Adrian Snodgrass es arquitecto y profesor de la
Universidad de Sidney, Australia. Entre
sus obras: The Symbolism of the Stupa (Cornell University, Ithaca, N. Y.
1985 y Motilal Banarsidass, Delhi 1992); Tha Matrix and Diamond World
Mandalas in Shingon Buddhism (N. Delhi 1988); y Architecture, Time and
Eternity, studies in the stellar and temporal symbolism of traditional
buildings en dos volúmenes (Aditya Prakashan, New Delhi 1990).

EL SIMBOLISMO ASTRONOMICO EN LA ARQUITECTURA DEL CERCANO ORIENTE

Las ciudades mesopotámicas, como Ecbátana y Uruk, eran cosmológica y
estelarmente importantes; Cada una de sus murallas concéntricas estaba pintada del
color de uno de los siete planetas y correspondía a una esfera planetaria o
cielo, gobernado y movido por un dios. El dios supremo de estos planetas era
Ashur, el Sol, cuyo poder emanaba del centro y era transferido cada diez días
de un dios estelar al siguiente por mensajeros alados (griego: angeloi,
"ángeles"). El poder de los dioses planetarios era proporcional a su
proximidad con el Sol y, por consiguiente, las alturas de las murallas
aumentaban a medida que se acercaban al centro. Cada esfera planetaria y cada
una de las murallas, construidas a semejanza de esas esferas, era un nivel de
iniciación, y los iniciados ascendían de un nivel al siguiente, pasando por
ritos de purificación en cada nivel; de esta manera se aproximaban al centro de
la ciudad, en la que se alzaba un palacio en torre que representaba la Montaña
Cósmica, el eje del universo y el punto central de los giros de los planetas.
Las almenas de las murallas delineaban ondulados pasadizos dibujados por los
movimientos de los siete planetas sobre la franja de la eclíptica, mientras que
los picos y hondonadas de estos dibujos sinusoides significaban los aspectos
complementarios: la luz y la oscuridad, y lo benéfico y lo maléfico del paso
del planeta;(también
señalaban las sucesivas posiciones de la salida del planeta en el horizonte
celeste. A fin de destacar su relación estelar ornamentaban las almenadas
murallas con rosetones que semejaban estrellas.
El zigurat de siete pisos
era un duplicado del simbolismo cosmo-cronográfico de la ciudad mesopotámica de
siete murallas. Los siete pisos del zigurat y las siete murallas de la
ciudad son simbólicamente equivalentes: los siete niveles son las murallas de
la ciudad que se hallan retraídas y comprimidas en la Montaña-torre central; o
a su vez las murallas de la ciudad son una expansión o despliegue de los
niveles del zigurat. Los siete escalones del zigurat, revestidos
con ladrillos vidriados de siete colores, son los siete planetas, las siete
zonas de la Tierra, los siete Cielos y los siete peldaños de ascenso hacia el
Cielo.
Cada uno de estos cuatro
planetas –Júpiter, Mercurio, Marte y Saturno– rige sobre una dirección en el
simbolismo astronómico de la Mesopotamia. No dividen simultáneamente el espacio
celeste: el cuadrado de las direcciones que ellos presiden no se define
simultáneamente sobre el horizonte terrestre sino sucesivamente sobre el
ecuador celeste durante el ciclo anual. Su gobierno de los cuatro sectores se
vincula con el desplazamiento del Sol: aparecen en los puntos críticos cuando
el Sol cambia de dirección, o sea, en los puntos del solsticio y del
equinoccio, los cuales corresponden cosmológicamente a los puntos cardinales.
El esquema cosmológico mesopotámico se completaba con los otros tres planetas:
Venus, el Sol y la Luna. Venus era la Reina del Cielo, la Madre Diosa, ubicada
en el ápice del Cielo; el Sol se hallaba en el centro, y la Luna en el
nadir.
Como simulacros de esta
cuatripartita estructura de los Cielos, las ciudades mesopotámicas y los
campamentos militares eran divididos en cuatro por dos caminos axiles que se
dirigían hacia las posiciones del horizonte durante el solsticio y el
equinoccio, regidas por los cuatro planetas de esos puntos cardinales. La
ciudad mesopotámica es una cruz tridimensional: los cuatro brazos del plano
horizontal corresponden a estos cuatro planetas: Júpiter, Mercurio, Marte y
Saturno; los dos brazos del plano vertical corresponden a Venus y la Luna, y en
el centro, en el que los brazos se juntan, se ubican el séptimo planeta y el
séptimo rayo, o sea, el Sol.
Las ciudades y los campamentos
militares de las otras civilizaciones del Cercano Oriente muestran
característicamente el mismo ordenamiento en cruz. Son variantes que expresan
esquemas cosmológicos similares. Un ejemplo de este tipo es la ciudad de
Darabjird, que tiene un plano circular dividido en cuatro secciones por calles
que se irradian y terminan en amurallados pórticos en los puntos cardinales. La
ciudad sasania de Firuzabad y muchos castillos del Cercano Oriente tienen un
plano similar.

La arquitectura del reino cósmico
El plano en cruz,
correspondiente a la antigua ciudad del Cercano Oriente, expresa el simbolismo
del reino cósmico. El rey del Cercano Oriente, llamado "Eje y Polo del
mundo", es el reflejo terrestre del Sol quieto que se halla en el centro
de los cielos que giran y que es punto central del universo. Por ejemplo, el
soberano de Babilonia, es la imagen terrestre del dios Marduk, el "Sol de
Babilonia", y se lo denomina "Rey del Universo" y "Rey de
los Cuatro Cuadrantes del Mundo"; es el cosmocrator, el pontífice, que
combina el poder real con la autoridad sacerdotal, el regulador astral que todo
lo determina, y "devana" y mide el destino de los hombres. De manera
parecida, el rey sasanio era "Hermano del Sol y la Luna", y en sus
ceremonias los gobernantes asirios imitaban los movimientos del Sol, y
agregaban a sus títulos el nombre del dios solar. Se los representa con los
atributos del Sol, el disco, la estrella Ishtar, el león y la media luna. A los
reyes hititas los llamaban "Soles" y los representaban con discos
alados que simbolizaban al Sol Los Faraones egipcios eran Soles, descendientes
de Ra y Horus. Su coronación es la salida del Sol Ra. Sostienen el cetro con
forma de rayo, que simboliza al Sol. Los reyes partos de Persia, con nombre
solar, eran vicarios, dueños escogidos de hvarena, que era la gloria
conferida por los dioses y el Sol.
El simbolismo del rey cósmico, como
punto central e inmóvil de los Cielos que giran es traduce directamente en las
formas arquitectónicas. Los palacios de estos monarcas se alzaban en el centro
de la ciudad y del reino, tal como el Sol se halla en el centro del cielo. En
el centro del palacio se hallaba la sala del trono, que era un salón cuya
construcción cuadrangular y orientación eran a imagen de la cuadratura
terrestre gobernada por el soberano. El trono solar se alzaba directamente
debajo del ápice de una cúpula o baldaquino azul oscuro, como el cielo
nocturno, y salpicado de doradas estrellas a imagen de la bóveda celeste. El
rey sentado en su trono, en el centro de la ciudad y del reino, es para los
pueblos de las civilizaciones del Cercano Oriente, la imagen terrena del Sol en
el centro de las estrellas que giran. "Mi reino, con sus satrapías y
provincias rodeando la capital, y la corte, con ministros y vasallos en torno
del rey, reflejan el trazado de las estrellas en el cielo. La capital es un
templo solar, el trono del rey es el asiento del Sol, y su corte semeja las
estrellas que giran en torno del centro celeste".
Todas las culturas del Cercano
Oriente brindan ejemplos de esas salas solares y cósmicas. Un ejemplo famoso es
la sala del trono correspondiente al rey persa Khosrau Parves, del siglo VII.
El trono giraba recorriendo las estaciones y los signos del zodíaco. Sobre ese
trono se alzaba una cúpula de lapislázuli y oro, cuyas piedras preciosas eran
un ornamento que representaba a las estrellas fijas, los signos zodiacales, los
planetas y la Luna, todos ellos girando en sus órbitas. Este trono, que era a
la vez planetario, comunicaba los horóscopos, las horas del día y las
posiciones actuales de los cuerpos celestes. La imagen de Khosrau estaba en el
centro del abovedado techo del palacio, y el Sol, la Luna y los planetas
giraban alrededor de él. El Templo del Fuego tenía similar
disposición

Persépolis: La ciudad del combate entre el León y el Toro
La ciudad de Persépolis no fue
capital ni morada permanente del rey sino que existía solamente como centro
ceremonial, habitada únicamente con motivo de los grandes ritos celebratorios
de la batalla anual del León y el Toro, representados en las murallas de la
ciudad en muchos relieves que muestran a ambos animales en mortal combate Este
combate entre el León y el Toro se refiere a las alternadas apariciones de las
constelaciones de Leo y Tauro, coincidentes con las estaciones de verano e
invierno. Las divisiones y subdivisiones del año eran indicadas, en la
Mesopotamia, por las salidas y puestas helíacas de destacadas estrellas. En el
año 4000 antes de Cristo, la salida helíaca de las Pléyades, las principales
estrellas de la constelación de Tauro, anunciaban el paso del Sol por el
ecuador de norte a sur en el equinoccio de primavera; la salida helíaca de
Régulo (la "Estrella Regia"), la principal de la constelación de Leo,
anunciaba la posición más alta del Sol en el trópico norte, o sea, el solsticio
de verano; la salida helíaca de Antares, la estrella principal de Escorpio,
presagiaba el equinoccio de otoño; Y la salida helíaca del Rectángulo de
Pegaso, las principales estrellas de la constelación de Ibex (Ibice), anunciaba
el solsticio de invierno. La puesta helíaca de las Pléyades, que desaparecían
para permanecer invisibles durante cuarenta días antes de reaparecer en su
salida helíaca para anunciar el equinoccio de primavera, indicaba la época
primaveral de labranza. En la puesta helíaca de las Pléyades, Régulo, que tiene
una separación de 90 grados respecto de ellas, culmina aproximadamente en los
8" del cenit. O sea que la constelación de Leo se halla en el ápice del
cielo y domina los Cielos cuando Tauro (el Toro) desaparece debajo del
horizonte. Cuarenta días después, Tauro (el Toro) aparece de nuevo y
gradualmente cobra fuerza, elevándose más alto en el cielo cuando Leo (el León)
se hunde por el horizonte hasta que, a su vez, tiene su puesta helíaca en la
época en que Antares está culminando y Acuario (y el Ibice) se elevan
acrónicamente, o sea, en su última salida visible en el crepúsculo vespertino.
Entonces, a su vez, Antares se hunde cuando Acuario se eleva hacia su
culminación y las Pléyades se elevan acrónicamente; y al final, el Rectángulo
de Pegaso de la constelación de Acuario (el Ibice) tiene su puesta helíaca
cuando las Pléyades están culminando y Leo se eleva acrónicamente. En ese
tiempo vuelve a comenzar otra vez el combate entre el León y el Toro. La
batalla del León y el Toro divide, pues, al año en cuatro fechas intermedias
que corresponden al año agrícola, precediendo a los equinoccios y solsticios
entre treinta y cuarenta días.
A la constelación del León se la
asocia con el Sol. Cuando el León está en su ascendente en los Cielos, el Sol
se halla en su máxima potencia, volviendo árida la tierra y produciendo sequía
y destrucción. En cambio, a la constelación del Toro, con sus cuernos
representando la media luna, se la asocia con la Luna, que produce frescura y
humedad. Las lluvias vuelven para reaprovisionar a la tierra seca cuando el
Toro vence al León.
Persépolis es una ciudad
sagrada, una civitas dei, que funciona exclusivamente como sede de las
hierofanías de Ahur Mazda, señaladas por los movimientos de las estrellas. Los
bajorrelieves muestran procesiones de enviados de veintitrés naciones que
transportan tributos para el Dios supremo. Las grandes salas de recepción se
abren hacia los puntos cardinales para permitir que la divina refulgencia
brille hacia los extremos de la Tierra.
Las hileras de columnas que
semejan palmeras forman los sagrados bosques del Arbol de la Vida que,
identificado con los rayos del Sol que iluminan el horizonte antes de su
salida, separa las constelaciones de Leo y Escorpio de las de Tauro e Ibice.
Los capiteles de esas columnas-palmeras del pórtico y de los tres pilares de
acceso rematan en toros que representan la constelación de Tauro, cuyo aspecto
anuncia cada año la renovación de la vegetación y el reverdecer de la palmera,
el Arbol de la Vida.
Las escalonadas almenas sobre
las murallas de Persépolis no son defensivas y su función es meramente
simbólica. Tal como ocurre en la ciudad mesopotámica, representan los
movimientos sinusoides de los planetas en la eclíptica; considerados por
separado, cada uno también representa la Montaña sagrada, cuyo surgimiento,
según las mitologías, fue el prístino acto creador. La Montaña es fuente de
fertilidad: cuando Leo se hallaba en ascendente, los dioses de la fertilidad se
recogían en la Montaña, permaneciendo allí prisioneros hasta ser convocados
ritualmente cuando el Toro se eleva sobre el horizonte. Cuando el Toro asciende
al cielo, los dioses salen de la Montaña y la Tierra vuelve a la vida. Las
almenas de la Montaña muestran un panel grabado; los dioses de la fertilidad entran
en la Montaña por este acceso en la época del León y vuelven a salir en la
época del Toro. Las hileras de almenas, reiteradas imágenes de la Montaña
Cósmica, son los ciclos de años, el recurrente drama de la muerte y la
renovación.

La orientación en el Cercano Oriente
De acuerdo con la modalidad de
la mayoría de las ciudades del Cercano Oriente, como por ejemplo Ur, Uruk,
Khorsabad, Babilonia, Nippur y Dur-Untash, Persépolis es cuadrada y axial, y se
orienta hacia direcciones intermedias, de modo que quienes llegan a ella
apuntan hacia los puntos cardinales. Sin embargo, los templos y palacios persas
suelen dar hacia el sur. La orientación tiene significado mítico. En el Zend
Avesta, Ahura Mazda y Arhimán representan los polos de una dualidad en
pugna. El paraíso de Ahura Mazda, el polo de la luz, da hacia el sur; y el
Infierno, la morada de Ahrimán, da hacia el norte. Después de que Hima, el
Héroe, recibe un Sello de Oro y un puñal de manos de Ahura Mazda, éste le
ordena que aumente el tamaño de la Tierra:
"Entonces
Yima, resplandeciente, dio un paso hacia el sur, siguiendo la trayectoria del
Sol; luego apretó a la Tierra con el Sello de Oro y la hendió con el puñal,
diciendo: 'Oh Spenta Armaiti, Genio de la Tierra, ten a bien partirte y estirarte
en lontananza para sostener los rebaños, ganados y hombres'."
Yima
avanzaba hacia el sur y repetía tres veces este acto, en intervalos de
seiscientos y novecientos años. En los rituales del mazdeísmo, el Sumo
Sacerdote estaba parado en el extremo norte del recinto ceremonial, orientado
hacia el sur; otro sacerdote estaba frente a él en la mitad del lado sur; y
seis sacerdotes se hallaban en los puntos medios de los dos lados restantes y
en las direcciones intermedias. Al comienzo de la ceremonia, el Sumo Sacerdote
daba tres pasos imitando los tres pasos que dio Yima "desde la Tierra
hacia donde estaba el Sol", avanzando hacia el sur, donde se hallaba el
altar del fuego.
Los babilonios también
orientaban sus edificios hacia el sur. De cara hacia el sur, el sacerdote
babilónico dividía los Cielos en cuatro regiones; cada una se relacionaba con
un mes y un día del año: los días y meses primero, quinto y noveno, y todos los
que siguen en la serie, pertenecían al sur; en el oeste estaban los días y meses
segundo, sexto y décimo de esta segunda serie; y así sucesivamente con las
otras direcciones. Según la mitología babilónica, el norte y el sur
corresponden a los polos superior e inferior del universo; la palabra que
significa "norte" es isilthanu, "región sublime"; y
la corriente llevó al Arca hacia la cima de la montaña que estaba situada en el
norte. Sin embargo, en sus ceremonias rituales, los babilonios se volvían hacia
el sur porque el Dios creador y civilizador de los humanos, Mummu o Ea, el
dios de los abismos, surgió como Hombre-Pez de las Aguas cósmicas que se
hallaban en el sur, y las regiones más meridionales de Babilonia fueron las
primeras en adquirir un carácter cósmico; el hombre y Dios se encontraron por
primera vez en el sur y, por consiguiente, los babilonios se volvían hacia el
sur rememorando este primer encuentro.

El simbolismo del Sol en la arquitectura egipcia
La entrada del pilón del templo
egipcio y del palacio del Faraón era la Puerta del Cielo, por la que el
Dios-Sol, el Radiante, apareció en el inicio del tiempo, hecho éste que volvía
a representarse ritualmente cuando el Faraón salía del interior del templo o
palacio, transportado en la barca solar.
La salida del Faraón del
interior del templo por los pilones era la salida del Sol naciente. Este
simbolismo guarda relación con una compleja mitología. Las grandes salas del
templo de Egipto, con sus columnas en forma de papiros, representaban los
"Juncales" celestes, la tierra del Sol naciente, más allá del
horizonte oriental. El Faraón, sentado en la Barca del Dios-Sol, era
transportado por la sala, desde el santuario interior, para simular el paso del
Sol Naciente, equiparado con el Supremo Dios Ra y con Aton, el
"Completo". El Sol Naciente ilumina las tinieblas primordiales y separa
las Aguas; su salida es el surgimiento del primordial "Montículo del
Tiempo Primero", la primera tierra en aparecer desde los abismos de las
Aguas y la morada del Dios Supremo, fuente de luz. A la manera de los
montículos que surgen cada año y hacen brotar hierbas y múltiples formas cuando
las torrentosas aguas del Nilo retroceden, ese Montículo es el origen de todo
lo que tiene vida. Durante los ritos fúnebres de un Faraón fallecido, que se
celebraban dentro de la pirámide, ponían su estatua sobre un montículo de
arena, el cual representaba al Montículo Prístino, y recitaban una plegaria
indicándole que ascendiera por ese montículo para que el Sol le saludara. Ese
Montículo es la Montaña del Mundo, por la que el rey asciende para encontrarse
con el Dios Sol. Ese Montículo que emerge es el amanecer de la Luz; la diaria
salida del Sol es una repetición de la original iluminación
cosmogenética.
En Heliópolis, que fue
construida sobre el Monte Cósmico, sitio en el que el cosmos emergió del
Abismo, la luz del Sol naciente se reflejó desde un piramydion sobre la
parte superior de una columna, pues en la simbología védica el amanecer es un
Dios-puntal, con el Sol en su ápice. El Sol que aparece y el Montículo que se
eleva de las Aguas coincide con la aparición del ave de la luz, el Fénix, que
se enciende sobre la piedra ben-ben, en Heliópolis, y con su reclamo
inicia la vida y los ciclos del tiempo. Cuando el Fénix hace su reclamo,
"declara todo lo que existe y todavía no existe". El Fénix
sobre la piedra sagrada de Heliópolis es brillo de la primera luz; es el
ave-Sol que dice: "Puedo ver exactamente allende los lindes de las
tinieblas, puedo contemplarlo todo exactamente allende las Aguas Prístinas y
"Yo soy el gran ave Benu (Fénix) de Heliópolis, la que decide qué
existe y qué no ha de existir". La aparición de la luz y la vida se
equipara con el reclamo del Ave Fénix, "el hálito de vida que surgió del
cuello del ave Benu, el hijo de Ra en quien Aton apareció en la nada, en
la infinitud, en la oscuridad y en el sitio inexistente del tiempo
original". Su grito quiebra el silencio de la noche primordial. El Fénix
es el Logos, la declaración del destino; es la primera manifestación del Dios
Supremo; su llamado instituye los ciclos del tiempo, y el templo del Fénix, en
Heliópolis, era el centro regulador de los calendarios; es representado por el
planeta Venus, la Estrella Matutina que anuncia la salida del Sol; es la Deidad
manifiesta en el tiempo; abarca a Aton-Ra, Shu y Osiris; su vuelo engloba al
mundo "sobre océanos, mares y ríos"; y él viene de la "Isla de
Fuego", el lugar de la luz eterna que se halla más allá del horizonte,
donde el Sol sale cada día. La salida del Sol en el principio del mundo se repetía
todos los días al amanecer y todos los meses con la aparición de la Luna Nueva.
En su ceremonia de coronación, al nuevo Faraón lo saludaban como el Sol
naciente; y el renacimiento del alma después de la muerte era saludado con la
salida del Sol. El alma victoriosa podía decir:
"Vengo
de la Isla de Fuego, habiendo llenado mi cuerpo con Khike (la esencia
vital que el Fénix trajo de la Isla de Fuego) como "aquel ave" que
(vino y) llenó el mundo con lo que éste no había conocido."
El Sol
Naciente es homólogo del escarabajo que expulsa su huevo de la arena, envuelto
en una bola de su propio excremento. El escarabajo representa a Khopri, el Sol
Naciente, que en la barca solar aparece como dios asistente con figura humana y
cabeza de escarabajo.
El Faraón, que salía atravesando
los pilones del templo o palacio, era el Sol al amanecer, una epifanía que era
una réplica de la cosmogénesis y de la alborada del tiempo. Su aparición en la
entrada se equiparaba con la del Sol-puntal, afín al Montículo Primordial,
separando así al cielo de la Tierra y permitiendo la expansión del espacio y
del tiempo y la manifestación de la vida y las formas.
El Montículo Primordial era el
modelo de las regias tumbas piramidales de Menfis y el centro del culto de Ptah
(o Tah). Ptah era una divinidad gigantesca y enana a la vez. Como gigante era
el Montículo Primordial y también la Vía Láctea, el Río Celeste y el
equivalente celestial del Nilo. La Vía Láctea reposaba sobre las Aguas
Primordiales –Nun– las mismas desde las que apareció el Montículo Primordial en
el principio. El enano Ptah es una estrella de la religión circumpolar del
cielo; es eterna porque nunca desaparece debajo del horizonte. El rey difunto,
identificado con Ptah, era sepultado dentro de la pirámide como representación
del Montículo; su alma, viajando ascendentemente hacia las regiones
septentrionales del cielo, se fundía en la estrella del enano Ptah, y así
alcanzaba la inmortalidad. La principal (y a menudo) única entrada de la
pirámide se hallaba en el lado norte, enfocada hacia las estrellas
circumpolares.

La orientación egipcia
Los edificios egipcios estaban
generalmente orientados hacia el sur; el Nilo fluía desde esta dirección que,
por lo tanto, era la de la fuente de la vida. El este, por donde el Sol sale,
era la región del nacimiento y del renacimiento, y el oeste, donde el sol se
pone, era la región de la muerte y la vida después de la muerte.
Los edificios egipcios se
orientaban astronómicamente. Numerosas inscripciones de templos dicen que los
"tendedores de cuerdas" hacían las trazas de los templos tomando como
referencia a las estrellas. Por ejemplo, una inscripción del templo de Dendera
dice esto describiendo al rey egipcio:
"El Dios viviente, el
magnífico hijo de Thoth (Asti), alimentado por la diosa sublime (Hathor) en el
templo del país soberano, tiende la cuerda con alegría. Con su mirada en la
mitad del Muslo de la Constelación del Toro (la Osa Mayor), él establece la
casa-templo de la Amante de Dendera, como tuvo lugar anteriormente."
Entonces el rey
dice:
"Mirando
hacia el cielo, en el curso de las estrellas nacientes (y) reconociendo la
mitad de la constelación del Muslo del Toro, establezco los ángulos del templo
de Su Majestad".
Los
templos egipcios se hallan corrientemente alineados con la posición del Sol
naciente en el solsticio. La orientación del templo de Amón-Ra, en Karnak,
tipifica un patrón recurrente: el largo eje del templo apunta, en la dirección
sureste, hacia la salida del sol en el solsticio de invierno y en la dirección
norte hacia la caída del sol en el solsticio de verano. El templo de
Ra-Hor-Akhty, el "Brillante Sol surgiendo en el Horizonte", se ubica
en el mismo eje y se abre hacia el punto del amanecer en el solsticio de
invierno Otro templo consagrado a Ra-Hor-Akhty, el Templo Supremo construido
sobre el de Amón-Ra, tiene igual alineación. Los templos de Khonsu y Mut,
conectados mediante avenidas con el templo de Amon-Ra, se encuentran alineados,
en sus ejes transversales, con la puesta tangencial de la primera Luna
Creciente después del solsticio de verano. La línea del templo de Khonsu indica
la declinación en detención mayor; cuando se extiende a través del Nilo
hasta la ribera oeste, pasa por las Tumbas de los Reyes y las de las Reinas
respectivamente. Un pequeño templo sobre el techo del templo de Khonsu tiene
una ventana cuya alineación es una réplica de la del templo de arriba,
existente en el Gran Templo de Amon Ra. El eje del templo de Khonspekherod,
"el Niño Khonsu", corta en ángulos rectos el eje del templo de Mut.
Las alineaciones de los templos de Amón Ra con una posición del Sol, y de
Khonsu con una posición de la Luna Creciente son adecuadas: Amón Ra es el
dios-Sol y Khonsu es el dios-Luna, coronados con el disco y la media luna respectivamente;
Mut es la consorte de Amon Ra.
Las mastabas, orientadas
hacia los puntos cardinales, tienen a veces una puerta falsa en el ángulo
noreste, indicando la dirección que el alma ha de tomar para llegar a Aalon, la
morada celestial de Osiris, que está ubicada en la parte noreste del
cielo.
Se asignan numerosas
alineaciones a la Gran Pirámide de Gizeh y, aunque la mayor parte de lo que se
afirma es extravagante, dudoso o totalmente erróneo, unas pocas aseveraciones
están fuera de discusión. La pirámide se halla exactamente alineada sobre ejes
este-oeste y norte sur y, como ya lo dijimos, el denominado "fuste de
ventilación", que corre desde la cámara del Rey hacia la cara norte,
apunta hacia el polo norte celestial, la morada del Dios Supremo Ptah y el
punto central de las estrellas circumpolares que representaban las almas de
quienes habían alcanzado la vida eterna. Un segundo fuste, que corre hacia la
cara sur de la pirámide, apunta hacia el tránsito de Alnilam, la estrella
central del cinturón de Orión, en la que estaba situada la morada de los
difuntos.
