EL KYBALION

Tres iniciados
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INTRODUCCIÓN
Tenemos mucho gusto en presentar a la atención de los estudiantes e
investigadores de las doctrinas secretas esta pequeña obra basada sobre las
antiquísimas enseñanzas herméticas. Ha habido
tan poco escrito sobre este tema, a pesar de las innumerables referencias a las
enseñanzas en las muchas obras sobre ocultismo, que los muchos diligentes
buscadores de las verdades arcanas darán indudablemente la bienvenida a la
aparición del presente volumen.
El propósito de esta obra no es la enunciación
de ninguna filosofía o doctrina especiales, sino más bien dar a los estudiantes
una exposición de la verdad que servirá para reconciliar los muchos pedacitos
de conocimiento oculto que puedan haber adquirido, pero que aparentemente son
opuestos uno al otro y que sirven a mentido para desanimar y distanciar al
principiante en el estudio. Nuestro
intento no es seguir un nuevo templo de conocimiento, sino más bien situar en
las manos del estudiante una llave maestra con la que pueda abrir las muchas
puertas internas en el templo del misterio a través de cuyos portales
principales ya ha entrado.
No hay porción de las enseñanzas ocultas
poseídas por el mundo que haya sido tan cuidadosamente guardada como los
fragmentos de las enseñanzas herméticas que han llegado hasta nosotros a lo
largo de las decenas de centurias que han transcurrido desde la vida de su gran
fundador, Hermes Trismegistus, el «escriba de los dioses», que residió en el
antiguo Egipto en los días en que la raza presente de los hombres estaba en su
infancia. Contemporáneo de Abraham, y,
si las leyendas son verdaderas, un instructor de ese venerable sabio, Hermes
fue, y es, el gran sol central del ocultismo, cuyos rayos han servido para iluminar
las innumerables enseñanzas que han sido promulgadas desde su tiempo. Todas las enseñanzas fundamentales y básicas
contenidas en las enseñanzas esotéricas de toda raza pueden ser atribuidas a
Hermes. Incluso las más antiguas
enseñanzas de la India tienen indudablemente sus raíces en las enseñanzas
herméticas originales.
Desde la tierra del Ganges muchos avanzados
ocultistas viajaron a la tierra de Egipto, y se sentaron a los pies del
maestro. De él obtuvieron la llave
maestra que explicaba y reconciliaba sus puntos de vista divergentes, y así fue
firmemente establecida la doctrina secreta.
De otras tierras vinieron también los instruidos, todos los cuales
consideraban a Hermes como el maestro de maestros, y su influencia fue tan
grande que a pesar de las desviaciones del sendero por parte de los cientos de
instructores en estas diferentes tierras, aún puede encontrarse un cierto
parecido y correspondencia básicos que subyacen a las muchas y a menudo
divergentes teorías mantenidas y enseñadas por los ocultistas de estas
diferentes tierras hoy en día. El
estudiante de las religiones comparadas será capaz de percibir la influencia de
las enseñanzas herméticas en toda religión merecedora del nombre, conocida
ahora por el hombre, sea una religión muerta o una en completo vigor en nuestro
propio tiempo. Hay siempre una cierta
correspondencia a pesar de los rasgos contradictorios, y las enseñanzas
herméticas actúan como el gran reconciliador.
El trabajo de la vida de Hermes parece haber
sido en la dirección de plantar la gran semilla de la verdad que ha crecido y
florecido en santísimas formas extrañas, más que en establecer una escuela de
filosofía que dominara el pensamiento del mundo. Pero, no obstante, las verdades originales
enseñadas por él han sido conservadas intactas en su pureza original por unos
pocos hombres en cada edad, que,, rehusando a grandes números de estudiantes y
seguidores desarrollados a medias, siguieron la costumbre hermética y
reservaron su verdad para los pocos que estaban listos para comprenderla y
amaestrarla. De labio a oído, la verdad
ha sido transmitida entre los pocos.
Siempre ha habido unos pocos iniciados en cada generación, en los
diversos países de la tierra, que mantuvieron viva la llama sagrada de las
enseñanzas herméticas, y ésos siempre han estado deseosos de usar sus lámparas
para reencender las lámparas menores del mundo externo, cuando la luz de la
verdad se volvía sombría, y nublada por la negligencia, y cuando las mechas se
obstruían con materia extraña. Siempre
hubieron unos pocos para atender fielmente al altar de la verdad, sobre el que
se mantenía encendida la lámpara perpetua de la sabiduría. Estos hombres dedicaron sus vidas a la labor
de amor que el poeta ha establecido tan bien en sus versos:
«¡Oh, no dejes que se extinga la llama! Protegida edad tras edad en su oscura caverna
en sus santos templos cuidada.
Alimentada por sacerdotes puros de amor- ¡no dejes que se extinga la llama!»
Estos hombres nunca han buscado la aprobación
popular ni una multitud de seguidores.
Son indiferentes a estas cosas, pues saben cuán pocos hay en cada
generación que estén preparados para la verdad, o que la reconocerían si les
fuera presentada. Reservan la «carne
fuerte para los hombres», mientras otros proporcionan la «leche para los
bebés». Reservan sus perlas de sabiduría
para los pocos elegidos, que reconocen su valía y que las llevan en sus
coronas, en vez de arrojarlas delante del vulgar puerco materialista, que las
pisotearía en el fango y las mezclaría con su repugnante alimento mental. A pesar de eso, estos hombres nunca han
olvidado las enseñanzas originales de Hermes, considerando el traspaso de las
palabras de la verdad a esos preparados para recibirlas, enseñanza que está
establecida en El Kybalion como sigue: «Donde caen las pisadas del
maestro, los oídos de aquellos listos para su enseñanza se abren de par en
par.» Y de nuevo: «Cuando los oídos del estudiante están listos para oír,
vienen los labios a llenarlos con sabiduría.» Pero su actitud acostumbrada ha
estado siempre estrictamente de acuerdo con el otro aforismo hermético. También
en El Kybalion: «Los labios de la sabiduría están cerrados, excepto para
los oídos del entendimiento.»
Hay quienes han criticado esta actitud de los
hermetistas, y han proclamado que no manifestaban el espíritu apropiado en su
política de reclusión y reticencia. Pero
una ojeada momentánea hacia atrás sobre las páginas de la historia mostrará la
sabiduría de los maestros, que sabían de la estupidez de intentar enseñar al
mundo algo para lo que no estaba ni preparado ni deseoso de recibir. Los hermetistas nunca han buscado ser
mártires, y se han sentado, en cambio, a un lado con una compadecedora sonrisa
en sus labios cerrados, mientras los «paganos se enfurecían ruidosamente alrededor
suyo» con su perversa costumbre de llevar a la muerte y la tortura a los
entusiastas honestos, pero descaminados, que imaginaban que podían forzar,
sobre una raza de bárbaros, la verdad capaz de ser entendida sólo por el
elegido que había avanzado a lo largo del sendero.
Y el espíritu de persecución no ha muerto aún
en la tierra.
Hay ciertas enseñanzas herméticas que, si se
promulgasen públicamente, atraerían sobre los instructores un gran grito de escarnio
y contumelia proveniente de la multitud, que elevaría de nuevo el grito de
«¡Crucificad! ¡Crucificad!».
En esta pequeña obra nos hemos esforzado por
datos una idea de las enseñanzas fundamentales de El Kybalion, haciendo
lo posible por datos los principios funcionales, dejándoos que los apliquéis
vosotros mismos, antes que intentar desarrollar la enseñanza en detalle. Si eres un verdadero estudiante, serás capaz
de desarrollar y aplicar estos principios; si no, entonces debes convertirte en
uno, pues de otro modo las enseñanzas herméticas serán como «palabras,
palabras, palabras» para ti.
LOS TRES INICIADOS
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CAPÍTULO 1
LA FILOSOFÍA HERMÉTICA
«Los labios de la sabiduría están cerrados,
excepto para los oídos del entendimiento.»
El Kybalion.
Del antiguo Egipto han llegado las enseñanzas
esotéricas y ocultas fundamentales que han influenciado tan fuertemente las
filosofías de todas las razas, naciones y gentes, por varios miles de
años. Egipto, el hogar de las pirámides
y la esfinge, fue el lugar de nacimiento de la sabiduría escondida y las
enseñanzas místicas: todas las naciones han tomado prestado de su doctrina
secreta. India, Persia, Caldea, Medea,
China, Japón, Asiría, la Grecia y la Roma antigua, y otros antiguos países
participaron liberalmente en el festín de conocimiento que los hierofantes y
maestros de la tierra de Isis proporcionaban tan libremente a aquellos que
venían preparados para participar del gran almacén de saber místico y oculto
que las mentes de esa tierra habían reunido.
En el antiguo Egipto residían los grandes
adeptos y maestros que nunca han sido sobrepasados, v que raramente han sido
igualados, durante los siglos que han tenido su fuga procesional desde los días
del gran Hermes. En Egipto estaba
localizada la gran logia de logias de los místicos. A las puertas de sus templos entraban los
neófitos, quienes posteriormente, como hierofantes, adeptos y maestros,
viajaban a los cuatro rincones de la tierra, llevando consigo el precioso
conocimiento que estaban preparados, ansiosos y deseosos de traspasar a
aquellos que estuviesen listos para recibirlo.
Todos los estudiantes de lo oculto reconocen la deuda que deben a estos
venerables maestros de esa antigua tierra.
Pero entre estos grandes maestros del antiguo
Egipto moró una vez uno a quien los maestros aclamaban como «el maestro de
maestros». Este hombre, si es que en
verdad era «hombre», moró en Egipto en los primerísimos días. Era conocido como Hermes Trismegistus. Él fue
el padre de la sabiduría oculta; el fundador de la astrología; el descubridor
de la alquimia. Los detalles del relato
de su vida están perdidos para la historia debido al lapso de los años, aunque
varios de los países antiguos disputaron uno con el otro en sus alegatos por el
honor de haber suministrado su lugar de nacimiento, y de esto hace miles de
años. La fecha de su residencia en
Egipto, en esa su última encarnación sobre este planeta, no es conocida ahora,
pero ha sido fijada en los primeros días de las más viejas dinastías de Egipto
-mucho antes de los tiempos de Moisés-.
Las mejores autoridades le consideran como un contemporáneo de Abraham,
y algunas de las tradiciones judías llegan a afirmar que Abraham adquirió una
porción de su conocimiento místico a partir de Hermes mismo.
Conforme los años rodaron tras su partida de
este plano de vida (registrando la tradición que vivió trescientos años en la
carne), los egipcios deificaron a Hermes, y le hicieron uno de sus dioses, bajo
el nombre de Thoth. Años después, la
gente de la Grecia antigua también le hizo uno de sus muchos dioses -llamándole
«Hermes, el dios de la Sabiduría»-. Los
egipcios reverenciaron su memoria por muchos siglos -sí, decenas de siglos-
llamándole «el escriba de los dioses», y confiriéndole, honoríficamente, su
antiguo título, «Trismegistus», que significa «el tres veces grande», «el gran
grande», «el grande más grande», etcétera.
En todos los países antiguos el nombre de Hermes Trismegistus fue
reverenciado, siendo sinónimo el nombre con la «fuente de la sabiduría».
Incluso en estos días, usamos el término
«hermético» en el sentido de «secreto», «sellado de manera que nada puede
escaparse», etc., y esto en razón del hecho de que los seguidores de Hermes
siempre observaron el principio del secreto en sus enseñanzas. Ellos no creían en «arrojar perlas ante los
puercos», sino que más bien se atenían a la enseñanza «leche para los bebés;
carne para hombres fuertes», ambas de cuyas máximas son familiares a los
lectores de las escrituras cristianas, pero que también habían sido usadas por
los egipcios durante siglos antes de la era cristiana.
Y esta política de diseminación cuidadosa de
la verdad ha caracterizado siempre a las enseñanzas herméticas, incluso hasta
el presente día. Las enseñanzas
herméticas han de encontrarse en todas las tierras, entre todas las religiones,
pero nunca identificadas con ningún país particular, ni con ninguna secta
religiosa particular. Esto en razón de
la advertencia de los antiguos instructores contra el permitir a la doctrina
secreta que se volviese cristalizada en un credo. La sabiduría de esta amonestación es evidente
para todos los estudiantes de la historia.
El antiguo ocultismo de India y Persia degeneró, y fue grandemente
perdido, debido al hecho de que los instructores se volvieron sacerdotes, y
mezclaron así la teología con la filosofía, siendo el resultado que el
ocultismo de India y Persia ha sido perdido gradualmente entre la masa de
superstición religiosa, cultos, credos y «dioses». Así fue con la Grecia y la Roma
antiguas. Así fue con las enseñanzas
herméticas de los gnósticos y los cristianos primitivos, que se perdieron en el
tiempo de Constantino, cuya mano de hierro asfixió la filosofía con la manta de
la teología, perdiendo para la Iglesia cristiana lo que era su misma esencia y
espíritu, y haciéndola buscar a ciegas a lo largo de varios siglos antes de que
encontrase el camino de vuelta a su antigua fe, siendo las indicaciones
evidentes para todos los observadores cuidadosos en este siglo xx el que la
Iglesia esté ahora pugnando por volver a sus antiguas enseñanzas místicas.
Pero hubieron siempre unas pocas almas fieles
que mantuvieron viva la llama, atendiéndola cuidadosamente, y no permitiendo
que su luz se extinguiese. Y gracias a
estos corazones leales y mentes valientes tenemos aún la verdad con nosotros.
Pero no se encuentra en los libros, en ninguna
gran extensión. Ha sido transmitida de
maestro a estudiante, de iniciado a hierofante, de labio a oído. Cuando fue escrita, su significado fue velado
en términos de alquimia y astrología, de modo que sólo aquellos que poseyesen
la clave pudieran leerla correctamente.
Esto se hizo necesario a fin de impedir las persecuciones de los
teólogos de la Edad Media, que combatieron la doctrina secreta con fuego y
espada, estaca, horca y cruz. Incluso en
este día no se encontrarán sino pocos libros dignos de confianza sobre la
filosofía hermética, aunque haya innumerables referencias a ella en muchos
libros escritos sobre diversas fases del ocultismo. ¡Y, sin embargo, la
filosofía hermética es la única llave maestra que abrirá todas las puertas de
las enseñanzas ocultas!
En los primeros días hubo una compilación de
ciertas doctrinas herméticas básicas, pasadas de instructor a estudiante, que
fue conocida como El Kybalion, habiendo sido perdido por varios siglos
el significado y la importancia exactos del término. Esta enseñanza, sin
embargo, es conocida por muchos a quienes ha descendido, de boca a oído,
continuamente a lo largo de los siglos.
Sus preceptos nunca han sido escritos, o impresos, hasta donde sabemos
nosotros. Era meramente una colección de
máximas, axiomas y preceptos, que eran ininteligibles para los intrusos, pero
que eran fácilmente entendidos por los estudiantes, después que los axiomas,
las máximas y los preceptos hubiesen sido explicados y ejemplificados por los
iniciados herméticos a sus neófitos.
Estas enseñanzas constituían realmente los principios básicos del «Arte
de la alquimia hermética», el cual, contrariamente a la creencia general,
trataba del dominio de las fuerzas mentales, antes que de los elementos
materiales -la transmutación de una clase de vibraciones mentales en otras, en
vez del cambio de una clase de metal en otro-.
Las leyendas de la «piedra filosofal» que convertiría el metal bajo en
oro, eran una alegoría relacionada con la filosofía hermética, rápidamente
entendida por todos los estudiantes del verdadero hermetismo.
En este pequeño libro, del que ésta es la
primera lección, invitamos a nuestros estudiantes a examinar las enseñanzas
herméticas, tal como están expuestas en El Kybalion, y tal como son
explicadas por nosotros mismos, humildes estudiantes de las enseñanzas, que,
mientras que llevamos el título de iniciados, somos todavía estudiantes a los
pies de Hermes, el maestro. Aquí os
damos muchas de las máximas, axiomas y preceptos de El Kybalion, acompañados
por explicaciones e ilustraciones que estimamos idóneas para hacer las
enseñanzas más fácilmente comprensibles por el estudiante moderno,
particularmente por cuanto el texto original está velado a propósito en
términos oscuros.
Las máximas, axiomas y preceptos originales de
El Kybalion están impresos aquí, entre signos de acotación, dado el
crédito apropiado. Nuestro propio
trabajo está impreso en el modo regular, en el cuerpo de la obra. Confiamos que los muchos estudiantes a los
que ofrecemos ahora esta pequeña obra derivarán tanto beneficio del estudio de
sus páginas como lo han hecho los muchos que han pasado antes, recorriendo el mismo
sendero hacia la maestría a lo largo de los siglos que han pasado desde los
tiempos de Hermes Trismegistus -el maestro de maestros-, el gran grande. En las palabras de El Kybalion:
«Donde caen las pisadas del maestro, los oídos
de aquellos preparados para su enseñanza se abren de par en par.»
El Kybalion.
«Cuando los oídos del estudiante están listos
para oír, entonces vienen los labios a llenarlos con sabiduría.»
El Kybalion.
Así que, de acuerdo con las enseñanzas, el pasar este libro a aquellos listos para la instrucción atraerá la atención de esos que están preparados para recibir la enseñanza. Y, del mismo modo, cuando el pupilo esté listo para recibir la verdad, entonces este pequeño libro le vendrá a él, o a ella. Tal es la ley. El principio hermético de causa y efecto, en su aspecto de la ley de atracción, juntará labios y oído, pupilo y libro en compañía. ¡Así sea!
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CAPÍTULO II
LOS SIETE PRINCIPIOS HERMÉTICOS
«Los principios de la verdad son siete; aquel que
conoce éstos, con comprensión, posee la llave mágica ante cuyo toque todas las
puertas del templo se abren de repente.»
El Kybalion.
Los siete principios herméticos, sobre los que
está basada toda la filosofía hermética, son como sigue:
1 . EL
PRINCIPIO DE MENTALISMO.
2. EL
PRINCIPIO DE CORRESPONDENCIA.
3. EL
PRINCIPIO DE VIBRACIÓN.
4. EL
PRINCIPIO DE POLARIDAD.
5. EL PRINCIPIO DE RITMO.
6. EL
PRINCIPIO DE CAUSA Y EFECTO.
7. EL
PRINCIPIO DE GÉNERO.
Estos siete principios serán discutidos y explicados
según procedamos con estas lecciones.
Puede bien darse, sin embargo, en este punto una corta explicación de
cada uno.
1. El
principio de mentalismo
«EL TODO es MENTE; el universo es mental.»
El Kybalion.
Este principio incorpora la verdad de que
«todo es mente». Explica que EL TODO (que es la realidad sustancial que subyace
a todas las manifestaciones y apariencias externas que conocemos bajo los
términos de «el universo material», «el fenómeno de la vida», «materia»,
«energía», y, en breve, todo lo que es evidente a nuestros sentidos materiales)
es ESPÍRITU, que en sí mismo es INCOGNOSCIBLE e INDEFINIBLE, pero que puede ser
considerado y concebido como UNA MENTE UNIVERSAL, INFINITA Y VIVIENTE. Explica también que todo el mundo o universo
fenomenal es simplemente una creación mental del TODO, sujeto a las leyes de
las cosas creadas, y que el universo, como conjunto, y en sus partes o
unidades, tiene su existencia en la mente del TODO, en cuya mente «vivimos, nos
movemos y tenemos nuestro ser». Este
principio, estableciendo la naturaleza mental del universo, explica fácilmente
todos los variados fenómenos mentales y psíquicos que ocupan una porción tan
grande de la atención pública, y que, sin tal explicación, son incomprensibles
y desafían el tratamiento científico.
Una comprensión de este gran principio hermético de mentalismo capacita
al individuo para captar fácilmente las leyes del universo mental, y para
aplicar las mismas a su bienestar y avance.
El estudiante hermético está capacitado para aplicar inteligentemente
las grandes leyes mentales, en vez de usarlas de una manera fortuita. Con la llave maestra en su posesión, el
estudiante puede abrir las muchas puertas del templo mental y psíquico del conocimiento,
y entrar al mismo libre e inteligentemente.
Este principio explica la verdadera naturaleza de «energía», «poder» y
«materia», y por qué y cómo están todos éstos subordinados a la maestría de la
mente. Uno de los viejos maestros
herméticos escribió hace mucho tiempo: «El que capta la verdad de la naturaleza
mental del universo está bien avanzado en el sendero hacia la maestría.» Y
estas palabras son tan verdaderas hoy como en el tiempo en que fueron escritas
por primera vez. Sin esta llave maestra,
la maestría es imposible, y el estudiante llama en vano a las muchas puertas
del templo.
2. El principio de correspondencia
«Como es arriba, es abajo; como es abajo, es
arriba.»
El Kybalion.
Este principio incorpora la verdad
de que hay siempre una correspondencia entre las leyes y fenómenos de los
diversos planos de existencia y vida. El
viejo axioma hermético lo ponía en estas palabras: «Como es arriba, es abajo;
como es abajo, es arriba.» Y la captación de este principio da uno de los
medios de solucionar muchas oscuras paradojas y secretos escondidos de la
Naturaleza. Hay planos más allá de
nuestro conocimiento, pero cuando les aplicamos el principio de correspondencia
somos capaces de entender mucho que de otro modo nos habría sido
incognoscible. Este principio es de
aplicación y manifestación universal, en los diversos planos del universo
material, mental y espiritual; es una ley universal. Los antiguos hermetistas consideraban este
principio como uno de los más importantes instrumentos mentales por el que el
hombre era capaz de atisbar a un lado de los obstáculos que ocultan lo
desconocido a la vista. Su uso incluso
rasgaba el velo de Isis hasta el punto de que podía verse un vislumbre de la
cara de la diosa. Igual que un
conocimiento de los principios de la Geometría capacita al hombre para medir
soles distantes y sus movimientos, mientras está sentado en su observatorio,
así un conocimiento del principio de correspondencia capacita al hombre para
razonar inteligentemente desde lo conocido hasta lo desconocido. Estudiando a la mónada, entiende al arcángel.
3. El
principio de vibración
«Nada descansa; todo se mueve; todo vibra.»
El Kybalion.
Este principio incorpora la verdad de que «todo
está en movimiento», «todo vibra», «nada está en reposo»; hechos que la ciencia
moderna refrenda, y que cada nuevo descubrimiento científico tiende a
verificar. Y sin embargo este principio
hermético fue enunciado hace miles de años por los maestros del antiguo
Egipto. Este principio explica que las
diferencias entre manifestaciones diferentes de materia, energía, mente, e
incluso espíritu, resultan mayormente de frecuencias de vibración variables. Desde EL TODO, que es espíritu puro, bajando
hasta la forma más grosera de materia, todo está en vibración -cuanto más alta
la vibración, más alta la posición en la escala-. La vibración del espíritu es en un rango de
intensidad y rapidez infinitas tal que está prácticamente en reposo -igual que
una rueda moviéndose rápidamente parece inmóvil-. Y en el otro extremo de la escala, hay formas
groseras de materia cuyas vibraciones son tan bajas como para parecer en
reposo. Entre estos dos polos hay
millones sobre millones de grados variables de vibración. Desde el corpúsculo y el electrón, el átomo y
la molécula, hasta los mundos y universos, todo está en moción vibratoria. Esto también es verdad en los planos de
energía y fuerza (que no son sino grados diversos de vibración); y también en
los planos mentales (cuyos estados dependen de vibraciones); e incluso en los
planos espirituales. Un entendimiento de
este principio, con las fórmulas apropiadas, capacita a los estudiantes
herméticos a controlar sus propias vibraciones mentales, así como las de otros.
Los maestros también aplican este
principio a la conquista de los fenómenos naturales, en modos diversos. «Aquel
que entiende el principio de vibración, ha agarrado el cetro del poder», dice
uno de los viejos escritores.
4. El
principio de polaridad
«Todo es dual; todo tiene polos; todo tiene su par de
opuestos; semejante y desemejante son lo mismo; Los opuestos son idénticos en
naturaleza, pero diferentes en grado: los extremos se encuentran; todas las
verdades no son sino medias verdades; todas las paradojas pueden ser
reconciliadas.»
El Kybalion.
Este principio incorpora la verdad -de que
«todo es dual», «todo tiene dos polos», «todo tiene su par de opuestos», todos
los cuales eran viejos axiomas herméticos.
Explica las viejas paradojas, que han dejado perplejos a tantísimos, que
han sido establecidas como sigue: «Tesis y antítesis son idénticas en
naturaleza, pero diferentes en grado»; «los opuestos son lo mismo, difiriendo
sólo en grado»; los pares de opuestos pueden ser reconciliados»; «los extremos
se encuentran»; «todo es y no es al mismo tiempo»; «todas las verdades no son
sino medias verdades»; «toda verdad es medio falsa»; «hay dos lados para todo»,
etc. Explica que en todo hay dos polos,
o aspectos opuestos, y que los «opuestos» son realmente sólo los dos extremos
de la misma cosa, con muchos grados variables entre ellos. Para ilustrar esto: calor y frío, aunque
«opuestos», son realmente la misma cosa, consistiendo la diferencia meramente
de grados de la misma cosa. ¡Mirad a vuestro termómetro y ved si podéis
descubrir dónde termina el «calor» y comienza el «frío»! NO hay tal cosa como el «calor absoluto» o el
«frío absoluto» -los dos términos «calor» y «frío» indican simplemente grados
variables de la misma cosa, y esa «misma cosa» que se manifiesta como «calor» y
«frío» es meramente una forma, una variedad y una frecuencia de
vibración-. Así que «calor» y «frío» son
simplemente los «dos polos» de eso que llamamos «calor»-y los fenómenos que le
acompañan en consecuencia son manifestaciones del principio de polaridad-. El mismo principio se manifiesta en el caso
de «luz y oscuridad», que son la misma cosa, consistiendo la diferencia de
grados variables entre los dos polos del fenómeno. ¿Dónde cesa la «oscuridad» y
comienza la «luz»? ¿Cuál es la diferencia entre « grande» y «pequeño»? ¿Entre «duro» y «blando»? ¿Entre «negro» y «blanco»? ¿Entre «agudo» y
«romo»? ¿Entre «bulla» y «calma»"? ¿Entre «alto» y «bajo»? ¿Entre
«positivo» y «negativo»? El principio de
polaridad explica estas paradojas, Y ningún otro principio puede
suplantarlo. El mismo principio opera en
el plano mental. Tomemos un ejemplo
radical y extremo: el de «amor y odio», dos estados mentales totalmente
diferentes aparentemente. Y sin embargo
hay grados de odio y grados de amor, y un punto medio en el que usamos los
términos «gusto» e, «disgusto». Que se solapan tan Gradualmente que a veces no
atinamos a saber si «gustamos» o «disgustamos» o «ninguna de ambas cosas». Y todos son simplemente grados de la misma
cosa, como veréis si queréis pensar tan sólo un momento. Y más que esto (y considerado de más
importancia por los hermetistas), es posible cambiar las vibraciones de odio a
las vibraciones de amor, en la propia mente de uno y en las mentes de
otros. Muchos de vosotros, que leéis
estas líneas, habéis tenido experiencias personales de la rápida transición
involuntaria del amor al odio, y al contrario, en vuestro propio caso y en el
de otros. Y realizaréis por tanto la
posibilidad de que esto se consiga por el uso de la voluntad, por medio de las
fórmulas herméticas. «Bien» y «mal» no son sino los polos de la misma cosa, y
el hermetista entiende el arte de transmutar el mal en bien, por medio de una
aplicación del principio de polaridad.
En breve, el «arte de polarización» se convierte en una fase de la
«alquimia mental» conocida y practicada por los maestros herméticos antiguos y
modernos. Un entendimiento del principio
le capacitará a uno para cambiar su propia polaridad, así como la de otros, si
quiere dedicar el tiempo y el estudio necesarios para amaestrar el arte.
5. El
principio de ritmo
«Todo fluye, fuera y dentro; todo tiene sus
mareas; todas las cosas suben y bajan; la oscilación del péndulo se manifiesta
en todo; la medida de la oscilación hacia la derecha es la medida de la
oscilación hacia la izquierda; el ritmo compensa.»
El Kybalion.
Este principio incorpora la verdad
de que en todo hay manifestada una moción medida, a un lado y otro; un flujo y un
reflujo; un vaivén hacia atrás y hacia adelante; una mengua y una crecida como
una marea; una pleamar y una bajamar; entre los dos polos que existen de
acuerdo con el principio de polaridad descrito hace un momento. Hay siempre una acción y una reacción; un
avance y un retroceso; una elevación y un hundimiento. Esto es así en los asuntos del universo,
soles, mundos, hombres, animales, mente, energía y materia. Esta ley está manifiesta en la creación y
destrucción de mundos; en la elevación y caída de naciones; en la vida de todas
las cosas; y finalmente en los estados mentales del hombre (y es con este
último que los hermetistas encuentran el entendimiento del principio sumamente
importante). Los hermetistas han captado
este principio, encontrando su aplicación universal, y han descubierto también
ciertos medios de superar sus efectos en ellos mismos por el uso de las
fórmulas y métodos apropiados. Ellos
aplican la ley mental de neutralización.
No pueden anular el principio, o hacerle cesar su operación, pero han
aprendido cómo escapar a sus efectos sobre ellos mismos hasta un cierto grado
dependiendo de la maestría del principio.
Han aprendido cómo USARLO, en vez de ser USADOS POR él. En este método y en otros similares, consiste
el arte de los hermetistas. El maestro
de las enseñanzas herméticas se polariza en el punto en el que desea reposar, y
neutraliza entonces la oscilación rítmica del péndulo que tendería a conducirle
al otro polo. Todos los individuos que
han alcanzado cualquier grado de auto-maestría hacen esto hasta un cierto
grado, más o menos inconscientemente, pero el maestro hace esto
conscientemente, y por el uso de su voluntad, y alcanza un grado de aplomo y
firmeza mental casi imposible de creer por parte de las masas que son balanceadas
hacia atrás y hacia adelante como un péndulo.
Este principio y el de polaridad han sido estudiados estrechamente por
los hermetistas, y los métodos de contrarrestarlos, neutralizarlos y USARLOS
forman una parte importante de la alquimia mental hermética.
6. El
principio de causa y efecto
«Toda causa tiene su efecto; todo efecto tiene
su causa; todo sucede de acuerdo con la ley-. casualidad no es sino un nombre
para la ley no reconocida; hay muchos planos de causación, pero nada se escapa
a la ley.»
El Kybalion.
Este principio incorpora el hecho
de que hay una causa para todo efecto; un efecto a partir de toda causa. Explica que: «Todo sucede de acuerdo con la
ley»; que nada nunca «meramente sucede»; que no hay tal cosa como la casualidad;
que mientras que hay diversos planos de causa y efecto, dominando los planos
superiores a los inferiores, a pesar de eso nada se escapa nunca enteramente a
la ley. Los hermetistas entienden el
arte y los métodos de elevarse por encima del plano ordinario de causa y
efecto, hasta un cierto grado, y elevándose mentalmente a un plano superior se
vuelven causantes en vez de efectos. Las
masas de gente son conducidas, obedientes al entorno; a las voluntades y deseos
de otros más fuertes que ellos; a la herencia; a la sugestión; y a otras causas
externas que les mueven de un lado para otro como peones en el tablero de
ajedrez de la vida. Pero los maestros,
elevándose al plano superior, dominan sus humores, caracteres, cualidades y
poderes, así como el entorno que les rodea, y se convierten en movedores en vez
de peones. Concurren a JUGAR EL JUEGO DE
LA VIDA, en vez de ser jugados y movidos de un lado para otro por las
voluntades de otros y el entorno. USAN
el principio en vez de ser sus herramientas.
Los maestros obedecen la causación de los planos superiores, pero la
ayudan a REGIR en su propio plano. En esta afirmación está condensado un tesoro
de conocimiento hermético -léalo el que pueda.
7. El
principio de género
«El género está en todo; todo tiene sus
principios masculino y femenino: el género se manifiesta en todos los planos.»
El Kybalion.
Este principio incorpora la verdad de que hay un
GÉNERO manifestado en toda cosa –los principios masculino y femenino están
siempre en funcionamiento-. Esto es
verdadero no sólo del plano físico, sino de los planos mentales e incluso
espirituales. Sobre el plano físico, el
principio se manifiesta como SEXO, sobre los planos superiores toma formas más
ligeras, pero el principio es siempre el mismo.
Ninguna creación, física, mental o espiritual, es posible sin este
principio. Un entendimiento de sus leyes arrojará luz sobre muchos temas que
han dejado perplejas a las mentes de los hombres. El principio de género trabaja siempre en la
dirección de la generación y la creación.
Toda cosa, y toda persona, contiene los dos elementos o principios, o
este gran principio, dentro de sí, de él o de ella. Toda cosa macho tiene también el elemento
hembra; toda hembra contiene también el principio macho. Si queréis entender la filosofía de la
creación, la generación y la regeneración mentales y espirituales, debéis
entender y estudiar este principio hermético.
Contiene la solución de muchos misterios de la vida. Os precavernos que este principio no tiene
referencia alguna a las muchas teorías, enseñanzas y prácticas bajas,
perniciosas y degradantes, que se enseñan bajo títulos antojadizos, y que son
una prostitución del gran principio natural del género. Tales bajos revivires de las antiguas e
infames formas del falicismo tienden a arruinar la mente, el cuerpo y el alma,
y la filosofía hermética siempre ha hecho sonar la nota de advertencia contra
estas degradadas enseñanzas que tienden hacia la lujuria, la licenciosidad y la
perversión de los principios de la Naturaleza.
Si buscáis tales enseñanzas, debéis ir a otra parte por ellas -el
hermetismo no contiene nada para vosotros a lo largo de estas líneas-. Para el puro, todas las cosas son puras; para
el bajo, todas las cosas son bajas.
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CAPÍTULO III
TRANSMUTACIÓN MENTAL
«La mente (así como los metales y los
elementos) puede ser transmutada, de estado a estado; de grado a grado; de condición
a condición; de polo a polo; de vibración a vibración. La verdadera transmutación hermética es un
arte mental.»
El Kybalion.
Como hemos establecido, los hermetistas fueron
los alquimistas, astrólogos y psicólogos originales, habiendo sido Hermes el
fundador de estas escuelas de pensamiento.
A partir de la astrología ha crecido la astronomía moderna; a partir de
la alquimia ha crecido la química moderna; a partir de la psicología mística ha
crecido la psicología moderna de las escuelas.
Pero no debe suponerse que los antiguos eran ignorantes de aquello que
las escuelas modernas suponen ser su propiedad exclusiva y especial. Los registros grabados en las piedras del
antiguo Egipto muestran exclusivamente que los antiguos tenían un pleno
conocimiento comprensivo de la astronomía, mostrando la misma edificación de
las pirámides la conexión entre su diseño y el estudio de la ciencia
astronómico. Ni ignoraban la química,
pues los fragmentos de las antiguas escrituras muestran que estaban
familiarizados con las propiedades químicas de las cosas; de hecho, las teorías
antiguas concernientes a la física están siendo lentamente verificadas por los
últimos descubrimientos de la ciencia moderna, principalmente los que se
relacionan con la constitución de la materia.
Ni debe suponerse que fueran ignorantes de los descubrimientos
supuestamente modernos en psicología; al contrario, los egipcios estaban
especialmente adiestrados en la ciencia de la psicología, particularmente en
las ramas que las escuelas modernas ignoran, pero que, no obstante, están
siendo puestas al descubierto bajo el nombre de «ciencia psíquica», lo que está
dejando perplejos a los psicólogos de hoy en día, y haciéndoles reluctantes a
admitir que «puede haber algo en ello después de todo».
La verdad es que bajo la química, la astronomía y la psicología materiales (esto es, la psicología en su fase de «acción cerebral»), los antiguos poseían un conocimiento de astronomía trascendental llamado astrología; de química trascendental, llamado alquimia; de psicología trascendental, llamado psicología mística. Poseían el conocimiento interno, así corno el conocimiento externo, siendo poseído por los científicos modernos