Este texto fue publicado por la revista
francesa Vers La Tradition "répandre la lumière et rassembler ce qui
est épars", nº 75 Marzo-Abril-Mayo 1998.
EL COLLAR DE PERLAS Y LA CADENA DE UNION


En los Rituales de la Iniciación de
Oficio, la palabra más frecuentemente pronunciada es, con mucho, la de
"Hermano". Ello debe hacernos meditar sobre la naturaleza de esa
"fraternidad" que parece ser el lazo de unión entre los
"Iniciados". Muchos piensan que esto "va de suyo" y apenas
reflexionan sobre las contradicciones entre las apariencias y la
Realidad.
En efecto, toda la manifestación
aparece como la negación misma de la noción de fraternidad.
La multiplicidad indefinida de
los seres, consecuencia lógica de sus individualidades, todas diferentes sin excepción
puesto que dos seres no pueden ser idénticos en el universo sensible, tiene
pues perfectamente en jaque a la noción de fraternidad, al menos tal como el
mundo profano la concibe.
Para aquellos que consideran el
mundo como real y el espíritu como una simple opción conceptual, no existe un
ser en todo el universo que no subsista en detrimento de los otros, que no se
singularice diferenciándose, con la intención de afirmar su propia identidad.
René Guénon ha enunciado esta "ley" como "principio de individuación".
De hecho, del grano de arena a las galaxias supuestas gigantes, nadie ha podido
describir nunca una sola existencia que pueda ser confundida con otra. Así,
desde el punto de vista profano, la única ley general que se revela inexorablemente
en el mundo sensible es la de la separatividad y la diferenciación. Si bien la
ciencia moderna supone, en sus procedimientos habituales, que la
"materia" está constituida de partículas elementales idénticas, lo
que nos llevaría "racionalmente" a unificar la naturaleza invisible
de los seres hasta hacerlos derivar sistemáticamente unos de otros, de lo que
la ciencia no se priva por otra parte si tuviésemos que creer al respecto en la
hipótesis "evolucionista", ello no impide que no haya podido mostrar
nunca dos "seres" (partículas o galaxias) idénticos, por la excelente
razón de que se trata de una imposibilidad metafísica, ya que toda repetición
está excluida en el Infinito. Todos los esfuerzos de la industria y de la
ciencia que la sirve no han podido llegar a producir nunca, incluso con la
ayuda de sofisticadas máquinas, dos "objetos" perfectamente
idénticos. Los frecuentes defectos de las "piezas" fabricadas en
serie nos aportan cada día la prueba evidente al respecto.
Resulta pues que la única
"ley" de la manifestación sobre la cual todos los seres no pueden
sino estar de acuerdo, es la de la separación, de la diferenciación e incluso
de la singularidad.
Aparente "síntesis" de
las características de sus "genitores", el niño se separa sin embargo
de su madre desde el nacimiento, y de su familia desde la edad adulta, con el
fin de vivir su propia existencia de manera diferente a la de sus padres.
Puede decirse que la "ley
natural" es totalmente semejante a la "repulsión" y no a la
"atracción" como los sentimientos tienden a hacérnoslo creer.
Ahora bien, en tal contexto, las
aproximaciones entre los seres no pueden ser los efectos de sus atracciones
recíprocas sino, más bien, necesarias puestas en común de los medios de
subsistencia. Los seres no se juntan ni se reúnen más que por interés personal,
deseosos de beneficiarse de las posibilidades de los otros respecto de lo que
no saben o no pueden hacer u obtener por sí mismos. Y no nos equivoquemos al
respecto: al contrario de la invención totalmente artificial de Newton de la
noción de "gravitación" que tendería a hacer que los cuerpos se
juntasen, el universo sensible entero está sometido en realidad a esta ley de
repulsión y de diferenciación. Pues si los supuestos "átomos" parecen
asociarse entre ellos, es bajo el efecto de la "presión" que soportan
de agrupaciones numéricamente más importantes, y no bajo el efecto de una
atracción recíproca de la que no existe ejemplo alguno. Cuando el cloro se
asocia al sodio para formar sal, no es más que con el fin de conservar su
identidad cloro, bien que mal y en el peor de los casos, en el seno del cloruro
sódico, sin el que no sabría subsistir en tanto que átomo de cloro
independiente. Otro tanto sucede evidentemente con el sodio.
Pues debe quedar claro que la identificación
no puede expresarse más que con relación a los otros, es decir mediante una
forma de singularidad. Es lo mismo en lo que respecta a los hombres.
Los hombres no se reúnen más que
con el fin de obtener ventajas de la proximidad de los demás. Ya sea para
ejercer su poder de palabra, de procreación, de sensaciones táctiles o para
beneficiarse de las producciones colectivas, o también para protegerse de la
agresividad de algunos o para dirigir a otros; los hombres no se asocian en
modo alguno por afinidades profundas sino únicamente por interés, esforzándose
tanto como pueden en conservar su identidad diferenciada.
Que se intente aureolar de
"buenos sentimientos" estas "pulsiones sociales", no quita
nada a esta realidad metafísica que hace que un ser, cualquiera que sea, no
pueda venir a la manifestación más que distinguiéndose, diferenciándose e
individualizándose de los demás. Si "hermanos naturales", nacidos de
los mismos padres, fuesen naturalmente "fraternos", ¿no tendrían aún
así que diferenciarse desde el momento que incluso "gemelos", tan
parecidos en todos los aspectos, no pueden constituir un solo ser?
Es por esto, que la
"fraternidad", de la que la humanidad biológica y racionalista
intenta adornar sus intereses egoístas, nunca dejará de ser, fuera de todo
fundamento espiritual, más que una vana fórmula perfectamente utópica.
Es verdaderamente imposible
comprender, desde un punto de vista racional, cómo, frente a esta constatación
tan evidente, los que niegan un Principio superior pueden dar un sentido
coherente a las nociones de libertad, igualdad y fraternidad profanas de las
cuales son, casi todos ellos, los más ardientes propagandistas. Es todavía
menos comprensible que unos "iniciados virtuales" no profundicen esta
"antinomia" y se satisfagan con una fraternidad de camaradería, cuya
fragilidad e inconstancia aparecen a las primeras de cambio, hasta el punto que
han necesitado constituir "jurados fraternales", esa monstruosidad de
cuyo carácter, tan ridículo como incongruente, ni siquiera se dan cuenta.
Dicho esto, los lectores de Vers
La Tradition, que son lectores de las enseñanzas de René Guénon, saben
diferenciar bien entre la naturaleza del pensamiento racional y la del
intelecto puro.
Les ahorraremos pues el recuerdo
de estas diferencias fundamentales sobre las que se apoya toda la obra de
Guénon y que, solo ellas, permiten la comprensión de los símbolos y la
ascensión a la cumbre del espíritu humano. Con intención de profundizar la
noción de "fraternidad" y de justificar su concepto, nos apoyaremos
en el simbolismo del "collar" que permite iluminar el acto ritual y
final de la "Cadena de Unión" que nos llega, sin duda alguna, del
fondo de las Edades de la humanidad.
En función de lo que acabamos de
señalar, cada "ser", considerado en su individualidad, puede ser
representado simbólicamente por una "esfera", como René Guénon lo ha
expuesto tan justamente en El Simbolismo de la Cruz.
En el símbolo del "collar
de Perlas", esa alineación circular de esferas adyacentes, vemos que, bajo
esta forma manifestada, ellas no son más que una sucesión de individualidades
perfectamente aisladas y en modo alguno unidas por sí mismas. Por otra parte,
¿cómo podría ser de otra manera puesto que el nacimiento de un "ser"
cualquiera es el producto de un "principio de individuación"? Se
habla también de la "esfera de influencia" que cada ser puede
pretender poseer. Es igualmente notable observar en esta figura que las
diferentes esferas no pueden llegar a estar en contacto más que por medio de un
solo "punto", casi inmaterial, dicho de otro modo sólo pueden estar
en contacto en un lugar de "comunicación" no manifestable, mientras
que el volumen de la esfera es el mayor de todos los sólidos de igual
superficie. Vemos pues que los "individuos", que tienden naturalmente
a ocupar el mayor espacio presentando la mayor superficie de intercambios
posibles, están reducidos, por el contrario, a no poder comunicarse con sus
semejantes más que mediante un punto geométricamente sin dimensiones.
Sin embargo, el simbolismo del
collar nos revela que las "perlas" están unidas por un hilo que pasa
por el "centro" de cada una de ellas. Si nuestro intelecto puro se
concentra en esta "meditación", nos hace comprender que es imposible
unir a los hombres de otra manera más que por sus centros respectivos, y ni
siquiera por sus manos entrelazadas. Así, el reconocimiento, seguido del
"conocimiento" de su propio "centro" por parte de cada
hombre es lo único que puede engendrar la noción de "fraternidad",
porque el hombre es absolutamente de la misma naturaleza que dicho
"centro" y porque proviene de la misma "fuente", como lo
indica expresamente el "hilo" que une las "perlas". Pues,
aún cuando el hilo se "rompa", las perlas no pierden por ello su
"centro", identificado así en lo sucesivo.
Del examen del simbolismo del
"Collar de Perlas" se revela otra consecuencia importante. En El
Reino de la Cantidad y los Signos de los Tiempos, en el capítulo XX
titulado "De la Esfera al Cubo", René Guénon explica el paso de la forma
espiritual, representada por la "esfera esencial", a la forma
material, representada por el "cubo sustancial", debido al
alejamiento progresivo del Principio en el curso del descenso cíclico de la
humanidad.
Ahora bien, como toda
iniciación, la "de Oficio" debe conducir a la
"restauración" del Iniciado y ayudarle a recorrer el camino inverso,
por evolución del "cubo a la esfera" o, más exactamente, por una
"integración" en cierta manera del estado cúbico y del estado
esférico, integración que se lleva a cabo fuera de toda condición temporal y a
la que se ha llamado la "circulatura del cuadrante" por oposición a
la "cuadratura del círculo", asimilable a la "caída" o a la
solidificación del Mundo.
Y el hecho de que, en el
simbolismo del "collar de Perlas", el ser esté figurado no ya por un
cubo sino por una esfera, permite mejor, desde el comienzo del Segundo Grado
simbólico, la asimilación de la "Estrella Flamígera", cuyo aspecto
circular puede parecer extraño obtenerlo de un cubo aún cuando su "construcción"
pueda efectuarse con la ayuda de un "rectángulo" e igualmente con la
ayuda de un "cuadrado", como se indica en nuestro artículo sobre
"Los Símbolos Geométricos de la Iniciación de Oficio" aparecido en Vers
La Tradition nº 64. Es interesante observar por otra parte que el
"trazado" de la Estrella de Cinco Brazos, realizado con ayuda de la
Escuadra y de la Regla, da una figura aproximada en casi 1,2º (37,2º en lugar
de 36º), mientras que su trazado con ayuda del Compás da la figura exacta.
Podría decirse que el "paso" de la Escuadra al Compás corresponde en
cierta manera al paso de la forma al espíritu, aunque el empleo de la Escuadra
esté ya signado por una obediencia al espíritu.
Nuestro artículo anterior sobre
"El Compañero acabado" [Le Compagnon fini], en el número 74 de
Vers La Tradition, subrayaba que la Piedra Cúbica no manifiesta su
"centro", que permanece escondido, y que su "transformación
espiritual" en Piedra Cúbica en Punta tenía como efecto
"revelarlo".
Haremos observar, a aquellos a quienes
pudiese parecer un poco arbitraria esta aparición de la Pirámide sobre el Cubo,
que ese mismo cubo está ya constituido por seis Pirámides que tienen el
"centro" del cubo por vértice común y sus seis caras por bases.
Siendo este "vértice común" el verdadero "centro" de la
Piedra Cúbica, dejamos al lector descubrir por sí mismo la estructura
"hexapiramidal" del Cubo y su prolongación lógica mediante una
séptima pirámide que se engendra en el símbolo de la Piedra Cúbica en Punta.
Volvemos a encontrar por otra
parte esas seis Pirámides, representadas por seis triángulos alrededor de un
hexágono, en el universal "Sello de Salomón". Pero, en esta
"Estrella de Seis Brazos", los seis triángulos están invertidos, y
sus "vértices" están vueltos hacia el exterior y situados sobre una
circunferencia no manifestada en el símbolo.
Así se ve aparecer un esbozo de
"esfericidad" en el "cubo", esfericidad que se halla
sugerida por su "centro" que es entonces el Vértice de la Piedra
Cúbica en Punta.
No es pues "artificial",
en la Vía de la Reintegración, pasar del Cubo a la Esfera, es decir de la
Tierra al Cielo, cuando se lleva a cabo la "realización" del estado
de Hombre Primordial.
Para quienes esperan
perezosamente su eventual admisión en los miríficos "talleres de
perfeccionamiento", que pudiesen servirles "bien asados" los
secretos del Conocimiento y acelerar su ascensión a lo Grandes Misterios, las
"reflexiones" que preceden, y que son sin embargo de una gran
sencillez, les harán comprender que los Símbolos de la Iniciación de Oficio
contienen en sí mismos todo lo que es necesario y suficiente con vistas a la
"realización" de la Vía metafísica o, al menos, a la
"comprensión" de la verdadera naturaleza del Gran Arquitecto del
Universo, y de la noción islámica de Hombre Universal.
Solamente entonces aparece el
verdadero fundamento de la "Fraternidad", que no reúne únicamente a
los Iniciados entre sí, sino que los "une" verdaderamente en el seno
y en virtud de un mismo "Principio" que justifica a la vez su
"Igualdad" y su "Libertad". Pues, desaparecidas las
individualidades que separan y revelada la identidad metafísica de su origen
común, cada Hermano se descubre partícipe de las "personalidades" de
los otros, como si éstas no pudiesen más que ser emanadas de su propio
"Centro", que es "el Centro de un Corazón Fiel", dicho de
otra manera el centro de todos los corazones fieles, ese punto "donde se
manifiesta la actividad del Cielo", como dice Guénon.
Es por ese "centro"
que pasa la Perpendicular alrededor de la cual, y sobre un Pavimento Mosaico
"unificado", se forma la "Cadena de Unión" que simboliza
tan perfectamente el Collar de Perlas.
Es ahora más fácil comprender
por qué el Aprendiz aprende a "ordenar" la Piedra Bruta en Piedra
Cúbica, a fin de que puedan aparecer a la vez la exigencia y la existencia de
un Centro que la genere y la sostenga, centro ¡ay! Ignorado de todos aquellos
de quienes únicamente las "manos" forman la Cadena de Unión. Es decir
la verdadera "miopía intelectual" y la mentalidad materialista o
sentimental, lo que viene a ser lo mismo, de los Masones que sienten que
"la corriente pasa" en este caso, cuando lo que ocurre es que solo la
intuición pura permite entrever en ello todo su profundo significado.
Podría ser que quienes han acaparado
indebidamente la "responsabilidad" y la "protección" de los
Rituales tomen conciencia de que dejando que estos se empobrezcan e incluso que
desaparezcan ciertos símbolos fundamentales de la Iniciación de Oficio, al
nivel de las Logias azules, privan a la mayoría de los "iniciados
virtuales" del acceso al verdadero Conocimiento y les incitan a la pereza
intelectual, en ese "lugar sagrado" único que es la Logia, dejándoles
o haciéndoles creer que "trabajarán" mucho más provechosamente en los
Grados llamados "superiores", de los cuales, los
"resultados" que hemos podido observar van en contra de la
"realización de la iniciación".
Los que son capaces, aquellos en
los que el intelecto puro se ha desarrollado y no ha sido enmascarado todavía
por una "erudición" completamente profana, aunque aplicada a las
sagradas Escrituras, deben encontrar, en los símbolos de los Tres Grados, una
rica materia en la que apuntalar su Conocimiento puro y que les permita una
total expansión de sus posibilidades de "restauración".
Así, el Rito masónico es la
única "herramienta" del desarrollo de nuestro intelecto: no nos habla
de "moral" pero nos sugiere al respecto la "razón
normativa"; no nos habla de "ciencia" pero nos lleva a ser
"conocedores"; no nos explica la "naturaleza" del mundo
pero nos hace comprender su "sentido"; no nos da directriz
"social" alguna pero nos hace descubrir las "leyes" que
deben regir y organizar las "relaciones sociales"; no desarrolla
ninguna tesis sobre la "historia del mundo" pero nos hace descubrir
su "lógica"; no está embarazada por ningún
"sentimentalismo" sino que nos obliga a desarrollar nuestra
"intelectualidad" con símbolos muy significativos, haciéndonos
"realizar", en el sentido metafísico, la "razón" primera y
única de nuestra "libertad de opciones", de nuestra "igualdad
perfecta" con respecto al infinito y de nuestra inevitable
"fraternidad" en el seno de la ilusoria multiplicidad.
Según una manera de ver las
cosas, ¡ay! Demasiado extendida en nuestros días, la mayoría de los Masones no
utilizan las "herramientas" que son los símbolos de la Iniciación de
Oficio más que para corregir sus comportamientos sociales y pretender cambiar
así a la Humanidad. Ignoran que estas "herramientas" y los Ritos
sonoros, gestuales y visuales que les acompañan, están en verdad destinados a
obrar en el interior. A la inversa de la falaz edificación de la obra visible,
entre el ruido de golpes de Malletes y Cinceles y órdenes de los Jefes de
Talleres, estas "herramientas" de la obra "operativa" no
encuentran su verdadera justificación más que en su "empleo
reversible" en el silencio meditativo, el único capaz de hacer descubrir
lo Real escondido bajo lo aparente, la Causa en el efecto visible, el hilo de
Ariadna en el "laberinto" de la Manifestación.
Es con esta única condición que
la Iniciación y los Ritos que la prolongan permiten alcanzar certezas, no
discutidas por no discutibles, y, como consecuencia necesaria, la dicha del
Conocimiento de las verdaderas "luces" de nuestro presente mundo, tan
maravillosas cuando se les comienza a entrever el verdadero sentido.
En numerosas Cámaras de
Reflexión salta a la vista la sentencia pitagórica: "Que nadie entre aquí
si no es geómetra".
La Iniciación de Oficio no podría
ser un callejón sin salida a esto. Y cada uno reconocerá que no es
verdaderamente necesario ser matemático para hacer esta
"geometría".
Es bien curiosa la tesis de
ciertos masones que se creen "cualificados" y consideran que los
Canteros que labraban la Piedra no conocían más que la obra visible. Cuando lo
que sucede es que el Oficio transforma al Artesano que no puede evitar así
comprender, progresivamente y cada vez más profundamente, las
"razones" metafísicas, de acuerdo a lo que nos enseña René
Guénon.
Las Siete Pirámides de la Piedra
Cúbica en Punta manifiestan el Centro del Ser permitiendo acceder al centro del
Círculo y quizás, para algunos, a la Unicidad del Centro después de la
desaparición del Círculo. Pero, esto es otra "historia".
