

La
siembra ideológica de los masones españoles y especialmente las prédicas de
Picornell y Bonilla, encendieron el espíritu revolucionario de José Marra España,
Manuel Gual y Simón Rodríguez. Convencidos de que había llegado el momento de
asestar un golpe a la monarquía española y libertar a Venezuela, organizaron un
movimiento revolucionario formado por abogados, eclesiásticos, comerciantes,
agricultores, artesanos y hasta militares. Deseaban nada menos que la
implantación del régimen republicano e independiente en Venezuela.
Al
referirse a ese audaz intento revolucionario de los primeros masones
venezolanos, escribe Arturo Uslar Pietri, que "las ideas de los
conspiradores eran las más avanzadas del credo democrático revolucionario
francés. Su texto básico era la más radical proclamación de los derechos del
hombre y del ciudadano hecha en Francia en 1793. Los dos primeros artículos del
texto impreso, que les fue incautado a los conspiradores, decían, como un
estampido en medio del presagioso silencio del orden colonial: "El
objeto de la sociedad es el bien común; todo el gobierno es instituido para
asegurar al hombre el goce de sus derechos naturales e imprescriptibles. Estos
derechos son la igualdad, la libertad, la seguridad y la propiedad".
Entre
los conspiradores estaba un tendero de Caracas, muy suelto de lengua. Según
parece le informó de los planes revolucionarios a una amante y ésta a un primo
que era funcionario español. Lo cierto es que abortó la conspiración.
El
13 de julio de 1797, el gobierno mandó encarcelar a los principales
comprometidos, pero varios de ellos, como Simón Rodríguez, lograron huir al
extranjero. Después según refiere O'Leary, escribiría en el exilio Simón
Rodríguez: "Yo era presidente de una junta secreta de conspiradores.
Denunciados por un traidor y hechos blanco de las iras del Capitán General,
logré sustraerme a las persecuciones y a la muerte, porque ya embarcado en el
puerto La Guaira en un buque norteamericano, y antes de darnos a la vela, supe
que muchos de mis compañeros habían sido pasados por las armas sin juicio
previo y sin capilla".
Es
importante señalar, como lo afirmaron loS historiadores Daniel Florencio O'Leary
y Alfonso Rumazo González, que la revuelta de los masones Picornell, José Marra
España, Manuel Gual y Simón Rodríguez, no fue apoyada por los aristócratas
mantuanos de Caracas y La Guaira, los cuales en número de sesenta acudieron
ante el Capitán General y pusieron a su orden personas y fortunas para combatir
“el plan infame y detestable" que, entre otras cosas decían "trataba
de destruir la Jerarquía Social".
Relata
Alfonso Rumazo González que, "uno de los dolidos por la revuelta fue
Carlos Palacios, quien le escribió a su hermano Esteban: "Ha sobrevenido
la última calamidad, y es haberse descubierto casualmente, por un milagro de la
Divina Providencia, una insurrección que se tenia tramada en el puerto La
Guaira. Tres reos de Estado dejaron a cargo de cuatro locos el detestable
proyecto, y lo que es peor, coaligados con esta canalla del mutismo, llevando
por principal sistema aquel detestable de la igualdad. Lo que te hago saber
para que tú, como buen patriota, contribuyas por tu parte con esos señores e
influyas los medios que puedan conducir para asegurar la propiedad de estos
dominios del soberano, que consiste principalmente en mantener el cuerpo de
nobles en sus fueros y derechos, como que vivimos metidos entre esta canalla,
que se hace preciso tenerlos abatidos y aun a cada uno en su clase".
La
bandera creada por los insurrectos era de cuatro colores en franjas
horizontales:'blanca, azul, amarilla y roja. Los derechos fundamentales del
hombre que crearon, también eran cuatro: Igualdad, libertad, seguridad y
propiedad.
José
Marra España, burlando a la policía española, consiguió escapar a Trinidad.
Pero, inquieto, y para seguir trabajando por el derrocamiento de la monarquía,
regresó secretamente a Venezuela en enero de 1979. Desde la casa de su esposa
en La Guaira, rápidamente se puso en contacto con otros masones, para organizar
la segunda conspiración.
Cuando
ya estaban avanzados los preparativos de la nueva insurrección, un sirviente
delató la conjura. Las autoridades españolas se movilizaron de in- mediato,
tomando preso a José Marra España y otros masones.
Después
de un juicio sumario, José Marra España, fue ejecutado cruelmente en la Plaza
Mayor de La Guaira, el10 de mayo de 1799. Fue ahorcado públicamente y después
descuartizado.
Manuel
Gual, no tuvo una suerte mejor. Vivía refugiado en Trinidad, pero al ser
descubierto por las autoridades españolas, estos mandaron agentes especiales
para asesinarlo. Como en efecto así ocurrió el 25 de octubre de 1800.
Las
ideas diseminadas por Picornell y Bonilla, José Marra España. Simón Rodríguez,
Manuel Gual, Sebastián Andrés y otros masones, a pesar de la horca y la
persecución no fueron apagadas. En Caracas y La Guaira, secretamente
continuaban reuniéndose grupos de patriotas, para hablar sobre el heroico
sacrificio de los conspiradores de 1797 y sobre la necesidad de independizar a
Venezuela.
En
el Oriente, en la Isla de Margarita, en Cumaná y Carúpano, también se fundaron
"sociedades secretas", estimuladas por marinos ingleses y norteamericanos,
todos ellos masones, que llegaban trayéndoles literatura y las Últimas noticias
sobre los acontecimientos en Europa.


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