DUMAS Y YO

Poemas de un Apr:.

(Daniel Jiménez - Resp:. Log:. Armonía No. 39, Vall.·. de Medellín)

 

I

Dumas comprendió

Que la auténtica In:.

Está más allá del rito y del símbolo:

Reposa bajo el miedo

Y desdeña las palabras.

 

Humilde, quien encuentra La Luz

Se reconoce su esclavo

Y consagra para la libertad su sangre,

Y para la esperanza inmola sus pasiones.

 

Dos Iniciados memorables

Desfilan por sus páginas,

Cagliostro y Rosseau,

Enseñándonos que es diversa la luz

Que mueve a los seres

Y una la estrella que los guía;

Gracias, viejo Dumas.

 

Si bien la adolescencia te condenó

A la inmortalidad de la memoria,

A ti te debo la pasión de construir:

Triple es el juramento,

Tres son los años que forman mi asombro,

Tres son los puntos con que explica cada día

El esplendor de la madrugada.

 

II

La Obscuridad es absoluta

Y una voz me dice

Que tome la forma del tiempo

Y la ceniza,

Que regrese a la visión de mis huesos,

Que acostumbre mis ansias

Al pan negro,

A la semipenumbra de una vela

Próxima a extringuirse.

 

He hecho mi Testamento horas antes.

Temo, y sin embargo una sed inevitable

me empuja al último secreto,

me hago tierra, calavera,

tiempo:

Es más fuerte la fe de quien teme

Que el coraje formado con vanas sílabas

Con que se suele huír de la esperanza.

 

Se me libera del mundo

Para entregarme al mundo.

Así sucumbo a esa voz,

Que por honesta, es verdadera.

Volveré a los días y a sus afanes minúsculos,

Pero mis ansias serán otras,

Ser al menos una vela que resista la sombra,

Ser en el mundo pequeño de cada día

Un incidente de paz.

 

III

He viajado por el Agua

Y los sonidos con que las pasiones

Ahogan la música del mundo.

He transitado por el Aire

Y escuchado el furor de las espadas

Que combaten la iniquidad.

 

He atravesado el Fuego

Para que sea mi vida

Sólo aquello que se niegue

A la turbia vocación de la ceniza.

 

He formulado juramentos

De los que nada podrá dispensarme:

Me he hecho Libre hermano de la piedra,

Y como ella, fuerte ante la fuerza

Y dócil ante el arte:

Hermano soy de la piedra en bruto,

Y como ella libre,

Como ella prefiero caer del T:.

Antes que desistir de ocupar

Un lugar exacto y justo

Entre los seres y las cosas,

Piedra fuerte

Ceñida a los designios de la Pureza.

 

IV

Otra muerte no habrá para el traidor:

Arrancará de la espada sus propias respuestas;

Su legado.

Encontrará el acero letal

De sus mentiras,

No hallará otro reposo

Que envenenarse poco a poco en sus palabras,

Ni otro consuelo que la vanidad vacía de sus huesos sin honra.

 

Supe esto al cambiar los pesados ropajes de mi corazón

Por un Man:. Blanco,

Y el estigma de una ciudad enferma

Por el triple Abrazo de mis HH:.

Sé que no hay sitio bajo este Cielo de Acero

Para aquel que aniquila con palabras su palabra:

Aquí la Fraternidad por sí sola

Ahuyenta las sombras.

 

V

Me han entregado dos Pares de Guantes blancos:

El primero, me aleja del crimen,

El Segundo, me obliga al amor.

Pero mis manos no son dignas aún

Ni de uno ni del otro;

Cada deslealtad me convierte en asesino,

Cada omisión transforma el afecto

En un desierto de espejos.

 

Y cada noche,

Al recordar mi Juramento

De Silencio, Laboriosidad y Paz,

Algo muy profundo me dice

Que soy un pequeño fuego

Buscando agradecer con luz,

La luz del G:. A:.

Que sea Él el Destinatario

De la blancura que intento.

 

VI

Se le dijo a Cagliostro,

Si creemos al nunca exacto y siempre atinado

Alejandro Dumas,

Que la espada que recibía al iniciarse

Era para combatir la tiranía.

 

Bien sabía el mulato genial

Que las insidias del fanatismo

Sólo se eluden con la lealtad a la palabra,

La palabra pronunciada entre HH:.

Y que contra toda opresión

El Secreto fraterno,

y la obediencia que se debe al afecto,

Son las mejores armas.

 

Guardo silencio ante mis HH:.,

Obedezco sus voces, secundo sus decisiones:

Ninguna sumisión me obliga,

Ningún rito intrascendente:

Escucho para dar a mi libertad mejores alas:

Llega la media noche, y rompo el silencio,

Y río, sabiendo que contra toda tiranía

no hay espada más feroz

que el silencio debido a mis HH:.

 

VII

Desprovisto de joyas,

Con el Pecho descubierto y descalzo,

Una Soga fatal en el cuello,

Se me pide que piense acerca de quien soy,

Se me incita a Ofrecer mi sangre

A quien la necesite,

Se me ofrecen Bebidas de sabores opuestos

Como opuestas son la libertad y la sombra.

 

Esp:. En mi pecho,

Preguntas que alguien responde por mí,

Afirmando que soy un hombre libre

Y de Buenas Costumbres:

Que cada día me exija estas mismas pruebas,

Que nunca la fácil costumbre,

Ni el rencor que se deposita con polvo

En los rincones de la sangre,

Permitan que olvide que sólo soy

Quien reflexiona sobre sí, desposeído,

En el límite del cadalso,

Que quien dé fe de mí

Lo haga pronunciando la palabra liberdad.

 

VIII

Por fin se me concede la Luz.

Como a un niño pequeño

Se me enseña a Caminar,

A Saludar,

A decir mis Primeras Palabras,

Incluída la que no podré pronunciar jamás.

 

Como a un niño de brazos,

Mis HH:. Me enseñan el Abrazo,

Me enseñan a Reconocerlos,

A Sentirlos.

Y como a un niño pequeño

Que conoce la luz mas no el nombre de la luz,

Se le regala un nuevo asombro,

Un Nacimiento nuevo,

Semejante al descubrimiento de un idioma.

 

Quizá pronto aprenda a caminar,

Y reciba con un abrazo recién aprendido

A mis HH:. Menores;

Pero como un niño pequeño

Me resisto a crecer demasiado pronto,

Quisiera permanecer siempre Ap:.,

Amamantado siempre de luz

Como un eterno, asombrado niño.