencia de España; prácticamente todos los
directores de la guerra insurgente son hermanos y luego viene un largo período
de inercia”.
“En
Ecuador, antes, durante y después de la revolución liberal se repite el mismo
fenómeno”.
“Y cabe la
pregunta: ¿En qué momento nos encontramos los masones latinoamericanos y
especialmente los ecuatorianos?”.
“Los
fundadores de la Voltaire pensamos que en el momento de dejar de lado la
inercia y empezar a sacudir toda la
orden para que sus hombres, con su accionar, aceleren las necesarias
transformaciones hacia una sociedad más libre, más igualitaria y más fraterna”.
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El
pobre casi se va a Shushufindi[4]
Daban unas
tremendas ganas de aplaudir, pero los masones no aplauden porque eso da pie a
la vanidad, a que uno hable por la recompensa del aplauso y olvide el contenido
de la palabra. Sabios los masones. Hay que oír nomás calladitos las cosas que
dicen. Así mismo, cada miembro puede hablar sólo una vez durante la reunión y,
al hacerlo, debe emplear el menor tiempo posible.
El
venerable maestro explica que al hermano que acabó de leer su ponencia se le
iba a imponer una presea por su amplia labor en la logia, pero que ésta no era
una condecoración, aunque casi casi. Era un símbolo pitagórico o no sé qué como
eso. Le hizo parar al hermano entre las dos columnas del templo y le pinchó el
símbolo. No le dolió porque el hermano estaba con saco y tenía solapas aunque
no muy anchas, como se usan. Se abrazaron durísimo y el venerable maestro le
ordenó que prestamente se dirigiera hacia el oriente.
Y yo pensé
chuta, pobre hermano, se saca el aire en la logia y de premio le van a mandar a
vivir a Shushufindi. Y cuando ya le imaginaba al hermano intelectual vestido
con poncho de aguas y andando en mula, entendí que el oriente era sólo un
sector del templo. ¡Qué alivio! Y allá se fue a sentar el hermano, humildísimo,
a la diestra del venerable maestro.
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Fregadas
las hembritas
Me acordé
de los cómix de La Pequeña Lulú que leía en mi infancia: ahí, Toby tenía un
club con un letrero que decía: “No se admite mujeres”.
Los masones
tampoco admiten mujeres. En eso, son iguales a Toby, pero menos gordos.
Por eso un
hermano se acomodó el delantal, se paró y dijo, francote, “somos unos cerdos
machistas”.
Pero el
venerable maestro explicó que la cuestión estaba cambiando, aunque lentamente
porque la masonería –como es una institución tan antigua-, es muy
tradicionalista. Que la prueba de ese cambio era que en esta tenida habían
mujeres invitadas y que funcionaba ya en la logia un movimiento femenino,
paralelo al de la masonería. Y aseguró que más tarde o más temprano las
hembritas podrían ser masonas, tal como eran ya en algunos países de América y
Europa.
Mujeres,
estarán atentas a este ofrecimiento. Verán. No se quedarán de amazonas.
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Que
susto porque casi hay un sablazo[5]
Al terminar
la reunión, el venerable maestro explica que iban a hacer circular los sacos de
solidaridad para que allí se depositaran secretamente los valores destinados a
las obras que los masones realizan en el mundo profano.
Y yo pensé
chuta, ya vino el sablazo. Y me puse pálido porque no sabía cuánto era de dar.
Y cuando estaba dispuesto a sacar el de a mil que tenía en la billetera como un
tesoro, el venerable maestro dijo que la recolección se hacía sólo entre los
iniciados y que los que no lo éramos no podíamos dar nada. Y yo –aliviadísimo-
pensé, quien pierde.
Y los
hermanos expertos cogieron unas bolsitas rojas y con ellas comenzaron a
pasearse entre los otros hermanos que metían en la bolsa sin que nadie viera
cuánto. Después, todas las bolsas fueron a parar donde el tesorero.
Por
último, el venerable maestro dijo: “No deseamos dejar la impresión que somos lo
más selecto de la sociedad. Todo lo señalado en esta reunión es nuestra
consciente aspiración. Somos humanos, nos equivocamos por nuestras imperfecciones.
Muchas veces no tenemos la capacidad suficiente para llegar a límites
superiores. Aspiramos a reconocer nuestros errores, tratamos de no repetirlos y
remediamos lo que sea factible. Queridos hermanos, la reunión ha terminado.
Muchas gracias”.
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Nombres,
nombres
Ellos
dicen que la masonería no tiene secretos de ninguna índole. Que solamente las
reuniones se hacen privadamente como en cualquier institución.
Inclusive,
un miembro de la masonería puede revelar libremente su condición de tal, aunque
esté impedido de contar los nombres de sus hermanos.
Y yo, como
no soy chismoso, no les voy a cruzar a ustedes a quienes encontré como masones.
No es que ellos me hayan dicho que no cuente, sino que me provoca dejarles esa
tarea a ustedes. Para que hagan algo. Vagos.
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Diversidad
dentro de la unidad
Para un
masón con quien hablé, “la masonería es un espacio, un ámbito espiritual. Igual
que ocurre con los espacios físicos, los espacios espirituales pueden ser utilizados
de distinta manera. Las personas llegan a los ámbitos espirituales desde
diversos sitios, buscando diferentes cosas, y el ámbito lo único que hace es
prestar una ubicación adecuada para el hallazgo individual. En consecuencia, la
masonería es algo diferente para cada francmasón y, al mismo tiempo, es algo
que los masones construyen entre todos.
“De ahí
que la masonería sea una organización espiritual, no política. Cada individuo
es diferente y esas diferencias son respetadas”.
Para los
trabajos intelectuales de autorreflexión, cada logia es completamente autónoma.
Para fines administrativos están reunidas en un cuerpo que las engloba y que se
llama Gran Logia. Todos los miembros son elegidos democráticamente.
Un
francmasón puede cambiar de logia según las afinidades que encuentre. Y por eso
es que hay logias más izquierdosas[6]
que otras, más preocupadas en los problemas latinoamericanos; hay otras mas
orientadas hacia asuntos de autorreflexión, de esoterismo, de meditación
trascendental; otras que buscan una operatividad práctica y otras netamente
filantrópicas.
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Antes
la cuestión era distinta
En el
Ecuador hay dos grandes logias: la de Guayaquil y la Equinoccial del Ecuador.
Para ingresar a la orden no es que usted deba pararse a la puerta del templo y
decir vea, haga entrar, no sea malito. No . Así no funciona la cosa. Así haga
solicitud por escrito, no vale.
A usted
primero, le tiene que proponer un iniciado, viendo que usted sea “un hombre
recto, de buenas costumbres y de mentalidad libre capaz de aceptar el criterio
ajeno”. No importa su posición económica, política ni social. La edad sí:
mínimo 18 años.
Entonces,
si usted acepta, va a la logia y allí, por votación, se resuelve si entra o no.
Pero
claro, eso es ahora. Antes la cosa era distinta. En el siglo 18, por ejemplo,
sólo se aceptaba a los hombres libres: no a los esclavos. Sin embargo, hay que
considerar que quienes lucharon por la abolición de la esclavitud fueron los
masones. Valga eso como descargo.
Tampoco se
admitía a los hombres con defectos físicos. Los masones tenían que ser
completitos para poder defenderse de las persecuciones y, en último caso, hasta
para echar la carrera.
Ahora, el
único impedimento es el mental. Pero no se preocupe. Si usted es muy bruto no
le han de proponer que entre. Si es loco, tampoco. Sólo si es inteligente,
culto y de buenas costumbres corre el riesgo. Pero usted puede decir que no.
Que no se interesa porque hace jogging. Tranquilo.
Igual si
usted ya es masón y quiere salirse. Se sale nomás. No le arrancan la lengua de
raíz, ni le sepultan en la arena del mar ni nada. De gana tiene miedo.
Pregunto:
“¿Y el chivo que dizque adoran?, hasta ahora no asoma.
Se me ríe
el masón. “Nosotros somos racionalistas”, dice. “Esos mitos han sido creados
por la mala fe o la ignorancia. Predicamos el bien. No somos hombres de
violencia. Buscamos la paz. Tratamos de que el hombre se haga cada día más
virtuoso. Somos hombres de trabajo. No haga caso de las tonterías que le
cuentan sobre nosotros. No haga caso”.
Bueno,
entonces no hago.
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Altibajos
en la historia
Me dice
otro masón que prácticamente todos quienes participaron en la emancipación
política de América Latina fueron francmasones. Y esto se debe a una serie de
hechos. Por ejemplo, la formación de la masonería contemporánea engendra como
su primera gran acción la revolución francesa. El lema de la masonería
(libertad, igualdad, fraternidad) data de 1817 y fue adoptado por la revolución
francesa.
Es bien
conocida la influencia que tuvo el pensamiento enciclopedista francés en la
Declaración de los Derechos del Hombre. En los Estados Unidos, de los catorce
generales que intervinieron en la independencia de ese país, trece fueron
masones. George Washington
incluido. Cuando se
puso la primera piedra en el Capitolio, el acto fue típicamente masónico. El
Parlamento es para el masón, el equivalente profano a la logia: un lugar de
tolerancia donde el diálogo es el que determina las ideas, y no la fuerza o la
violencia, y donde las resoluciones se adoptan por mayoría de votos.
En el
conjunto de las fuerzas de la emancipación tiene una gran influencia la
masonería, en parte por los conceptos internacionalistas y en parte por el
hecho del secreto. El sistema masónico de las logias –que entonces se llamaron
Lautarinas- ofrecía estas dos posibilidades. Las logias Lautarinas estaban
obligadas a tener representantes en todos los pueblos de América en un solo
cuerpo.
Se da la
independencia. Bolívar muere. San Martín se marcha. Sucre es asesinado. Y los
demás generales son capturados por las oligarquías locales. Entonces hay un
descenso en la actividad política de la masonería.
Pero a
fines del siglo XIX vuelve a producirse un auge durante las luchas liberales.
¿Por qué?
Porque la
independencia no trajo consigo la implantación de una política liberal, no
significó la implantación de un sistema donde la libertad, la igualdad y la
fraternidad imperaran entre los pueblos. La emancipación política sólo trajo
emparejada el cambio de dueño de las haciendas: de chapetón a criollo.
Pero con
el liberalismo vuelve a ocurrir el mismo proceso. El liberalismo, de partido
montonero se convierte en un partido que detenta el poder. Y Eloy Alfaro
termina en la hoguera.
“La
masonería actual –dice otro masón- trata de avanzar un poco más en el
interminable camino de la libertad, igualdad y fraternidad. Por ello hay un
nuevo período de auge de la masonería, que busca cumplir el ideal de Bolívar:
una América unida. De ahí que la operatividad práctica de la masonería sea de
carácter trascendente y no coyuntural, de carácter estructural y no partidista.
No nos interesa la coyuntura política. En ese sentido, tanto los partidos
cuánto los regímenes pueden estar tranquilos”.
Y nuestras
abuelas también.
Noviembre 2 de 1986
Nota: Fiel transcripción del
original, para conocimiento de todos los hermanos y, por supuesto, para
aquellos profanos que desean ver la luz.
Francisco Jaramillo Villa.
Venerable Maestro
Logia Voltaire N° 7
Quito, 1 de Abril de 1999
