SIGUE LA CONVIVENCIA

 

En 1935 agonizaba la dictadura. Pero como toda bestia con los estertores de la muerte, estaba peligrosa. Un problema de fronteras con Colombia, en el río Tarra, produjo ruido de sables. El gobierno de Gómez, militarista por esencia, comenzó a prepararse para una eventual guerra con el país vecino. Compró armamentos nuevos para ocho mil hombres. Los colombianos hicieron lo mismo y armaron a diez mil efectivos del ejército. Todo el año de 1935 fue de encendidos debates y preparativos, pero la sangre no llegó al río. Primero porque se impuso la cordura y, segundo, porque el tirano Gómez, ya estaba dando sus últimos aleteos. Finalmente murió el 17 de diciembre de ese año.

 

El general Eleazar López Contreras, hasta entonces Ministro de la Guerra, quedó encargado de la presidencia de la República por decisión del Gabinete Ministerial y conforme a lo dispuesto por Gómez antes de morir.

 

Lo primero que hizo el nuevo Presidente y por cierto contrariando a los gomecistas, fue poner en libertad a todos los presos políticos que se pudrían en las cárceles. El segundo paso que dio, fue autorizar el regreso de los desterrados, con la única excepción de los comunistas. Finalmente, permitió cierta libertad de prensa y de reunión.

 

El general López Contreras obró con habilidad e inteligencia. Cuando las masas con la ira contenida asaltaron las mansiones de los gomecistas, se abstuvo de utilizar la violencia, pero al mismo tiempo facilitó la salida al extranjero con todo el dinero que podían llevar, a los familiares de Gómez y de todos aquellos personajes identificados con sus crímenes y errores.

 

La muerte del tirano desató una crisis política, que pudo haber llevado a los antigomecistas al poder, pero el general López Contreras supo controlar la situación y calmar la efervescencia, con medidas salomónicas, evitando de ese modo la guerra civil.

 

El 14 de febrero de 1936 fue la prueba de fuego para el flamante Presidente. Después de la balacera en la Plaza Bolívar, de Caracas, con un saldo de muchos muertos y heridos, se realizó una gigantesca manifestación a la cabeza de la cual marchó hacia Palacio de Gobierno, Jóvito Villalba. El general López Contreras, sin dejarse atemorizar por ese movimiento de masas, hizo cambios en el gobierno para contentar al pueblo. Bajó al llano a Pérez Soto, León Jurado y otros gobernadores y ministros identificados con el gomecismo, para sustituirlos por elementos democráticos como Rómulo Gallegos, Alberto Adriani, Alberto Smith, Néstor Luis Pérez, Régulo Olivares, Elbano Mibelli y otros.

 

Uno de los destituidos, León Jurado, era miembro de la masonería. A todo esto la Gran logia mantuvo absoluto silencio. Repitiendo la táctica que había observado durante el gomecismo, prefirió hacerse la vista gorda y adoptar la política de la convivencia.

 

En 1937 comenzó la organización del PDN (Partido Democrático Nacional), que culminó el 27 de septiembre de 1939 con la celebración de la Primera Conferencia Nacional, donde se eligió el Directorio Nacional bajo la presidencia de Rómulo Betancourt. Varios de los integrantes de esa directiva fueron después miembros de la masonería. Veamos la lista: Inocente Palacios, Alejandro Oropeza Castillo (masón), Raúl Leoni (masón), Luis Lander, Jesús Paz Galárraga, Gonzalo Barrios, Valmore Rodríguez (masón), Ana Luisa Lovera, Leonardo Ruiz Pineda, Antonio Leindenz, José Oropeza, Luis Beltrán Prieto Figueroa (masón), L. A. Pocaterra, Raúl Acosta, Luis Troconis Guerrero, Luis Augusto Dubuc y Gualberto Fermín.

 

El PDN fue la antesala adeca. Sobre la base de ese partido, el 29 de julio de 1941, fue legalizada la fundación de Acción Democrática, que emergió a la vida pública, en una manifestación celebrada en el Nuevo Circo de Caracas, el 13 de septiembre de 1941, donde pronunciaron elocuentes discursos Rómulo Gallegos, Andrés Eloy Blanco (masón), Luis Beltrán Prieto Figueroa (masón), Mario García Arocha y Rómulo Betancourt.

 

Con el controvertido golpe del 18 de octubre de 1945, Acción Democrática llegó al poder, y con ese Partido, algunos miembros de la masonería que actuaban individualmente. El 24 de octubre de 1948, un golpe militar dirigido por los comandantes Carlos Delgado Chalbaud, Marcos Pérez Jiménez y luego Felipe Llovera Páez, derrocó al flamante gobierno democrático de Rómulo Gallegos.

 

Luis Felipe Llovera Páez, era miembro de la masonería, nacido en Ciudad Bolívar el 14 de abril de 1913, se inició en 1937 en la Resp:. Log:. "Aurora de Paria" N° 42, fundada en Güiria, Edo. Sucre, en 1872. Más tarde cuando asumió el mando dictatorialmente Marcos Pérez Jiménez, después de la muerte de Carlos Delgado Chalbaud, Luis Felipe Llovera Páez que estaba al frente del Ministerio de Relaciones Interiores, dicen que se mostró benevolente con algunos masones llevados a prisión por el delito de participar en actividades subversivas. El mismo descargo se hace en favor del "Bachiller" Castro, lugarteniente del temible jefe de la Seguridad Nacional, Pedro Estrada. Muchos aseguran que el "Bachiller" Castro salvó de torturas y encerronas a muchos adecos que se identificaron como masones.

 

Otro colaborador de Pérez Jiménez, el comandante Rafael Ángel Molina Franco, miembro de la Resp:. Log:. "Esperanza" N° 7, de Caracas, también ayudó a muchos masones que cayeron en las redes de la Seguridad Nacional, bajo la sospecha de conspirar contra la dictadura.

 

Esa dicotomía en el comportamiento masónico, con tirios y troyanos dentro de la misma tolda, igual como sucedió en la época de Gómez y en la transición de López Contreras, según algunos exegetas de la masonería, es la clave de la supervivencia de la Institución en tiempos difíciles, pero otros consideran que es la causa de su decadencia o por lo menos de su debilitamiento, con la pérdida del poder que tuvo en el siglo pasado, cuando estaba identificada con el liberalismo.

 

Lo cierto es que la masonería institucionalmente miró desde palco el drama del "ochenio", El dictador Pérez Jiménez, no se metió con la Orden, no se sabe si para congraciarse con su amigo Llovera Páez y otros altos jefes militares o simplemente porque no la consideró peligrosa para sus planes, no obstante que individualmente numerosos masones trabajaban en la resistencia, mientras que otros estaban confinados en la Isla Guasina, a merced de la voracidad de los zancudos y la inclemencia atmosférica, o se pudrían en diferentes cárceles del país.

 

La dictadura de Pérez Jiménez, aunque fue soslayada por la Gran Logia, perjudicó indirectamente al desenvolvimiento de la Institución masónica. Varias importantes iniciativas, como la creación de las Logias Femeninas de Adopción, autorizadas por la Alta cámara del Simbolismo, en su tenida del 8 de diciembre de 1952, entraron en receso por la prisión, o el destierro de sobresalientes figuras de la Orden.

 

Por otra parte, la falta de libertades y el régimen de terror que había impuesto la Seguridad Nacional, redujeron considerablemente el ritmo de las actividades masónicas, mermando sobre todo el número de iniciaciones y el ímpetu creativo de algunos intelectuales democráticos, de deseaban impulsar a la Institución para ponerla a tono con los tiempos.

 

 

 

 

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